3. IDENTIFICACIÓN EN CENTROS SANITARIOS
Maria José entra en la habitación encendiendo la luz. Son las 8:10 de la mañana y debe tomar las constates. Mira a la cabecera de la cama y lee el nombre de la paciente. “Josefa, ¿qué tal ha dormido?”. La paciente no responde y Maria José insiste “Buenos días, Josefa; ¿Qué tal durmió?”. La paciente gira la cabeza y le responde: “No sé como habrá dormido Josefa, yo bien gracias”. En nuestro relato, la confusión de nombre de la paciente no ha tenido consecuencias y bastará con disculparse y cambiar el nombre escrito en la cabecera de la cama, ¿o habrá tenido alguna consecuencia?
La práctica clínica diaria está fuertemente marcada por la rutina y la experiencia de cualquier profesional se va alimentando a lo largo de los años de anécdotas similares a la relatada.
Los profesionales solemos sufrir diferentes sesgos cognitivos debidos a la rutina, muchos de ellos tienen relación con la identificación del paciente, los documentos relativos a su atención, las diferentes acciones e intervenciones que se realizan en cada uno, incluso en el intercambio de información con otros profesionales.
De forma habitual, la identificación de los pacientes en los centros sanitarios tiende a simplificarse por diferentes motivos, siendo los más relevantes:
- El gran número de repeticiones de contacto con el usuario, usando un único dato de identificación.
- Facilitar la localización espacial de las tareas a realizar, usando por ejemplo el número de cama.
- Facilitar la memorización de la información relativa al paciente y su proceso, usando por ejemplo el diagnóstico.
- Facilitar distinguir al usuario y su proceso en una sucesión de personas o procesos similares, empleando para ello el número de orden, un mote o característica clínico-anatómica.
La simplificación encierra posibilidades de error que los profesionales tendemos a infravalorar por la sensación de poca frecuencia o escasa trascendencia de los mismos, creando una falsa sensación de “control” que juega en nuestra contra.
Las consecuencias de los errores de identificación del paciente pueden implicar:
- Realización de test o intervenciones en pacientes que no las tenían indicadas, con el consiguiente daño posible.
- Necesidad de repetir pruebas por extravío de resultados.
- Administración errónea de tratamientos o retraso en el tratamiento.
- Toma de decisiones basadas en resultados de test y pruebas que no corresponden al paciente.
Además, cada error en la identificación de un usuario puede afectar de forma colateral a otro usuario o a un grupo de los mismos.
Las herramientas que a lo largo del tiempo se han ido implementando para reducir los errores de identificación, tratando, al mismo tiempo no incrementar la complejidad de la atención, han demostrado que cada nueva barrera puede presentar nuevos y desconocidos fallos.
Por ejemplo, la generalización de las pegatinas de identificación trajo consigo errores insospechados como el que produce al colocar la etiqueta sólo en la cara original de los documentos con copia o la confusión entre etiquetas de diferentes pacientes.
Otro aspecto fuertemente relacionado con la identificación de los pacientes es el de la cercanía en el trato. Una de las medidas que se ha ido extendiendo es que en la cabecera del paciente figure el nombre de pila o apodo por el que el paciente quiere que nos dirijamos a él. Es el caso de nuestro ejemplo inicial:
A media mañana, al recibir los resultados de las analíticas rutinarias extraídas por el turno de noche, Maria José se dio cuenta de que algo no iba bien. “Josefa” tenía analíticas...
Este ejemplo tiene la intención de mostrar como cualquier medida que se toma respecto a la identificación del paciente debe integrarse completamente en las rutinas de la unidad.
Las buenas prácticas relativas a la identificación del paciente no se limitan a recomendar el uso de pulseras identificativas, sino que tratan de crear un proceso completo que garantice un registro correcto y fehaciente de los datos del paciente. Este proceso comprende:
- La colocación de la pulsera confirmando la identificación con el propio paciente o acompañantes.
- La confirmación de la identificación de los documentos de la historia clínica si procede.
- El uso de la pulsera para confirmar o cerciorarnos de la identidad del paciente de forma sistemática.
- La correcta identificación de volantes y muestras evitando el trabajo en serie.
- La retirada de la pulsera y otros elementos de identificación del paciente al alta.
