La diálisis peritoneal, aunque efectiva, puede asociarse a diversas complicaciones que afectan el éxito del tratamiento y la calidad de vida del paciente. Las complicaciones más comunes incluyen infecciones, alteraciones metabólicas, problemas mecánicos y complicaciones relacionadas con el catéter. La prevención y el manejo adecuado de estas complicaciones son fundamentales para garantizar la continuidad y efectividad de la terapia. Una de las complicaciones más graves es la peritonitis, una infección de la cavidad peritoneal, generalmente causada por una mala técnica en la conexión o desconexión del sistema de diálisis. La prevención se basa en el cumplimiento estricto de las normas de asepsia durante todo el proceso de diálisis, incluyendo el uso de técnicas asépticas para el manejo del catéter y la solución dializante, así como el cuidado adecuado del sitio de salida del catéter.
Otra complicación frecuente es la disfunción del catéter, que puede manifestarse como obstrucciones, fuga de líquido o migración del catéter. La prevención incluye la técnica quirúrgica adecuada en la colocación del catéter y el seguimiento periódico para detectar signos tempranos de mal funcionamiento. En caso de obstrucción, se puede intentar la irrigación del catéter, y si persiste el problema, podría ser necesario reemplazarlo. La migración del catéter, que puede comprometer su funcionalidad, se maneja mediante una revisión quirúrgica. Las alteraciones metabólicas, como la hiperglucemia, son comunes debido al contenido de glucosa en las soluciones de diálisis. El manejo incluye la monitorización periódica de los niveles de glucosa y el ajuste de la dieta y los medicamentos antidiabéticos en pacientes diabéticos. También se debe controlar el riesgo de malnutrición y desequilibrios electrolíticos, especialmente en pacientes con mal control de ultrafiltración. El aumento de peso y la hipertensión son otros problemas que pueden surgir debido al exceso de líquidos o a la absorción de glucosa de las soluciones de diálisis. La prevención y el manejo incluyen la regulación estricta del volumen de líquido administrado y extraído, así como el seguimiento de las presiones arteriales y el ajuste de la medicación antihipertensiva. El manejo de estas complicaciones requiere un enfoque multidisciplinario que incluya la vigilancia constante del paciente, educación continua sobre el autocuidado, el seguimiento de las condiciones metabólicas y el ajuste de la terapia según las necesidades individuales. La prevención de complicaciones es clave, y para ello es esencial la participación activa del paciente, con el apoyo del equipo de salud, para asegurar la correcta ejecución de la diálisis y la detección temprana de cualquier problema.
El conocimiento exhaustivo de las complicaciones asociadas a la diálisis peritoneal es fundamental para optimizar la asistencia enfermera en nefrología. La identificación precoz y el manejo adecuado de estas adversidades, principalmente relacionadas con la implantación y cicatrización del catéter, son claves para garantizar una calidad de vida óptima en nuestros pacientes. Con el fin de facilitar el estudio de estas complicaciones, las clasificamos en dos grandes grupos: no infecciosas e infecciosas.
7.1 COMPLICACIONES NO INFECCIOSAS
7.1.1 Relacionadas con el catéter
Durante la implantación del catéter por perforación, laceración de una víscera o rotura de un vaso
La perforación o laceración de una víscera o vaso sanguíneo durante la implantación de un catéter peritoneal constituye una complicación grave con una incidencia variable según la técnica empleada. El abordaje percutáneo con trócar de Tenckhoff se asocia a un mayor riesgo en comparación con la técnica quirúrgica. Los pacientes pueden presentar un cuadro clínico inespecífico, caracterizado por dolor abdominal, fiebre, peritonitis, diarrea sanguinolenta, o signos de hemorragia interna. La presencia de aire libre intraperitoneal en la radiografía simple de abdomen puede ser sugestiva de perforación intestinal. El diagnóstico definitivo suele requerir una exploración quirúrgica, aunque estudios de imagen como la tomografía computarizada (TC) abdominal pueden ser útiles para valorar la extensión de la lesión. El tratamiento es fundamentalmente quirúrgico, incluyendo la reparación de la perforación, el control de la hemorragia y la retirada del CP. Es esencial la administración de antibióticos de amplio espectro para prevenir infecciones. La prevención de esta complicación se basa en una técnica quirúrgica meticulosa y en la elección adecuada del sitio de incisión. La preparación preoperatoria del paciente, incluyendo la limpieza intestinal y el vaciamiento vesical, también es fundamental [23].
Imagen 55. Implantación de CP en el quirófano
Rotura, perforación o desconexión del catéter peritoneal (CP) o prolongador
Es una complicación que puede surgir por diversas razones y tiene consecuencias importantes para el paciente. Como enfermero, es esencial conocer a fondo esta problemática para prevenirla y actuar de manera eficaz en caso de que ocurra. Las causas más comunes de esta complicación incluyen una manipulación inadecuada del catéter (como al cambiar los apósitos o conectar los equipos de diálisis), uso de pinzas que pueden dañar el CP, uso indebido de tijeras para cortar el apósito o gasas que cubren el orificio de salida (OS), desgaste mecánico del CP debido al uso prolongado o a la fricción, desconexión del prolongador y el CP, infecciones por peritonitis, defectos en el material del catéter y/o algunas características del paciente como la obesidad o la tos crónica. En todos estos casos, la primera indicación de alarma es la salida del líquido de diálisis a través del trayecto defectuoso. Las consecuencias de una rotura o perforación pueden ser graves, como la peritonitis (por la entrada de gérmenes), el fallo del tratamiento de diálisis, dolor abdominal intenso e incluso la necesidad de una intervención quirúrgica.
Imagen 56. Desconexión entre el catéter y el prolongador (creación propia)
Para prevenir esta complicación, es fundamental seguir una técnica aséptica rigurosa durante todas las manipulaciones del catéter, educar al paciente sobre el cuidado de este, vigilar de cerca cualquier signo de infección y realizar inspecciones periódicas. Además, es importante seleccionar el material del catéter adecuado para cada paciente y manipularlo con cuidado, evitando movimientos bruscos, torsiones o pinzamientos fuertes.
Imagen 57. Uso de pinzas durante intercambio
En caso de sospecha de rotura, perforación o desconexión del CP y el prolongador es crucial envolver el CP con gasas empapadas en clorhexidina acuosa al 2% y pinzar (con las pinzas empleadas para los intercambios manuales) entre la zona de fuga y la salida del CP más próxima al abdomen, acudiendo de forma urgente a la unidad de diálisis peritoneal para activar el protocolo de sustitución de este y aplicar la profilaxis antibiótica de manera temprana.
