La gestión de riesgos es aquella actividad de identificación, evaluación y respuesta a los riesgos acaecidos, o que puedan llegar a producirse, para prevenir que ocurran en el futuro o minimizar sus consecuencias. Por lo tanto, la gestión de riesgos sanitarios tiene un triple objetivo:
- Incrementar la calidad de la asistencia sanitaria.
- Mejorar la seguridad del paciente y de los profesionales.
- Disminuir costes evitables.
La existencia de un programa de gestión de riesgos sanitarios puede proporcionar beneficios para todas las personas los involucradas en la atención a la salud:
- Los pacientes, a quienes aporta una mayor seguridad en la atención recibida.
- Los profesionales, incrementando la seguridad en sus actuaciones y una mayor satisfacción y sosiego en el desempeño de su actividad.
- Los responsables de la administración y la financiación, a quienes proporciona un mayor rigor en la gestión de sus propias responsabilidades.
El proceso de gestión de riesgos es un ciclo que consta de diferentes etapas.

Gráfico 2. Fases del proceso de gestión de riesgos
Fuente: MSSSI Seguridad del paciente
3.1 ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN DEL CONTEXTO
Para poder gestionar los riesgos de una organización sanitaria, antes hay que conocer en profundidad el servicio, sus actividades, sus clientes —aquellos cuya necesidad son la razón de ser de dicha organización— y su entorno.
La metodología y las herramientas que se emplean como apoyo en esta primera fase es el análisis DAFO, acrónimo de debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades.
3.2 IDENTIFICACIÓN DE RIESGOS
Una vez realizado el diagnóstico de la situación y el contexto de la organización/servicio, estamos en mejor disposición de abordar la identificación de los riesgos de esta organización o área, o su proceso.
Las fuentes de información habituales en esta fase serán los profesionales con experiencia en las diferentes funciones y procesos de la organización sanitaria, otros expertos externos, documentos, informes, protocolos, sistemas de notificación de incidentes, rondas de seguridad, encuestas a pacientes, reclamaciones, auditorías, encuestas de opinión.
En cualquier caso, para conocer de forma válida y precisa los riesgos potenciales para los pacientes, se necesitan datos o indicadores de seguridad del paciente.
Algunos datos pueden obtenerse periódicamente de las bases de datos clínico-administrativas de los hospitales como el conjunto mínimo básico de datos (CMBD). A ello, hay que sumar la información proporcionada por los sistemas de información extendidos en mayor o menor grado entre los hospitales sobre infección nosocomial, mortalidad, incidentes por medicamentos, caídas de pacientes, quejas y reclamaciones.
3.3 ANÁLISIS Y EVALUACIÓN DEL RIESGO
Una vez identificados los riesgos de la organización, actividad o proceso, y dado que los recursos para gestionarlos son limitados, debería cuestionarse su priorización.
El enfoque será una combinación de análisis reactivo (análisis de causa raíz, posterior a un evento adverso) y proactivo (a priori), a partir de dos estrategias complementarias de prevención de eventos adversos y de mejora de la cultura de la seguridad.
- El análisis proactivo de los riesgos tiene por finalidad analizar aquellas áreas, servicios, procesos, productos, etc. en los que es previsible que se puedan producir sucesos adversos, con el fin de modificar los aspectos que pueden ocasionarlos. La herramienta que dará soporte a este análisis es el análisis modal de fallos y efectos (AMFE).
- El análisis retrospectivo o estudio de las causas raíz (ACR) es un procedimiento para investigar eventos adversos graves (incidentes y sucesos centinelas) que han acontecido en un determinado centro, servicio o proceso. Dicho análisis consiste en identificar qué factores contribuyeron a que apareciera el suceso para evitar que vuelva a ocurrir.
3.3.1 Análisis modal de fallos y efectos
Existen muchas maneras de identificar prioridades, pero es importante utilizar el AMFE, cuyas fases son las siguientes:
- Identificar la cuestión que analizar.
- Seleccionar el equipo de trabajo.
- Describir de forma detallada las fases del proceso.
- Analizar los posibles modos de fallar, las causas y los efectos.
o Para cada fallo, identificar:
o La probabilidad de que ocurra
o La probabilidad de que se detecte
o Cuantificar la importancia de los efectos: Índice o número de prioridad de riesgo (IPR o NPR)
- Elaborar un plan de actuación.
- Implementar las medidas y evaluar los resultados.
