Los riñones, ubicados en la región lumbar, son órganos vitales que filtran la sangre y forman orina mediante su unidad funcional: la nefrona. Están altamente vascularizados y participan en funciones clave como la filtración glomerular, la reabsorción y secreción tubular, y la regulación del pH. Las nefronas corticales y yuxtamedulares, junto con estructuras como el glomérulo, túbulos y la unidad yuxtaglomerular, permiten el control del equilibrio hidroelectrolítico, la concentración urinaria y la excreción de desechos. La autorregulación renal y el sistema renina-angiotensina-aldosterona son esenciales para mantener un flujo sanguíneo renal adecuado.
Además de su función excretora, los riñones tienen un papel endocrino mediante la producción de eritropoyetina, renina y calcitriol, influyendo así en la presión arterial, la formación de glóbulos rojos y la homeostasis ósea. Interactúan estrechamente con otros sistemas como el pulmonar, en la regulación ácido-base, y el cardiovascular, en el control del volumen sanguíneo y la presión arterial. Alteraciones en estas funciones pueden generar patologías como insuficiencia renal, acidosis, hipertensión o desequilibrios electrolíticos.
