Las lesiones por fricción a menudo se diagnostican erróneamente como úlceras por presión.
En 1996 Maklebust J. y Sieggreen M. publicaron “Pressure Ulcers: Guidelinesfor Prevention and Nursing Management” donde sugerían que las categorías I y II de UPP eran lesiones superficiales, producto de la fricción y la cizalla.
En la Conferencia de consenso National Pressure Ulcer Advisory Panel (NPUAP) del año 2005, se acordó que la definición de UPP en categoría II debía cambiarse para evitar incluir lesiones no producidas por presión como las causadas por fricción o humedad.
En noviembre -diciembre de2006 Paul R. Quintavalle. et al. abordan un estudio con ecografía de alta resolución (Use of High-Resolution, High-Frequency Diagnostic Ultrasound to Investigate the Pathogenesis of Pressure Ulcer Development) para la diferenciación y definición en la patogénesis de las UPP.
Los resultados demostraban la edematización en áreas más profundas y signos que indicaban la diferenciación de fuerzas y etiopatogenia lesiva de factores concomitantes que se aglutinaban en la categorización de lesiones denominada UPP.
A su vez, otras imágenes ecográficas mostraban un edema superficial.
En los edemas profundos, el eritema estaba presente en un 11,7% de los casos, frente al segundo grupo donde el eritema, como signo, se presentaba en el 60%.
Las lesiones superficiales que afectan a epidermis y/o dermis superficial son más probables que presenten signos clínicos visibles en etapas lesivas más tempranas.
En 2009 Kottner et al. afirmaron que las lesiones superficiales son aquellas causadas por la fricción y/o humedad y no debían clasificarse como UPP ya que la presión no desempeñaba ningún papel.
Propusieron excluir las UPP de estadio II de las clasificaciones actuales para poder superar los problemas conceptuales relacionados con las lesiones cutáneas superficiales puesto que consideraban que las verdaderas UPP son las de estadio III y IV; lesiones de tejidos profundos.
Esta proposición suponía una solución teórica; en la práctica la fuerza de presión, de cizalla y fricción seguían coexistiendo y registrándose en todos los evolutivos de enfermería como UPP.
El NPUAP y la EPUAP publican en 2009 una guía conjunta, en la que eliminan la fricción como factor relacionado con las úlceras por presión y la isquemia tisular.
El motivo del diagnóstico erróneo puede ser una mala interpretación de la literatura clásica sobre úlceras por presión que informaba que la fricción aumentaba la susceptibilidad de la piel al daño por presión incluyendo a la fricción como factor causal en el desarrollo de úlceras por presión.
Las lesiones de las capas superficiales de la piel causadas por la fricción no son úlceras por presión y no deben clasificarse ni tratarse como tales siendo su abordaje en su presentación individual, sin combinación con otros mecanismos lesivos cutáneos (presión y humedad) un espacio preciso al que nos referimos en este curso.
1. DIFERENCIAS ENTRE FRICCIÓN Y CIZALLA
La fricción y el cizallamiento son fuerzas mecánicas que contribuyen, colaboran en la afectación cutánea favoreciendo el riesgo y la complejidad de abordaje de las úlceras por presión.
El cizallamiento y la fricción son dos fenómenos separados, sin embargo, a menudo trabajan juntos para crear isquemia tisular y desarrollo de lesiones.
La lesión tisular resultante de estas fuerzas puede provocar una lesión cutánea superficial en el caso de la fricción y lesión profunda en el caso de la cizalla que junto a la presión ejercida por el puente contra el plano que lo soporta dará como consecuencia una lesión combinada (presión/cizalla- fricción).
El cizallamiento y la fricción suelen ir irremediablemente juntos y nuestra obligación en la promoción de seguridad del paciente es evitar dichas sinergias.
1.1. Lesiones por Cizalla
El cizallamiento es una “fuerza mecánica que actúa sobre un área de la piel en una dirección paralela a la superficie del cuerpo” viéndose afectada por:
- la cantidad de presión ejercida
- el coeficiente de fricción entre los materiales que entran en contacto entre sí
- el área en que el cuerpo hace contacto con la superficie de apoyo.
