Tema 2. Identidad, reputación e influencia digital sanitaria.


1. INTRODUCCIÓN

Internet nos ha abierto las puertas a un mundo de información, comunicación y participación, como nunca hasta ahora habíamos visto. La red ha ido evolucionando, y en estos momentos los llamados ámbitos analógico y digital ya no conviven de forma independiente y están cada vez más integrados. 

Durante los temas anteriores hemos visto cómo la llegada de Internet y las redes sociales han traído todo un mundo de posibilidades de conexión y comunicación, acercando a ciudadanos, profesionales e instituciones. 

A lo largo de este tema vamos a abordar conceptos tales como la identidad digital, visibilidad y reputación online. Términos que ponen encima de la mesa los nuevos retos que tenemos por delante desde el momento en que empezamos a participar en estos espacios. 

La identidad digital se conforma como una capa que se superpone e integra en nuestra identidad ‘presencial’, formando una sola identidad que será expresada a través de diferentes canales. 

Además, el establecimiento de nuestra identidad digital es un proceso imparable y prácticamente irreversible, ya que como vamos a ver, no solo depende de la información que podamos añadir nosotros mismos, sino que se nutre de las aportaciones de otras personas. 

Esto quiere decir que aunque no seamos conscientes de esta identidad digital, es muy probable que ya exista gracias a las aportaciones que otros usuarios hayan hecho sobre nosotros, etiquetándonos o mencionándonos en cualquiera de los formatos digitales que circulan por la red. 

Por eso resulta de vital importancia que los profesionales sanitarios empecemos a preocuparnos por la imagen que ofrecemos en la red, y si ésta se corresponde con la que queremos mostrar. 

Se presentan ante nosotros una serie de retos que sin duda van a seguir transformándonos como sociedad, pero a la vez ponen encima de la mesa cuestiones tales como la gestión de nuestra presencia digital, la sobreexposición en  redes sociales, y los riesgos relacionados con aspectos como la privacidad y seguridad de la información. Retos en definitiva a los que los profesionales tendremos que dar respuesta. 

 

2. IDENTIDAD DIGITAL Y CONCEPTOS RELACIONADOS

En este momento nos encontramos totalmente inmersos en lo que algunos autores han denominado sociedad red o sociedad del conocimiento. Una sociedad que migra hacia lo digital, caracterizada por el impulso que está teniendo Internet y lo digital. Y aunque hasta hace relativamente poco nuestra realidad digital se limitaba al uso de la red con fines informativos y envío de correo electrónico, lo cierto es que las cosas están cambiando y hoy en día no podríamos concebir nuestra existencia sin el uso de tecnologías digitales. 

De esta forma nuestra presencia digital sigue creciendo y participamos cada vez más en los distintos espacios y redes sociales virtuales, dejando un pequeño rastro o huella en cada una de las interacciones que tenemos en estos entornos, de forma que si las sumáramos podríamos hacernos una idea bastante aproximada de cómo somos y cuáles son nuestros intereses. 

Pero del mismo modo que nuestra impronta digital es cada día más fuerte, la realidad es que habitualmente no se ve correspondida con un aprendizaje en el uso de estas tecnologías, por lo que resulta cada vez más importante que aprendamos a gestionar nuestra presencia digital y el uso que damos a estas herramientas. 

Como vamos a ver durante este tema, la identidad digital no puede ser ignorada y se ha convertido en algo que debemos aprender a gestionar, porque de ello dependerá que usemos bien estas herramientas y nos desenvolvamos con fluidez en el ecosistema digital de la salud en el que de una u otra forma ya estamos participando. 

2.1. IDENTIDAD DIGITAL

Si hasta hace unos años nuestra identidad se limitaba a nuestro carnet de identidad, titulación universitaria o a los registros que otras instituciones tenían sobre nosotros, con la llegada de Internet este concepto se ha transformado y ampliado notablemente, de forma que para poder dimensionar adecuadamente nuestra identidad tendremos que integrar la parte digital. 

Así que para acercarnos a conocer nuestra identidad digital, deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Quiénes somos en Internet? 

Podemos definir la identidad digital como la suma de toda la información que existe y está expuesta en Internet acerca de una persona, marca u organización. Por información nos referimos a datos de todo tipo: personales, registros, noticias, comentarios, vídeos e imágenes, etc., fruto de nuestras aportaciones a la red y las distintas interacciones que tenemos con otros usuarios. 

Por lo tanto, podríamos decir que nuestra identidad digital nace en el momento en que alguien incorpora información que haga alusión a nosotros y se va construyendo a lo largo del tiempo a través de nuestra participación directa o de las aportaciones de otras personas, lo significa que tanto nuestras acciones como también las omisiones forman parte de esta identidad digital. 