3.3.2 Índice o número de prioridad de riesgo: IPR o NPR
Una vez identificados los posibles fallos, sus causas, el efecto y si podemos detectarlo o no, pasamos a priorizar los riesgos con los que debemos trabajar. Para ello, utilizamos escalas de 1 al 10, siendo 10 máxima gravedad, ocurrencia o dificultad para detectar el fallo. Los parámetros que vamos a valorar son los siguientes:
- Valoración de la gravedad (G): mide el impacto del fallo sobre el paciente o sobre la organización.
- Valoración de la ocurrencia, aparición (A): probabilidad de que ocurra el fallo.
- Valoración de la detección (D): capacidad que tiene el sistema de controlar que el fallo ocurra.
Tras esta valoración, procedemos a calcular el índice o número de prioridad de riesgo (IPR o NPR). El valor va a ser definido por el producto obtenido en gravedad, aparición y detección.
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NPR: GxAxD |
El resultado nos permite ordenar los riesgos según su gravedad, frecuencia o si fuera indetectable. A mayor NPR, mayor prioridad.
3.3.3 Análisis de causa raíz (ACR)
Las fases para llevar a cabo un ACR son las siguientes:
- Identificación del suceso.
- Formación del grupo de trabajo: equipo y consultores.
- Recogida de información.
- Descripción del efecto: mapa de los hechos.
- Análisis de causas y factores contribuyentes. Grupo nominal, la lluvia de ideas, el diagrama de Ishikawa (o espina de pescado o cascada de los porqués) pueden ser instrumentos útiles en esta fase.
- Exploración e identificación de estrategias para reducir el riesgo.
Imagen 2: Diagrama de Ishikawa
3.4 PLANIFICACIÓN DE RESPUESTAS
Una vez conocidos los riesgos que afectan a nuestra actividad, cuáles de ellos son los más relevantes, cuáles son sus causas y factores contribuyentes, procede planificar la respuesta ante ellos, conscientes de que no podemos afrontar el 100 % de ellos.
En función de sus objetivos, los planes de respuesta pueden agruparse en tres categorías: de erradicación, de control y de mitigación.
Objetivos de los planes de respuesta ante los riesgos:
- Erradicar el riesgo, de modo que se elimine la actividad o los factores contribuyentes.
- Reducir el riesgo y así:
o o reducir la probabilidad de que ocurra,
o o aumentar la capacidad de detectarlo.
- Mitigar el riesgo y su impacto:
o Actuando rápidamente.
o Externalizando la actividad.
o Contratando seguros.
3.5 DESPLEGAR LA GESTIÓN DE RIESGOS
El despliegue es el proceso de comunicación, asignación y delegación de responsabilidades, tareas, procedimientos e indicadores relacionados con el plan de gestión de riesgos, trabajando en equipo e involucrando a las personas y grupos que, en primera línea, se encargarán de su gestión y seguimiento.
3.6 IMPLEMENTACIÓN Y SEGUIMIENTO
En esta última fase, la organización aborda la gestión de riesgos como parte del desempeño de sus funciones y de su trabajo diario (cultura proactiva y generadora de la seguridad), lleva a cabo un seguimiento, gestiona sus riesgos e incorpora las “lecciones aprendidas” a sus procesos con el fin de robustecerlos.
El papel de la comunicación y el respaldo por parte de la directiva a una cultura de gestión de riesgos y mejora continua en esta última etapa es esencial.
3.7 SISTEMAS DE NOTIFICACIÓN DE EVENTOS ADVERSOS
El objetivo del sistema de notificación es la mejora de la seguridad de los pacientes a partir del análisis de situaciones, problemas e incidentes que produjeron, o podrían haber producido, daño a los pacientes.
El estudio de estas situaciones, del contexto en el que ocurrieron, de los riesgos latentes preexistentes y de los factores que contribuyeron a su aparición se realiza con el fin de promover los cambios necesarios en el sistema para evitar que estas situaciones vuelvan a producirse en el futuro.
Los principios básicos sobre los que se sustenta son:
- Voluntariedad: La notificación de incidentes es totalmente voluntaria, aunque se anima a los profesionales a colaborar en el aprendizaje y la mejora de la seguridad del paciente.
- No punibilidad: Este sistema y la información que recoge está totalmente separado de cualquier sistema de sanciones, tanto a nivel de centro sanitario como fuera de éste.
