El estreñimiento es un trastorno multifactorial cuya percepción puede variar entre pacientes y profesionales. Para establecer un diagnóstico uniforme se utilizan los criterios de Roma IV, que consideran factores como frecuencia, esfuerzo defecatorio y sensación de evacuación incompleta. Su origen puede ser primario (funcional) o secundario a causas mecánicas, neurológicas, metabólicas o farmacológicas. Destaca la disinergia defecatoria, donde existe un fallo en la coordinación entre presión abdominal y relajación del esfínter. El tratamiento incluye desde medidas higiénico-dietéticas hasta biofeedback, laxantes o cirugía en casos seleccionados. Entre las complicaciones se encuentra la impactación fecal, que puede requerir enemas, laxantes o incluso extracción manual. En casos complejos, se puede aplicar la técnica de Malone, que permite irrigaciones anterógradas para vaciar el colon.
En el extremo opuesto del espectro está la diarrea, definida como evacuaciones acuosas frecuentes. Puede ser aguda o crónica, y su clasificación fisiopatológica abarca tipos exudativos, osmóticos, secretores o por alteración de la motilidad. Las causas varían desde infecciones y enfermedades inflamatorias intestinales hasta intolerancias alimentarias o fármacos. El diagnóstico depende de la anamnesis y las características clínicas, como la presencia de sangre, respuesta al ayuno o volumen de las heces. El tratamiento se ajusta a la causa subyacente, aunque en muchos casos de origen infeccioso agudo es suficiente un enfoque sintomático.
