La amputación es la separación total o parcial de un miembro, ya sea por un traumatismo o mediante cirugía, y se emplea como medida terapéutica para controlar el dolor o detener procesos patológicos en la extremidad afectada. En los miembros superiores las causas más frecuentes son los traumatismos, mientras que en los inferiores predominan las enfermedades vasculares o tumorales. La parte residual tras la amputación se denomina muñón.
Entre las complicaciones más comunes se encuentran la hemorragia, la infección y el síndrome del miembro fantasma, caracterizado por sensaciones dolorosas o térmicas en el miembro ausente debido a la persistencia de la imagen nerviosa. Existen distintos tipos de amputaciones con nombre propio, como las de Lisfranc, Chopard, Pirogoff y Syme, que se diferencian por la localización y extensión de la resección ósea.
El cuidado del muñón es esencial para la recuperación. Se recomienda un vendaje compresivo que favorezca la cicatrización, evite el edema y dé forma para la adaptación de la prótesis. Es importante la correcta posición del paciente, evitando flexión excesiva, abducción o apoyo directo sobre superficies, así como realizar fisioterapia precoz con ejercicios isométricos e isotónicos. También se deben enseñar técnicas de automasaje para aliviar el síndrome del miembro fantasma, cuidar la cicatriz para prevenir adherencias y fomentar la rehabilitación con entrenamiento del equilibrio, postura y uso de dispositivos de ayuda a la marcha. En cuanto a las causas más frecuentes, en los ancianos predominan las enfermedades vasculares (sobre todo asociadas a diabetes), mientras que en los jóvenes las principales son los traumatismos y los tumores.
