Las ataxias son trastornos neurológicos que provocan alteraciones en la coordinación de los movimientos voluntarios, dificultando la realización de movimientos precisos, el mantenimiento del equilibrio y una marcha estable. No constituyen una enfermedad concreta, sino un síntoma neurológico que puede aparecer en diferentes patologías. Pueden afectar a la marcha, los brazos, las manos, el tronco y el habla, originando disartria. Según su origen, las ataxias se clasifican en hereditarias y adquiridas. Las hereditarias se transmiten genéticamente, mientras que las adquiridas aparecen por causas como accidentes cerebrovasculares, tumores, esclerosis múltiple, intoxicaciones por alcohol o fármacos y déficits vitamínicos. La identificación de sus signos permite orientar el diagnóstico hacia una causa cerebelosa, sensitiva o vestibular.
La ataxia de Friedreich es la forma hereditaria más conocida y se transmite de manera autosómica recesiva. Afecta principalmente al cerebelo, la médula espinal y los nervios periféricos, causando alteraciones progresivas de la coordinación y de la marcha. Suele comenzar en la infancia o adolescencia temprana, entre los 5 y 15 años, y se caracteriza por debilidad progresiva, inestabilidad al caminar y pérdida del equilibrio. También pueden aparecer escoliosis, deformidades en los pies, disartria y problemas de deglución. La complicación más grave es la cardiomiopatía, que puede comprometer la supervivencia, aunque el intelecto generalmente permanece conservado.
