La meningitis es la inflamación de las meninges (piamadre, duramadre y aracnoides) y puede tener origen vírico, bacteriano, fúngico, parasitario o por otros microorganismos, siendo las causas más frecuentes las bacterianas y víricas. La meningitis bacteriana está producida principalmente por Streptococcus pneumoniae (neumococo) y Neisseria meningitidis (meningococo). Se caracteriza por síntomas como fiebre, cefalea, disminución de la conciencia, náuseas, vómitos y fotofobia, además de signos meníngeos como la rigidez de nuca, el signo de Brudziński y el signo de Kérnig. El diagnóstico se confirma mediante análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR), donde aparecen disminución de glucosa y aumento de proteínas y leucocitos, además de hemocultivos y pruebas de neuroimagen.
La meningitis vírica suele estar causada por Enterovirus, aunque también pueden producirla el herpes simple tipo 2, el VIH o la parotiditis. Generalmente es un cuadro autolimitado y sin secuelas, con síntomas similares a la meningitis bacteriana, aunque de instauración más rápida. En el LCR destaca el aumento de linfocitos, proteínas ligeramente elevadas y glucosa normal. El tratamiento suele ser sintomático, excepto en infecciones por herpes simple, donde se utiliza aciclovir intravenoso. Por otro lado, la meningitis fúngica es menos frecuente y aparece sobre todo en pacientes inmunodeprimidos, siendo el hongo más habitual Cryptococcus neoformans. Su diagnóstico se realiza mediante estudio del LCR con tinción de tinta china y detección del antígeno criptocócico.
