La otología estudia el oído y sus trastornos, partiendo de un repaso anatómico en el que se distinguen oído externo (conducto auditivo y tímpano), oído medio (huesecillos y trompa de Eustaquio) y oído interno (cóclea para la audición y conductos semicirculares para el equilibrio). Entre las patologías más frecuentes destacan las otitis: la otitis externa (“oído del nadador”), habitual por humedad y generalmente de origen bacteriano, que produce dolor intenso al movilizar el pabellón o presionar el trago, prurito y posible otorrea, y se trata con limpieza del conducto, gotas óticas y medidas para mantener el oído seco; la otitis media, más común en lactantes y niños, asociada a infecciones respiratorias y con clínica de otalgia, fiebre, tímpano abombado/eritematoso y posible otorrea por perforación, cuyo manejo puede ser sintomático y/o con antibióticos orales según criterios de gravedad y edad; y la laberintitis (otitis interna), inflamación del oído interno que causa vértigo intenso, náuseas, inestabilidad e hipoacusia/tinnitus, con tratamiento sintomático, corticoides y rehabilitación vestibular si persiste. También se aborda la hipoacusia, diferenciando la de conducción (problema en oído externo/medio; causa típica: tapón de cerumen) y la neurosensorial (afectación del oído interno, nervio VIII o vías centrales; frecuente por ruido, fármacos ototóxicos, presbiacusia, Ménière o neurinoma).
En los trastornos del equilibrio, destaca la enfermedad de Ménière, debida a una hidropesía endolinfática (exceso de endolinfa) que provoca crisis de vértigo giratorio, acúfenos e hipoacusia neurosensorial, generalmente unilateral, con posibles náuseas y vómitos; su manejo incluye control de desencadenantes (sal, estrés, alcohol, tabaco, cafeína), tratamiento sintomático durante las crisis, diuréticos y, en casos refractarios, cirugía. También se describe el vértigo (periférico o central) y, en especial, el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), una causa muy frecuente por desplazamiento de otoconias hacia canales semicirculares, que se desencadena con cambios posturales y se diagnostica con la maniobra de Dix-Hallpike y se trata con maniobras de reposicionamiento como la de Epley. La valoración auditiva incluye pruebas subjetivas como la audiometría (cuantifica el umbral auditivo en dB y clasifica el grado de pérdida), y pruebas objetivas como los potenciales evocados auditivos (útiles en recién nacidos, pacientes no colaboradores o sospecha de lesión retrococlear). Además, se explican las pruebas con diapasón: Weber (valora lateralización del sonido y orienta hacia hipoacusia conductiva o neurosensorial) y Rinne (compara conducción aérea vs ósea; positivo en oído normal y negativo en pérdida conductiva).
