La sangre desempeña muchas funciones, entre ellas el transporte de gases respiratorios, moléculas nutritivas, desechos metabólicos y hormonas. La sangre viaja por todo el cuerpo en un sistema de vasos que va desde el corazón y regresa a este último.
En cuanto a su composición, la sangre consta de elementos formes (células) que están suspendidos en un líquido llamado plasma (o suero, si hablamos de sangre coagulada -sin fibrinógeno-) y que son transportados en el mismo. Los elementos formes —eritrocitos, leucocitos y plaquetas— funcionan, respectivamente, en el transporte de oxígeno, la defensa inmunitaria y la coagulación de la sangre.
9.1 PLASMA
El plasma es un líquido de color paja que consta de agua y solutos disueltos. El principal soluto del plasma en términos de su concentración es el sodio; pero, además, el plasma contiene muchos otros iones, así como moléculas orgánicas tales como metabolitos, hormonas, enzimas, anticuerpos y otras proteínas.
Estas últimas, las proteínas plasmáticas, constituyen 7 a 9% del plasma. En términos generales, los tres tipos de proteínas son albúminas, globulinas y fibrinógeno:
- Albúmina: Representan la mayor parte de las proteínas plasmáticas (alrededor del 70%) y son las encargadas de regular la presión osmótica necesaria para evitar la salida del líquido sanguíneo hacia el volumen intersticial. A su vez, favorecen el transporte de moléculas con baja solubilidad en sangre.
- Globulinas: Clasificadas en tres grupos -alfa, beta y gamma-, con diferentes funciones. Destacamos las gamma-globulinas, también conocidas como “anticuerpos”, encargadas de la inmunidad humoral.
- Fibrinógeno: apenas constituye el 5% del total, pero es imprescindible para la coagulación. Así, durante el proceso de formación del coágulo, el fibrinógeno se convierte en hebras insolubles de fibrina.
Imagen 51. Proteinograma sanguíneo. Las áreas expuestas representan la proporción relativa a cada proteína. Como puede observarse, la albúmina es la proteína más representativa (más área); el resto de globulinas se representan a continuación (con los anticuerpos más a la derecha); finalmente, no puede observarse el fibrinógeno, debido a su poca representatividad, pero lo encontraríamos entre las bandas beta y gamma del proteinograma.
El volumen sanguíneo total en el adulto de talla promedio es de alrededor de 5 L (alrededor del 8% del peso corporal total) y tiende a permanecer constante gracias a mecanismos reguladores homeostáticos, tales como la hormona antidiurética (ADH), el sistema renina-angiotensina-aldosterona, o el péptido natriurético atrial (PNA), entre otros.
9.2 ELEMENTOS FORMES DE LA SANGRE
Los elementos formes de la sangre comprenden tres tipos de células sanguíneas: eritrocitos, hematíes o glóbulos rojos; leucocitos o glóbulos blancos; y trombocitos o plaquetas. Los eritrocitos son con mucho los más numerosos de los tres tipos de elementos formes.
- Glóbulos rojos: Son discos bicóncavos y aplanados, con una superficie celular tan fina que le permite fácilmente el intercambio gaseoso. La presencia en su interior de moléculas de hemoglobina permite su principal función, el transporte de oxígeno desde los pulmones al resto de tejidos.
- Glóbulos blancos: Constituyen un grupo heterogéneo de células de aspecto esférico cuya característica principal es que se encargan de las funciones defensivas en el organismo, ya sea mediante ataque directo a patógenos, liberando anticuerpos, o produciendo mediadores que estimulen la respuesta inmunitaria. En función de su morfología, podemos distinguir entre:
o Granulocitos: como su nombre indica, presentan gránulos (vesículas) en su interior. También se denominan polimorfonucleados, debido a los diversos lóbulos que presenta su núcleo. Entre los granulocitos distinguimos neutrófilos (más abundantes, de acción directa), eosinófilos (de respuesta a parásitos), basófilos (respuesta alérgica) y mastocitos (respuesta alérgica en tejidos).
o Agranulocitos: Son leucocitos sin gránulos destacables en su interior. Al presentar un núcleo sencillo, también se denominan mononucleares. Distinguimos monocitos (inmaduros, circulantes en sangre), macrófagos (monocitos maduros que han migrado a tejidos) y linfocitos (muy variados, capaces de abarcar gran cantidad de funciones inmunitarias como la producción de anticuerpos -linfocitos B, que al alcanzar su forma madura se denominan células plasmáticas- o el ataque directo a patógenos -linfocitos T-).
- Plaquetas: son los elementos formes de menor tamaño. En realidad, constituyen un gran conjunto de fragmentos procedentes de células grandes llamadas megacariocitos. Las plaquetas desempeñan un papel importante en la coagulación de la sangre.

9.3 HEMATOPOYESIS
La formación de las células sanguíneas recibe el nombre de hematopoyesis. Salvo en etapas fetales y tempranas, la hematopoyesis se desarrolla en la médula ósea, en la cual se encuentran las células madre hematopoyéticas. Estas son capaces de autorrenovarse, mantener un número constante en la médula ósea, y permitir la producción y diferenciación hacia los distintos tipos celulares.
A partir de ahí, existen dos procesos diferenciados en función de dónde maduran las distintas células sanguíneas:
- Mielopoyesis: las distintas células se multiplican, desarrollan y diferencian en el interior de la médula ósea. Corresponde a los eritrocitos, mayoría de leucocitos (excepto linfocitos B y T) y plaquetas.
- Linfopoyesis: corresponde a la producción de linfocitos B y T, pues sus progenitores migran hacia tejidos linfoides primarios (como el timo) para diferenciación a células maduras.

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