1. INTRODUCCIÓN
Las heridas y su abordaje van emparejadas al desarrollo e importancia que ha tenido la salud y sus actores principales (sanitarios) y sus diferentes enfoques desde el principio de los tiempos.
Las lesiones que se producían en la prehistoria en la caza de animales, erosiones por la construcción y manipulación con las manos y cuerpo se trataban con diferentes ungüentos, sabias de árboles y plantas silvestres dispensadas por los curanderos de la tribu donde el “sanador” era un canalizador de las energías de la tierra o creencias a elementos aportadores de fortaleza.
No es hasta las culturas egipcia, hindú, griega, romana, donde los manuales escritos y/o referencias artísticas plasmadas en diferentes elementos (cerámica, arquitectura, escultura, pintura), ilustran las posibilidades empleadas en las técnicas de cura del momento y las recomendaciones para evitar su contacto, más que para tratarlo, como es el caso de la Lepra.
La lepra o enfermedad de Hansen es una enfermedad infectocontagiosa por el bacilo Mycobacterium leprae que afecta a nervios periféricos y piel principalmente, además de a las mucosas, los ojos y los huesos. La complicación más severa es la desfiguración, deformidad y la discapacidad producida por el compromiso neurológico o la ceguera.
La lepra cursa con lesiones cutáneas blanquecinas difíciles de eliminar si no es con tratamiento antibiótico y que hasta la aparición de la rifampicina en el S XX, fue una de las lesiones crónicas cutáneas que producían incapacidad funcional, insensibilidad y en muchos casos amputaciones de los miembros afectados. Esta enfermedad con afectación cutánea crónica ha ido aparejada al desarrollo de la historia de cuidados cutáneos hasta la aparición de los antibióticos siendo el desplazamiento, aislamiento y desprecio de los pacientes leprosos, el método “preventivo” para el contagio y diseminación de la enfermedad.
La evolución histórica de los cuidados de enfermería va unida a las órdenes religiosas-militares que a lo largo de los siglos han acumulado el conocimiento “reglado”.
En España es la universidad de Salamanca, nacida en 1218 al albur de la catedral vieja de Salamanca, la primera universidad española en desarrollar el grado de medicina con los conocimientos europeos del S. XIII.
El paradigma enfermero, no es hasta Florence Nightingale donde el concepto actual de enfermería y cuidados inicia su despliegue y define las lesiones cutáneas: “Si un paciente tiene frío o fiebre, o está mareado, o tiene una escara, la culpa generalmente, no es de la enfermedad, […] O “La observación indica cómo está el paciente, la reflexión indica qué hay que hacer, la destreza práctica indica cómo hay que hacerlo. La formación y la experiencia son necesarias para saber cómo observar y qué observar; cómo pensar y qué pensar.”
La evolución en los cuidados y la metodología empleada a partir de sus averiguaciones contrastadas con datos estadísticos planteó la primera teoría enfermera basada en el espacio ambiental en el área de la salud.
El siglo XX ha sido el despegue definitivo del abordaje de la herida crónica, principalmente por el aumento de esperanza de vida.
No debemos olvidar que un porcentaje importante de herida crónica se desarrolla en personas de edad avanzada y este dato no es ni debe ser baladí siendo los últimos marcos teóricos planteamientos que definen no solamente la etiología de la lesión de difícil cicatrización, sino en su enunciado, el concepto de dependencia, que va unido históricamente al de longevidad y necesariamente al de incapacidad.
2. EVOLUCIÓN CRONOLÓGICA DEL ABORDAJE DE HERIDAS
Las heridas cutáneas desde la antigüedad se han tratado “cubriéndolas” con diferentes elementos. Actualmente disponemos de un arsenal terapéutico amplio para cada una de las fases del proceso cicatricial, pero entendamos que hoy en día, SXXI, con todo el conocimiento al alcance de un clic, seguimos en los diferentes sistemas de salud con dudas y un déficit de uniformidad en el abordaje de las heridas.
Las primeras visiones de tratamiento de las heridas crónicas se basaban en ungüentos y pociones, emplastos de barro con hojas, cortezas de árboles y/o plantas y un alto carácter mágico.
Los santeros, chamanes, curanderos de la prehistoria y culturas tribales eran los aplicadores de estas sustancias que tenían más un componente divino que corporal.
