TEMA 9. TRATAMIENTOS ANTINEOPLÁSICOS: CIRUGÍA, RADIOTERAPIA, QUIMIOTERAPIA, TERAPIAS DIRIGIDAS E INMUNOTERAPIA


Los tratamientos antineoplásicos se eligen según el tipo de tumor, su estadio y grado, y el objetivo terapéutico: curativo (erradicación), de control (prolongar supervivencia y frenar crecimiento) o paliativo (aliviar síntomas y mejorar calidad de vida). La quimioterapia usa fármacos que dañan la célula tumoral interfiriendo en la replicación y reparación del ADN; se orienta sobre todo a enfermedad sistémica y puede emplearse como neoadyuvante (reducir tamaño antes de cirugía), adyuvante (eliminar enfermedad microscópica tras cirugía) o como tratamiento principal en algunas neoplasias hematológicas. Los citostáticos se clasifican por su relación con el ciclo celular (fármacos específicos de fases como S o M frente a inespecíficos), por mecanismo de acción (alquilantes, antimetabolitos, platinos, antibióticos citostáticos, antimitóticos, hormonales e inmunoterapéuticos) y por agresión tisular (no irritantes, irritantes de bajo/alto riesgo y vesicantes, clave para el riesgo de extravasación). La manipulación y preparación exige medidas estrictas por su toxicidad (carcinógena, mutágena, teratógena, etc.), recomendándose la centralización en farmacia y el trabajo en cabina con presión negativa y EPI; en administración, la enfermería previene extravasación eligiendo bien la vena/dispositivo (idealmente CVC si infusiones frecuentes vesicantes), vigilando permeabilidad y educando al paciente. Si ocurre extravasación, se aplican medidas inmediatas (parar infusión, aspirar, elevar, marcar zona) y medidas físicas/farmacológicas según fármaco (frío en la mayoría salvo vinca, y antídotos como DMSO, hialuronidasa o tiosulfato). La toxicidad de QT puede ser inmediata, precoz, retardada o tardía, e incluye mielosupresión (anemia, neutropenia, trombocitopenia), mucositis, diarrea, alopecia, neuropatía, cardiotoxicidad, etc., por lo que son esenciales educación y cuidados específicos.

La radioterapia la recibe alrededor del 60% de pacientes en algún momento; puede ser profiláctica, curativa o paliativa, administrarse como neoadyuvante, adyuvante o intraoperatoria, y aplicarse como externa, interna (braquiterapia) o sistémica (p. ej., yodo radiactivo en tiroides). Su toxicidad es local a la zona irradiada y se potencia con quimioterapia concomitante: aparecen efectos agudos (dermatitis, mucositis, alteraciones digestivas, mielosupresión) y tardíos (fibrosis, atrofia, necrosis y secuelas crónicas según órgano). Los cuidados enfermeros incluyen protección cutánea (evitar sol/calor/frío, higiene suave, ropa holgada, no retirar marcas), medidas específicas en cabeza-cuello (hidratación, ambiente húmedo, prevención dental) y digestivo (dieta adaptada), además de educación en seguridad radiológica en braquiterapia (tiempo, distancia y protección). La cirugía oncológica puede ser diagnóstica (biopsias excisional/incisional/por aguja y ganglio centinela), terapéutica primaria (resección local o radical), profiláctica (reducción de riesgo en alto riesgo genético), paliativa (aliviar obstrucción, hemorragia, dolor, derrames) o reconstructiva. El tratamiento hormonal se usa en tumores hormonosensibles (sobre todo mama y próstata) bloqueando receptores o vías hormonales. La inmunoterapia potencia el sistema inmune (anti-CTLA4, anti-PD-1/PD-L1, entre otros) y ha mejorado control y calidad de vida en tumores como melanoma, renal o pulmón; en su vertiente avanzada destaca la CAR-T (linfocitos T modificados), aprobada en varios cánceres hematológicos, con riesgos como síndrome de liberación de citoquinas (tratamiento con tocilizumab) y neurotoxicidad. Todo ello converge en la medicina de precisión, que integra biomarcadores y diagnóstico molecular (PCR, NGS, proteómica), terapias dirigidas (p. ej., trastuzumab en mama HER2+ con vigilancia de cardiotoxicidad) y herramientas como biopsia líquida (ctDNA/CTCs) para monitorizar respuesta, resistencia y recaídas, ajustando el tratamiento a las características individuales del tumor y del paciente.