- Confidencialidad: Toda la información contenida en el sistema es confidencial y sólo los profesionales involucrados en la gestión del sistema o en la investigación de incidentes tendrán acceso a la información.
- Notificación anónima o nominativa con anonimización (o de identificación): La notificación puede ser anónima o nominativa. En el caso de las notificaciones nominativas, el sistema está diseñado para anonimizar (eliminar los datos relativos a la identidad del notificante) automáticamente la información en un periodo de quince días.
- Orientación sistémica: Entendiendo que la aparición de incidentes relacionados con la seguridad del paciente depende, en gran medida, de múltiples factores contribuyentes, el análisis y las recomendaciones deben adoptar un enfoque sistémico, examinando las “condiciones latentes” que han permitido la aparición del incidente.
- Análisis para el aprendizaje y la implementación de mejoras a nivel local: La implicación de los profesionales del centro en el análisis de las notificaciones se considera fundamental para alcanzar el aprendizaje y los cambios necesarios en el sistema para prevenir eventos similares.
3.7.1 Incidentes que deben notificarse
Se deben notificar los incidentes relacionados con la seguridad del paciente, entendiendo como tales los eventos o circunstancias que han ocasionado o podrían haber ocasionado un daño innecesario a un paciente. En este grupo se incluyen:
- Incidentes relacionados con la seguridad que no llegaron al paciente: Circunstancia o incidente con capacidad de causar error, que podría haber causado un daño, pero no lo llegó a causar, bien por suerte o bien porque fue interceptado antes de llegar al paciente
- Incidentes sin daño: Incidentes que no llegaron a causar daño (aunque sí que llegaron al paciente)
- Eventos adversos: Que han producido daño al paciente
QUEDAN EXCLUIDOS DEL SISTEMA DE NOTIFICACIÓN
Las infracciones graves con implicaciones legales obvias, puesto que son casos de utilidad limitada desde un punto de vista del aprendizaje y la gestión de riesgos y, a su vez, podrían ser de obvio interés para jueces y fiscales. Aspectos por excluir serían, por ejemplo, abusos de pacientes o actuaciones bajo los efectos de las drogas.
LOS SISTEMAS VOLUNTARIOS DE NOTIFICACIÓN Y APRENDIZAJE DE INCIDENTES Y EVENTOS ADVERSOS
La observación directa in situ de la organización y del desarrollo de la actividad asistencial, el análisis de reclamaciones y litigios, la opinión de pacientes y profesionales, y las auditorias de servicios de salud son fuentes complementarias de datos y de información relevantes, cuya triangulación ayuda a conocer mejor los factores asociados, latentes y condicionantes de la yatrogenia en general y en cada caso y centro asistencial concreto.
SINASP
Consiste en una aplicación web que sirve como sistema de notificación y registro de incidentes y eventos. Es desarrollada por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social como parte de la Estrategia de Seguridad del Pacientes para el Sistema Nacional de Salud. La información introducida es totalmente confidencial y está protegida por los más avanzados sistemas de seguridad. Está disponible para hospitales y para centros de Atención Primaria. Sólo los profesionales de los centros que están dados de alta en el sistema podrán notificar incidentes en el SiNASP.
EL SISTEMA DE FARMACOVIGILANCIA (LA CONOCIDA TARJETA AMARILLA),
Recopila información tanto de las reacciones adversas a los medicamentos como de los errores de medicación que han causado daños al paciente. Ambos deben notificarse por medio de este sistema, que se encarga de evaluarlos y registrarlos en una base de datos común (FEDRA).
3.8 UNIDADES FUNCIONALES DE GESTIÓN DE RIESGO
Las unidades funcionales de gestión de los riesgos están compuestas por un conjunto de profesionales —incluidos directivos— cuyo objetivo es identificar, evaluar, analizar y tratar los riesgos sanitarios para mejorar la seguridad del paciente. También debe centralizar y dinamizar la realización de un conjunto de acciones que permitan implantar la gestión de los riesgos, y aunque no garanticen la ausencia de efectos adversos, deben intentar acotar su prevención o reducción, dentro de costes sostenibles.
Las unidades desempeñan habitualmente funciones relacionadas con los aspectos siguientes:
- Promoción de la cultura de la seguridad del paciente.
- Formación.
- Identificación de los riesgos.
- Evaluación y análisis de los riesgos, priorizando según la necesidad.
- Tratamiento de los riesgos.
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