No existían complicaciones de las heridas sino una máxima, que la herida no sangrara puesto que la creencia era que su pérdida disminuía la vida. Los tratamientos de emplastes fueron ampliándose según las culturas y las prácticas empíricas de los proveedores de emplastes.
Probar sustancias nuevas que repercutían en una respuesta observada como recurso para ampliar el objetivo final, mejorar la lesión cutánea. Para ello se utilizaron las sustancias que se tenían a disposición: leche de animal, miel, entramados de fibra vegetal absorbente, grasas animales…
2.1. Egipto
Quizás una de las culturas más significativas por su registro en papiros para la transmisión del conocimiento.
Existen papiros escritos que definen el abordaje de lesiones cutáneas según:
- Smith (1500 A.C.): libro procedente de Tebas, sobre las heridas, técnicas de vendaje, reducción entablillamiento y suturas, cuidados de la piel.

Fig. Papiro de Edwin Smith, Recto Columna 7 (izquierda) y la Columna 6 (derecha), que contiene Casos 12-20.
- Ebers (1550 A.C.): procedente de Tebas “cuidados de la piel, cabello, dientes, lengua”. Consideraciones sobre la salud, la vida y la enfermedad, usos del aceite de castor, de ricino y trementina.
- Hearst (1550 A.C.): procedente de Deir el Ballas “cuidado de quemaduras y cuidados tras el postramiento producido por las heridas”.
- Chester Beatty (1300 A.C.) hechizos relacionados con los cuidados.
Imhotep, médico egipcio, sumo sacerdote considerado el fundador de la medicina egipcia planteaba una concepción mítico-religiosa de la enfermedad, y un enfoque mágico-religioso y empírico de la curación basado en una combinación de ritos, prácticas quirúrgicas y un extenso conocimiento farmacológico aportando en el papiro de Smith un enfoque racional sobre el tratamiento de ciertas enfermedades y las heridas.
En este texto Imhotep define el uso de vahos de opiáceos por su efecto anestésico, describe observaciones anatómicas, plantea como realizar el examen, diagnóstico, tratamiento y pronóstico de heridas, descripciones de suturas.
Imhotep utilizó miel de abeja para la curación de heridas tal y como seguimos haciéndolo actualmente con los apósitos de miel.
2.2. Grecia-Roma
Las heridas en la cultura greco-romana se encuentran registradas en la literatura heroica, mitológica, en la vida festiva y lúdica representada por los gladiadores y el ámbito de la guerra.
Para los antiguos griegos no había diferencia entre lo divino y lo humano compartiendo sus Dioses rasgos humanos comunes.
Las divinidades que han representado y lo siguen haciendo el arte de curar son:
- Apolo: inventor del arte de curar y médico de los dioses.
- Atenea Higiea: diosa valedora de las familias y la salud de todos ellos; en Roma conocida como Minerva.
- Quirón: conocedor del arte de curar y ocupa un lugar diferenciado entre los centauros, por su sabiduría y sus conocimientos.
- Asclepio para griegos o Esculapio para romanos: aprendió de Quirón el arte de curar y de elaborar remedios para curar. Padre de Higiea ó Higía, diosa de la salud y cuyo nombre perdura a través de la palabra Higiene y de Panacea, divinidad que cura todas las enfermedades gracias a las hierbas, "la milagrosa medicina que cura todos los males"
De las primeras referencias dónde se vislumbra la labor de Enfermería es en los escritos hipocráticos ("Corpus Hipocrático") donde se comenta la labor asistentes o servidores (habitualmente hombres) como ayudantes del médico. Realizaban prácticas que hoy decimos de Enfermería como las aportaciones sobre dietética, higiene, baños terapéuticos, etc.
En La Odisea aparece un relato de la esclava Euríclea a la que Ulises define como una buena enfermera y al igual que Panacea, suponemos seleccionaban hierbas medicinales y ayudaban a los heridos y enfermos.
Hipócrates, hacia el año 430 a.C., avanzó en sus escritos los objetivos del tratamiento de las heridas y que hoy, mantienen vigencia:
- Lavar las heridas utilizando agua hervida o vino.
- Evitar la presencia de pus.
- Mantener la herida siempre seca.
- Aplicar emplastes de grasa rancia de cerdo, resina de pino y grasa de extracto de hulla (betún).