En ocasiones seremos conscientes de que estamos generando identidad digital, como por ejemplo cuando participamos en una red social o foro, pero otras veces no, como ocurre en el momento en que hacemos una búsqueda en Google, lo cual no deja una huella pública visible pero sí lo hace a los ojos del buscador, el cual también se está formando una idea sobre cuál es nuestra identidad, gustos e intereses (y después cede a empresas de publicidad). 

Podríamos hablar entonces de una identidad total o híbrida, resultado de la suma de nuestras facetas analógica y digital. De hecho en realidad tenemos que hacerlo de una sola forma, ya que tenemos una identidad única que es expresada en diferentes formas. No en vano, las nuevas generaciones ya no diferencian esta separación, del mismo modo que tampoco separan los canales presenciales de los digitales. 

Y aunque en muchos casos la gran cantidad de herramientas que existen en la red nos haga parecer que nuestras identidades digitales se encuentran fragmentadas, eso no significa que tengamos distintas identidades sino una sola, la cual se expresa en diferentes facetas con las que tendremos que trabajar,  para orientarlas en la construcción de lo que será nuestra presencia digital. 

2.2. IDENTIDAD ANALÓGICA VS IDENTIDAD DIGITAL

Podríamos considerar a ambos tipos como conceptos independientes, pero lo cierto es que la identidad digital se constituye como una amplificación de la analógica y en estos momentos ambos espacios, físico y digital, se encuentran tan entrelazados que hablamos de distintos canales de interacción dentro de un único mundo. En este sentido, la identidad será total o híbrida entre las dos acepciones. 

Otra cuestión es que nuestra identidad digital esté muy poco trabajada y tenga mayor peso todavía la analógica, o que mostremos perfiles o personalidades distintas dependiendo del entorno en el que nos movamos. Pero esto sería equivalente a llevar dos vidas de forma paralela, con el esfuerzo que ello implica, sobre todo en un momento que como decimos, se está produciendo la integración entre ambos entornos. 

2.3. COMPONENTES DE LA IDENTIDAD DIGITAL

Si hemos dicho que nuestra identidad digital está compuesta por toda aquella información que aportamos (o aportan otros), resulta evidente que todo aquello que introduzcamos en la red (datos de contacto, imágenes, publicaciones, opiniones en foros, expresiones en redes sociales de cualquier índole), pasarán a formar parte de nuestra identidad digital y tendrán un determinado peso en su construcción en función de su relevancia.

 

 

Imagen Componentes de la identidad digital. Fuente: Guía identidad digital INTECO

 

Por lo tanto, esta información que nos define puede provenir de distintas fuentes y en muchas ocasiones se escapará de nuestro control. De esta forma, cuando buscamos información sobre alguien en un buscador encontramos páginas web o cuentas en redes sociales creadas por esa persona, noticias en medios de comunicación, publicaciones oficiales de boletines y diarios, entre otros. 

2.4. REPUTACIÓN ONLINE Y MARCA PERSONAL

La reputación online equivale a la percepción colectiva sobre una persona y que al ser de carácter público, deriva en aspectos positivos o negativos. Esta percepción al ser externa se escapa a nuestro control, aunque podemos ayudar a construirla, incorporando hechos relevantes que influyan sobre el colectivo al que nos dirigimos. 

Como dice Óscar del Santo (experto y pionero en España en marca personal), la reputación digital es como nuestra salud, nunca nos acordamos de ella hasta que falla, algo que damos por sentado hasta que un día un hecho puntual puede hacer que perdamos nuestra credibilidad. 

Por esa razón, la reputación es uno de los activos intangibles más importantes que tenemos los profesionales sanitarios y ya no se limita a la esfera presencial, sino que se construye en buena medida a partir de lo que sucede en el plano digital. 

Y otro concepto muy de moda en los últimos años es el de marca personal, que equivale al resultado del proceso de creación y gestión de nuestra identidad digital, sumado a una estrategia de comunicación. Hoy en día gracias a Internet, todos tenemos nuestra marca personal, al estilo de los productos comerciales, pequeña al principio, pero con una gran capacidad de hacerla crecer. 

Resumiéndolo mucho, la identidad digital sería algo así como la suma de las huellas que dejamos en la red, mientras que la reputación online constituiría la opinión o el nivel de consideración que otros internautas tienen de nosotros. 

2.5. INFLUENCIA

Por último, hablaremos de influencia como nuestra capacidad para generar opinión y tener impacto en lo que otros dicen. Las personas influyentes son capaces de generar tendencias y sus publicaciones tienen gran impacto y se difunden de forma muy rápida. 