La fascia más profunda se desliza hacia abajo con el hueso; la fascia superficial permanece adherida a la dermis.
El cizallamiento provoca la elongación y desgarro de los vasos sanguíneos reduciendo el flujo sanguíneo y aumentando la acumulación sanguínea.
Esta agresión y el compromiso del aporte sanguíneo crea isquemia y conduce a la muerte celular y como efecto final, la necrosis tisular.
La elevación de la cabecera de la cama aumenta la lesión por cizallamiento en el tejido profundo y favorece el número de lesiones sacras que se observan desgraciadamente en la práctica clínica.
La lesión por cizallamiento no se aprecia a nivel superficial de la piel porque ocurre en planos profundos.
1.2. Lesiones por fricción
La fricción es una fuerza mecánica que se ejerce cuando la piel se arrastra sobre una superficie áspera (ej. ropa de cama) produciéndose un roce entre las dos superficies en sentido paralelo.
El daño tisular causado por la fricción se asemeja a una abrasión o una laceración superficial.
Las lesiones por fricción son visibles.
La alteración del coeficiente de fricción aumenta la adherencia de la piel desnuda a la superficie en contacto.
Los tejidos sometidos a fricción son más susceptibles, en combinación con otros (humedad y presión) al daño tisular denominado en el nuevo marco teórico de lesiones relacionadas con la dependencia como: lesiones combinadas o multifactoriales (presión/cizalla + humedad + fricción).
Antokal et al (2012) describen dos tipos diferentes de fricción: estática y dinámica.
La fricción estática es importante en la relación con las lesiones por presión, ya que provoca una resistencia de la piel al movimiento y por tanto aumenta las fuerzas de cizallamiento en planos profundos.
Se define la fricción estática: fuerza de resistencia al movimiento entre dos superficies cuando no hay deslizamiento.
Figura 1. Fricción y Cizalla estáticas: a=superficie de apoyo; b= alta fricción estática c= Cizallamiento alto; d= piel

La cantidad de fricción estática se ve afectada por varios factores:
- la presión (distribución de peso y ángulo inclinación superior a 30º)
- la humedad de la piel (microclima local: temperatura y humedad)
- la rugosidad de la superficie de apoyo.
La fricción dinámica es el efecto que ocurre entre dos superficies cuando el cuerpo supera la fuerza de fricción estática.
Fricción dinámica (o cinética): fuerza de resistencia entre dos superficies cuando están moviéndose entre sí de forma paralela, es decir, deslizándose.
Se produce la fricción dinámica en el movimiento del cuerpo por la superficie de apoyo (la cama, la silla o la propia ropa cuando el cuerpo está en movimiento) que daña la superficie de la epidermis.
Lo que diferencia a una fricción de otra, es que la fricción estática actúa cuando los cuerpos están en reposo relativo en tanto que la fricción dinámica o cinética, lo hace cuando ya está en movimiento.
La fuerza de fricción estática depende de la magnitud de las fuerzas tangenciales que se apliquen; es siempre menor o igual al coeficiente de fricción entre los dos objetos multiplicado por la fuerza normal.
La fuerza cinética, en cambio, es igual al coeficiente de rozamiento dinámico.
2. COEFICIENTE DE FRICCIÓN DINÁMICO O CINÉTICO
La fuerza de fricción es la fuerza ejercida por una superficie cuando un objeto se mueve a través de ella, o hace un esfuerzo para moverse a través de ella.
Los coeficientes de fricción para la fricción estática y cinética son diferentes.
La ley de Coulomb del rozamiento, establecida experimentalmente en 1781, establece que la fuerza de rozamiento máxima (FRmax) que puede existir entre dos cuerpos en contacto es directamente proporcional al valor de la fuerza normal (N) de contacto entre ellos.
La constante de proporcionalidad es el coeficiente de rozamiento o de fricción al deslizamiento (µ) o, dicho de otra manera, el coeficiente de fricción es una medida de la cantidad de fricción existente entre dos superficies.
