TEMA 3. ENFERMEDADES NO EXANTENÁTICAS


1. PATOLOGÍA RESPIRATORIA

 

Crisis de apnea neonatal

Las crisis de apnea son algo frecuente en el recién nacido, especialmente en el recién nacido prematuro.

Se considera que un recién nacido está en apnea, bien si la pausa respiratoria supera los 20 segundos sin repercusión clínica, bien si es menor de 20 segundos, pero con cianosis, desaturación o bradicardia acompañante.

Hay dos tipos de apnea:

  • Apnea primaria: es propia del paciente prematuro debido a su inmadurez. Aparece con mayor frecuencia durante el sueño.
  • Apnea secundaria: consecuencia de alguna alteración.

Los cuidados de Enfermería ante esta situación son, en primer lugar, estimular al paciente de forma suave y, si es necesario, colocarlo en posición prono para mejorar la relación ventilación-perfusión. Si no funciona, se puede aplicar ventilación con FiO2 o con aire ambiental.

El tratamiento farmacológico se basa en metilxantinas como la cafeína o la teofilina, que estimulan el centro respiratorio.

 

Enfermedad de la membrana hialina

También conocida como síndrome de dificultad respiratoria tipo I o síndrome de insuficiencia respiratoria idiopática.

Es la patología más frecuente en el recién nacido prematuro, especialmente si es menor de 35 semanas de gestación (SG).

Se debe a la falta de producción de surfactante por los neumocitos tipo II, ya que esta sustancia tensioactiva, que se empieza a producir sobre la semana 20, alcanza niveles maduros en torno a las 32-34 SG.

La falta de surfactante hace que los alveolos se colapsen y se produzca atelectasia y un aumento progresivo de la hipoxemia.

Clínicamente, se manifiesta con signos de dificultad respiratoria, que se traduce en la obtención de puntuaciones altas en la escala de Silverman-Andersen; diámetro anteroposterior del tórax disminuido y apariencia de la imagen en radiografía de “vidrio esmerilado”.

El tratamiento consiste en ventilación mecánica y administración endotraqueal de surfactante. El surfactante puede administrarse a través del tubo endotraqueal o mediante técnica mínimamente invasiva (técnica LISA).

El manejo de la oxigenoterapia debe hacerse con precaución en los pacientes prematuros, pues no está exento de riesgos, como pueden ser: displasia broncopulmonar, retinopatía del prematuro o necrosis neuronal.

Para prevenir esta enfermedad, se administra betametasona vía IM a las gestantes de menos de 35 semanas con amenaza de parto prematuro, para acelerar la madurez pulmonar y la producción de surfactante. La dosis de corticoides empieza a hacer efecto a las 24 h y hasta 7 días después.

 

Displasia broncopùlmonar

Es una alteración crónica debida a la lesión de tejido alveolar y que se manifiesta por la necesidad de oxígeno suplementario durante 28 días o más. Requiere, además, la administración de corticoides y broncodilatadores.

 

Traquipnea transitoria neonatal

Tambien llamada sindrome de dificultad respiratoria tipo II o pulmón húmedo.

Es la patología más frecuente en los niños que nacen por cesárea, consecuencia de la retención de líquido amniótico, ya que no es expulsado por la presión que soporta el tórax de un bebé que pasa por el canal del parto.

Clínicamente cursa con taquipnea transitoria que precisa oxigenoterapia, pero suele resolverse en unos días, a medida que el neonato va expulsando el líquido. El tórax tiene un diámetro anteroposterior normal o aumentado y en la radiografía se observa hiperinsuflación.

 

Sindrome de dificultad respiratoria por aspiracion de mecomio

Se produce en recién nacidos postérmino que expulsan el meconio intrauterino.

Cuando hay un episodio de hipoxia fetal, se estimula la motilidad intestinal y la relajación del esfínter anal lo que ocasiona la expulsión de meconio, que posteriormente el feto va a aspirar. Esto provoca una obstrucción respiratoria de gravedad variable.

