Las heridas crónicas o de difícil cicatrización independientemente de su etiología, se prolongan en el tratamiento y proceso cicatricial alargando los plazos previstos de evolución.
Estos plazos temporales de por si prolongados en tratamiento producen, en la dupla sanitario/paciente, la idea de incapacidad, desconfianza y desanimo en muchas de estas lesiones.
Esta concatenación de situaciones y emociones desvirtúa la cantidad y calidad de las intervenciones sanitarias orientadas a su curación.
Los pacientes con una herida crónica que no cicatriza presentan una serie de factores que, a través de una compleja interacción, influyen en la respuesta psicológica y en la capacidad para afrontar la situación.
Estos factores abarcan las experiencias previas, las circunstancias personales, las creencias y los valores del paciente.
Las consecuencias de las úlceras venosas en la calidad de vida de la persona tienen una gran repercusión y a menudo van más allá del tratamiento local de una herida abierta.
Los pacientes pueden verse obligados a modificar sensiblemente sus hábitos de vida, algunos incluso hasta aparcar o abandonar la vida laboral porque esa situación impide o retrasa la cicatrización de la lesión.
Varios estudios han analizado las consecuencias de las UV en la vida cotidiana.
Los pacientes aceptaban las úlceras de miembro inferior como inherentes a su vida y la exclusión social que conllevan estas lesiones.
Franks y Moffatt demostraron mediante una escala de valoración general que las úlceras venosas de gran superficie se acompañan de dolor, problemas emocionales y aislamiento social.
El dolor y el aislamiento prolongaban significativamente la duración en la cicatrización de la lesión.
El dolor es el principal factor predictivo de la depresión en los pacientes con úlceras de la pierna e interfiere en la capacidad personal de afrontar la situación.
Las úlceras venosas (UV) en miembros inferiores son las lesiones más comunes de las extremidades inferiores y son responsables del 80% de todas las úlceras en las piernasque causan una morbilidad significativa.
Las UV son resultado en gran medida de los modelos preventivos de la enfermedad/insuficiencia venosa crónica (EVC).
La enfermedad venosa crónica (EVC) es una de las patologías más frecuentes en las consultas de los servicios sanitarios.
En España la EVC representa una prevalencia elevada, en torno al 68 % de las pacientes que acude a la consulta de atención primaria por problemas relacionados con la extremidad inferior.
LA EVC afecta a la calidad de vida de los afectados, además de suponer un problema de salud pública por las consecuencias sociosanitarias que produce.
Los hallazgos clínicos y la historia completa son útiles para realizar el diagnóstico de EVC y por tanto prevenir o mitigar las ulceras venosas.
La EVC es una enfermedad infradiagnosticada e infra tratada desde atención primaria hasta atención especializada.
La prevención y la detección precoz son claves para evitar la evolución de la enfermedad y sus complicaciones (celulitis, dermatitis, ulceraciones, lipodermatoesclerosis, varicoflebitis, varicorragias, etc.).
Las pruebas diagnósticas adicionales son útiles para excluir otras causas de ulceraciones en miembros inferiores.
La prevalencia general de este tipo de heridas varía entre el 0,06 y el 2%.
Ocurre con frecuencia entre las edades de 60 y 80 años y en la mayoría de las personas su primera lesión aparece antes de los 60 años.
La edad avanzada, el sexo, la raza, la flebitis, los antecedentes familiares, la obesidad, la ocupación que implica la bipedestación prolongada y el número de embarazos son factores de riesgo que se han descrito en la insuficiencia venosa crónica y, posteriormente, en las úlceras venosas.
Las UV tienen un predominio en mujeres, con una proporción entre mujeres a hombres que varía de 1,5: 1 a 10: 1 relacionado con la longevidad y los factores desencadenantes.
El coste global de los tratamientos en UV fue del 1-2% de los presupuestos sanitarios de los países en Europa.
Las úlceras venosas tienen un impacto socioeconómico significativo con una reducción de la productividad laboral y la calidad de vida.
Se necesitan tratamientos a largo plazo al ser lesiones difíciles de cicatrizar y la recidiva es muy común, oscilando entre el 54% y el 78% de los sujetos tratados.
