La diabetes mellitus es una enfermedad crónica caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre, con una prevalencia creciente a nivel mundial y en España, donde afecta aproximadamente a uno de cada siete adultos y se asocia sobre todo a la diabetes tipo 2. Su desarrollo está ligado a factores genéticos y ambientales como el envejecimiento, el sedentarismo, la obesidad y los hábitos alimentarios poco saludables. Se clasifica principalmente en diabetes tipo 1 (autoinmune, con destrucción de las células beta y necesidad de insulina desde el inicio), tipo 2 (resistencia a la insulina y déficit progresivo de su secreción), diabetes gestacional y otros tipos menos frecuentes de origen genético, pancreático, endocrino, farmacológico o inmunológico. El diagnóstico se basa en la glucemia basal, la prueba de sobrecarga oral de glucosa y la hemoglobina glucosilada (HbA1c ≥ 6,5 %), y el seguimiento incluye controles periódicos de HbA1c, función renal, perfil lipídico, fondo de ojo y revisión de los pies. El tratamiento combina cambios en el estilo de vida (dieta individualizada, pérdida de peso, ejercicio regular), educación sanitaria y terapia farmacológica con antidiabéticos orales, análogos de GLP-1, inhibidores de SGLT2 e insulina, según el tipo de diabetes y el grado de descontrol.
Un control glucémico deficiente favorece complicaciones agudas graves, como la cetoacidosis diabética y el coma hiperosmolar, y múltiples complicaciones crónicas micro y macrovasculares. Entre ellas destacan la retinopatía diabética y la amaurosis, la nefropatía hasta insuficiencia renal crónica, la neuropatía periférica y autonómica, la angiopatía (micro y macrovascular), la isquemia cardíaca, cerebrovascular y de extremidades, el pie diabético con alto riesgo de úlceras y amputación, así como esteatosis hepática, dermopatías y enfermedad periodontal. La diabetes multiplica el riesgo de enfermedad vascular periférica, infarto, ictus y amputaciones, especialmente cuando coexisten otros factores como hipertensión, dislipemia, tabaquismo y obesidad. Por ello, el abordaje debe ser integral y continuado, combinando control estricto de la glucemia y del riesgo cardiovascular, revisiones periódicas de órganos diana y una participación activa del paciente en su autocuidado para prevenir o retrasar las complicaciones y mejorar su calidad y expectativa de vida.