El coeficiente de rozamiento o coeficiente de fricción (μ) relaciona la oposición al deslizamiento que ofrecen dos superficies en contacto según la fuerza que experimentan entre sí.
El valor del coeficiente de rozamiento o fricción es propio de cada par de materiales que se relacionan en contacto estrecho.
Este coeficiente no es una propiedad intrínseca de un material y depende de las características propias de cada elemento.
En el caso de las personas, no todos tenemos el mismo coeficiente de rozamiento o fricción dependiendo de factores como la temperatura, el tipo de piel, y la velocidad relativa de desplazamiento entre las superficies, etc.
La eliminación de rozamiento en el desplazamiento del paciente (superficies deslizables) disminuirá el coeficiente de fricción y la lesión cutánea superficial.
El valor del coeficiente de fricción viene dado por:

La fuerza de Fricción al despejar la formula será:
Fuerza de Fricción= µ x fuerza Normal o simplificado en sus siglas F= µN.
El coeficiente de fricción es la relación entre una fuerza y otra.
La naturaleza de este tipo de fuerza de fricción dinámica está ligada a las interacciones de las partículas microscópicas de las dos superficies implicadas y la energía aplicada de rozamiento que se produce al “desplazar” sobre una superficie un cuerpo en el que la piel se encuentra en contacto directo con otra superficie de mayor fricción: la superficie en la que se apoya.
Un valor bajo de coeficiente de fricción indica que la fuerza requerida para que ocurra el deslizamiento es menor que la fuerza requerida cuando el coeficiente de fricción es alto.

Tabla 1. Comparativa rozamiento entre materiales. µe= coeficiente de rozamiento estático/ µd =coeficiente rozamiento dinámico.
3. CLASIFICACIÓN DE LAS LESIONES POR FRICCIÓN
La categorización de lesiones de fricción es uno de los conflictos habituales que se presentan en el registro de las lesiones cutáneas.
La diferenciación surgida del marco teórico publicado por García et al. en 2014 entre lesiones superficiales y lesiones profundas nos aporta ya varias peculiaridades.
En las lesiones superficiales, la diferenciación entre humedad y fricción es evidente y necesariamente precisan de una especificación en sus registros de manera independiente o como mínimo diferenciada.
Es interesante aportar una nueva visión que muchos de nosotras, enfermeras, “hemos apreciado” en nuestras valoraciones.
La escala de Braden puntúa sobre 23 puntos máximos, en el mejor y óptimo de las valoraciones.
Recordando la definición del ítem fricción (roce y peligro de lesiones) en la escala de riesgo de Braden define lo siguiente en cada uno de sus tres apartados:
- Problema (1 punto): “Requiere de moderada y máxima asistencia para ser movido. Es imposible levantarlo/a completamente sin que se produzca un deslizamiento entre las sábanas. Frecuentemente se desliza hacia abajo en la cama o en la silla, requiriendo de frecuentes reposicionamientos con máxima ayuda. La existencia de espasticidad, contracturas o agitación producen un roce casi constante”.
- Problema potencial (2 puntos): “Se mueve muy débilmente o requiere de mínima asistencia. Durante los movimientos, la piel probablemente roza contra parte de las sábanas, silla, sistemas de sujeción u otros objetos. La mayor parte del tiempo mantiene relativamente una buena posición en la silla o en la cama, aunque en ocasiones puede resbalar hacia abajo”.
- No existe problema aparente (3 puntos): “Se mueve en la cama y en la silla con independencia y tiene suficiente fuerza muscular para levantarse completamente cuando se mueve. En todo momento mantiene una buena posición en la cama o en la silla”.
Las definiciones aproximativas en la puntuación que nos aporta la escala de Braden para prevenir el riesgo de UPP, ya nos anticipa el problema potencial que debemos tener en cuenta en la planificación preventiva de las lesiones por fricción.