Hipócrates describe en el manifiesto “El Ulcerubius” como la bipedestación y la dilatación de las venas son causas de ulceraciones y plantea la punción venosa (venipuntura) y el vendaje como procedimiento terapéutico.
En Roma, aunque nacido en Grecia, se sitúa Galeno de Pérgamo, otro de los autores más prolijos y seguidos en las prácticas sanitarias que condicionaron y siguen haciéndolo en los días actuales.
Uno de los más completos investigadores médicos de la Edad Antigua, sus puntos de vista dominaron la medicina europea a lo largo de más de mil años en campos como la anatomía, la fisiología, la patología, la farmacología, y la neurología, así como la filosofía y la lógica.
Galeno planteaba la capacidad de la naturaleza para la curación de enfermedades, siendo el sanitario solo un mero aplicador de técnicas que refuercen la acción natural para ayudar a sanar al enfermo. Galeno hablaba del "pus laudable o loable” siendo la presencia de pus uno de los signos más fácilmente reconocibles de una infección. Sin embargo, durante varios siglos se creyó que la supuración, conocida como 'pus loable', era un signo de una herida sana y curativa.
Este error histórico se puede explicar por la diferencia en la presentación de una infección necrosante de tejidos blandos frente a otras infecciones más comunes de la piel y los tejidos blandos.
Las infecciones de heridas crónicas, debidas a bacterias piógenas, generalmente producen grandes cantidades de pus espeso, de color amarillo blanquecino. Por otro lado, las infecciones necrotizantes de tejidos blandos, a pesar de su grave mortalidad y morbilidad, carecen de pus en el sentido tradicional.
Lo que los antiguos observadores médicos reconocieron fue el hecho de que el pus no es característico de este subconjunto de infecciones increíblemente graves. Esta es una distinción importante para recordar cuando se evalúa una infección.
Como señalaron Hipócrates y Galeno, es importante alentar el drenaje de una herida infectada porque un absceso no drenado puede provocar la muerte.
Una incisión y drenaje de pus seguido de vendajes estériles para heridas suelen ser suficientes cuando no hay signos de infección sistémica, y los antibióticos a menudo son innecesarios.
2.3. Edad Media
Son varios los siglos de sombras y dificultad en la atención de las heridas en esta época de la historia.
Desde la caída del mundo Romano occidental a manos de los bárbaros provenientes de centro Europa (476 d.C.) hasta el siglo XV, el mundo de ciencia descubierto en las culturas griega principalmente y por empatía, romana, se sumen en la superstición dificultando la realización de estudios serios de anatomía y patología quirúrgica.

Fig. Detalle de manuscrito del siglo XIII que muestra el tratamiento de varias heridas en la Escuela de Salerno, British Library, Londres.
En la baja Edad Media, las órdenes monásticas recogen y transmiten los conocimientos antiguos. Su labor permite mantener un cuerpo doctrinal en Occidente. Los cuidados volvieron a la simplificación popular y las interpretaciones sobrenaturales como ocurría en los albores de la humanidad y las tribus.
El cristianismo, imperante en la edad media, otorgó a la medicina un importante componente de misticismo religioso. La creación benéfica de los primeros hospitales cristianos y sus órdenes monásticas permitió asumir parte de la asistencia médica de occidente.
Hasta el siglo XII Europa inició gradualmente la fundación de universidades y hospitales. La curiosidad y necesidad de conocimiento dio paso al renacer y retomar aquel afán de aprendizaje griego y romano a la sombra de Hipócrates hasta el siglo XVI. Se origina en Bolonia en el siglo XIII una escuela quirúrgica de gran prestigio, basada no sólo en el conocimiento de los textos antiguos sino en la experiencia personal demostrada en numerosos textos de cirugía. Entre los más importantes se encuentran la "Chirurgia" de Teodorico Borgognoni (1206-1298), en la que recoge las enseñanzas de su padre, Ugo Borgognoni, iniciador de la escuela.
Entre estas aportaciones se incluyen la limpieza de las heridas con vino y la anestesia mediante una esponja somnífera empapada en una mezcla de extracto de opio, beleño, mandrágora y otras drogas como anestesia.
