TEMA 2. ACCESOS VASCULARES PARA HEMODIÁLISIS


2.1 Introducción

La creación y el manejo de los accesos vasculares son pilares fundamentales en el tratamiento de pacientes con enfermedad renal crónica que se encuentran en estadio terminal y, por tanto, están sometidos a hemodiálisis. Estos accesos representan el vínculo directo entre el sistema circulatorio del paciente y la tecnología utilizada para realizar el intercambio de solutos, eliminar líquidos y depurar toxinas. Por lo tanto, un acceso vascular funcional, duradero y seguro es esencial para garantizar la calidad de vida de estos pacientes y el éxito de la terapia dialítica.

La elección del acceso vascular adecuado implica considerar una variedad de factores clínicos y anatómicos, como la calidad del lecho vascular, las comorbilidades del paciente y el pronóstico a largo plazo. Asimismo, requiere un conocimiento detallado de los principios hemodinámicos, la anatomía vascular y las posibles complicaciones asociadas a cada tipo de acceso.

El acceso vascular ideal combina una alta funcionalidad con un bajo riesgo de complicaciones. Desde el punto de vista clínico, esto significa que debe permitir un flujo sanguíneo suficiente para realizar una hemodiálisis efectiva, ser resistente a las infecciones y mantener su permeabilidad durante el mayor tiempo posible. Sin embargo, ningún acceso vascular cumple completamente con estas características, lo que convierte su manejo en un desafío para los equipos de salud, especialmente para los profesionales de enfermería y cirugía vascular.

En el contexto de la hemodiálisis, existen dos tipos principales de accesos vasculares:

  • Fístulas arteriovenosas (FAV): Consideradas el estándar de oro por su durabilidad y bajo riesgo de infecciones. Los injertos arteriovenosos (IAV) son una alternativa factible cuando las FAV no son viables, aunque presentan mayor riesgo de trombosis e infecciones.
  • Catéteres venosos centrales (CVC): Utilizados principalmente como solución temporal, pero asociados con complicaciones significativas en el largo plazo.

 

 

Ilustración 10: Accesos vasculares en hemodiálisis. A) Fístula arteriovenosa. B) Catéter venoso central

 

Cada uno de estos accesos presenta características únicas en términos de técnica de creación, funcionalidad y complicaciones. Si bien es cierto que la FAV representa el acceso vascular de elección, a lo largo del tema veremos contraindicaciones de la misma lo que, sumado a los cambios hemodinámicos que hemos comentado anteriormente, predispone al CVC como acceso vascular de elección.

 

2.2 Fístula arteriovenosa

La fístula arteriovenosa (FAV) es el acceso vascular de elección para pacientes que requieren hemodiálisis. Se trata de una conexión quirúrgica directa entre una arteria y una vena, diseñada para aumentar el flujo sanguíneo en el sistema venoso superficial, permitiendo su uso durante el tratamiento dialítico.

A pesar de lo que pueda parecer, las FAV tienen una historia relativamente corta. En su origen, la terapia dialítica era destinada a los casos de insuficiencia renal aguda; sin embargo, el crecimiento en la prevalencia de los pacientes crónicos provocaba que arterias y venas quedaran agotadas a las pocas intervenciones realizadas. Con este problema entre manos, la idea nace de la posibilidad de conectar una arteria y una vena para facilitar el acceso vascular en la terapia.

La solución vino de manos del Dr. Belding Scribner, quien propuso la idea de implantar un dispositivo permanente en forma de U que permitiera la unión entre arteria y vena. El dispositivo, de material de teflón, permitía una unión estable y evitaba las punciones continuas al acceso.

 

 

Ilustración 11: Fístula de Scriber. Fuente: González-Fajardo JA, 2016; disponible en: https://www.elsevier.es/es-revista-angiologia-294-articulo-cimino-brescia-los-pioneros-hemodialisis-S0003317014002533

 

Sin embargo, las complicaciones constantes -infecciones, trombosis, necrosis de la piel, sangrado…- hicieron necesario el desarrollo de nuevos accesos vasculares.

Entre estas fístulas primitivas y las definitivas que nos encontramos a día de hoy, el Dr. Shaldon promovió el uso de catéteres venosos centrales; así, se prefirió la cateterización veno-venosa, comenzando por la vena femoral y, posteriormente, a otras del tronco como la subclavia.