Es por ello por lo que la categorización, como lesión cutánea superficial va a definir una profundidad relativa afectando a planos externos cutáneos y agrupados en tres categorías:
- Categoría I: Eritema sin flictena: la piel está intacta con eritema no blanqueable (similar a una quemadura) bien localizada.
El área sometida a las fuerzas de fricción presenta un eritema con formas lineales, que nos avocan a pensar en las formas y planos de deslizamiento.
El área cutánea dañada en esta primera categoría puede doler, estar más caliente al compararla con los tejidos próximos y presentar un ligero edema que ya lo definió Paul R. Quintavalle. et al. En su estudio con ecografía de alta resolución titulado Use of High-Resolution, High-Frequency Diagnostic Ultrasound to Investigate the Pathogenesis of Pressure Ulcer Development.
- Categoría II: Presencia de flictena: la flictena (vesícula: diminuta como la punta de un alfiler o hasta de 5 milímetros de ancho o ampolla si supera los 5 mm) se mantiene intacta, y está rellena de suero o líquido claro.
Estas lesiones elevadas son palpables y están bien circunscritas el líquido que contienen es líquido linfático y otros fluidos corporales que se forma en la epidermis para proteger el tejido tegumentario interior.
La cúpula cutánea que forma la flictena es fina, fácil de retirar o romperse.
En ocasiones puede presentar contenido hemático por lesión de la dermis profunda, aunque no se vean afectados los tejidos subyacentes.
En el caso de que el contenido sea hemático se pueden confundir con lesiones combinadas (presión/cizalla-fricción).
En estos casos la lesión afecta a tejidos profundos y la piel que recubre la misma suele ser mucho más dura y resistente.
- Categoría III: Lesión con pérdida de la integridad cutánea: la pérdida parcial del espesor de la dermis se presenta como una lesión abierta.
EL lecho de la herida puede variar de un rojo intenso a rosado (también pueden existir restos de hematoma o pequeños restos sangre coagulada).
En la zona perilesional pueden mantenerse restos de piel de la ampolla originaria y los bordes de la piel lesional estar levantados y/o mellados.
4. PREVENCIÓN DE LAS LESIONES POR FRICCIÓN
El mejor tratamiento de las lesiones cutáneas es la prevención.
Cualquier estrategia orientada a intentar controlar cualquier lesión previsible exige medidas enérgicas y decididas hacia su prevención.
Las lesiones cutáneas siguen constituyendo hoy en día un importante problema por sus repercusiones en diferentes ámbitos:
- Afecta al paciente: disminuyendo su calidad de vida en todos los niveles (físico, psicológico y social) y aumenta la morbimortalidad de manera importante.
- Afecta a su entorno: ya que provoca un cansancio en el desempeño del rol de cuidador.
- Afecta al sistema sanitario: ya que su existencia produce un aumento notable en el coste sanitario ya que provocan una prolongación de las estancias hospitalarias y un aumento en el uso de recurso sanitarios, tanto materiales como personales.
La exigencia de responsabilidades tanto a profesionales como a instituciones hace necesario disponer de estrategias de prevención integradas dentro de guías de práctica clínica que contemplen los distintos niveles asistenciales.
Las medidas de prevención se pueden agrupar en 4 grandes bloques:
- Valoración del riesgo.
- Evitar el riesgo provocado por los factores extrínsecos.
- Evitar el riesgo provocado por los factores intrínsecos.
- Profesional sanitario como educador.
4.1. Valoración del riesgo
En el manejo de las lesiones cutáneas, la prevención es el mejor tratamiento.
El mayor esfuerzo debe ir encaminado a la detección precoz de pacientes de riesgo, así como a la aplicación de medidas preventivas adecuadas.
La valoración del riesgo se debe realizar al ingreso del paciente, durante su estancia y continuar hasta el alta del paciente.
Si se producen cambios en el estado general del paciente, de su entorno o del tratamiento recibido será necesaria una nueva valoración:
- Isquemia de cualquier origen.
- Intervención quirúrgica prolongada (> 10 horas).