Teodorico desarrollo la sutura de heridas por primera intención con hilos preparados con intestinos de animales tras limpieza cuidadosa, en vez de aplicar elementos que favorecieran la formación de pus.

Fig. Cirugía del maestro Henri de Montville, cirujano de Philippe le Bel, rey de Francia, compuesto de 1306 a 1320.
2.4. Siglos pre modernistas XVII-XVIII
En el siglo XVII los cuidados de las heridas no han conseguido avanzar excesivamente al igual que la cirugía sin un desarrollo claro como como ciencia. La figura del cirujano en la sociedad era notablemente inferior al del médico salvo contadas excepciones, persistiendo la separación entre cirujanos y barberos. Existían estas dos figuras entre otros "profesionales" que realizaban procedimientos, sangrías, lavativas, extracciones dentarias, etc. Entre estos "sanitarios" se encontraban los sacamuelas y curanderos en general. Los cirujanos se dedicaban a las operaciones de envergadura, mientras que los barberos realizaban fundamentalmente curas de heridas y sangrías.
En 1616 en la Universidad de Ferrara en Italia, Cesare Magati, cirujano de la época, se interesa y preocupa por la cicatrización de las heridas. Crea una escuela sobre el cuidado de las heridas proclamando que: “Es la naturaleza y no los medicamentos, lo que cura las heridas”. Cesare Magati se basó en dos principios:
- A menor manipulación o cambio de cobertura de la herida, se disminuye la posibilidad de lesionar los tejidos de granulación.
- Los tratamientos para esta atención deben ser sencillos.
Cesare Magati fue totalmente un innovador, creando su propia escuela y el llamado “Método Magati” que fue muy importante y seguido durante los siglos XVII y XVIII. Se basaba fundamentalmente en la cura oclusiva, puesto que pensaba que de este modo protegía la herida de la contaminación ambiental. De este modo se crearon los cimientos históricos más importantes para el tratamiento moderno de las heridas en medio húmedo, favoreciendo su cicatrización, medidas que posteriormente fueron adoptadas a partir del siglo XIX.
En el siglo XVIII se funda la “Académie Royale de Chirurgie” (1.731) promoviendo una ordenanza de Luis XV que prohibía a los barberos el ejercicio.
La Revolución francesa aplica en estas figuras “sanitarias” la abolición de diferencias entre médicos y cirujanos al crear las Escuelas de Salud y avanzar en el título de Doctor.
Benjamín Bell (1.740 Royal Hospital Edimburgh) escribe el libro “Tratado teórico práctico de las úlceras o llagas” marcando un punto inflexivo en el tratamiento de las úlceras de extremidad inferior.
2.5. Siglo XIX
Es en este siglo cuando se desarrollan los conceptos que van a dar paso al despliegue del conocimiento y las bases de la cura actual. Se toma conciencia de la necesidad e importancia de la asepsia y la higiene tras describir que estos conceptos y su puesta en práctica evitaban las complicaciones por infección de las heridas.
La enfermera Florence Nightingale, la dama de la lámpara, en la guerra de Crimea revolucionó la atención sanitaria a los heridos.
“She is a ministering angel without any exaggeration in these hospitals, and as her slender form glides quietly along each corridor, every poor fellow's face softens with gratitude at the sight of her. When all the medical officers have retired for the night and silence and darkness have settled down upon those miles of prostrate sick, she may be observed alone, with a little lamp in her hand, making her solitary rounds”.
“Sin exageración alguna es un «ángel guardián» en estos hospitales, y mientras su grácil figura se desliza silenciosamente por los corredores, la cara del desdichado se suaviza con gratitud a la vista de ella. Cuando todos los oficiales médicos se han retirado ya y el silencio y la oscuridad descienden sobre tantos postrados dolientes, puede observársela sola, con una pequeña lámpara en su mano, efectuando sus solitarias rondas”.
Reseña del artículo en The Times, publicado en la edición del jueves 8 de febrero de 1855
La visión del abordaje clínico de los heridos, sus lesiones y el seguimiento que desarrolla a través de la estadística en los registros epidemiologicos que desarrolla fue y sigue siendo la manera de actuar que fundamenta nuestra visión enfermera. Como “madre de la enfermería moderna”, basa sus estudios en la observación y actuación consciente de las necesidades del individuo atendido, registraba sus datos, observaba y evaluaba las evoluciones y analizaba el conjunto de asistencia, gestión del cuidado e investigación metodológica para transmitirlo a sus compañeras.