Contaminación del extremo del prolongador
El riesgo se produce cuando se realiza la conexión y la desconexión en los intercambios manuales, ya que es cuando el paciente retira el tapón y el extremo está más expuesto. Se puede producir por roce accidental con las manos o con el mobiliario.

Imagen 58. Extremo de un prolongador (creación propia
En este caso, habrá que instruir al paciente para que realice un reemplazo lo antes posible por un nuevo tapón estéril y lo mantenga cerrado durante al menos 15 minutos antes de un nuevo uso. La vigilancia exhaustiva del líquido drenado en los intercambios posteriores es imprescindible para descartar una posible entrada de gérmenes y riesgo de peritonitis.
Imagen 59. Nuevo tapón estéril (creación propia)
Extrusión del Cuff o Manguito
La colocación inadecuada del cuff superficial, predispone a su erosión y exteriorización, tanto en presencia como en ausencia de infección del orificio de salida. Esta complicación puede desencadenarse por una fijación deficiente del catéter, que genera tracción y fricción en el punto de salida, o por una técnica de implantación inadecuada [23].
Durante la implantación del catéter, se debe asegurar que el cuff superficial se ubique a una profundidad mínima de 2 cm respecto a la superficie cutánea.

Imagen 60. Extrusión de cuff (creación propia)
También es necesario implementar un protocolo de cuidados estandarizado para prevenir extrusiones, incluyendo limpieza regular con soluciones antisépticas y apósitos adecuados.
Utilizar técnicas de fijación que minimicen la tracción y la movilidad del catéter, evita la irritación cutánea y la erosión del cuff.
Si existe erosión significativa o infección asociada, se recomienda la retirada del catéter y la implantación de uno nuevo, valorando la necesidad de cambiar el sitio de inserción.
En casos leves, se puede intentar un tratamiento conservador que consiste en el rasurado cuidadoso del cuff expuesto, con el objetivo de prevenir la maceración cutánea. Sin embargo, es importante considerar que los residuos de adhesivo pueden continuar irritando la piel, limitando la eficacia de esta medida.
Es fundamental realizar una evaluación exhaustiva del paciente para determinar la causa subyacente de la erosión del cuff y establecer un plan de tratamiento individualizado.
Un punto clave en la consulta de enfermera de diálisis peritoneal es instruir al paciente sobre la importancia de seguir las recomendaciones de cuidados y notificar cualquier signo de infección o irritación cutánea.
7.1.2 Complicaciones Mecánicas
Durante el periodo de cicatrización por fugas
La fuga de líquido peritoneal consiste en la salida de líquido de diálisis desde el abdomen hacia los tejidos circundantes, a través de una pequeña abertura en el lugar donde se introdujo el catéter. Esta complicación no sólo retrasa la formación del tejido cicatricial que sella el catéter, sino que también facilita la colonización bacteriana, incrementando el riesgo de infecciones y perpetuando la fuga. Para prevenir las fugas de líquido peritoneal, es fundamental reducir la presión intraabdominal y asegurar una técnica de implantación óptima. Por ello, se retrasará al máximo el inicio de la diálisis peritoneal hasta que la zona de inserción del catéter cicatrice adecuadamente (aproximadamente 4 semanas). Mientras tanto, se realizarán lavados semanales con bajo volumen de líquido heparinizado [23]. Asimismo, es crucial una incisión mínima y una sutura precisa del orificio de salida del catéter durante la cirugía. Si el paciente necesitara diálisis urgente, se recomienda el inicio con volúmenes reducidos (máximo 1500 ml) y el paciente en decúbito supino. Las máquinas cicladoras automatizan el control del volumen, facilitando la adherencia a estos parámetros. Si la fuga persiste, se puede considerar la hemodiálisis temporal. Si la fuga de líquido se produce hacia el tejido subcutáneo, se suspenderá la diálisis peritoneal hasta que la zona cicatrice completamente [23]. En caso de que los edemas reaparezcan al reiniciar el tratamiento, se valorará la conveniencia de mantener al paciente en hemodiálisis de forma definitiva. Si la fuga es hacia los pulmones por una comunicación anormal entre la cavidad abdominal, donde se realiza la diálisis, y la cavidad pleural, que rodea a los pulmones, las consecuencias pueden ser significativas y afectar la salud del paciente de diversas maneras:
- Hidrotórax: es una acumulación patológica de líquido en el espacio pleural, que normalmente contiene una pequeña cantidad de lubricante. Esta acumulación puede ser causada por diversos factores, como insuficiencia cardíaca, enfermedades pulmonares, hepáticas, cáncer, infecciones o trastornos autoinmunes. Clínicamente, se manifiesta con disnea, dolor torácico pleurítico, tos seca y fatiga. El diagnóstico se basa en la historia clínica, el examen físico y pruebas complementarias como radiografías, ecografías, gammagrafías y tomografías computarizadas. El tratamiento depende de la causa subyacente y puede incluir toracocentesis, pleurodesis, drenaje pleural y, en algunos casos, cirugía. La toracocentesis, además de ser terapéutica, permite analizar el líquido pleural para determinar su naturaleza y orientar el diagnóstico etiológico. Complicaciones como infecciones (empiema), hemorragias (hemotórax) y atelectasias pueden surgir, por lo que es esencial un manejo adecuado de esta condición.
- Dolor torácico: La presión ejercida por el líquido acumulado puede causar dolor en el pecho.
- Disnea: Dificultad para respirar debido a la disminución de la capacidad pulmonar. Empeora con el paciente en decúbito supino.
- Infecciones: El líquido de diálisis puede transportar bacterias desde el abdomen hacia los pulmones, aumentando el riesgo de infecciones pulmonares.
- Pérdida de eficacia de la diálisis: La fuga del líquido de diálisis reduce la cantidad de líquido que permanece en el abdomen para realizar la depuración de la sangre, disminuyendo así la eficacia del tratamiento.
Imagen 61: Hidrotórax (creación propia)
Para el diagnóstico de una comunicación pleuroperitoneal, la realización de una pleurocentesis es fundamental. Este procedimiento consiste en extraer una muestra de líquido de la cavidad pleural para analizar su composición. El líquido de diálisis presenta características bioquímicas particulares que permiten diferenciarlo de otros tipos de líquido pleural y confirmar el diagnóstico. Asimismo, el análisis del líquido puede descartar otras causas de derrame pleural, como infecciones o enfermedades neoplásicas.
