TEMA 6. PRINCIPALES PATOLOGÍAS ANORRECTALES_


El recto y el ano son el tramo final del intestino grueso y su función principal es mantener la continencia y permitir una defecación eficaz. La defecación se inicia cuando el llenado de la ampolla rectal activa el reflejo de defecación: una onda peristáltica empuja el contenido hacia el recto, se relaja el esfínter anal interno y, con la relajación voluntaria del esfínter anal externo, se expulsa el bolo fecal. Si se inhibe la salida (voluntariamente), las heces pueden regresar al sigma, favoreciendo estreñimiento. En esta región se concentran patologías frecuentes por alteraciones mecánicas, inflamatorias o del control esfinteriano, destacando hemorroides, fisura anal, fístulas e incontinencia fecal, que suelen manifestarse con dolor, sangrado, supuración o pérdida de control.

Las hemorroides son “almohadillas” vasculares normales del canal anal (arteriolas/venas, músculo liso y tejido conectivo) que ayudan al sellado, sobre todo de gases y líquidos; se vuelven patológicas cuando se dilatan, prolapsan o trombosan. Se clasifican en internas (sobre la línea dentada, por grados I–IV según prolapso), externas (bajo la línea dentada) o mixtas; cursan con rectorragia, prurito, manchado, prolapso y a veces dolor (típico en trombosis externa), y se tratan escalonadamente con fibra, baños de asiento y tópicos, técnicas instrumentales (esclerosis/ligadura) o cirugía (hemorroidectomía/hemorroidopexia). La fisura anal es un desgarro longitudinal doloroso (habitual en línea media posterior) asociado a estreñimiento y heces duras: provoca dolor intenso al defecar y rectorragia; suele curar con medidas conservadoras (fibra, laxantes suaves, baños) y, si es crónica, puede requerir fármacos relajantes del esfínter (óxido nítrico, calcioantagonistas), toxina botulínica o esfinterotomía. La fístula anal es un trayecto con orificio interno (canal anal/recto) y externo (piel perianal), a menudo por cronificación de abscesos o asociada a EII; da dolor si está cerrada o supuración si está abierta y suele tratarse con fistulotomía (simples y bajas) u otras técnicas para evitar incontinencia. La fístula enterocutánea comunica luz intestinal con piel (frecuente postoperatoria o por Crohn, infecciones, radioterapia, isquemia) y causa drenaje de contenido intestinal, infección y desnutrición; requiere control de sepsis, soporte nutricional y, si procede, cirugía. Por último, la incontinencia fecal (IF) es la pérdida involuntaria de heces y/o gases (Roma IV: recurrente en >4 años, últimos 3 meses), frecuente en mujeres mayores; puede ser de urgencia o pasiva, y su etiología suele ser multifactorial (lesión/debilidad esfinteriana, alteraciones del suelo pélvico, sensibilidad/capacidad rectal, SNC, diarrea/retención). Se evalúa con anamnesis, exploración anal, endoscopia y escalas (p. ej., RAFIS), y el tratamiento combina medidas conservadoras (loperamida, fibra y ajustes dietéticos), biofeedback y cirugía en casos seleccionados. Una prueba clave es la manometría anorrectal (MAR), que mide presiones en reposo y contracción, coordina la evacuación y valora el reflejo recto-anal inhibitorio (RAIR), ayudando a orientar el manejo en IF, estreñimiento crónico y enfermedad de Hirschsprung.