TEMA 11. LA SALUD MENTAL DE LA MADRE DURANTE LA LACTANCIA.


La salud mental de la madre tiene gran impacto en su recuperación posparto y en el bienestar de su criatura. El pecho ha tenido distintos significados y roles sociales a lo largo de la historia, desde considerarse sagrado hasta erótico. Actualmente tiene consideración de elemento erótico, para la nutrición y como objeto de enfermedad.

El hecho de que el amamantamiento sea una elección personal de la mujer que va a ser madre ha derivado en una actitud pasiva de los profesionales sanitarios hacia la lactancia, de manera que las futuras madre reciben escasa información o apenas son concienciadas de su importancia, por miedo a hacerles sentir culpables.

La figura de referencia en una de las primeras teorías del apego, J. Bowlby, nunca menciona la lactancia materna en sus investigaciones. Se ha comprobado en otros estudios que mantener el contacto del binomio aporta numerosos beneficios para ambos, dándose situaciones de retraso en el desarrollo mental y motor en criaturas separadas de sus madres. El vínculo entre recién nacido y madre es el más fuerte de los vínculos humanos, ya que el crecimiento de la criatura se da dentro del cuerpo materno y su supervivencia depende de su cuidado. Otro estudio muestra que hasta la mitad de las madres pueden sentirse indiferentes la primera vez que tienen a su hijo en brazos, mientras que otras sienten gran alegría. Es un comportamiento normal, no siempre se produce el vínculo desde el nacimiento.

Uno de los pilares fundamentales para preservar la salud mental materna es el descanso. Los patrones de sueño cambian debido al continuo cuidado de la criatura, pero se han observado diferencias en ciertos aspectos según el estilo de crianza. Cada cultura tiene sus creencias y rituales respecto al cuidado de los nuevos miembros y esto influye en las decisiones familiares. Está demostrado que los lactantes que son cogidos en brazos lloran menos que los que no lo son. El llanto del lactante está diseñado para poner en alerta a su cuidadora principal para que ésta lo calme inmediatamente.

Por otro lado, sabemos que la lactancia materna mejora el sueño de la mujer, ganando casi cincuenta minutos de media respecto a la mujer que alimenta con leche de fórmula. El colecho en condiciones de seguridad mejora el sueño y aumenta la duración de la lactancia materna.

La mujer que amamanta tiene niveles significativamente menores de cortisol y adrenalina en sangre comparados con los de la mujer no lactante. Las madres que dan lactancia materna describen menos estrés percibido que aquellas que alimentan con leche de fórmula.

La oxitocina es la hormona responsable del reflejo de eyección de la leche. Además, la secreción de este péptido influye en el estado de ánimo. A mayores niveles de oxitocina, más calma y tranquilidad presenta la mujer. Un efecto similar produce la secreción de prolactina. La oxitocina está también implicada en el comportamiento social, aumentando el deseo de interacción social y de confianza en otras personas. Esto es una ventaja evolutiva, pues la madre lactante puede necesitar ayuda de la comunidad y será probable que la busque. Amamantar en la primera hora POSPARTO, cuando el nivel de oxitocina en sangre es el más elevado de todo el proceso de parto, favorece el establecimiento de una unión duradera e interactiva entre madre y criatura.

La aceptación de la mujer del rol femenino en la sociedad se ha descrito como un factor importante en su comportamiento psicosexual, lo que incluye la lactancia materna. Está estudiado que las mujeres que creen que el rol social masculino es más satisfactorio son más tendentes a no amamantar.

La actitud de la familia, la pareja y los amigos influye en la actitud de la madre hacia la manera de alimentar a su criatura. Actualmente las mujeres buscan más ayuda y se fían más de las recomendaciones de los iguales que de los profesionales sanitarios. A pesar de ello, un profesional motivado que promociona la lactancia materna influye en sus pacientes, reflejando mayores tasas de inicio y duración de la misma. Se ha estudiado que cuanto más pequeña es la comunidad, mayor es la duración de la lactancia materna. También es sabido que las mujeres con nivel superior de estudios amamantan más.

En muchas ocasiones la madre y su criatura están a solas durante la toma, lo que favorece que la madre centre su atención en el lactante e interaccionen más, cultivando el vínculo. La lactancia materna protege frente a la violencia en la infancia, desde la negligencia hasta el abuso físico o emocional.

Las mujeres que han sufrido abusos tienden a no amamantar. Se ha descrito también que las mujeres que no están satisfechas con su imagen corporal antes y durante del embarazo, o que han sufrido trastornos de la conducta alimentaria anteriormente, amamantan menos. Todas estas situaciones conllevan menores niveles de autoestima.

Cuando una mujer que deseaba amamantar finalmente no puede existe una reacción de duelo. Cuanto más meditada hubiese sido la decisión, mayor es el duelo. Habitualmente los profesionales sanitarios e incluso el grupo social no entienden la magnitud de la pérdida que supone para la mujer y tienden a restarle importancia. Por otro lado, se ha observado que los grupos de apoyo magnifican la culpa de la mujer. Las madres buscan respuestas a la situación, pensando en un fallo de su organismo, cuando en la mayoría de las situaciones ha fallado el sistema sanitario y la sociedad. Cualquier situación de duelo es mejor llevada si se vive junto a alguien que ha pasado por lo mismo, por lo que conocer a mujeres en un contexto similar puede ayudar.

El éxito o fracaso de la lactancia materna es siempre multifactorial. Todas las situaciones vinculadas al interés de las mujeres en la lactancia materna, su inicio y mantenimiento se relacionan con el cuidado de la salud mental. El entorno adecuado, la formación o los recursos juegan un papel fundamental.

La fisiología de la especie favorece la salud mental. Las madres que amamantan y se sienten apoyadas para hacerlo crían individuos mentalmente más sanos y felices.

 

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