El pie diabético es una complicación grave de la diabetes mellitus, considerada la principal causa de hospitalización y de amputación no traumática de extremidad inferior en estos pacientes. Se define como un síndrome en el que confluyen neuropatía, isquemia e infección, lo que favorece la aparición de úlceras, su infección y, en muchos casos, la progresión a gangrena y amputación. Organismos como la OMS y la SEACV destacan el papel central de la neuropatía diabética, la enfermedad arterial periférica y la hiperglucemia mantenida en su fisiopatología. A lo largo de la vida, un porcentaje importante de personas con diabetes desarrollará úlceras en el pie, muchas de ellas infectadas e incluso con afectación ósea, lo que se asocia a elevada morbimortalidad, reulceración frecuente y gran impacto personal, familiar, laboral y económico. Las úlceras pueden ser neuropáticas, isquémicas o neuroisquémicas, y su correcta clasificación, junto con la valoración de la isquemia y la infección, es clave para decidir el tratamiento, que puede incluir desbridamientos, tratamiento antibiótico, revascularización y diferentes sistemas de descarga.
La prevención y el manejo del pie diabético requieren un enfoque multidisciplinar e integral, basado en la estratificación del riesgo, el cribado periódico neuropático y vascular y el control intensivo de los factores de riesgo cardiovascular: hiperglucemia, dislipidemia, hipertensión, tabaquismo, sedentarismo, obesidad y enfermedad renal, entre otros. La atención primaria tiene un papel esencial en la anamnesis dirigida, la exploración de pulsos, la detección de deformidades, callosidades y úlceras, la educación sanitaria (higiene del pie, elección de calzado y calcetines adecuados, autocuidado y autoexploración) y la derivación precoz a unidades especializadas. El tratamiento local de las úlceras se individualiza según tipo y grado de infección, combinando desbridamiento, cura adecuada del lecho de la herida y control riguroso de la presión plantar mediante plantillas, yesos de contacto total, botas de descarga y calzado terapéutico. La organización en equipos bien coordinados, con seguimiento continuado y protocolos basados en la mejor evidencia disponible, permite reducir la incidencia de úlceras, las amputaciones y, en consecuencia, mejorar la calidad de vida y la supervivencia de las personas con diabetes.
