TEMA 5. FRACTURAS


Las fracturas son la pérdida total o parcial de la continuidad ósea debido a traumatismos o fuerzas que superan la resistencia del hueso. Se clasifican según múltiples criterios: si afectan todo el espesor (completas o incompletas), el compromiso de tejidos asociados (simples o complicadas), la localización (epifisiarias, diafisarias), el mecanismo (directo o indirecto), el trazo (transversales, oblicuas, conminutas) y la exposición (cerradas o abiertas). El proceso de reparación incluye tres fases: inflamatoria (formación de hematoma), reparativa (tejido de granulación que se mineraliza) y remodelación (formación de hueso laminar). Factores como edad, vascularización o inmovilización influyen en la consolidación.

Las fracturas abiertas comunican el foco óseo con el exterior y se clasifican según Gustilo y Anderson en grados I a III (de menor a mayor gravedad, contaminación y daño tisular). Pueden presentar complicaciones generales (embolia grasa, shock, sepsis) o locales (infección, pseudoartrosis, necrosis avascular, síndrome compartimental, síndrome de Sudeck). Estas condiciones pueden retrasar o impedir la consolidación y, en algunos casos, comprometer la función del miembro afectado.

El tratamiento inicial se basa en el protocolo RIFE: reposo, inmovilización, frío y elevación, además del control de constantes vitales y cuidados de heridas en fracturas abiertas. Casos específicos como la fractura de cadera suelen tratarse con artroplastia, que requiere medidas posquirúrgicas para evitar complicaciones (no cruzar piernas, uso de almohadas, deambulación precoz). En la artroplastia de rodilla, el cuidado se centra en movilización temprana, alineación adecuada, evitar hiperflexiones y sobrepeso, además del uso de dispositivos como el atromotor para rehabilitación.