Los trabajos de Pasteur en microbiología definen el inicio de la medicina y enfermería científica, el efecto visible -signos y síntomas- las causas que pueden buscarse, subsanarse o eliminarse con un tratamiento adecuado.
Uno de los seguidores de Pasteur fue el británico Joseph Lister, considerado hoy el padre de la antisepsia moderna. Con el descubrimiento de los antisépticos en 1865, Lister contribuyó a reducir en gran medida el número de muertes por infecciones contraídas en el quirófano. Lister planteaba en “The Lancet” un artículo proponiendo el origen bacteriano de la infección en las heridas y el lavado de instrumental quirúrgico, heridas y manos de los cirujanos con disoluciones de ácido carbólico (fenol). Los principios de Lister propiciaron el comienzo de un tipo de procedimiento de cura, que seguimos reconociendo como Cura Tradicional o Cura Seca.
En el siglo XIX también se inicia la la introducción de los injertos de piel en el tratamiento de las heridas, aunque ya se había descrito en la India miles de años antes.
Los primeros trasplantes de piel fueron descritos por Jacques Reverdin, interno suizo de los Hospitales de París, con motivo de una comunicación a la Academia Imperial de Cirugía, informada por Guyon el 8 de diciembre de 1869. Bajo el término de injerto "epidérmico", levantó con la aguja pequeños fragmentos de piel que cortó. Thiersch, profesor de cirugía en Leipzig, había especificado unos años más tarde la naturaleza epidérmica-dérmica de los injertos de Reverdin y fue el primero en notar la revascularización de los vasos del injerto por los del lecho receptor desde la hora 18. Los injertos de piel totales se describieron aproximadamente al mismo tiempo, en 1871 por Lawson en Londres y en 1872 por Ollier en Lyon, Wolff en Glasgow y Krause en Altona, Alemania.
2.6. Siglo XX-XXI
La modernización del cuidado de las heridas tuvo lugar en el siglo XX. La transición de la cura seca con gasas durante toda la historia anterior a este siglo, al empleo de apósitos interactivos a finales del s XX y terapias avanzadas del S XXI. La cura tradicional con gasa, producto que, con diferente composición, se ha empleado desde el siglo V a.C. secan la herida y se adhieren al lecho, por lo que su retirada puede ser traumática. Las gasas y compresas que conocemos actualmente son de algodón o de fibras sintéticas. Las compresas terapéuticas usadas desde la antigüedad como medida primaria o conservador de atención de lesiones traumáticas pueden impregnarse en sustancias medicinales o medicamentos para el dolor, la inflamación o la hemostasia. Los avances en el mundo de la cicatrización se han producido a la par que la necesidad de atención en casos más frecuentes. La cura en heridas de guerra ya sea debido a “La Gran Guerra” (I Guerra Mundial) ó II Guerra Mundial desarrollaron diferentes elementos que han llegado hasta nuestros días.
El primer apósito sin adherencia al lecho con dos capas fue una de gasa impregnada con parafina y otra capa de gasa para recoger el exudado se creó para estos conflictos mundiales. El concepto de doble capa se mantiene en nuestros apósitos modernos ampliándolos a varias capas más.
Para la II Guerra Mundial se popularizó el uso de tiras adhesivas de plástico (tiritas), con un pequeño absorbente central, gasa de algodón, como primer apósito de cobertura y protección. Además de la protección de las heridas con elementos plasticos continuamos en la aplicación de cremas y “emplastos” a las heridas.
La capacidad proteolítica del Clostridium Histolyticum se describe en 1916 por Weinberg y Séguin en pacientes con gangrena gaseosa.
En 1937 se dio el nombre de colagenasa a la enzima responsable, cuyo uso para desbridamiento de heridas se generalizó a partir de los años 60 y que sigue en activo desde su comercialización en 1959
En 1962 Winter publicó los resultados de su experimento con heridas en cerdos (Sus domesticus), mostrando una cicatrización más rápida.
El fundamento de cura en ambiente húmedo plantea un abordaje del lecho diferenciado con la cura tradicional.
