La primera hora de vida es un periodo fundamental para el inicio de la lactancia y el establecimiento del vínculo entre madre y recién nacido. Siempre que las condiciones lo permitan, se recomienda mantener un contacto piel con piel inmediato, evitando retrasarlo por procedimientos rutinarios como pesar, bañar o vestir al bebé. Durante el puerperio inmediato se produce una importante liberación de oxitocina, que favorece el reconocimiento y vínculo madre-hijo, la contracción uterina, la expulsión de la placenta y la secreción inicial de calostro. El inicio de la succión durante la primera hora aumenta las tasas de lactancia a medio plazo y mejora la satisfacción materna. Si tras 60-90 minutos no se ha producido un agarre eficaz, se debe observar la situación y ofrecer apoyo para que la madre pueda resolver las dificultades y adquirir autonomía.
El contacto precoz piel con piel (CPPP) favorece la expresión de los reflejos neonatales primitivos y permite que el recién nacido participe activamente en la búsqueda y el inicio de la lactancia. Tras el nacimiento suele pasar por diferentes fases: llanto, relajación, despertar, reptación, descanso y familiarización con el pecho, succión y finalmente sueño. La posición de Crianza Biológica (Biological Nurturing), con la madre reclinada y el recién nacido en decúbito prono, facilita estos reflejos y favorece un agarre profundo y una adecuada transferencia de leche. Se recomienda evitar presiones sobre la espalda del bebé para permitir su movimiento libre. Durante el CPPP es importante vigilar posibles situaciones de riesgo, como el episodio aparentemente letal (EAL), prestando especial atención a la posición del recién nacido, la somnolencia materna y la elevación del cabecero de la cama al menos 15°.
Los reflejos neonatales primitivos se clasifican en endógenos, motores, rítmicos y antigravedad. Los endógenos incluyen llevarse la mano a la boca, movimientos circulares de manos y piernas y flexión-extensión de los dedos; ayudan a estimular la oxitocina, la contracción uterina y la preparación de la boca para la succión. Los motores, como los reflejos de búsqueda, posicionamiento, presión palmar y plantar, Babinski, marcha y reptación, facilitan el desplazamiento hacia el pecho y la búsqueda de la mama. Los rítmicos comprenden succión, deglución y movimientos mandibulares, esenciales para mantener el agarre y extraer la leche. Por último, los reflejos antigravedad, como levantar y girar la cabeza y el cabeceo, ayudan al recién nacido a alcanzar la mama y localizar el pezón. En conjunto, estos reflejos, favorecidos por la crianza biológica, permiten que el bebé sea un agente activo en la alimentación y desencadenan también respuestas innatas maternas.
