TEMA 1. ANATOMÍA VASCULAR Y FISIOLOGÍA DE LA CIRCULACIÓN


La hemodiálisis depende de accesos vasculares funcionales, como las fístulas arteriovenosas (FAV), cuya eficacia requiere un conocimiento detallado de la anatomía vascular y la fisiología circulatoria. La ecografía ha mejorado su evaluación, permitiendo una planificación más precisa y mejorando los resultados.

Los vasos sanguíneos se componen de tres capas: íntima (con células endoteliales reguladoras del tono vascular y la coagulación), media (formada por músculo liso y elastina, que define el tipo de vaso: elástico, muscular, arteriolas, capilares o venas), y adventicia (capa de soporte con fibras, fibroblastos, y vasa vasorum). En miembros superiores, arterias como la subclavia, braquial, radial y cubital son clave para la creación de FAV. El sistema venoso incluye redes profundas y superficiales con variabilidad anatómica, destacando venas como la cefálica y basílica, importantes en accesos vasculares.

Desde el punto de vista hemodinámico, el flujo ideal es laminar, ya que minimiza el daño endotelial y previene trombosis. El flujo turbulento, frecuente en zonas de anastomosis, puede favorecer complicaciones. La resistencia vascular influye en el flujo y es fundamental para el desarrollo de la FAV.

La creación de una fístula arteriovenosa altera la circulación: aumenta el flujo en la vena, induce cambios estructurales locales y puede afectar la perfusión distal (“síndrome de robo”). A nivel sistémico, puede derivarse hasta un 25% del gasto cardíaco hacia la fístula, incrementando el retorno venoso y reduciendo la resistencia vascular total, lo que puede llevar a hipertrofia cardíaca e insuficiencia de alto gasto en pacientes vulnerables.