- Pérdida de sensibilidad o movilidad de cualquier origen.
- Hipotensión prolongada.
- Pruebas que supongan reposo en cama de más de 24 horas.
- Cambio de cuidador habitual.
- Cambio de nivel asistencial.
La valoración del riesgo se realiza mediante el uso de escalas que nos permiten determinar el riesgo que presenta el paciente.
Son herramientas de trabajo muy eficaces empleando un tiempo mínimo y permiten establecer una puntuación en función de una serie de parámetros, considerados como factores de riesgo.
Existen varias escalas que de una forma eficaz y empleando un tiempo mínimo nos permiten establecer una puntuación en función de una serie de factores de riesgo.
Nos centraremos para las lesiones por fricción en la escala de Braden.
Escala de Braden. Infografía de Creative Nurse (Anexo 1).
4.2. Factores externos
Para evitar o minimizar el efecto de la fricción como causa de lesión, considerar estos elementos fundamentales:
- Movimientos desplazantes.
- Superficies especiales de la presión (SEMP).
- Protección local ante la fricción.
4.2.1. Movimientos desplazantes
Son las múltiples actividades que se realizan para movilizar al paciente encamado, que no se puede mover por sí mismo o tiene una movilidad reducida.
La localización del riesgo de las lesiones por fricción variará según la posición en la que movilicemos al paciente, de esta forma podemos decir que las zonas más susceptibles de desarrollar lesiones por fricción son las siguientes:
- Decúbito supino: occipital, escápulas, codos, sacro, coxis, talones.
- Decúbito lateral: pabellón auricular, acromion, costillas, trocánter, crestas ilíacas, cóndilos (rodilla), maléolos tibiales, dedos/lateral del pie.
- Sedestación: codos, sacro y tuberosidades isquiáticas, subglúteos.
Es muy importante al movilizar a la persona:
- Utilizar una entremetida o sábana travesera de algodón suave, perfectamente estirada, sin arrugas al movilizar al paciente en la cama. Evitar el uso de sábanas muy gruesas que favorezcan la fricción.
- Elevar la cabecera de la cama lo mínimo posible (máximo 30º) y durante el menor tiempo posible.
- Utilizar grúas para desplazar a los pacientes y reducir así la fricción.
- Elevar, no arrastrar, al individuo cuando se le esté movilizando.
- En posición de sedestación: apoyar los pies sobre un banquito cuando estos no alcancen el suelo para evitar que el cuerpo se deslice hacia afuera de la silla o sillón y ajustar el ancho de la silla o colocar cojines a ambos lados del tronco para conseguir una posición recta y evitar el deslizamiento.
- Ser especialmente cuidadosos al reposicionarlo, ya que es el momento en el que actúan principalmente las fuerzas de cizalla. Para ello, deberían utilizarse sábanas adecuadas que disminuyan el rozamiento y levantar adecuadamente al paciente al cambiarlo de postura en vez de arrastrarlo.
4.2.2. Superficies especiales de manejo de presión (SEMP)
Se considera como SEMP a cualquier superficie o dispositivo sobre la que puede apoyarse un individuo, que abarque todo el cuerpo o una parte de este, ya sea en decúbito supino, prono o sedestación y cuya configuración física y/o estructural presente propiedades de reducción o alivio de la presión.
Además del concepto principal de distribución y alivio presión otros requisitos que deben poseer los SEMP son:
- Provocar escaso calor al paciente.
- Facilitar la evaporación de la humedad.
- Disminuir las fuerzas de fricción y cizalla.
- Mantenimiento y manejo sencillo.
- Compatible con el protocolo de control de infecciones.
- Compatible con las necesidades de reanimación cardiopulmonar.
Los SEMP se pueden clasificar de diferentes maneras atendiendo a sus componentes y/o sus mecanismos de acción:
- Según el dispositivo:
o Sobre colchón: se coloca encima del colchón y puede ser de aire, agua, silicona, …
o Colchón de reemplazo: el colchón integra el dispositivo de redistribución de la presión.
o Cojín: dispositivos para el paciente en posición en sedestación compuestos por diferentes materiales y que redistribuyen la presión de una manera activa (movimientos del paciente) o pasiva (por medio de motores).
o Camas espaciales: colchón y cama forman una única estructura (ejemplo, camas fluidificadas).
