Las hiperlipidemias son alteraciones de los lípidos plasmáticos (colesterol y/o triglicéridos) y constituyen un factor de riesgo cardiovascular relevante. Los lípidos circulan en sangre unidos a lipoproteínas, partículas esféricas con un núcleo de triglicéridos y ésteres de colesterol y una cubierta de fosfolípidos, colesterol libre y apolipoproteínas; según su densidad se distinguen quilomicrones, VLDL, IDL, LDL, Lp(a) y HDL. Las LDL transportan colesterol a los tejidos y son más aterogénicas por su tendencia a oxidarse en la pared arterial, mientras que las HDL realizan el “transporte reverso” llevando colesterol al hígado y tienen un papel protector. Etiológicamente, las hiperlipidemias pueden ser primarias (hereditarias/familiares) o secundarias (por otras enfermedades o causas). Entre las primarias destacan la hipercolesterolemia (colesterol total >200 mg/dl con triglicéridos <200; LDL elevadas y signos como xantomas o xantelasmas), la hipertrigliceridemia (triglicéridos >200 mg/dl, con influencia clave del estilo de vida; graves si >885 mg/dl) y las mixtas (colesterol y triglicéridos >200 mg/dl), como la hiperlipidemia familiar combinada, muy aterogénica y a menudo sin signos clínicos. Entre las secundarias destacan alcohol, obesidad, diabetes tipo 2, hipotiroidismo y fármacos (hormonas, antihipertensivos, antirretrovirales, etc.).
El diagnóstico requiere analítica con colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos, además de revisar hábitos (dieta, tabaco, alcohol, ejercicio), medicación y antecedentes personales/familiares; el riesgo cardiovascular puede estimarse con tablas como SCORE para guiar la intensidad del tratamiento. La base terapéutica es la modificación del estilo de vida, empezando por la dieta: ajustar calorías (pérdida de peso en obesidad mejora triglicéridos y puede subir HDL), limitar colesterol (<300 mg/día), mantener las grasas en torno al 30–35% de calorías (reducir saturadas, priorizar monoinsaturadas y poliinsaturadas, con énfasis en omega-3 y consumo de pescado), preferir hidratos complejos y reducir azúcares simples (por su relación con hipertrigliceridemia), aumentar fibra (30–40 g/día para reducir LDL), escoger proteínas magras y evitar alcohol en hipertrigliceridemias. Si no se alcanzan objetivos o existe alto riesgo, se añade farmacoterapia: estatinas como primera línea para bajar LDL (inhiben HMG-CoA reductasa), ezetimiba como apoyo/segunda línea (reduce absorción de colesterol), fibratos para triglicéridos altos (↓VLDL y TG; fenofibrato frecuente), resinas para reducir LDL (evitarlas en hipertrigliceridemia) y, en casos seleccionados, inhibidores PCSK9, omega-3 en formas agudas de hipertrigliceridemia u otros fármacos específicos. Todo ello se refuerza con ejercicio aeróbico regular, abandono del tabaco y control ponderal para disminuir el riesgo cardiovascular global.