El tratamiento de la fuga pleuroperitoneal es multidisciplinario y se adapta a cada caso individual. Inicialmente, se suspende la diálisis peritoneal para detener el flujo de líquido hacia la cavidad pleural. A continuación, se realiza una pleurocentesis evacuadora para extraer el líquido acumulado y aliviar los síntomas respiratorios. En la mayoría de los casos, la resolución definitiva de la fuga requiere una intervención quirúrgica.
Imagen 62. Gammagrafía a paciente con hidrotórax (creación propia)

Imágenes 63 y 64. Hidrotórax antes y después de pleurocentesis (creación propia)
El tipo de cirugía dependerá de la causa y localización de la fuga. Las técnicas quirúrgicas más comunes incluyen:
- Cierre directo de la fuga: Se realiza una incisión en el diafragma para acceder a la zona de la fuga y se cierra con suturas.
- Colocación de parches: Se utilizan materiales biológicos o sintéticos para cubrir la zona de la fuga y favorecer la cicatrización.
Toracoscopia: Se realiza una pequeña incisión en el tórax y se introduce una cámara para visualizar la cavidad pleural y realizar la reparación de la fuga de forma mínimamente invasiva.
La elección del procedimiento quirúrgico se realiza de forma individualizada, considerando factores como la extensión de la fuga, la presencia de adherencias y el estado general del paciente. El manejo postoperatorio incluye el control del dolor, la prevención de infecciones y la monitorización de la función pulmonar. La reanudación de la diálisis peritoneal puede realizarse una vez que se haya confirmado la cicatrización de la fuga y se haya descartado el riesgo de recurrencia. En algunos casos, cuando la fuga es de origen tumoral, el tratamiento puede incluir quimioterapia o radioterapia, además de la cirugía. Es importante destacar que el pronóstico de los pacientes con fuga pleuroperitoneal depende de diversos factores, como la causa subyacente, la gravedad de la fuga y la respuesta al tratamiento. Sin embargo, con un diagnóstico y tratamiento oportunos, la mayoría de los pacientes pueden recuperarse satisfactoriamente y reanudar su vida normal.
Neumoperitoneo
Es una complicación intraabdominal frecuente que puede deberse a errores en la técnica, como: purgado incorrecto de las líneas de conexión, por lo que se puede introducir aire en la cavidad peritoneal o por rotura de líneas que permiten la entrada de aire. En casos menos frecuentes, puede ocurrir una perforación del peritoneo, lo que permite el paso de aire desde los órganos abdominales a la cavidad peritoneal. En estos casos, el paciente puede manifestar dolor abdominal, con sensación de hinchazón o presión en el abdomen, dolor tipo opresivo en ambos hombros o incluso dificultad para respirar por compresión del diafragma debido a la presión del aire en la cavidad abdominal [25].
El diagnóstico es sencillo y se realiza a través de una radiografía de abdomen, que va a mostrar la presencia de aire libre en abdomen y en casos graves se puede realizar una tomografía computarizada (TC) para identificar la causa. El tratamiento del neumoperitoneo en diálisis peritoneal dependerá de la causa subyacente y de la gravedad de los síntomas.
En general, los tratamientos pueden incluir:
- Suspensión temporal de la diálisis peritoneal: Para permitir que el aire se absorba por sí solo.
- Posición de Trendelenburg: Colocar al paciente con la cabeza más baja que los pies para facilitar la salida del aire.
- Drenaje del aire: En algunos casos, puede ser necesario realizar un drenaje del aire a través de una aguja.
Corrección de la técnica: Si el neumoperitoneo es causado por una perforación o una conexión incorrecta del equipo sin purgar, será necesario planificar un reentrenamiento que mejore la realización de la técnica.

Imagen 65. Neumoperitoneo
Hemoperitoneo
El hemoperitoneo es la presencia de sangre libre en la cavidad abdominal, aunque menos frecuente que otras complicaciones, su gravedad puede variar desde formas leves hasta cuadros hemorrágicos severos que ponen en riesgo la vida del paciente. Las causas son múltiples e incluyen: lesiones vasculares por el catéter, alteraciones de la coagulación, traumatismos, tumores, procesos inflamatorios, roturas de quistes renales, técnicas exploratorias como la colonoscopia y/o menstruación en mujeres fértiles [25].

Imagen 66. Hemoperitoneo (creación propia)
Los síntomas incluyen:
- Dolor abdominal: Es el síntoma principal y suele ser difuso, aunque puede localizarse en la zona de la hemorragia. La intensidad puede variar desde un dolor leve hasta uno intenso y constante.
- Distensión abdominal: Se produce por la acumulación de líquido sanguíneo en la cavidad abdominal y puede ser leve o marcada, dependiendo de la cantidad de sangre.
- Líquido peritoneal hemático: Al drenar el líquido de diálisis, se observa un líquido de color rosado, rojo o marrón.
- Otros síntomas: Náuseas, vómitos, debilidad, fatiga, fiebre, taquicardia y, en casos graves, hipotensión arterial.
El tratamiento del hemoperitoneo depende de la gravedad y la causa del sangrado. Se enfoca en detener la hemorragia, eliminar la sangre acumulada y tratar el origen. Las opciones de tratamiento incluyen:
- Medidas generales: reposición de líquidos, transfusiones sanguíneas y control de la coagulación.
- Tratamiento específico: dirigido a la causa del sangrado (por ejemplo, medicamentos para la hipertensión portal).
- Cirugía: puede ser mínimamente invasiva (laparoscopia) o abierta (laparotomía).
- Embolización: un procedimiento radiológico para bloquear el vaso sanguíneo que está sangrando.
El diagnóstico se realiza a través de un examen físico detallado, análisis del líquido peritoneal, ecografía abdominal y, en ocasiones, tomografía computarizada. Un seguimiento a largo plazo es fundamental para detectar cualquier reaparición del problema o complicaciones.
Quiloperitóneo
Es una afección poco común caracterizada por la acumulación de linfa en la cavidad abdominal. La linfa es un líquido claro y acuoso que transporta grasas, proteínas y células inmunitarias a través del sistema linfático. Cuando se produce un bloqueo o una fuga en este sistema, la linfa se acumula en el abdomen, causando el quiloperitóneo. Las causas pueden ser diversas, desde traumatismos hasta tumores. Los síntomas incluyen dolor abdominal, pérdida de peso, ascitis (acumulación de líquido en el abdomen), náuseas, vómitos e hinchazón en las piernas. El diagnóstico se basa en la historia clínica, el examen físico y pruebas como el análisis del líquido peritoneal, la tomografía computarizada y la resonancia magnética. El tratamiento dependerá de lacausa subyacente y puede incluir medidas conservadoras, medicamentos, procedimientos intervencionistas o cirugía. Si no se trata, el quiloperitoneo puede causar desnutrición, deshidratación y complicaciones infecciosas [25].
