La seguridad del paciente en hemodiálisis es una prioridad que abarca múltiples dimensiones: desde la prevención de infecciones, la correcta administración del tratamiento, hasta el mantenimiento de los equipos y la formación del personal. Las unidades de hemodiálisis, al tratar a pacientes con múltiples patologías y alto riesgo de complicaciones, requieren protocolos estrictos, vigilancia constante y una cultura de seguridad institucional. Factores como errores humanos, fallos sistémicos y una comunicación deficiente son riesgos frecuentes, por lo que se promueve el análisis de eventos adversos, el uso de modelos de análisis como el del queso suizo, y la participación activa de todos los profesionales. Se subraya la importancia de identificar no solo a los pacientes afectados (primeras víctimas), sino también a los profesionales involucrados (segundas víctimas) y al entorno familiar o institucional (terceras víctimas).
En este contexto, el papel de la enfermería es esencial: realiza una evaluación continua del paciente, maneja el acceso vascular, administra medicación de forma segura, y educa al paciente para fomentar su participación activa. Las estrategias clave incluyen la monitorización de constantes vitales, la higiene rigurosa, el uso adecuado de tecnología y la implantación de sistemas de notificación de incidentes. Además, se destaca la necesidad de superar las “reglas no escritas” que frenan el cambio y promover una cultura de seguridad basada en el aprendizaje continuo, la comunicación abierta y la mejora de procesos. Todo ello, con el objetivo de reducir errores, mejorar la calidad asistencial y preservar la salud y bienestar del paciente en cada sesión de hemodiálisis.