La creación de la FAV, tal como la conocemos hoy, fue presentada por los doctores James E. Cimino y Michael J. Brescia en 1966 en un artículo publicado en el New England Journal of Medicine, describiendo una técnica revolucionaria en la que se proponía una conexión quirúrgica directa entre la arteria radial y la vena cefálica (fístula radio-cefálica), realizada en la muñeca del paciente Esta técnica aprovechaba la capacidad del flujo arterial para dilatar y remodelar la vena, permitiendo un acceso repetido mediante punciones para hemodiálisis. El diseño de la FAV eliminó la necesidad de catéteres externos y redujo drásticamente las complicaciones anteriormente. Este avance marcó un cambio de paradigma en el manejo de la insuficiencia renal crónica.

 

Ilustración 12: Primera FAV, por Brescia y Cimino. A) Intervención quirúrgica, creación de anastomosis. B) Punción de FAV. Fuente: Brescia et al, 1966; disponible en: https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJM196611172752002

 

El éxito del diseño original de Brescia y Cimino llevó a la adopción universal de la FAV como el estándar de oro para el acceso vascular en hemodiálisis. A lo largo de las décadas, la técnica se ha refinado para adaptarse a diferentes contextos clínicos. Así, el desarrollo de la FAV radio-cefálica dio lugar al descubrimiento de nuevas localizaciones anatómicas (más adelante veremos los distintos tipos de FAV), introducción de injertos protésicos o innovaciones tecnológicas, como es la incorporación de la ecografía doppler en la evaluación preoperatoria o punción ecoguiada.

 

2.2.1 Tipos de fístula arteriovenosa

Como hemos comentado anteriormente, FAV de Brescia-Cimino fue la primera que empezó a utilizarse. Sin embargo, desde su desarrollo han sido muchas las variantes anatómicas llevadas a cabo para poder realizar los tratamientos de hemodiálisis. En términos generales, podemos dividir las fístulas como “nativas” o “protésicas”, en función del uso de vasos autólogos o materiales inertes, o “de muñeca” o “codo”, según localización. Además, su nomenclatura se debe a los vasos que utiliza, con la arteria en primer lugar, seguido de la vena usada. A continuación, describimos algunas de las más representativas:

FAV de muñeca

  • Radiocefálica de Brescia-Cimino: la primera idea de FAV, engendrada a mediados del siglo anterior, sigue siendo la primera opción a la hora de crear acceso vascular, pues permite preservar capital venoso para posibles próximos usos, al tiempo que presenta bajo número de complicaciones asociadas, en términos de infección y perfusión. En ciertos grupos de riesgo (diabéticos, ancianos…) se ha descrito alta tasa de fallos inmediatos, así como dificultades en la maduración tras meses de uso, lo que hace que haya que buscar otras alternativas.

 

 

Ilustración 13: FAV radiocefálica en brazo izquierdo. Fuente: Ayala-Strub MA et al, 2020; disponible en: https://www.nefrologiaaldia.org/es-articulo-fistulas-arterio-venosas-hemodialisis-332

  • Variantes radiocefálicas: retrasos en la maduración del acceso vascular, así como el desarrollo de estenosis arterial, obligan a la creación de anastomosis entre arteria radial y vena cefálica en zonas distales (FAV en tabaquera anatómica) o en proximales (FAV radiocefálica en antebrazo)

 

Ilustración 14: FAV radiocefálica en tabaquera anatómica. Fuente: Ayala-Strub MA et al, 2020; disponible en: https://www.nefrologiaaldia.org/es-articulo-fistulas-arterio-venosas-hemodialisis-332

 

  • Transposición radiobasílica: Cuando la vena cefálica en el antebrazo no resulta adecuada para una FAV radiocefálica, una alternativa posible antes de desarrollar en codo es usar la basílica en su porción distal. Además, suele tener menor uso pues es raro que haya sido objeto de punciones previas en la práctica clínica habitual del paciente.

 

 

Ilustración 15: FAV en brazo derecho mediante trasposición radiobasílica. Fuente: Rafizadeh A et al, 2023; disponible en: https://www.jvscit.org/article/S2468-4287%2822%2900199-X/pdf

 

FAV de codo

A nivel de fosa antecubital se hallan vasos de mayor calibre, que suelen proporcionar flujos más elevados y tener tasas menores de fallo primario y de alteraciones en la maduración, mientras que su principal inconveniente es el menor trayecto disponible para la punción y que limitan el posterior uso de accesos más distales. Destacamos:

  • Humerocefálica: del mismo modo que la FAV radiocefálica es la primera opción, las guías abogan por el uso de FAV humerocefálica como segunda opción de mayor éxito. Alcanza mayores flujos y suele tener un tramo menos tortuoso y más accesible para la punción; además, es más fácil cubrir el desarrollo de aneurismas.

