La lactancia materna forma parte de la historia de la humanidad y cumple una función fundamental tanto biológica como psicosocial en el desarrollo del recién nacido. La leche materna está adaptada a las necesidades de cada especie y aporta durante las primeras semanas y meses los nutrientes necesarios para el crecimiento corporal y neurológico. La atención al embarazo, parto y crianza se ha medicalizado y, debido a décadas de predominio de la alimentación con fórmula, es fundamental que los profesionales sanitarios estén actualizados y eviten basar sus recomendaciones en experiencias personales. La información sobre la alimentación del recién nacido debe comenzar durante el embarazo, implicando también a la pareja y a la familia, especialmente a las abuelas, ya que constituyen figuras importantes de apoyo.
La continuidad de la lactancia está influida por diferentes factores psicosociales. Los factores predisponentes incluyen los valores, creencias, información y motivaciones de la mujer; los factores facilitadores son las habilidades y recursos disponibles, como profesionales formados, grupos de apoyo o accesorios de lactancia; y los factores reforzantes comprenden las consecuencias de amamantar, como el apoyo del entorno, la percepción de los propios logros y los beneficios físicos, emocionales o económicos. La consejería en lactancia debe establecer una relación de ayuda basada en comprender a la madre, escucharla y proporcionarle herramientas para que pueda resolver sus dificultades y utilizar sus propios recursos. Una comunicación adecuada favorece la confianza de la madre y su capacidad para tomar decisiones.
La comunicación eficaz requiere prestar atención tanto al lenguaje verbal como no verbal, respetando gestos, mirada, postura, distancia y contacto físico. Antes de tocar a la madre o al lactante se debe pedir permiso y respetar siempre su decisión. Durante la entrevista son útiles las preguntas abiertas, junto con la escucha activa, evitando interrupciones y juicios y mostrando interés mediante la mirada, asentimientos y parafraseo. La validación emocional, la empatía y el respeto permiten reconocer los sentimientos de la madre aunque no siempre se compartan sus decisiones. Finalmente, es esencial reforzar la confianza, reconocer sus logros y ofrecer apoyo incluso cuando la lactancia no funciona como esperaba, valorando el tiempo que ha amamantado y recordando que lo fundamental es mantener una relación positiva con su hijo o hija y continuar con la crianza.