Líquido lechoso por toma de fármacos Bloqueantes de los canales del calcio (BCC)
Los BCC son fármacos ampliamente utilizados en el tratamiento de la hipertensión arterial y otras afecciones cardiovasculares. Algunos estudios han demostrado que el uso de ciertos BCC, como el lercanidipino y el manidipino, puede provocar la aparición de un LP turbio, incluso en ausencia de signos de infección. Este fenómeno se denomina “líquido peritoneal turbio no infeccioso” y se caracteriza por la presencia de triglicéridos en el LP, lo que le confieren un aspecto lechoso. El mecanismo exacto por el cual los BCC provocan esta turbidez en el LP no está completamente aclarado.
Imagen 67. Líquido lechoso por BCC (creación propia)
Se cree que estos fármacos podrían aumentar la permeabilidad de los capilares peritoneales, permitiendo el paso de lípidos desde la circulación sanguínea hacia la cavidad peritoneal. Los pacientes con LP turbio asociado a BCC suelen ser asintomáticos y no presentan signos de infección, como fiebre, dolor abdominal o aumento del recuento de leucocitos en el LP. Sin embargo, la presencia de este líquido puede generar cierta inquietud tanto en el paciente como en el equipo de salud. El diagnóstico del LP turbio asociado a BCC se basa en la clínica, el análisis del LP (que muestra un aumento de los triglicéridos y ausencia de microorganismos) y la exclusión de otras causas de turbidez, como la peritonitis bacteriana o el quiloperitoneo. El tratamiento del LP turbio asociado a BCC consiste en la suspensión del fármaco causante. En la mayoría de los casos, la turbidez desaparece espontáneamente en pocos días tras la interrupción del tratamiento. Si el paciente requiere continuar con el tratamiento antihipertensivo, se pueden utilizar otros fármacos que no estén asociados a este efecto adverso [25].
Fuga hacia genitales: Hidrocele
Esta complicación, también conocida como peritonitis escrotal, ocurre cuando el líquido de diálisis se filtra a través de una debilidad en la pared abdominal, generalmente en la zona del cordón espermático, y se acumula en el escroto. Esto puede provocar: hinchazón escrotal, aumento del tamaño testicular, dolor, sensación de pesadez y fallo de la ultrafiltración (por pérdida de líquido de diálisis), aumento de peso [24].
Imagen 68. Paciente con hidrocele (creación propia)
Las causas principales son:
- Conducto peritoneo vaginal persistente: Un remanente embrionario que no se cierra completamente en el desarrollo fetal.
- Hernias inguinales
- Defectos en la pared abdominal: Pueden ser congénitos o adquiridos.
- Aumento de la presión intraabdominal: Causado por la diálisis.
El diagnóstico definitivo se establece mediante la combinación de un examen físico, el análisis bioquímico del líquido peritoneal, la ecografía escrotal y, cuando es necesario, la peritoneografía. Las opciones de tratamiento abarcan desde ajustes en la técnica de diálisis y el uso de vendajes compresivos (tipo suspensores), hasta procedimientos quirúrgicos como el cierre del conducto peritoneal persistente. Esta complicación disminuye la calidad de vida al causar dolor y malestar, limita la actividad física y puede provocar complicaciones adicionales. Además, reduce la eficacia de la diálisis al disminuir la ultrafiltración y aumentar el riesgo de peritonitis. El tratamiento temprano permite controlar los síntomas, prevenir complicaciones y optimizar los resultados a largo plazo.
Fuga de líquidos tardía y pérdida de ultrafiltrado
Hay que distinguir entre una fuga peritoneal y una pérdida de ultrafiltración. Ambas pueden manifestarse como edemas, pero los mecanismos subyacentes y el tratamiento son diferentes. La realización del PET (test de equilibrio peritoneal) es fundamental para evaluar la capacidad de ultrafiltración del peritoneo [23]. También la ecografía puede ser útil para visualizar la fuga y evaluar la extensión del edema. Si se confirma una fuga, el tratamiento suele ser quirúrgico. La hemodiálisis postoperatoria es esencial para controlar el equilibrio hídrico y permitir la cicatrización de la herida. En casos seleccionados, la diálisis peritoneal continua cíclica (DPCC) o la diálisis peritoneal nocturna intermitente (DPNI) pueden ser opciones válidas durante el postoperatorio, siempre que la presión intraabdominal esté controlada [23].
Hernias
La aparición de hernias en pacientes que inician diálisis peritoneal es una complicación relativamente frecuente y de gran relevancia clínica. La razón principal es el aumento de la presión intraabdominal que se produce al infundir el líquido de diálisis en la cavidad peritoneal. Este incremento de presión ejerce una fuerza adicional sobre las paredes abdominales, favoreciendo la protrusión de los órganos internos a través de zonas de debilidad y dando lugar a la formación de hernias [25]. La incidencia es más elevada entre la población pediátrica. Varios factores pueden aumentar el riesgo de desarrollar hernias en pacientes en diálisis peritoneal:
- Edad avanzada: La edad avanzada suele asociarse a una disminución de la elasticidad de los tejidos y una mayor debilidad de la musculatura y tono de la pared abdominal.
- Obesidad: El exceso de tejido adiposo ejerce una presión adicional sobre la pared abdominal y puede debilitarla.
- Antecedentes de hernias: Los pacientes con antecedentes de hernias tienen un mayor riesgo de desarrollar nuevas hernias.
- Poliquistosis hepatorrenal: Esta enfermedad se asocia a un mayor riesgo de hernias debido a la presencia de quistes en el hígado y los riñones, que pueden aumentar la presión intraabdominal.
- Cirugías abdominales previas: Las cicatrices de cirugías abdominales pueden debilitar la pared abdominal y favorecer la aparición de hernias.
- Tiempo prolongado en diálisis peritoneal: Cuanto más tiempo esté un paciente en diálisis peritoneal, mayor será el riesgo de desarrollar una hernia.
- Maniobras de Valsalva: cuando hay estreñimiento o tos persistente.
Las hernias más comunes en pacientes en diálisis peritoneal son:
- Hernias inguinales: Son las más frecuentes
- Hernias umbilicales
- Hernias incisionales: Se desarrollan en el lugar de incisiones quirúrgicas previas.
Imagen 69. Hernias más comunes
En algunos casos, las hernias pueden hacer que la diálisis peritoneal sea más difícil o incluso imposible de realizar.
