El dolor neuropático es un dolor crónico originado por una lesión o disfunción del sistema nervioso, ya sea central (encéfalo y médula espinal) o periférico (nervios), y se diferencia del dolor nociceptivo porque no se debe directamente a daño en tejidos, sino a una alteración en la transmisión o procesamiento de los impulsos nerviosos. Clínicamente se caracteriza por dolor espontáneo, dolor paroxístico (descargas eléctricas, quemazón o pinchazos), alodinia (dolor ante estímulos no dolorosos), hiperalgesia, disestesias y parestesias. Entre sus causas más frecuentes se incluyen la neuropatía diabética, la neuralgia postherpética, la neuralgia del trigémino, las lesiones medulares, la esclerosis múltiple, el síndrome de dolor regional complejo y el dolor del miembro fantasma tras amputaciones.
El abordaje terapéutico es multimodal y se basa en fármacos como anticonvulsivos (gabapentina, pregabalina, carbamazepina, lacosamida, lamotrigina), antidepresivos tricíclicos (amitriptilina), IRSN (duloxetina, venlafaxina), analgésicos tópicos (capsaicina y lidocaína) y, en casos refractarios, opioides como tramadol; en situaciones concretas también puede emplearse toxina botulínica tipo A. Dentro de las terapias tópicas destaca el parche de capsaicina al 8%, indicado en adultos con dolor neuropático periférico, que actúa desensibilizando los receptores del dolor en las terminaciones nerviosas cutáneas. Debe aplicarse sobre piel intacta, durante 60 minutos (o 30 minutos en pies o zonas distales), y su administración debe realizarla personal sanitario en unidades especializadas.