La obstrucción pulmonar conlleva atrapamiento de aire e inflamación alveolar que puede conducir a un neumotórax. Estos pacientes precisan oxigenoterapia y soporte ventilatorio en algunos casos, debido a la hipoxemia e hipercapnia.

Se observa tórax abombado, hipoxemia e hipercapnia (cianosis) y disminución de ruidos respiratorios. A nivel radiológico, se observan pulmones hiperinsuflados con áreas parcheadas o de condensación. Puede evolucionar hacia hipertensión pulmonar.

Es importante una buena atención del embarazo y del parto, donde se valore la existencia de líquido teñido y el riesgo de pérdida de bienestar fetal.

 

Neumonía neonatal

Es la neumonía adquirida en el periodo perinatal. Puede deberse a infecciones maternas transmitidas al feto cuando se rompen las membranas, producirse por contacto durante el parto o bien adquirirse en el hospital.

Los agentes causales más frecuentes son el estreptococo del grupo B, la Escherichia coli y la listeria.

En la semana 35 de embarazo, se realiza un exudado anorrectal a las mujeres para descartar la existencia de estreptococo del grupo B. En caso de cultivo positivo, se debe administrar antibioterapia a la gestante para proteger al neonato.

Si el bebé se contagia, aparecerán signos de distrés respiratorio, sepsis precoz y tendencia al shock, por lo que el tratamiento consistirá en antibioterapia y soporte ventilatorio y hemodinámico.

 

Bronquiolitis

Es la enfermedad infecciosa más frecuente en los niños menores de 2 años, especialmente en los menores de 6 meses.

Se produce por una infección de los bronquiolos, caracterizada por una obstrucción de la vía aérea inferior.

El principal agente causal es el virus respiratorio sincitial (VRS). Se presenta de forma epidémica en las estaciones de invierno y otoño.

Clínicamente, aparece dificultad respiratoria (tiraje, aleteo nasal, taquipnea…) y sibilancias. Suele resolverse en 7-10 días, aunque las recurrencias son frecuentes.

Son signos de gravedad: rechazo del alimento, letargia y cianosis.

Se consideran grupos de riesgo: niños menores de 6 meses, niños con antecedentes de apnea, niños con patologías congénitas o prematuros, niños inmunodeprimidos y niños con otras patologías respiratorias.

Al ser una infección vírica, en la mayoría de los casos, el tratamiento se basa en medidas de soporte: hidratación oral o intravenosa, lavados nasales con suero fisiológico, aspiración de secreciones, aerosolterapia, posición semincorporada para dormir, evitar el tabaquismo pasivo… La nebulización de suero hipertónico al 3 %, de forma repetida, reduce el tiempo de estancia hospitalaria.

La bronquiolitis es una infección muy contagiosa y se debe insistir en la importancia de la higiene de manos como principal medida para prevenir su contagio. Además, se deben evitar visitas, especialmente de personas de riesgo. En los niños considerados pacientes de riesgo, puede administrarse palivizumab (anticuerpo monoclonal contra

el VRS) como tratamiento preventivo.

 

Asma

Es la enfermedad crónica prevalente en la edad pediátrica, con una incidencia del 10 %. Se trata de una inflamación crónica de las vías respiratorias que se caracteriza por hiperreactividad bronquial y una obstrucción variable del flujo aéreo, total o parcialmente reversible.

En la etiología del asma intervienen factores genéticos, como antecedentes de atopia o alergias, y factores favorecedores, como infecciones respiratorias, el clima, fármacos, factores emocionales, el ejercicio físico o la exposición a alérgenos.

La sintomatología clínica incluye: tos, sibilancias, disnea y cansancio. Los síntomas pueden empeorar por la noche o ante la exposición a factores favorecedores.

Durante las crisis graves, el niño presenta signos de dificultad respiratoria, tos y sibilancias.

Cuando el episodio se extiende en el tiempo, el niño se acaba agotando y puede mostrarse desde agitado a aletargado por la hipoxia.