- Según el modo de actuación:
o SEMP estáticas: actúan aumentando el área de contacto con la persona. Entre los materiales más utilizados en su fabricación se encuentran las espumas de poliuretano especiales, fibras siliconadas, silicona en gel, viscoelásticas, …
o SEMP dinámicas: varían de manera alternante los puntos de contacto, dependiendo de los ciclos de presión pueden ser de presión alternante o presión baja constante.
Debemos conocer los mecanismos de acción de los dispositivos a nuestro alcance puesto que los factores son múltiples y no existe un SEMP único y más adecuado para la prevención de lesiones.
La elección deberá realizarse en base a criterios como son: disponibilidad de los profesionales en conocimiento y manejo, confort de los pacientes y/o criterios socioeconómicos en la adquisición de estos.
Una vez colocada la SEMP, se debe examinar periódicamente la adecuación y funcionamiento de esta, verificando que la superficie de apoyo esté dentro del periodo de vida útil y sea la superficie adecuada a las características del paciente.
Considerar siempre a las SEMP como un material complementario que no sustituyen al resto de cuidados.
4.2.3. Protección local ante la fricción
En zonas de especial riesgo para el desarrollo de LPF como son talones, sacro, codos etc., deben utilizar sistemas de protección local ante la fricción que cumplan las siguientes características: faciliten la inspección de la piel al menos una vez al día, ser compatibles con otras medidas del cuidado local y no lesionar la piel de esa zona con su retirada.
Se pueden utilizar apósitos con capacidad para la reducción de la fricción en prominencias óseas para prevenir la aparición de LPF (hidrocoloides). También los ácidos grasos hiperoxigenados junto con los apósitos con capacidad de manejo de la presión (espumas de poliuretano) pueden ser de gran utilidad.
Los factores intrínsecos son factores de riesgo en la aparición de LPF.
Un análisis exhaustivo ayuda en la toma de decisión, medidas oportunas y planificación de la prevención de estas situaciones predisponentes.
4.3.1. Inmovilidad
- Fomentar y mejorar la movilidad y actividad del paciente proporcionándole los dispositivos de ayuda necesarios (andadores, bastones, trapecios, barandillas).
- Si existe posibilidad iniciar gimnasia activa y pasiva o considerar derivar al fisioterapeuta.
4.3.2. Alteraciones respiratorias y circulatorias
- Abordar de manera global trabajando a nivel sistémico (corrigiendo su mecanismo productor cuando sea posible) cualquier situación que altere la oxigenación y circulación de los tejidos.
- Asegurar los aportes de oxígeno mediante los diferentes dispositivos siempre y cuando sea necesario y este indicado por su patología de base.
- A nivel local y para mejorar la oxigenación tisular disminuyendo los radicales libres cutáneos, disponemos de evidencia sobre la efectividad en la aplicación de Ácidos Grasos Hiperoxigenados (AGHO). Los AGHO posibilitan una óptima hidratación de la piel y favorecen el aumento de la circulación capilar, lo cual mejora las condiciones locales de la piel, siendo de gran utilidad en la prevención de las lesiones cutáneas. Los AGHO deben aplicarse sobre la piel de riesgo, extendiéndolo con suavidad sin dar masaje.
4.3.3. Medicación
- Los pacientes de riesgo alto normalmente están polimedicados (ancianos, pacientes en unidades de cuidados intensivos, pacientes de alta dependencia e incapacidad…) debido a su situación de pluripatología, debemos estar alerta ya que varios fármacos pueden ocasionar la aparición de factores de riesgo.
- Evitar el uso de medicación que favorezca la inmovilidad tales como sedantes.
- Vigilar el uso de medicaciones vasoconstrictoras y antihipertensivos ya que nos van a provocar una hipoperfusión tisular.