Nuestra influencia sería algo así como el último paso tras la construcción de la identidad digital, el alcance de la visibilidad y la suma de nuestra reputación. En un mundo en el que cada vez existe mayor información, tener influencia significa ser la opinión reputada a la que acuden otras personas.  

2.6. IMPORTANCIA DE ESTOS CONCEPTOS PARA LOS PROFESIONALES DE SALUD

Sin ni siquiera darnos cuenta, los profesionales sanitarios hemos sido empujados (voluntaria o involuntariamente) a tener una presencia digital más o menos establecida, y a que parte de nuestra reputación profesional se esté transfiriendo a los espacios digitales, de forma que los pacientes no solo nos buscan en Internet, sino que también usan los foros y directorios para opinar sobre nosotros o recomendar nuestros servicios a otras personas. 

De esta forma, muchas personas, ya se han formado una opinión de nosotros incluso antes de conocernos personalmente, porque han accedido a esa huella digital y saben lo que la red dice de nosotros.

Por eso es importante que los profesionales sanitarios empecemos a preocuparnos por nuestra identidad y reputación digital y no dejemos en manos de otras personas su construcción. 

Lejos de verlo como una amenaza, nuestra identidad digital es una gran oportunidad para definirnos como profesionales y que cualquiera que nos busque en Internet, se lleve la impresión que queremos ofrecer como profesionales y sepan cuál es el valor que aportamos la salud. 

Ser visible supone que los pacientes nos encuentren en la red y sepan a qué nos dedicamos, o que encuentren nuestros contenidos de salud de una forma más fácil. Y de cara a otros profesionales, supone una oportunidad para conectar con otras personas de nuestro sector y mejorar así nuestra red profesional. 

Además, el hecho de tener una marca personal fuerte hará que los pacientes nos encuentren a nosotros antes que a otros y confiarán en nuestro criterio, porque nos volveremos influyentes para ellos. 

 

3. RIESGOS ASOCIADOS A LA IDENTIDAD DIGITAL

Del mismo modo que Internet y las redes sociales nos ofrecen una capa extra de cercanía, comunicación y visibilidad, también comportan una serie de riesgos asociados, que pueden suponer problemas para nuestra identidad y reputación digital. 

Nuestra vida está compuesta por 3 esferas que se superponen entre sí, y que son la personal, profesional y privada, las cuales hasta ahora teníamos bastante claro cómo las podíamos gestionar. Pero desde el mismo momento en hemos pasado al plano digital, tenemos que volver a aprender a gestionarlas, de tal manera que la esfera privada no acabe interfiriendo por error en la profesional. 

Vamos a conocer cuáles son los riesgos más importantes que pueden afectar a nuestra presencia digital,  y cuáles son las medidas que deberíamos adoptar para minimizarlos, y poder así seguir utilizando de forma segura estas herramientas.  

3.1. NO TRABAJAR LA IDENTIDAD DIGITAL

El hecho de no trabajar nuestra identidad digital y dejarla en manos de otras personas supone que no tengamos ningún control sobre los datos que la red ofrezca sobre nosotros. Esto es así porque cada dato que añadimos o incluyen otras personas tiene el riesgo potencial de ser indexado por los buscadores. 

Para evitarlo basta con que nos planteemos qué información queremos que muestre la red y empecemos a construir cuanto antes nuestra identidad digital. 

3.2. EXPOSICIÓN DE INFORMACIÓN PRIVADA

O’reilly, uno de los personajes más influyentes sobre Internet, dijo en el año 2007 que la mejor manera de proteger nuestra identidad en la red es asumir que no la tenemos y modificar nuestro comportamiento en Internet de acuerdo con ello. 

Cuando publicamos información en redes sociales sin conocer cómo configurar adecuadamente los perfiles, corremos el riesgo de exponer nuestra privacidad o la de otras personas. Incluso si están bien configurados, existe el riesgo de que personas con las cuales hayamos compartido información sensible de forma privada, la expongan de manera intencional o accidentalmente.

Esto es algo que pasa habitualmente con el etiquetado de fotografías en las redes sociales. Cuando hacemos una foto y en ella etiquetamos a otras personas (decimos quiénes salen en la foto), esas personas recibirán la notificación y podrán ver la imagen, con la posibilidad de redifusión entre quienes deseen, perdiendo así el control por nuestra parte de la imagen. 

Por eso es importante dedicar algo de tiempo a explorar cada herramienta en la que vayamos a exponer nuestros datos, para conocer cuáles son sus posibilidades de configuración y niveles de privacidad. Y como norma general, no deberíamos compartir de forma abierta información en redes sociales que no publicaríamos en un periódico o que no diríamos en voz alta de forma pública. 

