TEMA 8. PRINCIPALES PATOLOGÍAS HEPÁTICAS


El hígado es una víscera esencial con múltiples funciones metabólicas, entre ellas la regulación de los hidratos de carbono, lípidos y proteínas, la detoxificación de fármacos, la producción de bilis y el metabolismo de la bilirrubina. Su estructura está organizada en lobulillos, atravesados por sinusoides que permiten la circulación sanguínea entre el sistema porta y las venas hepáticas. Las hepatitis víricas, causadas por los virus A, B, C, D y E, provocan inflamación hepática aguda o crónica, dependiendo del virus implicado. Mientras que la hepatitis A y E no cronifican, la B, C y D pueden evolucionar hacia la cronicidad, cirrosis o carcinoma hepático. El diagnóstico se basa en clínica, marcadores serológicos y alteraciones bioquímicas, y el tratamiento varía desde medidas sintomáticas hasta antivirales específicos.

La cirrosis hepática representa una fase avanzada de daño hepático crónico y se caracteriza por fibrosis difusa, nódulos regenerativos y pérdida de la arquitectura hepática. Las causas principales incluyen el alcoholismo, infecciones virales crónicas, enfermedades autoinmunes y genéticas. En su evolución, puede presentarse de forma compensada o descompensada, esta última asociada a complicaciones como ascitis, hemorragia digestiva, encefalopatía hepática, síndrome hepatorrenal y peritonitis bacteriana espontánea. El tratamiento depende del estadio: mientras que en fases compensadas se recomiendan medidas dietéticas y farmacológicas, en fases descompensadas se prioriza el tratamiento de complicaciones y se valora el trasplante hepático. La clasificación de Child-Pugh y la puntuación MELD son herramientas útiles para estimar el pronóstico y tomar decisiones terapéuticas.