Vías de administración de fármacos


2. VÍAS PARENTERALES


2.1. Vía intravenosa

Consiste en la introducción del fármaco directamente en el torrente sanguíneo. Es la más rápida e infalible cuando se quieren lograr concentraciones exactas de fármaco o cuando se necesitan efectos inmediatos, está indicada también para corregir el balance de líquidos o electrolitos y en la nutrición parenteral.

Entre sus inconvenientes destacan la posibilidad de dar lugar a reacciones adversas rápidas y los riesgos derivados del procedimiento de punción. Además, es cara y requiere cuidados especiales y personal especializado. La concentración máxima que se alcanza en los tejidos, está determinada principalmente por la velocidad de inyección. Es imprescindible un conocimiento adecuado acerca de las incompatibilidades a la hora de administrar varios medicamentos por esta vía.

Existen dos métodos para la administración intravenosa:

  • La infusión continua: Se utiliza para el reemplazamiento o mantenimiento de líquidos y electrolitos y sirve como vehículo para la administración de fármacos.
  • La infusión intermitente: Se utiliza para administrar fármacos cada cierto periodo establecido y para trasfusiones sanguíneas. 

El acceso más frecuente es el periférico a través de venas de manos o brazos, aunque se requiere acceso central para tratamientos prolongados o agresivos. El acceso central más común es a través de la subclavia, aunque pueden utilizarse otros como la yugular o la femoral.

 

2.2. Vía intramuscular

Consiste en la administración del medicamento en el músculo estriado, al estar éste muy vascularizado, el fármaco se absorbe con rapidez pudiéndose administrar mayor volumen que por vía subcutánea.

La absorción depende de la vascularización de la zona y del flujo sanguíneo. Suele variar entre 10 y 30 minutos. En situaciones de shock o insuficiencia cardiaca la absorción por esta vía puede estar limitada, igual ocurre en prematuros, en el embarazo y en lactantes.

Es útil en inconscientes o cuando no se tolera la vía oral. Los lugares más habituales de inyección son la región glútea y deltoidea y en niños el vasto externo, la técnica de punción debe ser aséptica, el material empleado estéril y es necesario limpiar la piel previamente a la inyección. Las técnicas de inserción de la aguja son diversas pudiendo hacerse con la jeringuilla montada en la aguja o separada, el pinchazo debe efectuarse en un ángulo de 90º respecto al músculo y pueden darse antes de la inyección unos golpecitos con el dorso de la mano para relajar el músculo y notar menos el momento de introducción de la aguja.

El movimiento debe ser rápido y de una sola vez. Antes de inyectar el medicamento, tenemos que aspirar tirando del émbolo para comprobar la ubicación y descartar que hayamos pinchado un vaso, si aparece sangre nos indica que la aguja ha penetrado en un vaso con lo que debemos retirarla y sustituirla por otra. El medicamento se debe inyectar de forma lenta para disminuir el dolor y favorecer una distribución regular.

Una vez finalizada la inyección, retiramos la aguja con un movimiento rápido. Si se pretende una absorción lenta o se ha administrado un medicamento irritante no se masajeará la zona.

Todo el material utilizado debe desecharse adecuadamente y lavarnos las manos una vez finalizado el procedimiento.

 

2.3. Vía subcutánea

La absorción es mayor que por vía oral pero menor que por intramuscular. Está condicionada por el flujo sanguíneo.
Generalmente la velocidad de absorción es constante y el paso a sangre puede reducirse utilizando vasoconstrictores locales o frío o aumentarse con calor, masajes o ejercicio. Los lugares más frecuentes para la administración subcutánea son la cara externa del brazo o del muslo o la cara anterior del abdomen. Las soluciones que no sean neutras e isotónicas pueden ocasionar irritación, dolor o necrosis.