El síndrome de Guillain-Barré es una enfermedad neurológica aguda caracterizada por una parálisis flácida progresiva asociada a parestesias y pérdida de sensibilidad. La debilidad muscular suele ser simétrica y comienza en las piernas, ascendiendo hacia el torso, brazos y pares craneales. Aunque el nivel de conciencia se mantiene conservado, pueden aparecer alteraciones en la masticación, la deglución y el habla debido a la afectación de los pares craneales, además de dificultad para cerrar los ojos o modificar la expresión facial. También pueden producirse complicaciones graves como trastornos respiratorios, arritmias, íleo paralítico o retención urinaria. Se considera una emergencia médica, por lo que requiere monitorización constante, especialmente de la capacidad vital forzada, ya que valores inferiores a 15 mL/kg indican necesidad de intubación y soporte respiratorio.
El tratamiento del síndrome de Guillain-Barré se basa principalmente en la administración precoz de inmunoglobulinas intravenosas (IGIV), consideradas el tratamiento de elección, aunque pueden producir efectos secundarios como meningitis aséptica o insuficiencia renal aguda. Otra opción terapéutica es la plasmaféresis, técnica que elimina los autoanticuerpos responsables del daño sobre la mielina y que ayuda a reducir la duración de la enfermedad y el riesgo de secuelas permanentes. Además, es fundamental iniciar una fisioterapia temprana para prevenir contracturas, anquilosis y complicaciones derivadas de la inmovilidad, combinando ejercicios pasivos y activos según evolucione el paciente. El manejo general incluye medidas de soporte, rehabilitación y, en algunos casos, tratamientos inmunosupresores.