 

 

Ilustración 16: FAV humero-cefálica

 

  • Fístula de Gracz: epónimo de la fístula desarrollada a partir de la anastomosis entre la arteria humeral y la vena perforante (sistema profundo) de la fosa antecubital

 

 

Ilustración 17: FAV de Gracz mediante la unión de arteria braquial y vena perforante. Fuente: Burr M et al, 2021. Disponible en: https://www.hmpgloballearningnetwork.com/site/vdm/original-research/use-novel-intermittent-pneumatic-compression-device-promote-perforator

 

  • Humerobasílica: FAV alternativa a aquellos en los que no es posible realizar anastomosis con la vena cefálica y, al mismo tiempo, se quiere evitar el uso de injertos. Si bien es cierto que la vena basílica suele estar profundizada, es posible superficializarla o trasponerla para facilitar la unión y creación del acceso. Además, debido a lo poco habitual que sean las punciones sobre ella, suele ser una vena bastante bien preservada.

 

 

Ilustración 18: FAV humerobasílica. Fuente: Bode AS & Tordoir HM, 2013. Disponible en: https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-3-642-27458-9_5

 

  • Húmero-humeral: La inexistencia de venas superficiales competentes sugiere este tipo de FAV como alternativa. Hay que recordar que la vena humeral se encuentra acompañando a la arteria como parte del sistema profundo venoso, por lo que tampoco se espera que haya recibido punciones previas.

 

2.3 Fístulas protésicas

Las fístulas arteriovenosas protésicas (FAVp) son una alternativa quirúrgica cuando las venas nativas del paciente no son adecuadas para la creación de una fístula nativa (FAVn). En este tipo de acceso, se utiliza un injerto sintético para conectar una arteria con una vena, asegurando un flujo sanguíneo adecuado para la hemodiálisis. Estos injertos, además de precisar menor componente técnico en su creación por parte del cirujano vascular, está destinado principalmente en aquellas situaciones en que el lecho vascular es inadecuado, debido a que las venas están dañadas por trombosis previas, o el capital venoso superficial es insuficiente. En aquellos pacientes obesos, la implantación de prótesis ha demostrado muy buen resultado, debido precisamente a la tendencia a que las venas nativas estén demasiado profundas para su punción.

Otra de las ventajas que aportan estas FAVp es la posibilidad de obtener un acceso funcional mucho más rápido, pues el tiempo de maduración requerido es muy inferior. Tal es así que incluso existen prótesis (Gore® Acuseal) cuya casa comercial asegura la posibilidad de ser pinchados en un periodo de 24 horas desde su implantación presenta un riesgo muy reducido de sangrado (Aitken E et al, J Vasc Access, 2014; doi: 10.5301/jva.5000238).

En cuanto al material utilizado para la prótesis, el politetrafluoroetileno expandido -conocido como PTFE- es el que más reconocimiento presenta, por lo que su uso está más que extendido. Otros polímeros como el poliéster pueden tener su utilidad en situaciones específicas.

Cuando se planea su creación, hay que tener información precisa de la arteria donante (que debes ser de al menos 4 mm de diámetro) y la vena receptora -de la cual debemos comprender que encontraremos el lecho vascular significativamente agotado en la mayoría de las ocasiones-, eligiendo la localización más distal posible de ambas.

La longitud de la prótesis debe tener entre 20 y 40 cm para garantizar una gran longitud de punción. El diámetro de las prótesis debe oscilar entre 6 y 8 mm.

 

2.3.1 Tipos de fístulas protésicas

La prótesis se puede implantar mediante una configuración en forma recta, o en forma de asa o loop. Por supuesto, estas disposiciones están condicionadas principalmente por las características del paciente.

La localización de la colocación del injerto dependerá del lecho vascular conservado. Además, se establece cierta prioridad en el uso de arterias, como son la humeral y la axilar. Derivado de ello, algunas de las fístulas protésicas más habituales son:

  • Recta en antebrazo: uso de la arteria radial y una vena de la fosa antecubital en la que drenar
  • Loop antebraquial entre arteria humeral y cualquiera de las venas adecuadas del confluente antecubital. En ocasiones se puede utilizar incluso una de las venas humerales del sistema profundo, ya que suelen estar más desarrolladas cuando las superficiales no lo están.