3.3. CESIÓN DE DATOS PERSONALES

En el momento en el que nos registramos en una herramienta o red social, estamos dando en muchos casos autorización para que utilicen nuestros datos para otros fines, habitualmente de tipo publicitario. Resulta recomendable leer las condiciones del servicio y tener presente que todo lo que publiquemos en estos espacios puede ser utilizado para otros fines o en beneficio de terceras personas. 

3.4. SECUESTRO DE CUENTAS Y SUPLANTACIÓN DE IDENTIDAD

Se produce cuando otra persona consigue nuestros datos de ingreso en una plataforma y utiliza nuestra identidad para acceder a información o publicar en nuestro nombre. 

El uso de contraseñas débiles, la falta de seguridad o no gestionar adecuadamente las contraseñas aumenta las probabilidades de secuestro de una cuenta. Es importante utilizar claves de alta seguridad, que son aquellas que incluyen mayúsculas, números y caracteres alfanuméricos. Y además hay que evitar usar las mismas para acceder a todas las aplicaciones y renovar las contraseñas con frecuencia. Muchas redes sociales incluyen la posibilidad de poder tener otra cuenta de correo o número de teléfono asociados al perfil, de forma que si nos roban la cuenta o no recordamos las claves de acceso, nos podrán enviar allí instrucciones para recuperarla. 

3.5. ERRORES Y MALENTENDIDOS 2.0.

Las redes sociales son unos espacios excelentes para conectar y comunicarse con otras personas, pero en este proceso perdemos toda la parte de la comunicación no verbal, por lo que en muchos casos nuestras publicaciones pueden ser interpretadas de forma errónea por aquellas personas que lean el mensaje, lo que puede llevar a situaciones de malentendidos, que pueden afectar a nuestra reputación online. 

Antes de empezar a publicar, es importante conocer cuál es el tono y las reglas que rige cada red social, para minimizar el riesgo de errores, así como dedicar un tiempo a explorar la herramienta y observar cómo interactúan en ella los usuarios. 

3.6. PERMANENCIA DE PUBLICACIONES NO DESEADAS

Algunos contenidos de tipo administrativo como por ejemplo una multa, sanción o condena, pueden persistir en Internet durante años incluso después de haberse cumplido con la ley.  Pero no solo tendremos que lidiar con este tipo de contenidos sino también con comentarios negativos que hagan otras personas y que pueden perdurar también durante mucho tiempo. 

Es por eso que actualmente ya se puede reclamar el derecho al olvido en la red y solicitar que se eliminen ciertas publicaciones, tanto a los sitios web como a aquellos buscadores que la tengan indexada. 

3.7. USO INADECUADO DE PUBLICACIONES E IMÁGENES

En ocasiones tenemos la impresión de que todo lo que contiene Internet es gratuito y de libre difusión, y cogemos imágenes de otras páginas o a través de buscadores, sin darnos cuenta de que están sujetas a derechos de imagen. Por defecto, salvo que se indique lo contrario, cualquier publicación electrónica (publicación, imagen, audio, vídeo) está sujeta a una licencia de tipo Copyright (todos los derechos reservados), salvo que su autor indique expresamente lo contrario, por lo que su uso de forma inadecuada podría acabar en una reclamación o denuncia y en un daño hacia nuestra reputación. 

Por regla general, no deberíamos utilizar imágenes de las que no estemos seguros que tengan una licencia abierta o dispongamos de autorización expresa de su autor. Hay que utiliza buscadores o bancos de imágenes gratuitos o bajo licencias más permisivas, como las de tipo Creative Commons. 

3.8. EXPOSICIÓN DE INFORMACIÓN O DATOS SENSIBLES DE OTRAS PERSONAS

La Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD) clasifica una serie de datos como especialmente protegidos, entre los que se encuentran los de carácter sanitario, regulados también por la Ley General de Sanidad de 25 de abril de 1986 y la Ley 41/ 2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la Autonomía del Paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica. 

El uso de tecnologías de mensajería y de comunicación de información, como puede ser el correo electrónico para transmitir datos de salud u otras herramientas de difusión de imágenes, pueden poner en riesgo la privacidad de esta información y derivar en una exposición no autorizada de este tipo de datos, por lo que habrá de hacerse bajo condiciones de seguridad. 

 

4. MONITORIZACIÓN Y CREACIÓN DE ALERTAS

El primero paso a la hora de establecer una identidad digital es el de la monitorización, que consiste en revisar qué es lo que pasa a nuestro alrededor y qué se está diciendo de nosotros en la red. De esta forma podremos analizar cómo es nuestra presencia digital actual y tener una base desde la que empezar a construir. Además, tendremos la posibilidad de adoptar medidas correctoras en caso necesario. 

