TEMA 24. OBESIDAD Y COMORBILIDADES


La obesidad es un síndrome crónico, complejo y con componente estigmatizante, cuya prevalencia sigue aumentando en Europa y España, con mayor frecuencia en estratos socioeconómicos bajos y con previsión de crecimiento por su alta presencia en la infancia. Se define y clasifica principalmente mediante el IMC, que permite graduar la obesidad (tipo I 30–34,9; tipo II 35–39,9; tipo III ≥40, y en algunas clasificaciones tipo IV ≥50) y orientar el pronóstico y el tratamiento; además, al relacionarlo con el perímetro de cintura se estima mejor el riesgo cardiometabólico, especialmente cuando existe obesidad abdominal (cintura >102 cm en hombres y >88 cm en mujeres). Desde el punto de vista etiopatogénico intervienen factores poligénicos (más relevantes en obesidad infantil) y ambientales (dieta hipercalórica, sedentarismo, microbiota, posibles “obesógenos”), modulados por el control hipotalámico del apetito y señales hormonales como leptina y grelina, y también por variables psicológicas (atracones, comida como recompensa o insatisfacción corporal). La distribución de la grasa aporta valor clínico: la androide o tipo manzana (abdominal) se asocia a mayor riesgo metabólico que la ginecoide o tipo pera.

En el diagnóstico y abordaje es clave buscar comorbilidades asociadas, que abarcan desde alteraciones metabólicas (resistencia a la insulina, dislipemias, diabetes tipo 2) y cardiovasculares (HTA, enfermedad cardiovascular) hasta respiratorias (SAOS/hipoventilación), hepato-digestivas (esteatosis, litiasis biliar), osteoarticulares (artrosis), psiquiátricas (depresión, trastorno por atracón), endocrino-reproductivas y un mayor riesgo de algunos cánceres. El tratamiento ideal es la prevención, y cuando la obesidad está instaurada debe perseguir no solo perder peso, sino mantener la pérdida y reducir comorbilidades, con objetivos realistas e intervención individualizada: cambios dietéticos sostenibles (no solo “dieta” aislada), actividad física (muy útil para evitar la recuperación ponderal), terapia conductual y, en casos seleccionados, fármacos (p. ej., orlistat u otras combinaciones) y cirugía bariátrica, que es la más efectiva pero requiere criterios estrictos (IMC ≥40 o ≥35 con comorbilidades mayores, fracaso previo de tratamiento conservador, estabilidad psicológica y compromiso de seguimiento, entre otros). En salud pública se incluyen estrategias como NAOS, acciones escolares y regulación del entorno alimentario, mientras que en cuidados se contemplan diagnósticos de enfermería como obesidad, sobrepeso y riesgo de sobrepeso, definidos por IMC (y percentiles en pediatría) y asociados a factores como sedentarismo y hábitos de sueño/alimentación.