Imagen 70. Rx control después de intervención QX hernia inguinal (creación propia)
El tratamiento, si empeora la clínica y dificulta la diálisis, suele ser: reposo peritoneal con controles analíticos; uso de cicladora para manejo de volúmenes, sobre todo con la modalidad Tidal y diálisis en decúbito supino, suprimiendo el “día húmedo” o reduciendo los volúmenes para que, en bipedestación no aumente la presión abdominal. En situaciones complicadas, hay que valorar el paso a hemodiálisis mientras se resuelve el proceso [25].
Es interesante que cuando se realiza la valoración prequirúrgica para la inserción del CP y se encuentran hernias previas, se corrijan durante la intervención, para no interrumpir el tratamiento, una vez comenzada la técnica.
7.1.3 Fallo en los drenajes y/o en la infusión
A pesar de ser más común al inicio del tratamiento, la disminución significativa del volumen de drenaje en diálisis peritoneal, sin evidencia de fugas, puede ocurrir en cualquier momento. Esta complicación, con múltiples causas, requiere un abordaje diagnóstico y terapéutico individualizado.
- Acodamiento del catéter: Ocurre cuando el catéter se dobla o tuerce dentro del abdomen, obstruyendo el flujo del líquido de diálisis.
Esto puede ser causado por la posición del paciente, tensión en el catéter, adherencias o sobrepeso. Los síntomas más comunes incluyen dificultad para infundir o drenar el líquido y, en algunos casos, dolor abdominal. El diagnóstico se realiza mediante una exploración física y pruebas de imagen como radiografías, ecografías o tomografías. El tratamiento dependerá de la gravedad y puede incluir cambios de posición, manipulación del catéter o, en casos severos, reemplazo del catéter [25].
- Obstrucción por coágulos: La fibrina es una proteína que forma parte del proceso de coagulación sanguínea.

Imagen 71. Tapón de fibrina en líquido drenado (creación propia)
En el contexto de la diálisis peritoneal, la fibrina puede acumularse en el catéter y sus orificios, formando coágulos que obstruyen el flujo del líquido de diálisis. Esto puede ocurrir debido a una respuesta inflamatoria, infección o cambios en el líquido de diálisis. Los síntomas más comunes incluyen dificultad para infundir o drenar el líquido, presencia de fibrina en el líquido y pérdida de eficacia de la diálisis. El tratamiento dependerá de la gravedad de la obstrucción y puede incluir irrigación del catéter, uso de agentes fibrinolíticos o reemplazo del catéter.
- Estreñimiento: Es un problema común en pacientes que realizan diálisis peritoneal.
Sus causas son variadas como, por ejemplo, restricciones dietéticas, medicamentos, inactividad física y deshidratación. Los síntomas más frecuentes son dificultad para defecar, heces duras, sensación de evacuación incompleta, hinchazón abdominal y pérdida de apetito [25]. El tratamiento del estreñimiento en diálisis peritoneal se enfoca en aliviar los síntomas y prevenir complicaciones. Incluye cambios en la dieta (aumentar el consumo de fibra), actividad física regular, medicamentos y, en casos severos, enemas. Para prevenir el estreñimiento, es importante seguir una dieta rica en fibra, mantenerse hidratado, realizar ejercicio y tomar de manera habitual los laxantes pautados. Si no se trata, el estreñimiento puede causar complicaciones como hemorroides, fisuras anales, obstrucción intestinal y deshidratación.
Imagen 72. Heces en paciente con DP (creación propia)
- Desplazamiento/migración del catéter: Es una complicación que ocurre cuando el catéter se mueve de su posición original dentro del abdomen. Esto puede deberse a varias razones, como tensión en el catéter, adhesiones, infecciones, movimientos bruscos, tos crónica o características físicas del paciente. Informar al médico de cualquier molestia y seguir las recomendaciones médicas del equipo de salud. Los síntomas más comunes incluyen dificultad para infundir o drenar el líquido de diálisis, dolor abdominal e hinchazón.
Imagen 73. Desplazamiento del CP (creación propia)
El diagnóstico se realiza mediante una exploración física y pruebas de imagen como radiografías, ecografías o tomografías. El tratamiento dependerá de la causa y la gravedad, y puede incluir manipulación del catéter, denominada “Maniobra Alfa” que consiste en introducir una guía a través del catéter y realizar movimientos en bucle desde el abdomen a la pelvis menor o si no se obtienen resultados, reemplazo de catéter [25].
7.1.4 Dolor
El dolor durante la diálisis peritoneal es una experiencia común e individual para muchos pacientes, y puede variar desde una molestia leve hasta un dolor intenso. Las causas pueden ser diversas, como una infección en la cavidad abdominal (peritonitis), irritación del peritoneo por la solución de diálisis, obstrucción del catéter, hernias o dolor en el sitio de inserción del catéter. El dolor agudo durante la infusión puede atribuirse a irritación peritoneal por la solución del dializado [23].
La optimización del pH mediante la adición de bicarbonato suele aliviar este tipo de dolor. Si el dolor ocurre durante el drenaje, puede deberse a las adherencias catéter-peritoneo y pueden generar tracción y molestias, en este caso, las maniobras de reposicionamiento del catéter pueden ser útiles, aunque en ocasiones es necesario considerar su reemplazo. El manejo del dolor en la diálisis peritoneal implica el tratamiento de la causa subyacente, la modificación del régimen de diálisis, el uso de analgésicos y antiespasmódicos, así como medidas locales como aplicación de calor o frío y masaje suave. Existe una modalidad de diálisis peritoneal con cicladora nocturna, denominada Tidal “marea”, que consiste en que los drenajes nunca van a ser completos, sino que, se deja una cantidad de líquido o remanente en cavidad peritoneal para paliar ese efecto de dolor al vaciado. Es importante considerar el impacto del dolor en la calidad de vida del paciente y establecer un plan de seguimiento a largo plazo.
7.1.5 Complicaciones por balance de líquidos
El mantenimiento del equilibrio hídrico en pacientes en diálisis peritoneal es fundamental para prevenir complicaciones. Pequeñas variaciones en la ingesta y pérdida de líquidos pueden desencadenar deshidratación, manifestándose con síntomas como sequedad, fatiga, mareos y disminución de la tensión arterial [23]. La deshidratación se muestra como una pérdida de peso significativa en varios días, que se acompaña de hipotensión arterial. Como primera medida, se suele recomendar aumentar la ingesta oral de líquidos y sal, ajustando el régimen de diálisis, eliminando o disminuyendo los intercambios hipertónicos [23].