Podríamos definir la monitorización como el proceso de escucha, cuantificación y análisis de los contenidos presentes en los medios digitales.

La monitorización es un proceso que hoy en día realizan todas las marcas comerciales en la red, ya que les permite conocer la percepción que genera su participación digital, la de sus productos y los de sus competidores.

Algo que podemos extrapolar al terreno personal y profesional. Todos deberíamos tener una monitorización mínima de nuestra identidad digital, para saber qué están diciendo los demás de nosotros, qué aspectos hay de mejora y prevenir la aparición de problemas futuros. 

Veamos cuáles son las principales herramientas que permitirán llevar un control de nuestra presencia digital: 

Búsqueda de Google: los buscadores siguen siendo la principal puerta de entrada en la red y también a la hora de hacer consultas sobre salud. Nos vamos a centrar en Google, porque es el buscador más utilizado (en España representa más del 95% de las búsquedas). 

De esta forma, la búsqueda en Google sigue siendo la mejor forma para conocer nuestra presencia en Internet. Para ello nos fijaremos sobre todo en la primera página de resultados. Los primeros resultados serán por tanto los más importantes, por lo que si en ellos apareciera alguna opinión negativa sobre nosotros, tendríamos un problema a corregir a la mayor brevedad posible. 

Google suele tener en bastante consideración a páginas como la Wikipedia y  redes sociales, especialmente algunas como LinkedIn, aunque también otras como Facebook y Twitter, y también las publicaciones de blogs y foros. Imágenes, vídeos y noticias completarán la primera página de resultados. 

Google Alerts: acudir de forma regular para monitorizar nuestra identidad digital es una labor que puede consumir mucho tiempo. Por eso es recomendable utilizar herramientas que nos faciliten esta tarea, siendo las Alertas de Google uno de los servicios más útiles para este objetivo. Esta aplicación permite configurar búsquedas sobre distintos términos, de forma que cuando se produzcan nuevos resultados el sistema nos avisará automáticamente a nuestro correo electrónico.

  

Imagen Servicio de alertas de Google

Monitorización social: las redes sociales constituyen el otro gran espacio en el que la gente está opinando sobre muchos temas, entre los que se encuentran la salud y sus profesionales. Para monitorizar estos entornos podemos hacer uso de las herramientas de búsqueda que muchas de ellas incluyen y llevar un seguimiento de nuestras menciones, bien a través de los sistemas de notificaciones o a partir de distintas herramientas. 

Facebook y Twitter por ejemplo permiten activar un sistema de notificaciones, de forma que si alguien nos menciona, podemos verlo en la plataforma, o recibir un aviso por correo electrónico. 

Pero tener que ir a cada red social para buscar lo que dicen de nosotros es una tarea tediosa, sobre todo teniendo en cuenta que cada vez participamos en más redes sociales. Por esa razón existen distintas herramientas (gratuitas y de pago) que integran las búsquedas en varias redes y que nos facilitan enormemente esta tarea, como son por ejemplo: Socialmention, Netvibes, Mention, Hootsuite, etc. 

Identificadores académicos: son útiles si queremos monitorizar y conocer el valor que tiene nuestro perfil investigador digital. Pero para hacerlo bien y que las métricas sean valorables, resulta necesario que los buscadores puedan identificar todas nuestras publicaciones de forma correcta, a través de identificadores únicos. 

Los más conocidos son ORCID, ResearcherID, Scopus AuthorID y el perfil de Google Académico. Para aparecer en ellos tendremos que trabajar nuestro perfil, en el que incluiremos la información que deseemos asociar al identificador y lo enlazaremos con otros servicios y publicaciones. 

Además de establecer y monitorizar nuestra presencia digital, en muchas de estas aplicaciones podremos además realizar un seguimiento y medir la cantidad de citas que reciben nuestros trabajos académicos. 

Indicadores de actividad en redes sociales: Klout es quizás la herramienta que más fama ha alcanzado a la hora de medir nuestra actividad en redes sociales. Y es que aunque aplicaciones como esta se definan como indicadores numéricos de influencia, ésta va mucho más allá de lo que aportamos a la red y resulta difícil de medir.  

Sin embargo, herramientas como Klout sí que nos pueden servir para hacernos una idea de la actividad que tenemos en las distintas redes y el impacto que tienen nuestras publicaciones en otras personas, mediante de la medición de las interacciones que tienen los usuarios con nuestros contenidos.