La diálisis peritoneal (DP) es una alternativa terapéutica válida para pacientes con insuficiencia renal crónica que presenta ventajas como mayor autonomía, preservación de la función renal residual, mejor tolerancia hemodinámica y adaptación al entorno domiciliario. Está indicada en casos con dificultad para el acceso vascular, inestabilidad cardiovascular o riesgo hemorrágico. Sin embargo, existen contraindicaciones absolutas como rechazo al tratamiento, incapacidad para realizarlo, ciertas enfermedades abdominales o condiciones clínicas como obesidad mórbida o malnutrición grave. También hay contraindicaciones relativas, como peritonitis recurrentes o enfermedades inflamatorias intestinales, que pueden complicar la técnica, pero no la descartan con un manejo adecuado.
La decisión de optar por DP depende de factores clínicos, sociales y del entorno del paciente, así como de la experiencia del equipo médico. A pesar de sus beneficios –como menor riesgo de anemia, mejor control del potasio y mayor calidad de vida–, sigue infrautilizada por desconocimiento, barreras no médicas o miedo a complicaciones. El rol del personal de enfermería es esencial: educa al paciente, monitoriza signos de complicación, gestiona eventos adversos y ofrece soporte emocional, siendo clave en el éxito de la terapia y en la mejora de la adherencia al tratamiento.