Estas medidas, en la mayoría de los casos, permiten restablecer el equilibrio hidroelectrolítico en pocos días. Sin embargo, en situaciones de deshidratación severa, puede ser necesaria la administración intravenosa de líquidos. Por otro lado, la sobrehidratación se evidencia por edema, dificultad respiratoria, aumento de peso, hipertensión y taquicardia.
El aumento de peso significativo en pocos días, acompañado de hipertensión arterial, sugiere una sobrecarga hídrica en pacientes en diálisis peritoneal [23].
Para corregir esta situación, se suelen implementar medidas como la restricción de líquidos y sodio, prolongación del tiempo de drenaje (para forzar un balance negativo) y aumento de la frecuencia de los intercambios hipertónicos. En casos leves, estas medidas suelen ser suficientes para restablecer el equilibrio hídrico.
Sin embargo, en sobrecargas más severas, manifiestas por edemas, disnea o hipertensión refractaria, puede requerirse una ultrafiltración más agresiva, como sesiones de diálisis peritoneal intermitente (DPI) con intercambios hipertónicos más frecuentes o concentrados. A largo plazo, algunos pacientes pueden desarrollar una tendencia a la sobrecarga hídrica recurrente. Esto puede deberse a un fallo en la capacidad de ultrafiltrado de la membrana peritoneal, que puede evaluarse mediante un test de equilibrio peritoneal. Si el fallo se atribuye a un alto transporte soluto, se pueden considerar opciones como el descanso peritoneal, la diálisis peritoneal continua cíclica (CCPD) con un intercambio diurno o la diálisis peritoneal nocturna intermitente (NIPD). En cambio, si el transporte soluto es normal o bajo, la restricción hídrica y el ajuste del régimen de diálisis pueden ser suficientes. No obstante, con el tiempo, muchos pacientes pueden experimentar una disminución progresiva del transporte soluto, lo que puede indicar la necesidad de iniciar hemodiálisis. Si el test de equilibrio es normal, se debe sospechar un incumplimiento del tratamiento o una ingesta excesiva de líquidos y sodio. Para prevenir estos desequilibrios, es esencial un seguimiento riguroso del peso corporal diario, un registro detallado de la ingesta y pérdidas de líquidos, y ajustes frecuentes en la terapia de diálisis. La educación del paciente es fundamental para que identifique los signos de alarma y colabore activamente en el control de su tratamiento. Además del control de la ingesta, otros factores influyen en el equilibrio hídrico, como las pérdidas insensibles (sudoración, respiración), los cambios en la dieta, la medicación y las comorbilidades [23].
7.1.6 Complicaciones Metabólicas
Las complicaciones metabólicas más frecuentes en diálisis peritoneal son la obesidad, elevación de los triglicéridos y desnutrición proteica. La primera y la segunda suelen deberse al exceso de glucosa en los líquidos de diálisis y son factores de riesgo cardiovascular [25]. La desnutrición, por su parte, se relaciona con pérdidas proteicas y aminoácidos durante el tratamiento y aumenta la mortalidad. Para controlar estas complicaciones se recomiendan dietas bajas en carbohidratos, ajuste de los líquidos de diálisis, suplementos proteicos y ejercicio físico. Sin embargo, la anorexia y la pérdida de apetito pueden dificultar el tratamiento de la desnutrición. El monitoreo regular de biomarcadores como glucosa, electrolitos, albúmina y hormona paratiroidea es esencial para detectar tempranamente las alteraciones metabólicas. La evaluación antropométrica y el análisis del líquido de diálisis complementan esta evaluación.
El tratamiento se basa en ajustes precisos de la solución de diálisis, una nutrición personalizada, farmacoterapia dirigida a cada alteración y una educación exhaustiva del paciente. La hiperglucemia, la hiponatremia, la hiperpotasemia, la hipocalcemia y la hiperfosfatemia son las complicaciones más frecuentes y requieren un abordaje individualizado [25]. Es fundamental considerar el impacto de la diálisis peritoneal en la calidad de vida del paciente y abordar las comorbilidades asociadas, como la enfermedad cardiovascular y la enfermedad ósea mineral. Un enfoque multidisciplinario que involucre a nefrólogos, dietistas, farmacéuticos y enfermeras es crucial para optimizar el manejo de estas complicaciones.
7.2 COMPLICACIONES INFECCIOSAS
Las complicaciones infecciosas, especialmente la peritonitis, representan un desafío significativo en la diálisis peritoneal. Su alta incidencia no solo afecta la continuidad del tratamiento y la eficacia de la diálisis, sino que también impacta negativamente en la calidad de vida de los pacientes. La prevención y el tratamiento de las complicaciones infecciosas en diálisis peritoneal son una prioridad en la práctica clínica diaria.
7.2.1 Infecciones del orificio de salida (OS)
Es una complicación frecuente en la diálisis peritoneal y representa un importante punto de entrada para la peritonitis si no se trata a tiempo. Una infección en el orificio se manifiesta con enrojecimiento de la piel, formación de costras o presencia de pus, además de otros signos típicos de inflamación como calor, dolor e hinchazón.El tratamiento inicial de las infecciones leves del orificio de salida suele consistir en curas locales frecuentes, dos o más veces al día, empleando suero salino hipertónico y/o povidona yodada. Esta combinación es efectiva para limpiar la zona afectada, reducir la carga bacteriana y promover la cicatrización.Si las curas locales con suero salino hipertónico y povidona yódica no logran controlar la infección, se indicará un tratamiento antibiótico sistémico, cuya duración y tipo de antibiótico se determinarán en función del cultivo y antibiograma [23].
Los microorganismos más frecuentemente implicados en estas infecciones son el Staphylococcus epidermidis y el Staphylococcus aureus. Mientras que el primero suele responder bien a las curas locales, el Staphylococcus aureus puede requerir un tratamiento más prolongado, incluyendo el uso tópico de rifampicina en casos seleccionados.
Imágenes 74 y 75. Infecciones de OS (creación propia)
En caso de infecciones del orificio de salida persistentes a pesar del tratamiento médico, puede ser necesaria la realización de una limpieza quirúrgica del cuff más superficial y de la zona inflamada. Esta intervención tiene como objetivo eliminar el tejido infectado y reducir el riesgo de diseminación de la infección a lo largo del túnel subcutáneo, lo que podría comprometer la viabilidad del catéter peritoneal.