- Revisar la pauta de medicación habitual de estos pacientes.
4.3.4. Nutrición
- Mantener una dieta sana, equilibrada e individualizada a las características de cada paciente, identificando posibles déficits nutricionales y corrigiéndolos al igual que evitando los excesos.
- La vía oral debe considerarse la primera opción, pero cuando no es posible a través de la dieta cubrir estos requerimientos, disponemos de una amplia variedad de productos con tal fin (suplementos nutricionales orales, nutrición enteral o nutrición parenteral).
4.3.5. Aporte hídrico
- Debe asegurarse la adecuada ingesta de líquidos en el paciente en función de su edad, condición de salud y factores que puedan contribuir a una pérdida excesiva de los mismos (fiebre, aumento de la temperatura en climas cálidos, etc.).
- la vía oral (en forma líquida o con el uso de espesantes que favorezcan su deglución) debe ser la vía de elección y en el caso necesario, se puede valorar la vía parenteral para la adecuada reposición de líquidos.
- Además de la hidratación vía oral no debemos olvidar aplicar cremas hidratantes o emolientes procurando su completa absorción y sin realizar fricción sobre prominencias óseas para mantener la piel hidratada evitando utilizar ningún tipo de alcoholes (de romero, tanino, colonias, etc.) que puedan resecar la piel.
4.3.6. Edad
- El envejecimiento engloba un conjunto de cambios morfológicos, funcionales y psicológicos que desencadenan una pérdida progresiva de las capacidades funcionales y cognitivas.
- Como resultado de este envejecimiento nos encontramos pacientes con una movilidad reducida o nula, pluripatológicos y polimedicados, malnutridos, deshidratados y con una piel más frágil áspera y debilitada. Por todo esto los ancianos son más susceptibles de sufrir lesiones por fricción y son uno de los principales grupos de riesgo.
5. EDUCACIÓN SANITARIA
La educación sanitaria se define como un instrumento que intenta mantener y mejorar el nivel de salud de la población.
Su objetivo fundamental consiste en modificar los conocimientos, actitudes, aptitudes, hábitos y comportamientos de los individuos respecto a la salud de forma positiva. Es decir, pretende informar, motivar y ayudar a prevenir a la población a la par que adoptar y mantener prácticas y estilos de vida saludables.
Introduce cambios ambientales y dirige la formación e investigación necesaria en los profesionales, con el fin de que estos puedan conseguir los objetivos marcados.
Los cuidadores del paciente cuando sea posible deben formar parte del equipo que participa en la prevención de estas lesiones. Por ello, debe ofrecérseles formación sobre el papel de los cambios posturales y la movilización en la prevención de las lesiones cutáneas y del uso adecuado del equipamiento disponible.
El abordaje de la educación sanitaria se desarrolla a partir de actividades que incentivan la salud en el enfermo:
- Estimular comportamientos saludables, como la actividad física regular, una alimentación adecuada, favorecer las relaciones sociales, ...
- Erradicar los hábitos y costumbres nocivas, como el sedentarismo, el consumo de tabaco y de alcohol, la automedicación, …
- Disminuir los factores de riesgo presentes tanto en los estilos de vida como en el medio ambiente, la vivienda y el entorno social.
- Mejorar el diagnóstico y el tratamiento precoz de diversos procesos patológicos frecuentes, que a menudo están infra diagnosticados y mal tratados.
- Reducir el grado de invalidez y dependencia, evitando todos aquellos factores que las favorezcan.
- Implicar lo máximo posible al anciano dentro del núcleo familiar. Fomentar la independencia y el autocuidado, y evitar situaciones de sobreprotección.
- Valorar la capacidad del paciente y de su entorno familiar para participar en el programa de prevención.
Desarrollar un programa de educación para prevenir lesiones por fricción organizado, estructurado, comprensible y realista, dirigido a todos los implicados en el cuidado, (pacientes, familiares, cuidadores, gestores) que incluya mecanismos de evaluación de la eficacia.
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