TEMA 2. VALORACIÓN NEUROLÓGICA BÁSICA


La valoración neurológica básica comienza con la evaluación del nivel de conciencia, valorando el estado del paciente mediante la Escala de Glasgow (respuesta ocular, verbal y motora), además de detectar cambios sutiles como somnolencia, confusión, irritabilidad o desorientación, y comprobar la orientación en persona, lugar, tiempo y situación. La exploración de las pupilas es clave: se analiza su tamaño, forma, simetría y reactividad a la luz (reflejo fotomotor y consensual), junto con el reflejo corneal, cuya ausencia puede indicar lesión grave del tronco encefálico. Se describen hallazgos pupilares normales y patológicos (miosis, midriasis, anisocoria, reactividad o arreactividad) que pueden orientar a causas como sedación profunda, sobredosis, lesiones del tronco encefálico, mesencéfalo, hemorragias cerebrales o situaciones de parada cardiorrespiratoria. También se valoran los reflejos del tronco encefálico, como el reflejo oculocefálico (“ojos de muñeca”), útil para detectar lesiones en esta zona.

La exploración continúa con la fuerza muscular, comparando ambos lados con la escala de Daniels (0–5) para identificar paresias, plegias y alteraciones del tono (espasticidad, rigidez o flacidez), además de valorar marcha y coordinación con pruebas como dedo-nariz y talón-rodilla. La sensibilidad se estudia en sus modalidades superficial (tacto, dolor, temperatura) y profunda (propiocepción y vibración), identificando alteraciones como hipoestesia, anestesia, hiperestesia, parestesias y disestesias, que ayudan a localizar lesiones periféricas, radiculares o centrales. También se observan los patrones respiratorios, ya que orientan sobre el nivel de lesión en el tronco encefálico (Cheyne-Stokes, hiperventilación neurógena central, apnéustica, atáxica o apnea). Por último, se incluyen los signos de irritación meníngea (rigidez de nuca, Brudzinski y Kernig), fundamentales en la valoración inicial ante sospecha de meningitis o hemorragia subaracnoidea.