14.1. ENFERMEDAD ARTERIAL PERIFÉRICA NO ARTERIOMATOSA
La enfermedad arterial periférica no arteriosclerótica se refiere a la obstrucción o estrechamiento de las arterias periféricas que no es causada por arteriosclerosis siendo la causa de la obstrucción no la acumulación de placa (ateroma) en las paredes arteriales, como suele ser el caso en la arteriosclerosis sino un cumulo de factores que engloban el síndrome/enfermedad.
14.1.1. Enfermedad de Buerger
La tromboangeítis obliterante, también conocida como enfermedad de Buerger, es un trastorno poco común caracterizado por procesos inflamatorios y no ateroscleróticos que afectan predominantemente los vasos medianos y pequeños, principalmente en brazos (infra braquiales) y piernas (infrapoplíteos). Estos procesos tienden a resultar en trombosis oclusivas, provocando isquemia y, posteriormente, lesiones ulcerosas mayormente en localizaciones distales, a menudo llevando a la necesidad de amputación debido a la severidad del compromiso vascular. Esta enfermedad afecta principalmente a hombres jóvenes y está estrechamente relacionada con el hábito de fumar. Aunque su etiología sigue siendo desconocida, se ha establecido una fuerte asociación con el consumo de tabaco como factor principal en su desarrollo. La investigación continúa en curso para comprender mejor los mecanismos subyacentes y mejorar las opciones de tratamiento para esta patología devastadora.
14.1.2. Úlcera isquémica en la enfermedad arteriosclerosa no ateromatosa. Arteriosclerosis de Mönckeberg
La arteriosclerosis de Mönckeberg, también conocida como esclerosis medial de Mönckeberg, fue descrita por primera vez en 1903 por Johann Georg Mönckeberg. Se caracteriza por la calcificación de la túnica media de las arterias musculares medianas y pequeñas, principalmente en las extremidades inferiores y, en menor medida, en las arterias viscerales o coronarias. Esta calcificación se ha asociado comúnmente con enfermedad renal.
La arteriosclerosis de Mönckeberg se relaciona principalmente con la edad, la diabetes, la duración de la diálisis y el metabolismo mineral alterado. Clínicamente las manifestaciones son extensas, todas derivadas de la oclusión vascular que se genera.
Este proceso causa rigidez en las paredes arteriales, lo que resulta en un aumento de la presión arterial sistólica, así como un incremento en la presión del pulso y la velocidad de la onda del pulso.
14.1.3. Ulcera hipertensiva de Martorell
Las Úlceras de Martorell (UM) reciben su nombre en honor a Fernando Martorell, quien las describió inicialmente como "úlceras supramaleolares por arteriolítis de los grandes hipertensos". Originalmente se denominaron "úlceras hipertensivas de la pierna". Más tarde, Hines y Farber las denominaron Ulceras Hipertensivas-Isquémicas.
Las Úlceras de Martorell (UM) son complicaciones poco comunes en pacientes con hipertensión crónica, con una prevalencia del 0.10% al 0.30% y una incidencia de 3 a 5 nuevos casos por mil personas cada año. Estas cifras se duplican en poblaciones mayores de 65 años. Dos tercios de las personas con úlceras en la extremidad inferior (UEI) experimentan al menos una recurrencia en su vida, y esta tasa aumenta al 45% en pacientes con UEI durante más de 10 años.
La presencia de UM refleja una relación compleja entre la hipertensión y las complicaciones vasculares, destacando la importancia de una gestión adecuada de la presión arterial y un seguimiento continuo en pacientes de alto riesgo.
Estas lesiones se localizan en la cara anterior o anterolateral externa, supramaleolar de la pierna, con simetría bilateral.
Presentan una lesión pigmentada en la pierna contralateral, usualmente una mácula o pápula que evoluciona hacia una úlcera superficial con bordes planos, irregulares e hiperémicos.
A veces, pueden manifestarse pequeñas zonas cianóticas con bordes necróticos y eritema perilesional.
La expresión del dolor es intensa en todas las posiciones, siendo esta la característica clínica más notable.
Además, los pulsos tibiales suelen ser positivos y el índice tobillo-brazo (ITB) es mayor de 0,75 al momento de su medición. Estos hallazgos clínicos son fundamentales para el diagnóstico y manejo adecuado de las Úlceras de Martorell.