 

Laringitis aguda

También se denomina síndrome de Crup.

Se produce una inflamación de las cuerdas vocales, habitualmente por la infección del virus parainfluenza tipo I. Suele ir precedido de un cuadro catarral.

La inflamación causa una obstrucción que da lugar a ronquera, tos disfórica (tos perruna) y estridor inspiratorio. A nivel radiológico, presenta estenosis subglótica o signo de la aguja, punta de lápiz o campanario.

Ocurre sobre todo en otoño-invierno y es prevalente en niños de entre 3 y 6 años.

El tratamiento farmacológico más utilizado son los corticoides.

 

Laringitis estridulosa

También se denomina crup espasmódico o falso crup. Es un cuadro desencadenado por alérgenos, autolimitado y de predominio invernal.

Se presenta habitualmente de forma brusca y por la noche, y se prolonga durante varias horas. Al día siguiente, el niño suele estar bien o presentar tos y leve disfonía. Se recomienda humidificar el ambiente por la noche. A veces es necesario el uso de nebulizadores y corticoides.

 

Epiglotitis aguda

Es una enfermedad muy grave, que puede llegar a ser mortal sin tratamiento. Afecta a niños de entre 2 y 5 años.

El agente causal es el Haemophilus influenzae tipo

B. Actualmente contamos con vacuna instaurada en el calendario vacunal.

Clínicamente, aparece dolor de garganta, que progresa de forma brusca y rápida a disfagia, babeo y rechazo del alimento. No suele aparecer tos.

Es característico que el niño adopte la posición de trípode y se debe intubar de forma inmediata, ya que se considera una urgencia vital.

El tratamiento incluye antibioterapia.

Tosferina

Esta enfermedad se transmite por vía respiratoria y su agente causal es la Bordetella pertussis. Se desarrolla en 3 fases:

  • Catarral o prodrómica: rinorrea y estornudos.
  • Paroxística o de estado: tos seca irritativa e intermitente, estridor inspiratorio muy característico (gallo), dificultad respiratoria, cianosis, apneas.
  • Convalecencia: recaídas clínicas cuando sufren alguna infección viral.

Como complicaciones, puede aparecer otitis media, neumonía o tosferina maligna (tos paroxística, pausas de apnea y fallo respiratorio progresivo).

Se trata con oxigenoterapia y antibiótico.

Existe vacuna financiada para todos los niños y mujeres gestantes en la semana 28 de gestación. 

 

2. PATOLOGÍA CARDIOVASCULAR

Los defectos cardiacos son las malformaciones congénitas más frecuentes, las cuales afectan a 7-9 de cada 1.000 nacidos vivos. En niños con síndromes genéticos como el síndrome de Down, su incidencia es mayor. 

Las cardiopatías de la infancia se pueden clasificar en dos grupos:

 

 

 

3. PATOLOGÍA DIGESTIVA

 

Reflujo gastroesofágico

Es el retorno pasivo del contenido del estómago hacia el esófago por insuficiencia del cardias. Es una patología frecuente, que ocurre sobre todo entre el 1.er y el 4.º mes de vida, y que se suele resolver de forma espontánea.

Los cuidados para esta patología son:

  • Medidas posturales: se recomienda colocar al lactante en posición decúbito prono, Trendelenburg invertida, 30 minutos tras la ingesta, siempre que esté despierto y vigilado. Si esto no se puede cumplir por el riesgo de muerte súbita que conlleva en los menores de 12 meses, es preferible colocarlo en decúbito lateral izquierdo, sin necesidad de elevar la cabecera.
  • Medidas dietéticas: ofrecer tomas frecuentes y de menor cantidad.
  • Medidas farmacológicas: en caso de que las medidas higiénico-dietéticas no funcionen, se recurre a antiácidos y anti-H2.
  • Medidas quirúrgicas: cuando falla todo lo anterior o las repercusiones del reflujo son graves (manifestaciones respiratorias, esófago de Barrett…), se recurre a cirugía. En este caso, la operación más habitual es la funduplicatura tipo Nissen.

