TEMA 5. IMPLANTACIÓN Y CUIDADOS DEL CVC


Aunque la fístula arteriovenosa es el acceso ideal, el CVC sigue siendo esencial por su disponibilidad inmediata y utilidad en pacientes sin opciones vasculares. Su implantación debe seguir técnica estéril y precisa, preferentemente en la vena yugular interna derecha. En casos urgentes o de coagulopatía, se opta por la femoral. La elección de la localización debe considerar riesgos, accesibilidad y anatomía.

El procedimiento incluye: antisepsia con clorhexidina, canalización ecoguiada de la vena, uso de guía metálica y dilatadores, colocación de la punta en aurícula derecha, tunelización subcutánea para los CVC tunelizados y fijación con apósito estéril. Se recomienda comprobar la colocación mediante radiografía solo si hay dudas o complicaciones.

El manejo diario del CVC requiere protocolos estrictos para evitar infecciones y disfunciones: uso exclusivo para diálisis, manipulación aséptica, doble operador (enfermera y auxiliar), revisión del apósito en cada sesión, y seguimiento del protocolo de sellado con soluciones anticoagulantes como heparina, citrato o combinaciones con antibióticos.

La conexión a hemodiálisis debe seguir pasos rigurosos: lavado de manos, uso de guantes estériles, preparación del material, revisión del estado del catéter y aspiración-lavado para verificar permeabilidad. La técnica “push-stop-push” es recomendada para limpieza eficaz. Al finalizar la sesión, se devuelve la sangre al paciente, se lavan los lúmenes y se sellan con anticoagulante, finalizando con tapones estériles.