Las urgencias oncológicas son cada vez más frecuentes en los servicios de urgencias porque aumentan los pacientes con cáncer y su supervivencia, pero también las complicaciones derivadas de tratamientos más intensivos (quimioterapia, inmunoterapia, etc.), lo que exige una actualización continua del personal sanitario. Es clave diferenciar entre pacientes curados/curables (candidatos a medidas invasivas), no curables con opciones de tratamiento activo (pueden beneficiarse de medidas moderadamente invasivas ante problemas agudos, pero no de RCP) y no curables con escasas o nulas opciones (manejo centrado en control sintomático, sin medidas invasivas ni RCP). Entre las urgencias más relevantes destacan neutropenia febril, compresión medular y síndrome de vena cava superior; otras menos frecuentes incluyen taponamiento por derrame pericárdico, cistitis hemorrágica, obstrucción urinaria, síndrome de lisis tumoral y alteraciones metabólicas como hipercalcemia e hiponatremia.
La neutropenia febril se define (ASCO/IDSA) por fiebre (≥38,3 °C una vez o ≥38,0 °C mantenida >1 h) junto a neutropenia (ANC <1.000/µL; severa <500/µL; profunda <100/µL). Como hasta la mitad de los neutropénicos febriles tienen infección evidente u oculta y los signos pueden ser mínimos, debe iniciarse antibioterapia empírica precoz, ya que retrasarla se asocia a mayor mortalidad; los focos habituales incluyen pulmón, catéteres, cavidad oral/orofaringe, esófago distal, colon (ciego), región perianal, punciones cutáneas y periungueal. El riesgo de complicaciones se estratifica con MASCC (a mayor puntuación, mejor pronóstico). La compresión medular es una compresión extradural por masa tumoral que puede causar isquemia y daño neurológico irreversible; se asocia sobre todo a metástasis de mama, pulmón y próstata, con localización frecuente torácica, y suele debutar con dolor progresivo (no mejora en decúbito) seguido de debilidad rápida, hasta paraplejia y disfunción vesicoesfinteriana; en pacientes con expectativa corta suele optarse por manejo paliativo con corticoides IV a dosis altas, con mejoría posible en 4–6 h. El síndrome de vena cava superior resulta de obstrucción/compresión de la VCS, con instauración progresiva y disnea como síntoma precoz, seguida de la tríada clásica (edema en esclavina, cianosis facial y circulación colateral), que empeora al tumbarse o inclinarse; el manejo inicial incluye elevar la cabecera, dexametasona y diuréticos, evitando inyecciones IM/IV en brazos por peor retorno venoso y absorción.
