La hemodiálisis domiciliaria (HDD) permite a los pacientes con enfermedad renal crónica realizar su tratamiento en casa, brindándoles autonomía, flexibilidad y una mejora significativa en la calidad de vida. Surgida en los años 50 por la escasez de infraestructuras hospitalarias, su uso decayó con el tiempo, pero ha resurgido en las últimas décadas por sus beneficios clínicos y sociales. La HDD reduce la morbimortalidad, mejora el control de patologías asociadas, preserva la función renal residual y disminuye los síntomas postdiálisis. En España su implantación es aún limitada (0,3 %), aunque se ha iniciado el modelo "Home First" para fomentar su adopción mediante información estructurada y decisiones compartidas. Las modalidades incluyen la diálisis nocturna y la diaria corta, ambas con mejores resultados clínicos frente a la hospitalaria.
A pesar de sus ventajas, la HDD presenta desafíos como el manejo del acceso vascular, la necesidad de entrenamiento específico, el acondicionamiento del domicilio y el soporte emocional del paciente y su entorno. La figura de la enfermera es esencial en el proceso de educación, entrenamiento, seguimiento clínico y emocional. Se valora también la importancia del cuidador y la correcta gestión de la técnica, destacando el uso de monitores adaptados, sistemas de telemedicina y adecuación del tratamiento hídrico y nutricional. En el ámbito pediátrico, aunque se prioriza el trasplante, la HDD ofrece beneficios como la asistencia escolar y una mejor adaptación familiar. En conjunto, la HDD representa una opción eficiente, segura y humanizada para muchos pacientes renales.