 

 

Ilustración 19: FAVp en loop entre arteria braquial y vena humeral. Fuente: van Tricht I et al, 2005. Disponible en: https://link.springer.com/article/10.1007/s10439-005-5367-X

 

  • FAVp Húmero-axilar con un trayecto subcutáneo con curvatura de convexidad lo más externa posible para facilitar la punción "en escalera" en un segmento lo suficientemente largo.

 

Ilustración 20: FAV protésica húmero axilar. Fuente: Ayala-Strub MA et al, 2020; disponible en: https://www.nefrologiaaldia.org/es-articulo-fistulas-arterio-venosas-hemodialisis-332

 

  • FAVp en miembros inferiores: A pesar de que también pueden estar realizadas con vasos nativos, la mejor alternativa es el uso de prótesis, debido a que presenta mejores tasas de supervivencia y menor complejidad técnica cuando se realiza con el apoyo de PTFE tipo loop. Deben descartarse si existen patologías previas vasculares, tipo enfermedad arterial periférica y similares.

 

 

Ilustración 21: Injerto entre femorales. Vachharajani T, 2016; disponible en:  https://journals.lww.com/cjasn/abstract/2016/09000/lower_extremity_permanent_dialysis_vascular_access.23.aspx

 

  • Injerto híbrido: Los dispositivos HeRO (Hemodialysis Reliable Outflow) representan una alternativa innovadora en el manejo de accesos vasculares complejos para hemodiálisis. Están diseñados específicamente para pacientes con obstrucciones significativas en las venas centrales, donde otros accesos convencionales, como las fístulas arteriovenosas (FAV) o los injertos, no son viables. El sistema HeRO es un injerto híbrido que combina características de una fístula arteriovenosa y un catéter venoso central. Este dispositivo proporciona una solución de acceso vascular de largo plazo, bypasseando obstrucciones venosas centrales para garantizar un flujo de salida adecuado hacia el sistema circulatorio. Para su colocación se usa un catéter venoso inserto en vena central, y se conecta a un injerto protésico que se implanta quirúrgicamente de manera subcutánea, hasta conectar con una arteria como la braquial. Así, la prótesis se destina para la bipunción, permitiendo el drenaje venoso hacia la cava.

 

Ilustración 22: Dispositivo HeRO.

 

2.4 Catéter venoso central

Los catéteres venosos centrales (CVC) son dispositivos esenciales en el manejo de pacientes en hemodiálisis cuando no es posible utilizar accesos vasculares permanentes como las fístulas descritas anteriormente. Su facilidad de inserción y su capacidad para proporcionar un acceso inmediato los convierte en una opción fundamental, especialmente en situaciones de emergencia o cuando se requiere un acceso temporal.

El uso de los CVC ha evolucionado significativamente desde sus primeras aplicaciones, gracias a avances en materiales, diseño y técnicas de inserción. Actualmente, se emplean dos tipos principales: los catéteres no tunelizados o temporales (CVNT), que se utilizan a corto plazo, y los catéteres tunelizados o definitivos (CVT), diseñados para proporcionar un acceso más duradero. Ambos presentan ventajas y limitaciones según el contexto clínico, la anatomía del paciente y las condiciones de acceso vascular.

La elección de un catéter venoso central implica considerar varios factores: la duración prevista del tratamiento, el riesgo de infecciones, la facilidad de inserción y el impacto en la calidad de vida del paciente. Además, la localización de la inserción desempeña un papel crucial en la funcionalidad y las complicaciones asociadas al catéter, siendo las venas yugular interna, subclavia y femoral las opciones más comunes.

A pesar de su utilidad, los CVC presentan desafíos importantes. Su uso prolongado está asociado a una mayor comorbilidad, como veremos posteriormente, lo que subraya la necesidad de un manejo adecuado y un seguimiento estricto.

