TEMA 0. INTRODUCCIÓN


Las heridas crónicas o lesiones de difícil cicatrización suponen un problema de salud tanto para el paciente y cuidador como para el propio sistema de salud en todos sus niveles asistenciales. Estas lesiones cutáneas producen una disminución de la calidad de vida, individual y familiar, así como un incremento en el gasto sanitario que generan.

Los procesos de enfermedad históricamente se representan en tratados y grafismos en el manejo de las heridas tanto agudas, traumáticas o quirúrgicas, como heridas crónicas: úlceras por presión (UPP), lesiones en extremidad Inferior (LEI) o úlceras de pie diabético (UPD).

En las últimas décadas del siglo XX y primera del siglo XXI los avances en práctica clínica basada en evidencia sobre las heridas, forma de abordaje y registro han trasladado a los equipos multidisciplinares una manera de plantear el proceso cicatricial con una cierta uniformidad.

Estos avances en el proceso de cicatrización demuestran que la gran mayoría de heridas, difíciles de cicatrizar, deben curarse en un plazo de tiempo “predecible” aunque, de todos es conocido, casos donde la dificultad cicatricial se vuelve compleja incluso con los mejores recursos y las técnicas avanzadas aplicadas sean planteadas por expertos en herida complejas.

Vincent Falanga, en el año 2003, introdujo el término “Preparación del lecho de la Herida” y su definición traducida al español sería: “el abordaje de una herida para acelerar la cicatrización endógena o para facilitar la efectividad de otras medidas terapéuticas”. 

La preparación del lecho de la herida (PLH) es un concepto dinámico que debe ser planteado desde una visión holística, un planteamiento global del paciente. El concepto de PLH ha ganado reconocimiento a lo largo de los años como método para el abordaje de heridas crónicas.

El principio básico del cuidado de las heridas es mantenerlas en un medio húmedo en forma continua, ya que la cicatrización será mucho mejor, rápida y eficiente, que en un medio seco. Otros factores que se deben considerar son: el desbridamiento, con las diferentes técnicas que existen y cuyo objetivo principal es el retiro del tejido necrótico; el manejo de la carga bacteriana, tratando la infección cuando ésta impida el proceso de cicatrización; proteger la piel perilesional y el manejo del dolor. 

Entre las opciones con que se cuenta para el manejo de las heridas complejas, están el grupo de los apósitos especializados y las técnicas avanzadas. Los apósitos se pueden agrupar en once tipos, que son: hidrocoloides, interactivos, alginatos, hidrogeles, apósitos de colágeno, hidropolímeros, películas no adherentes, espumas, apósitos de control de exudado, apósitos de control de metaloproteinasas e hidrofibras. Entre las técnicas avanzadas en el cuidado de heridas, tenemos el uso de ultrasonido, los factores de crecimiento, los apósitos biológicos, la terapia con larvas y la terapia de presión negativa.

Comprender la fisiología cicatricial, el microambiente de la lesión cutánea, desde la visión integral del paciente hasta la individualidad y peculiaridad de su herida, el abordaje multidisciplinar y el conocimiento del material terapéutico desarrollado para las heridas, nos permitirá tratarlas con el rigor científico que merecen, analizarlas con el sentido crítico que precisan y compartir la pasión de los profesionales que día a día las atienden.