Atresia de esófago

Trastorno congénito que se caracteriza por la falta de continuidad del esófago.

Suele darse dentro de un síndrome congénito que incluye otros trastornos, denominado VACTERL (defectos vertebrales, atresia anorrectal, anomalías cardiacas, fístula traqueoesofágica, anomalías renales y anomalías en miembros superiores).

Es frecuente la aparición de polihidramnios en la etapa fetal por la imposibilidad de deglutir el líquido amniótico. Al nacer, los recién nacidos presentan sialorrea, atragantamiento y disnea cuando se alimentan. Si intentamos introducir una sonda naso u orogástrica, esta no progresa.

El diagnóstico es radiológico. Se valora la presencia de aire en el estómago, que nos indica si hay fístula distal o no. 

Hay 5 tipos de atresia esofágica:

  • Tipo I: atresia sin fístula
  • Tipo II: atresia con fístula proximal
  • Tipo III: atresia con fístula distal. Es la más frecuente (90 % de los casos)
  • Tipo IV: atresia con doble fístula
  • Tipo V: fístula sin atresia

El tratamiento es quirúrgico. Entre los cuidados de Enfermería tras la cirugía, destacan: la aspiración de forma continua o cada 10-15 minutos de secreciones bucofaríngeas y la colocación del neonato semisentado para prevenir broncoaspiraciones de contenido gástrico.

 

Estenosis hipertrófica del píloro

Hiperplasia e hipertrofia de la capa circular de la musculatura del píloro. Se considera la causa más frecuente de vómito no bilioso en el neonato. Aparece en 3/1.000 nacidos vivos y es más frecuente en varones (4:1) primogénitos y de raza blanca.

Los signos y síntomas incluyen vómitos no biliosos en escopetazo, sin causa asociada, durante las primeras semanas de vida. En algunos casos, se palpa una masa dura y móvil cerca del hipocondrio derecho, denominada oliva pilórica. El tratamiento es quirúrgico (piloromiotomía de Ramstedt).

 

Gastroenteritis aguda

Se puede definir la gastroenteritis aguda (GEA) como una inflamación de la mucosa gástrica e intestinal, habitualmente de causa infecciosa. Cursa con diarrea (heces de menor consistencia y/o mayor número), que puede contener moco y/o sangre. Otros síntomas que pueden aparecer son: náuseas, vómitos, dolor abdominal de tipo cólico y fiebre. En general, es un proceso autolimitado que suele resolverse en un periodo de unos 3 a 5 días.

La causa más frecuente de GEA en la edad pediátrica es la infección entérica, que puede estar originada por:

  • Virus (fundamentalmente rotavirus): constituyen la causa más importante de GEA en la infancia, especialmente en los países desarrollados.
  • Bacterias: predominan en determinadas épocas del año y en niños mayores. Cobran especial relevancia en países en vías de desarrollo.
  • Parásitos (Giardia lamblia).

Estos gérmenes van a producir la enfermedad al alterar la absorción y la secreción de agua y electrolitos a nivel intestinal.

El diagnóstico se hace mediante exploración y valoración de la historia clínica, prestando especial atención a si existe o no deshidratación (la deshidratación más frecuente en pediatría es la isotónica).

Para calcular este parámetro, existen 2 métodos. El más exacto consiste en calcular la pérdida porcentual de peso. Cuando no se dispone de un peso previo fiable, se aplican escalas clínicas que pueden orientar, como la clasificación de Fortin y Parent:

 

  

 

Oxiuriasis. Las lombrices (también llamadas oxiuros) son unos gusanos muy pequeños y finos. Son muy frecuentes, sobre todo, en niños menores de 10 años. No están relacionadas con la suciedad o falta de higiene.