El objetivo principal del tratamiento de la úlcera venosa incluye la curación de la úlcera y la prevención de la recurrencia.
Las guías de práctica clínica, procedimientos, arsenal terapéutico y aumento de la evidencia que se ha ido desarrollando en los últimos años resulta imprescindible para llevar a cabo el diagnóstico diferencial correcto de las lesiones de extremidad inferior y su manejo correcto.
Es preciso prevenir y actuar sobre los factores de riesgo proporcionando una prevención correcta (farmacológicas o no farmacológicas) para la EVC, la mejoría de los signos y síntomas y la calidad de vida de la persona.
A menudo se considera que el coste de los productos empleados en la cura de las úlceras crónicas es sinónimo del coste del tratamiento.
Este gasto suele ser despreciable en comparación con otros factores, como el coste derivado de la frecuencia de los cambios de apósito, el tiempo dedicado por el personal de enfermería, el tiempo transcurrido hasta la cicatrización, la calidad de la cicatrización, la capacidad de reanudar un trabajo remunerado y el gasto del centro asistencial.
La eficacia/eficiencia de recursos y costes, la calidad de atención y excelencia en el cuidado minimizará la variabilidad clínica entre profesionales y servicios asistenciales.
Este curso aborda una visión desde la epidemiología, fisiopatología, presentación clínica, pruebas de diagnóstico, diagnóstico diferencial, prevención y el tratamiento de las úlceras venosas.
1. EPIDEMIOLOGÍA
Las úlceras cutáneas crónicas más prevalentes en nuestro medio son las úlceras vasculares de extremidades inferiores (úlcera venosa y úlcera arterial), junto con las úlceras de pie diabético (UPD) y las úlceras o lesiones por presión (UPP-LPP).
Las úlceras venosas son las más comunes de la extremidad inferior y representan entre el 70% -80% de todas las lesiones cutáneas en la extremidad inferior.
No es fácil conocer los datos de prevalencia e incidencia de la Insuficiencia Venosa Crónica (IVC) como determinante de las lesiones venosas de extremidad inferior.
La encuesta epidemiológica DETECT-IVC realizada en el año 2006 y referenciada en casi todos los estudios que analizan las lesiones venosas de extremidad inferior describía un 71% de pacientes con algún dato clínico de IVC, hasta un 62% algún signo de IVC, y un 2% con úlcera cutánea.
La prevalencia de la UV varía entre el 1 y 2%.
La úlcera venosa es una patología de difícil manejo donde un 40 % a un 50 % de lesiones permanecen sin cicatrizar de entre tres a seis meses.
Incluso con la mejor atención actualmente disponible, del 25-% al 50% de las úlceras de miembro inferior no están completamente curadas después de 6 meses de tratamiento.
Superan los doce meses de evolución sin cierre completo porcentajes casi similares y cercanos al 10% lesiones de cinco años desde su aparición.
Ocurre con frecuencia entre las edades de 60 y 80 años padeciendo la mayoría de las personas predispuestas, su primera úlcera antes de los 60 años.
Las úlceras venosas tienen un impacto socioeconómico significativo con una reducción de la productividad laboral y la calidad de vida.
La edad avanzada, el sexo, el color de pie, la flebitis, los antecedentes familiares, la obesidad, la ocupación que implica la bipedestación prolongada y el número de embarazos son factores de riesgo que se han descrito en la insuficiencia venosa crónica y, posteriormente, en las úlceras venosas.
Los diferentes estudios epidemiológicos presentan incidencias y prevalencias de casos que mantienen una estrecha relación con el avance de edad.
La prevalencia es muy inferior en edades de grupos jóvenes y muy alta conforme avanza la edad por la degeneración y en relación con el avance de la insuficiencia venosa crónica (IVC) siendo de entre 1,5 y 3 veces más frecuentes en las mujeres que en los hombres.
En este tipo de lesiones la cronicidad y la recidiva son los aspectos epidemiológicos más importantes.
Se estima que una tercera parte de las lesiones recidiva dentro de los doce meses posteriores a su cicatrización.
Incluso realizando una correcta actuación con los medios disponibles a nuestro alcance del 25-% al 50% de las úlceras de miembro inferior no están cicatrizadas después de 6 meses de tratamiento.
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