La historia de las úlceras venosas y de las lesiones cutáneas en general han ido evolucionando paralelamente a la sociedad humana.
Las úlceras venosas en los miembros inferiores han plagado a la humanidad desde que el Homo Sapiens mantuvo la posición erecta que le permitía tener una visión más amplia para la caza y que potenciaron los efectos hidrostáticos de la gravedad.
Un primer paso esencial en la patogenia de las úlceras de extremidad inferior lo representó la transición del hombre cuadrúpedo al “Homo Erectus”.
En la postura erguida la sangre se acumula en las extremidades inferiores.
Esta condición se caracterizó por una mayor presión gravitacional en los miembros inferiores con consecuencias sobre el sistema venoso periférico.
La evolución del ser humano se caracterizó por el aumento de riesgo en lesiones traumáticas, (que son las mayores desencadenantes de las lesiones venosas) secundario a su necesidad natural de sus diferentes actividades diarias (hacer fuego cazar tallar piedras, forjar hierro, peleas tribales, con animales, etc.).
La curación de heridas es una técnica que se remonta a la prehistoria.
El hombre de Neandertal en Irak 60.000 años A.C. utilizaba hierbas en aplicación directa o emplastes contra las quemaduras.
Los egipcios en sus papiros reflejaron el uso de apósitos 5000 años A.C. (papiro de Smith). En el antiguo Egipto ya se usaban como apósitos el barro, gomas, resinas, miel, mirra y sustancias oleosas en el tratamiento de heridas.
La situación se degradó con la introducción de la equitación, introducida por los escoceses en el siglo VII a. C, que domesticaron animales por primera vez.
Esta situación usada para la caza y el traslado de unas zonas a otras durante largas horas influía en las venas ilíacas al producir fenómenos de compresión y favoreciendo la estasis venosa.
Hipócrates 460-377 A.C. médico considerado padre de la Medicina, ya en la época griega referenciaba la relación entre las úlceras a nivel del tobillo y las venas varicosas en su obra “de Ulceribus” avanzando en sus escritos los objetivos del tratamiento de
las heridas y que hoy, mantienen vigencia:
• Lavar las heridas utilizando agua hervida o vino.
• Evitar la presencia de pus.
• Mantener la herida siempre seca.
• Aplicar emplastes de grasa rancia de cerdo, resina de pino y grasa de extracto de hulla (betún).
Hipócrates describe en el manifiesto “El Ulcerubius” como la bipedestación y la dilatación de las venas son causas de ulceraciones y plantea la punción venosa (venipuntura) y el vendaje como procedimiento terapéutico.
En Roma, entre 25-50 D.C. Aurelius Cornelius Celso, en su publicación “De Medicina”, distingue entre las heridas generales y las ulceras venosas que se trataban con cataplasmas de verduras y aplicando vendas de yeso como tratamiento.
Son varios los siglos de sombras y dificultad en la atención de las heridas en la historia.
Desde la caída del mundo Romano occidental a manos de los bárbaros provenientes de centro Europa (476 d.C.) hasta el siglo XV, el mundo de ciencia descubierto en las culturas griega principalmente y por empatía, romana, se sumen en la superstición dificultando la realización de estudios serios de anatomía y patología quirúrgica.
Abu Ali Ibn Sina, Hari-Abbas o Avicena, médico árabe del siglo X (980-1037) fue uno de los elementos imprescindibles en el conocimiento y transmisión de la ciencia que ayudó a la conservación de la sabiduría griega y romana y aceleró la innovaciónen la medicina.
Avicena describió el riesgo de úlceras en extremidad inferior en personas que trabajan de pie como descubrimiento de la importancia del problema varicoso y sus factores etiopatogénicos.
En la Edad Media el avance de los descubrimientos y conocimientos en salud fueron oscuros en estos diez siglos de la historia en el que la ciencia y el saber se redujeron a espacios protegidos en los califatos abasíes de Bagdad y Córdoba y las bibliotecas monacales cristianas.

Imagen 1. Canon de la medicina.
En su “Canon de la medicina” Abū ‘Alī al-Husayn ibn ‘Abd Allāh ibn Sina, Ibn Sina o su nombre latinizado Avicena describe de forma minuciosa abundantes patologías y definela manera de abordaje terapéutico basado en el diagnóstico certero.
La aplicación de apósitos basados en creencias mágicas, divinas o espirituales ha hecho que la curación de una herida tuviera parte y creencia de ritual y magia durante la Edad media.
Avanzando en la historia en el S. XVI Ambroise Paré en 1585 afirmaba:” Yo curo la herida, pero solo Dios la cicatriza”.
Paré fue uno de los primeros cirujanos que intervino las venas para curar las UV.
En el último tercio del s XVII se describe la compresión externa para el tratamiento de las UV atribuida a Richard Wiseman al igual que la nomenclatura de úlceras varicosas en 1676.