Imagen 76. Extracción de frotis en OS por sospecha de infección
7.2.2 Infecciones del túnel subcutáneo
El diagnóstico de infección del túnel subcutáneo se basa en la presencia de dolor, enrojecimiento e inflamación a lo largo del trayecto del catéter, a menudo acompañada de fiebre. La resistencia de las infecciones del túnel subcutáneo al tratamiento antibiótico es una problemática frecuente. Ante una infección persistente del túnel subcutáneo que no responde a tratamientos más conservadores y que genera complicaciones como peritonitis recurrentes, la extracción del catéter peritoneal suele ser la opción terapéutica más adecuada. La prevención de las infecciones del orificio de salida y del túnel subcutáneo es un aspecto fundamental en el cuidado de los pacientes en diálisis peritoneal [23].
Una combinación de cuidados iniciales adecuados, entrenamiento del paciente y medidas preventivas generales puede reducir significativamente el riesgo de estas complicaciones.
Imagen 77. Infección del túnel subcutáneo y OS
Los cuidados de la herida postimplantación del catéter peritoneal son cruciales para prevenir infecciones. La frecuencia de cambio de apósito dependerá del estado de la herida y de las recomendaciones del equipo médico. Es importante utilizar soluciones fisiológicas o antisépticas suaves para limpiar la herida y evitar irritaciones, manteniéndola limpia y seca en todo momento. Si bien las gasas estériles son una opción común, existen otros tipos de apósitos, como los de película transparente, que pueden ser más adecuados en ciertos casos. Estos apósitos permiten una mayor observación de la herida y facilitan la transpiración dérmica [23].
La prevención de infecciones es primordial en el cuidado a largo plazo del orificio.
Aunque existe controversia sobre el método más adecuado, la mayoría concuerda en la importancia de una higiene rigurosa con ducha diaria, manteniendo el área seca y evitando la fricción. La fijación del catéter previene traumatismos. Sin embargo, el debate continúa sobre la necesidad de apósitos, la frecuencia de las curas y los productos a utilizar. Lo que está claro es la necesidad del lavado de manos con soluciones hidroalcohólicas antes de la manipulación del OS, así como la limpieza diaria del mismo con solución salina hipertónica tras la ducha. El paciente secará suavemente con gasas estériles y fijará el catéter a caída libre, sin forzar ni doblar. Un apósito estéril permite la transpiración y evita el roce. Esta rutina, combinada con una higiene meticulosa, ha demostrado ser efectiva en la prevención de infecciones [23].
7.3.3 Peritonitis
La infección peritoneal es una complicación frecuente y de alto impacto clínico en pacientes con esta técnica. Se caracteriza por una respuesta inflamatoria aguda, con manifestaciones clínicas variables que incluyen dolor abdominal, fiebre y líquido peritoneal turbio. La peritonitis incrementa significativamente el riesgo de hospitalización, mortalidad y pérdida del catéter, repercutiendo negativamente en la calidad de vida de los pacientes por el abandono de la técnica y el cambio forzoso a otra modalidad de diálisis [23]. Diversos factores interactúan para favorecer la colonización bacteriana de la cavidad peritoneal, entre los que destacan:
- Factores relacionados con el paciente:
- Inmunosupresión: La uremia crónica deprime significativamente el sistema inmunitario, facilitando la colonización bacteriana y dificultando la respuesta inflamatoria.
- Comorbilidades: Enfermedades como la diabetes mellitus, la insuficiencia cardíaca y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica aumentan la susceptibilidad a las infecciones.
- Malnutrición: La desnutrición proteico-calórica compromete la función inmunitaria y favorece la colonización bacteriana.
- Factores relacionados con el catéter:
- Cuerpo extraño: La presencia del catéter peritoneal interrumpe la barrera cutánea y crea una vía de entrada para los microorganismos.
- Biopelículas bacterianas: La formación de biopelículas sobre la superficie del catéter protege a las bacterias de los antibióticos y del sistema inmunitario.
- Tunelización: La longitud y la técnica quirúrgica utilizada para la tunelización del catéter pueden influir en el riesgo de infección.
- Factores relacionados con la técnica de diálisis:
- Técnica aséptica: El incumplimiento de las normas de asepsia durante los intercambios dialíticos es el factor de riesgo más importante.
- Solución de dializado: La contaminación de la solución de dializado puede introducir bacterias en la cavidad peritoneal.
- Frecuencia y duración de los intercambios: Una frecuencia excesiva o una duración prolongada de los intercambios pueden aumentar el riesgo de contaminación.
- Presión intraabdominal: El líquido de diálisis en la cavidad peritoneal dificulta la fagocitosis, por su PH bajo, su gran volumen, elevada osmolaridad, por su contenido en urea, y por tener restos de fibrina.
- Factores relacionados con el microorganismo:
- Virulencia: La virulencia de los microorganismos, determinada por factores como la capacidad de adherencia, la producción de toxinas y la resistencia a los antibióticos, influye en la gravedad de la infección.
- Resistencia a los antibióticos: La creciente resistencia de los microorganismos a los antibióticos dificulta el tratamiento de la peritonitis.
- Mecanismos de defensa del huésped:
- Respuesta inflamatoria: La activación de la respuesta inflamatoria es esencial para combatir la infección, pero una respuesta excesiva puede causar daño tisular.
- Inmunidad innata: Células como los neutrófilos y los macrófagos desempeñan un papel fundamental en la defensa contra los patógenos.
- Inmunidad adaptativa: La producción de anticuerpos específicos puede contribuir a la eliminación de los microorganismos.
Imagen 78. Líquido drenado transparente libre de peritonitis (creación propia)
Imagen 79. Líquido drenado turbio sospechoso de peritonitis (creación propia)
Los gérmenes tendrán varias vías de entrada a la cavidad peritoneal:
- Vía transmural: Los microorganismos pueden atravesar la pared intestinal, especialmente en presencia de enfermedades inflamatorias intestinales, isquemia o neoplasias. Los factores de riesgo pueden ser la diverticulitis, apendicitis, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, etc…
- Vía hematógena: Los microorganismos presentes en el torrente sanguíneo pueden colonizar el peritoneo. Los factores de riesgo son la bacteriemia, endocarditis o infecciones a distancia. Hay que realizar una prevención adecuada tratando adecuadamente las infecciones sistémicas con profilaxis antibiótica en situaciones de alto riesgo.
- Vía retrógrada: Los microorganismos ascienden por las trompas de Falopio y colonizan la cavidad peritoneal. Existen factores de riesgo como las enfermedades pélvicas inflamatorias o la endometriosis.
- Vía extraluminal: Los microorganismos colonizan la piel alrededor del catéter y migran a lo largo del túnel subcutáneo hasta alcanzar la cavidad peritoneal. Una técnica quirúrgica inadecuada, infección del sitio de salida del catéter o colonización de la piel, pueden ser factores de riesgo.