 

  • Etiopatogenia: la hembra del parásito se desplaza, principalmente durante el horario nocturno, hasta la zona perianal, donde deposita sus huevos, muy infecciosos, que quedan adheridos a la piel o en la ropa. Con el rascado de la zona, se establecen bajo las uñas y se perpetúa la autoinfección por transmisión fecal-oral.
  • Síntomas: por acción mecánica (prurito o sensación de cuerpo extraño), invasión genital (vulvovaginitis), despertares nocturnos, sobreinfección secundaria a excoriaciones por rascado, dolor abdominal (que en ocasiones puede ser recurrente), y puede localizarse en FID y simular apendicitis aguda.
  • Diagnóstico:

o   Test de Graham: uso de cinta adhesiva transparente por la mañana antes de la defecación o el lavado. Así se visualizan los huevos depositados por la hembra en zona perianal.

o   La visualización directa del gusano adulto en la exploración anal o vaginal.

o   Los huevos son muy resistentes si se mantiene en el adecuado nivel de humedad, por lo que puede permanecer largo tiempo en la ropa. Es necesario extremar las medidas de higiene de inodoros, manos y uñas, y lavar con agua caliente y lejía la ropa de cama, los pijamas y las toallas.

  •  Tratamiento: mebendazol o pamoato de pirantel, que destruyen las lombrices adultas con una dosis. Hay que tomar una segunda dosis a las dos semanas para destruir los huevos. A pesar de que desaparezcan los gusanos, el picor puede durar una semana más. El tratamiento lo debe tomar toda la familia. Aunque no tenga síntomas.

 

4. PATOLOGÍA HEMATOLÓGICA

 

Ictericia neonatal

La ictericia es la coloración amarillenta de piel y mucosas del recién nacido como consecuencia de un aumento de los niveles de bilirrubina en sangre.

Se produce de forma fisiológica, por la inmadurez hepática y la hiperproducción de bilirrubina.

Es una alteración muy frecuente en niños a término, pero sobre todo en los bebés prematuros.

La bilirrubina es un pigmento que proviene de la degradación del grupo hemo de la hemoglobina. Concretamente, esta bilirrubina recibe el nombre de bilirrubina no conjugada o indirecta, y es liposoluble.

La bilirrubina no conjugada viaja por el plasma, unida a la albúmina, hasta que llega al hígado. Allí se libera y tiene lugar su conjugación con el ácido glucurónico, lo que da lugar a la bilirrubina conjugada o directa, que es soluble. La bilirrubina conjugada pasa del hígado a la vesícula biliar y se elimina por las heces.

La ictericia progresa en dirección cefalocaudal. Podemos valorar la gravedad con la escala de Kramer, que nos da un valor aproximado de la cantidad de bilirrubina en sangre según la superficie corporal ictérica del recién nacido.

Cuando la cantidad de bilirrubina indirecta es excesiva, una parte se encuentra libre, no unida a la albúmina, y hay riesgo de que atraviese la barrera hematoencefálica, lo que podría provocar daño neurológico y producir una encefalopatía bilirrubínica, más conocida como kernícterus.

 

Fuente:https://ruisenurse.wordpress.com/category/sesion

 


 

  

Anemia ferropénica

Es la patología hematológica más frecuente en la infancia. Es la anemia causada por un aporte insuficiente de hierro en la dieta. El feto recibe hierro a través de la placenta, incluso en situación de carencia materna. Estos depósitos son suficientes para cubrir los requerimientos del recién nacido sano hasta los 6 meses. Después, si la dieta no cubre las necesidades de hierro, puede aparecer anemia ferropénica.

El tratamiento consiste en administrar, por vía oral, sales ferrosas en ayunas o acompañadas de alimentos ricos en vitamina C. Se recomienda limitar el consumo de sustancias que dificultan la absorción de hierro, así como limitar la cantidad de lácteos a 500 ml/día.

Anemia del prematuro

Es una anemia microcítica debida a la falta de respuesta de la eritropoyetina, lo que da lugar a una incapacidad para producir glóbulos rojos. El pinzamiento tardío del cordón disminuye la necesidad de transfusiones y aumenta los depósitos de hierro los primeros 6 meses de vida.