La investigación, abordaje de la lesión difícil de cicatrizar y el desarrollo comercial de apósitos se ha centrado en el concepto de cura húmeda, mantener el ambiente con un adecuado control del exudado, evitar el dolor y el traumatismo del tejido neoformado con la retirada de los apósitos que la cubren.
La técnica de la Cura en Ambiente Húmedo (CAH) se basa en mantener el lecho de la herida aislado del medio ambiente exterior. El exudado de la herida se mantiene en contacto conformando el medio húmedo adecuado. Este concepto plantea aplicar apósitos oclusivos o semioclusivos e hidrogeles para mantener el equilibrio del proceso cicatricial mediante la humedad del lecho de la herida. El grado de humedad de una herida depende de la cantidad de agua que se aporte desde el exterior mediante la aplicación de apósitos aportadores, absorbentes e hidrogeles.
El ambiente húmedo controlado en lesiones cutáneas se relacionó con la mejora de la cicatrización de la herida debido a la síntesis de colágeno, proliferación celular y angiogénesis eficaz. La clínica de los pacientes en este tipo de cura se traduce en:
- Menor dolor a la retirada de los materiales de cura.
- Mayor aislamiento térmico.
- Facilitador de desbridamiento autolítico mediante enzimas fisiológicas/endógenas del organismo.
- Mayor velocidad de cicatrización.
- Mejor calidad de la cicatriz cutánea resultante.
Este ambiente húmedo, lo más natural posible, favorece los procesos de reparación tisular:
- Temperatura y humedad adecuadas.
- Fase inflamatoria menos intensa y prolongada.
- Reacciones químicas:
o pH levemente ácido (5,5-6,6)
- Migración celular:
o Proliferación de fibroblastos.
o Diferenciación temprana de queranocitos.
o Proliferación y migración de los queranocitos. - Mayor síntesis de colágeno.
- Angiogénesis.
- Baja tensión de oxígeno en la superficie de la herida.
- Contracción más temprana de la herida.
A finales de los años 70 del siglo pasado el tratamiento de heridas sufrió un retroceso ya que se pensó que era bueno que las heridas se secaran con antisépticos y formaran costra. La naturaleza porosa de la costra permite la evaporación de la humedad de la herida, con consecuencias negativas:
- Las células sanas por debajo de la costra se secan y mueren.
- La costra mantiene correctamente la temperatura, las heridas sufren una pérdida de temperatura que provoca el retraso de la actividad celular, un retraso en la cicatrización.
Es curioso analizar el tópico de ”la historia se repite” y a pesar de nuestros avances seguimos con los planteamientos iniciales griegos. Hipócrates insistía en la composición del cuerpo compuesto por cuatro cualidades básicas: calor, frío, sequedad y humedad. Tanto el exceso como el defecto y la descompensación de estos suponían alterar al individuo en su estado natural. En esa misma línea, Césare Magati dijo: "es la naturaleza, y no los medicamentos, lo que cura las heridas."
2.6.1 Apósitos de Cura en ambiente húmedo
En los años 60 del S. XX se desarrolla la primera generación de apósitos con el polímero carboximetilcelulosa sódica (apósitos hidrocoloides). Los hidrogeles aparecieron como la alternativa de elección para heridas poco exudativas, para dar humedad y promover el desbridamiento autolítico. Están compuestos por polímeros celulósicos y un elevado contenido en agua. Tuvieron un gran impulso en los años 90 y su composición se ha mejorado para que, además de aportar humedad, puedan absorber exudado.
Tras los primeros e iniciales apósitos por los años 80 y 90 han continuado una larga y extensa variedad de apósitos, familias y combinaciones que han ido evolucionando a la par que la curiosidad imperante de los profesionales desarrollando el concepto, publicaciones, evidencia y diferentes enfoques y abordajes de la CAH.
El desarrollo del arsenal terapéutico a nuestro alcance ha sido el “continuum” en el abordaje de las heridas de difícil cicatrización.
Existen en nuestros almacenes multitud de apósitos disponibles en el mercado:
- Hidrocoloides
- Hidrogeles
- Poliuretanos
- Espumas de poliuretano
- Alginatos
- Apósitos de Carbón
- Apósitos de Plata
- Apósitos de Silicona
Esta disponibilidad, diversidad en tamaños y formas, cambios constantes de los apositos referenciales o conocidos crea, a veces en el profesional, apatía en el conocimiento, desidia en la elección o en el peor de los casos una incomprensible gestión de los recursos a nuestra disposición. Debemos continuar en el aprendizaje que iniciaron las culturas milenarias. Seguimos en el empeño profesional de enfermería como “adalid” en el cuidado de heridas.