En el siglo XVIII hubo avances significativos en la definición etiopatogenia y abordaje terapéutico de las lesiones venosas de miembro inferior.
En 1770, José Else, cirujano del Hospital St. Thomas de Londres, expresó:
“ninguna enfermedad es tan común en nuestro hospital como las úlceras en las piernas. Su cuidado es, en general, tedioso y molesto, a menudo laborioso y, a veces, no exento de peligros”.
Entre los diferentes tipos de úlceras de piernas encontradas en las clasificaciones de los escritores del siglo XVIII las úlceras varicosas no estaban incluidas.
No fue sino hasta finales de ese siglo XVIII cuando Sir Everard Home redescubrió el concepto y publicó sus opiniones en un tratado en 1797 iniciando el abordaje quirúrgico de la degradación venosa en extremidad inferior: “La operación de acceso por la vena safena”.
Avanzado el siglo XIX, Rudolf Virchow en 1848 rechaza la creencia de que la flebitis causa la mayoría de las enfermedades mencionando que las úlceras venosas en los miembros inferiores no iban necesariamente acompañadas de venas varicosas visibles pudiendo producirse por otras etiopatogenias más relacionadas con la trombosis.
John Gay en 1855 describió como se produce una coincidencia frecuente en la presentación de ulceras indolentes y la presencia de venas varicosas aumentando la posibilidad en la creencia que estas lesiones ulcerosas eran debidas a la enfermedad de las venas.
La revista The Lancet en 1868 publica un artículo de John Gay donde describe la relación de la ligadura venosa para la curación de ulceras venosas la cicatrización de las lesiones se produce en casi todos los casos.
En este siglo XIX los planteamientos terapéuticos tópicos fueron avanzando en aplicación y abordajes.
John Bell, anatomista y cirujano escocés publicó “Discursos sobre la naturaleza y curación de las heridas” entre 1793 y 1795. Se le considera, junto con Pierre-Joseph Desault y John Hunter, uno de los fundadores de la cirugía moderna del sistema vascular.
John Bell afirmó que “es inconcebible tomar en serio la efectividad terapéutica cuando se enumeran los miles de remedios que se han aplicado para las úlceras…” Diferentes autores, antes de John Bell, habían reconocido el valor del reposo y la elevación de la pierna para curar las úlceras.
Martín Boston, en el último tercio de siglo a partir de un vendaje elástico de goma pura (indian rubber, caucho) aplicado junto con una cantidad de azufre sobre la piel, redujo las recidivas de úlceras venosas que junto al uso de óxido de zinc en pasta empapada en una venda para tratar la dermatitis por estasis venoso aplicada por Paul Gerson Unna ,médico dermatólogo alemán, en 1882 anticipó el principio de terapia compresiva (Bota Unna) activa, gradual y calculada de manera individual desde los pies hasta la rodilla mediante una compresión con material acorde a las características de cada paciente.
El hombre en su evolución hasta la edad moderna se caracterizó por un aumento de los factores de riesgo de lesiones venosas por la deficiente actividad física y los errores dietéticos que conllevan un aumento de peso y compresión del sistema de retorno.
La práctica asistencial de enfermería en relación con las heridas de la piel en casi todos los ámbitos asistenciales adolece de una formación continuada que se traslade a las dudas, soledad, miedo e invisibilidad que la enfermería, grosso modo y entre líneas, plasma en sus registros evolutivos asistenciales; registros que muchas de las veces, son “anotaciones” en papel o registros informáticos y que no forman parte de un soporte clínico informatizado.
Esta disparidad de registros, (ningún registro, registros en soporte papel, registros “ad hoc” no integrados en historia clínica, o Historia clínica que no se puede compartir) son un hándicap en el seguimiento del paciente.
La inexistencia de un sistema Nacional de registro informático, común, compartible, unificado en ninguna administración pública y/o privada, dificulta la transmisión de los datos sanitarios y a su vez encarece la asistencia a las personas que en su libertad de movimiento se ven abocadas a repetir diferentes pruebas para la diagnosis correcta de las situaciones de enfermedad o prevención y promoción de la salud a las que se las somete.
La valoración del paciente en la visión integral adolece de una adecuación temporal al siglo XXI tanto en formación como en investigación y publicación de evidencia.
Poco a poco este presente va cambiando y son varios las formaciones post grado, que abordan las heridas crónicas con una visión más basada en la valoración (necesidades del paciente y su situación actual (¿por qué se producen las lesiones? ¿Cuáles son las necesidades que el paciente no puede solventar? que en el tratamiento (apósitos, apósitos, apósitos).
La formación continuada es un requisito para la adquisición de conocimientos y la modificación de planteamientos integrados en la praxis habitual.
La evidencia define los hallazgos científicos que deben modificar el continuismo en enfermería desterrando los planteamientos anquilosados y obsoletos que no dan respuestas a las preguntas que la profesión enfermera precisa.
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