TEMA 5. ENFERMEDADES INFECCIOSAS


Las infecciones en el recién nacido pueden evolucionar rápidamente hacia cuadros graves como sepsis o meningitis, debido a la inmadurez de su sistema inmunitario y a que los signos clínicos pueden ser sutiles e inespecíficos. Por ello, los recién nacidos con riesgo de infección requieren vigilancia estrecha y tratamiento precoz. La lactancia materna ejerce un importante efecto protector gracias a componentes como la inmunoglobulina A secretora, lactoferrina y otros factores inmunitarios, que refuerzan las defensas de las mucosas y reducen el riesgo de infecciones respiratorias, gastrointestinales y sepsis.

Las infecciones intrauterinas y perinatales pueden tener consecuencias importantes sobre el feto y el recién nacido. Entre las principales infecciones de transmisión vertical se encuentran toxoplasmosis, rubéola, citomegalovirus (CMV), herpes simple, varicela-zóster, sífilis y parvovirus B19, con manifestaciones y riesgos diferentes según el momento de la gestación y la vía de transmisión. En general, la lactancia puede mantenerse, aunque existen situaciones específicas que requieren medidas particulares, como las lesiones activas de herpes en el pezón o determinadas circunstancias de infección materna por varicela-zóster. En el caso del CMV, puede considerarse la congelación de la leche durante 24-72 horas en determinados prematuros de muy bajo peso, aunque la leche materna mantiene importantes beneficios y la congelación no elimina completamente el riesgo de transmisión.

Las infecciones perinatales, especialmente las producidas por Streptococcus agalactiae (estreptococo del grupo B) y Escherichia coli, pueden prevenirse parcialmente mediante el cribado materno y la antibioterapia intraparto cuando está indicada. La lactancia materna no está contraindicada y, aunque se han descrito casos excepcionales de transmisión de EGB a través de la leche, globalmente la lactancia ofrece protección frente a las infecciones. Las infecciones nosocomiales son especialmente relevantes en prematuros y recién nacidos ingresados en unidades de cuidados intensivos, y la leche materna disminuye su riesgo. Durante la lactancia, además, se ha observado un menor riesgo o gravedad de enfermedades como gastroenteritis, infecciones respiratorias, otitis media, bacteriemia, meningitis bacteriana, infección urinaria y botulismo. Ante infecciones respiratorias como la bronquiolitis por VRS, pueden facilitarse las tomas mediante lavado nasal previo, mayor frecuencia de las tomas, posiciones más verticales o leche materna extraída por sonda. En caso de diarrea, se recomienda mantener la lactancia y vigilar especialmente el estado de hidratación.