El conocimiento, la capacitación e independencia profesional en pleno Siglo XXI aboca a la necesidad de compartir la transversalidad y multidisciplinariedad.
Sin duda el mejor planteamiento de abordaje con éxito de una herida de difícil cicatrización.
Queda Historia por descubrir.
3. PRODUCTOS USADOS EN LA HISTORIA DE LAS HERIDAS
3.1. Miel
Egipcios, asirios, chinos, griegos y romanos la empleaban para tratar heridas definiéndola como “elemento que muestra una actividad bactericida contra diferentes organismos".
En la Antigua Grecia, la miel se empleaba para tratar el dolor y la fiebre. Hipócrates la utilizaba para la calvicie, la anticoncepción, la cicatrización de heridas, como acción laxante, y para tratar la tos y el dolor de garganta.
3.2. Aloe vera
Hace 6.000 años en el Antiguo Egipto se utilizaba para curar heridas, tratar enfermedades de la piel, así como laxante.
Hoy en día se emplea por vía tópica para la osteoartritis, las quemaduras (químicas y solares) y la psoriasis.
3.3. Corteza de sauce
En China y Europa se masticaba la corteza para combatir la fiebre, el dolor y la inflamación.
El efecto de esta corteza proviene de la salicina que al masticarse el puente éter acetálico se descompone en dos partes, glucosa y el alcohol salicílico, metabolizándose a continuación por separado metabolizándose la parte aromática a ácido salicílico por oxidación de la función alcohol.
Tiene un sabor amargo cuando se consume similar a la quinina.
3.4. Acetum
Compuesto de vinagre de fuerte olor para limpiar heridas.
3.5. Mandrágora
Perteneciente a la subfamilia Solanoideae, incluida en la familia de las solanáceas (Solanaceae). Comprende 18 especies nativas de Eurasia.
Mandragora autumnalis, es una especie de fanerógama que fue usada extensamente en Europa medicinalmente. Sus raíces han sido usadas durante la historia en rituales mágicos, ya que sus bifurcaciones tienen cierto parecido a una figura humana
La mandrágora es una planta altamente tóxica, pudiendo provocar la muerte de aquel que la ingiriese. Como su pariente, la Mandragora officinarum, tiene actividad a través de la piel, por lo que es poco prudente manipular las hojas, frutos y sobre todo raíces. Puede provocar mareos, dificultad para respirar y bradicardia simplemente al manejarla.
Hoy en día sirve como especia de cocina (si está curada) o como estupefaciente (si no está curada).
3.6. Extracto de Hulla
Líquido marrón o negro de elevada viscosidad que huele a naftalina. Tiene diferentes aplicaciones ya que se utiliza en jabón y el alquitrán de hulla como champú medicinal para matar y eliminar los piojos y tratamiento para la caspa y la psoriasis.
3.7. Beleño
Las especies del Beleño, del género Hyoscyamus, son plantas venenosas que, a pesar de sus usos farmacéutico/medicinales benéficos, según dosis bien definidas y diversas dolencias, debe manejarse con suma precaución debido a sus principios activos peligrosos.
Planta de hojas anchas, largas, hendidas y vellosas, flores campaniformes, situadas a lo largo de los tallos, amarillas por encima y rojas por debajo, y fruto en forma de cápsula con muchas semillas pequeñas, redondas y amarillentas.
Las hojas y las semillas del beleño son tóxicas; sirvió de narcótico en la Edad Media.
El nombre de beleño deriva del latín Belenus, dios galo al que se le consagró esta planta, con la que los galos envenenaban sus flechas.
El nombre de esta planta originó el verbo embeleñar (adormecer con beleño).
El cuadro clínico producido por estas especies se caracteriza por los siguientes síntomas:
- Sequedad de boca
- Visión borrosa
- Midriasis (dilatación de las pupilas)
- Rubicundez (rubefacción)
- Palpitaciones
- Taquipnea
- Agitación psicomotriz
- Alucinaciones a dosis elevadas
- Coma
- Paro respiratorio.
