La ecografía se ha convertido en una herramienta esencial en hemodiálisis por su capacidad para evaluar en tiempo real y sin invasión los accesos vasculares. Su uso mejora la creación de FAV, su monitorización, el manejo de complicaciones y la punción ecoguiada. Además, se emplea en la canalización de CVC.
Se basa en la emisión de ondas ultrasónicas a través de tejidos, que se reflejan y permiten formar imágenes. Las propiedades de las ondas (frecuencia, longitud, velocidad, amplitud) determinan la calidad de la imagen. Los tejidos generan ecos distintos (hiperecoicos, hipoecoicos, anecoicos), lo que permite distinguir estructuras según su densidad.
La ecografía vascular utiliza tres modos: modo B (imagen en escala de grises), Doppler color (flujo en tiempo real con codificación por colores), y Doppler espectral (medición precisa de velocidades). Es fundamental ajustar correctamente la potencia acústica, profundidad, foco, ganancia y rango dinámico, así como los parámetros del modo Doppler (PRF, ángulo de insonación, tipo de onda, velocidades sistólica/diastólica/media, índices de pulsatilidad y resistencia).
El uso adecuado del ecógrafo implica una buena ergonomía del profesional, correcta colocación del transductor (transversal o longitudinal), y selección de sondas lineales de alta frecuencia, adecuadas para vasos superficiales. Estos aspectos son claves para optimizar la visualización, facilitar la punción y mejorar los resultados clínicos.