Algunas de las indicaciones más representativas para el uso de CVC en hemodiálisis son:

  • Preferencia del paciente: existen pacientes que rechazan la realización de hemodiálisis a través de FAV por miedo a las punciones
  • No disponibilidad de FAV: en muchas ocasiones, no es debido a preferencia del paciente, ya que este no se opone a la misma. Sin embargo, por insuficiencia vascular, FAV inmadura, o disfunción de la misma (estenosis, trombosis…) es necesario canalizar un catéter para llevar a cabo el tratamiento.
  • Suspensión temporal de diálisis peritoneal: descanso prolongado del peritoneo (necesario en estos pacientes cada cierto tiempo), peritonitis repetitivas que conducen a la retirada del catéter peritoneal, o aquellos pacientes que prefiriendo diálisis peritoneal aún no cuentan con el catéter por inicio obligado de hemodiálisis ante caída brusca del filtrado glomerular
  • Previsión de corta duración en el programa de hemodiálisis: pacientes paliativos, receptores de trasplante renal…

 

2.4.1 Estructura de un CVC

Los catéteres centrales tienen una serie de características físicas muy bien definidas. Además de ser biocompatibles al tiempo que escasamente trombogénicos, y proporcionar un flujo adecuado para obtener un tratamiento efectivo, se les aplica una serie de propiedades que enumeraremos a continuación:

  • Longitud: en función de la localización, usaremos catéteres temporales de 15-20 cm para el tronco superior, y 20-25 para canalización de femoral. Los tunelizados rondan entre los 20 y 50 cm, en función de la vena. El uso en pediatría se limita a 8 cm.
  • Calibre: requiere un mínimo de 13 F para alcanzar flujos superiores a 400 ml/min. Calibres inferiores, como los usados para las técnicas veno-venosas continuas (11-12 F) limitan su capacidad a 300 ml/h, por lo que no son adecuados para la diálisis intermitente.
  • Morfología: en términos generales, los catéteres rectos son válidos para cualquier canalización, aunque se recomienda el uso de catéteres curvos para accesos superiores, como la yugular o subclavia.
  • Material: como veremos más adelante, dependerá del carácter definitivo del catéter. Sin embargo, lo habitual es el poliuretano o la silicona (más propio del CVNT), siendo el polivinilo, polietileno o teflón materiales en desuso.

 

2.4.2 Catéter venoso central tunelizado

Estos catéteres se insertan mediante un túnel subcutáneo que conecta el punto de entrada en la piel con la vena central y constituyen la alternativa a aquellos pacientes que no pueden o no quieren recibir el tratamiento a través de la FAV. Algunos autores han recogido las características ideales que debería presentar un CVT:

  • Flujo sanguíneo elevado y baja recirculación
  • Colocación sencilla con escaso riesgo de traumatismo, así como lesión mínima de la túnica íntima de la vena para evitar trombosis y estenosis venosas
  • Formado por materiales biocompatibles que eviten adherencia y plaquetas, al tiempo que eviten la formación de acodamientos, roturas o desconexión de sus componentes
  • Radiopacos, para facilitar la evaluación de su colocación
  • Resistencia a oclusión por vainas fibrosas; contaminación, y colonización del catéter y migración bacteriana tras su colocación, evitando desarrollo de bacteriemia; a colapsos por presión negativa; y a formar coágulos en la luz o punta del catéter

Si bien es cierto que estas son algunas de las características a presentar, por desgracia es muy difícil asegurar que todas se den, lo cual hace que la prevalencia de morbimortalidad en pacientes con CVC es muy superior a los portadores de FAV.

Con motivo de mitigar los episodios de bacteriemia, los CVT incorporan un manguito de dacrón diseñado para favorecer la adhesión tisular y crear una barrera física contra las infecciones.

 

 

Ilustración 23: Manguito de dacrón de CVC extraído. Fuente: Crehuet I et al, 2012; disponible en: https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2254-28842012000400011

 

Además de ser de poliuretano, también pueden fabricarse en carbotano, polímero que permite que sean más flexibles que los catéteres temporales que veremos posteriormente. Para prevenir la formación del biofilm asociado a infecciones de catéter, hoy en día existen modelos que vienen recubiertos de plata o heparina, debido a su efecto bactericida y antiagregante, respectivamente.

Algunos de ellos presentan orificios laterales para facilitar el paso del flujo sanguíneo y disminuir las resistencias al mismo. Sin embargo, estudios longitudinales no solo no han demostrado mejoría en su funcionamiento y datos obtenidos en la práctica clínica, sino que se asocian a mayor número de eventos trombóticos y bacteriemia, al facilitar la salida del sellado del catéter (uso de anticoagulantes al final de la sesión para mantener su funcionalidad) y aumenta el espacio muerto, promoviendo la formación de dicho coágulo.