La patata y el tomate son plantas de esta familia en su espectro inofensivo.
Otras más tóxicas merecen ser destacadas:
- Belladona (Atropa belladonna)
- Eatramonio (Datura stramonium)
- Beleño negro (Hyosciamus niger).
Estas últimas pueden originar trastornos del Sistema Nervioso Central.
Por último, y para que no todo lo relacionado con esta planta sea negativo, se sabe que antaño, antes del descubrimiento del cloroformo, se usó esta planta para adormecer a los pacientes que fuesen a ser intervenidos quirúrgicamente.
3.8. Jugo de mora verde
La mora es el nombre común para cualquiera de las diversas plantas perennes del género Rubus y subgénero Rubus (o Eubatus) con hojas compuestas y frutos agregados de numerosas drupas que maduran a una fruta negra u oscura.
El nombre científico de la mora es Rubus ulmifolius y también se utiliza para el fruto de estas plantas, aunque técnicamente implica numerosos drupelets alrededor de un núcleo central. Las plantas de mora, cuyos tallos pueden estar cubiertos de espinas, también se llaman zarzas.
Las culturas antiguas perciben la planta de mora como una hierba o una planta silvestre, sin embargo, su historia medicinal se remonta a más de 2000 años.
La historia revela que los usos de la mora tradicional de la fruta, la hoja, la corteza y las raíces de zarzamora por los romanos y griegos para curar numerosas afecciones que van desde infecciones leves a mordeduras venenosas problemas digestivos y enfermedades renales.
Los árabes utilizaron hojas de zarzamora como afrodisíaco. Las raíces de la mora se usan también en la medicina herbal.
La infusión de raíz de mora se utiliza para tratar la gastritis y los problemas menstruales. Debido a su gran contenido de vitamina C, las frutas son muy efectivas en el tratamiento y la prevención de la gripe y los resfriados.
En el siglo XVIII, se usaba la mora para tratar la gota continuando la cultura medicinal griega, tan influyente en Europa, que se la conocía como la «gota de baya».
3.9. Ácido carbólico (fenol)
El fenol fue descubierto en 1834 por Friedrich Ferdinand Runge, que lo extrajo (en forma impura) a partir del alquitrán de hulla.
Utilizado como antiséptico en el siglo XIX, esta sustancia irritaba la piel del enfermo y del cirujano. Fue sustituido posteriormente por aceite fénico. Actualmente está en desuso. El uso del fenol se limita como cauterizador en ciertos procedimientos como la matricectomía por onicocriptosis.
3.10. Gasa
Una gasa es una malla con un número variable de hilos (determina su calidad). La gasa de algodón ha sido tradicionalmente usada en compresas y vendajes para cubrir y proteger las heridas. La gasa fue y sigue siendo uno de los elementos básicos en la cura tradicional seca.
3.11. Parafina
La parafina líquida utilizada en el mundo de la cosmética es una especie de aceite mineral procedente tanto del petróleo como del carbón.
Esta sustancia es cubrir nuestra piel con una película plástica. Una que, finalmente, tapona nuestros poros, impidiendo parcial o totalmente la respiración natural de los mismos. Este mismo taponamiento impide la eliminación orgánica de toxinas. Y la transpiración elementos exteriores. Este escudo que es natural por nuestras ceramidas corporales (colesterol y ácidos grasos) se ve alterada por diferentes procesos cutáneos.
La aplicación como” hidratante” en última instancia, deshidrata la piel. Es como cubrir con un finísimo plástico la piel.
3.12.Yodoformo
Compuesto orgánico (CHI3). Sustancia volátil de olor penetrante (olor referido como el olor de los hospitales) de sabor dulce.
El compuesto tiene un uso a pequeña escala como antiséptico.En los inicios del siglo XX fue utilizado en medicina como antiséptico para heridas y llagas, aunque ahora este uso es sustituido por antisépticos superiores.
3.13.Ácido bórico
Compuesto químico ligeramente ácido usado como antiséptico para quemaduras leves o cortes, usado también como agente tampón para regulación del pH usado desde la época de los griegos para la limpieza. Como compuesto antibacteriano se utilizó como tratamiento para el acné y como antifúngico para prevenir el pie de atleta mediante polvo en los calcetines o medias.
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