Los accesos vasculares son esenciales para realizar hemodiálisis en pacientes con enfermedad renal crónica terminal. Un acceso funcional, duradero y seguro permite un tratamiento eficaz y mejora la calidad de vida del paciente. La elección del tipo de acceso depende de factores clínicos y anatómicos, priorizando siempre la fístula arteriovenosa (FAV) por su durabilidad y bajo riesgo de infección.
La FAV es una conexión quirúrgica entre una arteria y una vena, y desde su desarrollo por Brescia y Cimino, ha sido el acceso estándar. Existen variantes según la localización y los vasos empleados, como la radiocefálica, humerocefálica o humerobasílica. Cuando las condiciones anatómicas impiden una FAV nativa, se recurre a fístulas protésicas (FAVp), que utilizan injertos sintéticos de PTFE. Estas pueden implantarse en configuración recta o en asa, en miembros superiores o inferiores, y permiten un acceso más rápido a la hemodiálisis.
Los catéteres venosos centrales (CVC) se usan cuando no es posible otro acceso. Pueden ser temporales (no tunelizados) o definitivos (tunelizados), y su elección depende del tiempo previsto de uso y del estado vascular del paciente. Los CVC tunelizados incluyen diseños diversos para reducir la recirculación y el riesgo de infección, aunque siguen asociados a mayor morbimortalidad. Los no tunelizados se usan en situaciones urgentes y tienen mayor riesgo de complicaciones infecciosas, especialmente con el paso del tiempo.