La estructura que pueden tener estos catéteres es muy variada. Si bien es cierto que la mayoría de los utilizados en la actualidad están formados por un único tubo externo que engloba las dos luces internas, algunos presentan dos catéteres perfectamente diferenciados en todo su tramo (catéter tipo Tesio®, veremos a continuación).  No solo eso. Además, en función del diseño de la punta, podemos encontrar distintos tipos de CVCT:

  • Punta única recta: Como veíamos anteriormente, corresponde a los catéteres tipo Tesio® y Canaud®, los cuales consisten en dos catéteres independientes -la entrada y la salida-. Presentan una baja recirculación asegurando flujos óptimos; sin embargo, requieren una formación doble de túnel.
  • Punta escalonada: Corresponde a algunos de los catéteres más conocidos, como los tipos Hickman®, Duraflow@ y Perm-cath®, entre otros. La luz arterial se encuentra más proximal a la inserción del catéter, mientras la venosa corresponde a zonas más cercanas a la aurícula derecha; así, teóricamente, la sangre que se devuelve al paciente no volverá a ser cogida por la luz de salida. Estos catéteres pueden presentar distintos diseños en la disposición que presentan ambas luces: así, cuanto más agudo sea el ángulo formado, menor sería la disposición a la formación de trombos.
  • Puntas separadas: la separada disposición de sus luces favorecería disminuir la recirculación al tiempo que se alcanzan altos flujos. Los catéteres Hemosplit® o Ash-Split® se encuentran en este grupo.
  • Coaxial: los catéteres tipo Hemostream® o Free-Flow® presentan ambas puntas dispuestas como cilindros concéntricos, de modo que la entrada de sangre se produce por el cilindro externo, mientras el interno queda reservado para el retorno de la misma.
  • Luces simétricas en Z: este novedoso modelo, representado por los catéteres tipo Palindrome® presentan una ventaja importante en términos de reducción de recirculación a pesar de que se usen las ramas de forma invertida (venosa para la salida, arterial para la entrada).

 

 

Ilustración 24: Distintos tipos de catéter. A) De punta recta; B) Punta escalonada -se muestran distintas disposiciones de luces-; C) Puntas separadas; D) Puntas concéntricas; E) Puntas simétricas en Z. Fuente: Paraíso V et al 2021, disponible en: https://www.nefrologiaaldia.org/es-articulo-implantacion-ecoguiada-de-cateteres-tunelizados-para-hemodialisis-427

 

Es importante recalcar que no puede recomendarse de manera preferente ningún modelo de CVT para hemodiálisis, al no haber claras mejorías o ventajas.

 

2.4.3 Catéter venoso central no tunelizado

Son catéteres de inserción directa en una vena central sin la formación de un túnel subcutáneo, sino que pueden ser colocados a pie de cama con las medidas adecuadas de asepsia. Con indicaciones similares a los CVT, los catéteres no tunelizados se utilizan expresamente cuando el uso va a ser inferior a 3 semanas, o en aquellos pacientes que requiere hemodiálisis inmediata por fracaso renal agudo, intoxicación, u otras técnicas similares. También debemos considerar su implantación en pacientes con FAV inmadura, y cuya punción hubiera provocado extravasación y disfunción temporal de la misma; así podríamos preservar una, incluso ambas punciones, pudiendo conectar a la luz del catéter las líneas que fueran necesarias.

 

 

Ilustración 25: Esquema de conexión mixta mediante FAV afectada y CVC, usando una luz perteneciente a cada AV

 

La principal característica que se les pide a estos catéteres es que sean capaces de aportar un flujo sanguíneo adecuado a pesar de su fácil inserción. Para ello, suelen ser más rígidos que los catéteres tunelizados para impedir acodamientos que pudieran comprometer el flujo. Sin embargo, el riesgo de infección es bastante alto, debido a la ausencia de métodos barrera profilácticos, como el manguito de dacrón que describimos en los CVT.

Como vemos en la siguiente imagen, el riesgo de infección en los pacientes con catéter temporal de hemodiálisis crece significativamente a medida que avanzan los días, especialmente en aquellos donde la inserción es femoral.

 

 

Ilustración 26: Riesgo de bacteriemia en pacientes con CVNT. La línea discontinua representa localización yugular; la línea continua, femoral. Fuente: Oliver M et al, 2000; disponible en: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0085253815473727

 

En la siguiente tabla recogemos algunas de las características propias de cada tipo de CVC, siempre teniendo en cuenta que la funcionalidad de ambos suele ser similar.

 

 

Tabla 2: Comparativa de las características de ambos tipos de CVC

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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