- Vía intraluminal: Los microorganismos ingresan a la cavidad peritoneal a través de la luz del catéter, ya sea por contaminación durante los intercambios o por
formación de biopelículas en la superficie del catéter. Se puede prevenir con una técnica aséptica rigurosa durante los intercambios, uso de soluciones de dializados estériles y mantenimiento adecuado del catéter.
La mayoría de las medidas preventivas se centran en estas dos últimas vías, ya que son las más directamente relacionadas con la técnica de diálisis peritoneal. Algunas de las medidas más importantes incluyen:
- Educación del paciente: Instruir al paciente sobre la importancia de la técnica aséptica, el cuidado del catéter y la detección temprana de signos de infección.
- Higiene de manos: Promover una higiene de manos rigurosa antes y después de cada procedimiento.
- Uso de material estéril: Utilizar exclusivamente material estéril para los intercambios dialíticos.
- Mantenimiento del catéter: Inspeccionar regularmente el sitio de salida del catéter y realizar cambios de apósito según las indicaciones.
- Tratamiento de las infecciones cutáneas: Tratar de manera oportuna cualquier infección cutánea alrededor del sitio de salida del catéter.
La identificación del germen causante de una peritonitis es esencial para el tratamiento adecuado de esta complicación. Conocer el microorganismo específico nos permite seleccionar el antibiótico más efectivo y determinar la posible fuente de infección, ya sea interna o externa. Aunque existen diversas vías de contaminación, son pocos los gérmenes que causan la mayoría de las peritonitis. Esto se debe a la flora normal del cuerpo, los factores de riesgo de cada paciente y las medidas de higiene implementadas en la diálisis peritoneal. Los gérmenes más comunes incluyen estafilococos, enterococos, Escherichia coli, Pseudomonas aeruginosa y Candida albicans [23].
Los microorganismos más comúnmente implicados son los gram positivos como el Staphylococcus epidermidis y el Staphylococcus aureus, y los gram negativoscomo Pseudomonas aeruginosa y Serratia marcescens. La presencia de flora mixtasugiere una posible perforación intestinal. Las peritonitis bacterianas representan una de las complicaciones más frecuentes en pacientes que se someten a diálisis peritoneal[23].

Imagen 80. Actuación ante sospecha de peritonitis: extracción de muestras y pauta antibiótica (creación propia)
A pesar de los avances en la técnica y los cuidados, estas infecciones continúan siendo un desafío clínico debido a la diversidad de microorganismos implicados y a la complejidad de su tratamiento. La contaminación intraluminal, relacionada con una técnica aséptica deficiente, es la más frecuente y suele estar asociada a Staphylococcus epidermidis. La contaminación extraluminal, a través del túnel subcutáneo o por vía hematógena, es más común en infecciones por Staphylococcus aureus y Pseudomonas aeruginosa.
Dado el rápido deterioro que puede experimentar un paciente con peritonitis, el diagnóstico temprano es esencial. Los síntomas más comunes incluyen:
- Dolor abdominal: Generalmente difuso e intenso, puede localizarse en la zona de origen de la infección.
- Fiebre: Es frecuente, aunque no siempre está presente.
- Náuseas y vómitos: Son comunes debido a la irritación peritoneal.
- Rigidez abdominal: Un signo clásico de peritonitis, aunque puede no estar presente en todas las fases de la enfermedad.
- El líquido peritoneal turbio es un hallazgo muy sugestivo de peritonitis y debe alertar al paciente y al profesional sanitario [23]. Sin embargo, el diagnóstico definitivo se basa en el análisis del líquido peritoneal, que incluye:
- Recuento de leucocitos: Un recuento elevado (superior a 100 células/mm³) es altamente sugestivo de infección.
- Tinción de Gram: Permite identificar rápidamente el tipo de bacteria causante de la infección y orientar el tratamiento empírico.
- Cultivo: Es fundamental para confirmar el diagnóstico, identificar el microorganismo específico y determinar su sensibilidad a los antibióticos.
Para confirmar el diagnóstico, se necesitan los resultados del cultivo, lo cual puede tardar al menos 48 horas. Sin embargo, la peritonitis es una urgencia médica y requiere tratamiento inmediato. Por esta razón, es necesario iniciar un tratamiento con antibióticos de amplio espectro, aunque algunos puedan ser innecesarios. Este protocolo inicial combinará dos antibióticos para combatir las bacterias Gram positivas y Gram negativas más comunes. Normalmente se utiliza vancomicina y ceftazidima. Una vez que se obtengan los resultados del cultivo y sepamos qué antibiótico es el más efectivo, ajustaremos el tratamiento. Los resultados del cultivo y antibiograma guiarán la optimización del régimen antibiótico [23].
Hay que evaluar cuidadosamente al paciente debido a los síntomas como fiebre, dolor abdominal y vómitos. En algunos casos, será necesario hospitalizarlo para un seguimiento más cercano. Una vez estabilizado, podrá regresar a casa y continuar con su diálisis peritoneal, añadiendo los antibióticos indicados a cada intercambio.
Es preciso explicar al paciente que, el tratamiento podría ajustarse según su evolución. Si en 48 horas no observa mejoría, o si su estado empeora, deberá regresar al hospital. Si el cultivo indica que el antibiótico no está eliminando la infección, se debe modificar el tratamiento, incluyendo ajustes en la dosis o el tipo de antibiótico [23].

Imagen 81. Paciente aplicando antibioterapia y heparina en la solución de diálisis para tratamiento de peritonitis (creación propia)
Si a pesar de un tratamiento antibiótico adecuado la peritonitis persiste, se debe considerar la posibilidad de que el catéter esté colonizado o que exista una infección en el túnel subcutáneo. En estos casos, la extracción del catéter es la medida más común. Además, si la infección es causada por múltiples bacterias o por bacterias anaerobias, podría requerirse una cirugía exploratoria para descartar perforaciones intestinales. Las infecciones por hongos son particularmente difíciles de tratar y, por lo general, la extracción del catéter es la opción más recomendada, pasando al paciente a hemodiálisis [23].
La prevención de las peritonitis se basa en la estricta adherencia a medidas de asepsia tanto durante los intercambios de diálisis, para evitar la contaminación interna del catéter, como en el cuidado del orificio de salida del catéter, para prevenir infecciones externas. Durante el entrenamiento inicial, se instruye al paciente en estas técnicas asépticas, enfatizando su importancia para prevenir complicaciones infecciosas. El objetivo es fomentar una alta motivación en el paciente para realizar correctamente la diálisis peritoneal [23].
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