 

Hemofilia

Es un trastorno hereditario que tiene lugar debido al déficit de un factor de la coagulación.

Hemofilia A: déficit del factor VIII.

Hemofilia B: déficit del factor IX.

Cursa con hemorragias a distintos niveles, que comienzan a aparecer cuando el niño alcanza los 6 meses y empieza a moverse. Al darse golpes o cuando salen los dientes, sangran con facilidad. También se producen hemorragias espontáneas o hemartrosis (dentro de las articulaciones). El tratamiento consiste en administrar el factor de coagulación que les falta.

 

Enfermedad de Von Willebrand

Trastorno hereditario en el que la sangre no coagula adecuadamente por falta del factor de Von Willebrand. Cursa con hemorragias a distintos niveles y se trata con crioprecipitados.

 

Púrpura trombocitopénica idiopática

Enfermedad autoinmune adquirida, producida por una destrucción acelerada y una producción inadecuada de plaquetas mediada por anticuerpos. Si la destrucción de plaquetas es superior a la producción, aparecen hemorragias por el retraso en la coagulación. Clínicamente, aparece púrpura generalizada junto a otras manifestaciones hemorrágicas, como epistaxis o hematuria.

 

Poliglobulia neonatal

El hematocrito es superior o igual a 65 % y la hemoglobina, superior o igual a 22 g/dl. Esto da lugar a la hiperviscosidad de la sangre. Clínicamente, el niño tendrá una coloración roja intensa de la piel, que puede acompañarse de signos de dificultad respiratoria debido a la disminución de la circulación de los hematíes por los capilares, lo cual reduce el aporte de oxígeno a las células.

 

5. PATOLOGÍA NEUROLÓGICA

 

Convulsiones

Se trata de la urgencia neurológica más frecuente en pediatría.

Se define crisis convulsiva como la descarga sincrónica excesiva de un grupo neuronal que, dependiendo de su localización, se manifiesta con síntomas motores, sensitivos, autonómicos o de carácter psíquico, con o sin pérdida de conciencia.

En el caso de los neonatos, pueden pasar desapercibidas. A veces, el único signo en este grupo es un chupeteo constante.

Las causas más frecuentes, según los grupos de edad, son:

  • Neonatos: la principal causa es la encefalopatía hipóxicoisquémica (EHI), aunque puede haber otras.

o   Actualmente se recurre a la hipotermia inducida como tratamiento protector del cerebro en la EIH, ya que disminuye el metabolismo cerebral y, de esta forma, previene el edema y el daño neuronal. Debe comenzarse de forma precoz, antes de la 6.ª hora de vida, y mantenerse durante 72 h.

o   Hipotermia pasiva: consiste en retirar las medidas de calentamiento del recién nacido.

o   Hipotermia activa: se utilizan equipos de enfriamiento, que pueden ser corporales (manta) o solo cerebrales (gorro). Se busca mantener la temperatura del neonato entre 34 ºC y 35 ºC.

Las fases del tratamiento con hipotermia son:

 

 

 

  • Lactantes y niños: convulsiones febriles; infección sistémica o del SNC; alteraciones hidroelectrolíticas; intoxicaciones; epilepsia.
  • Adolescentes: niveles bajos de anticonvulsivantes en niños epilépticos medicados; traumatismos craneales; intoxicaciones; epilepsia; tumores.

 


 

Trastornos paroxísticos no epilépticos (TPNE)

Son episodios que aparecen bruscamente, tienen una duración breve y un curso habitualmente recurrente. Se estima que hasta un 15 % de los niños menores de 15 años han padecido algún tipo de TPNE y que, por cada 10 niños con TPNE, hay 1 con epilepsia.

Todos los TPNE tienen en común que su origen no es epiléptico, aunque algunos comparten manifestaciones clínicas con las crisis epilépticas y puede ser difícil diferenciarlos.

La causa es variable según el tipo de TPNE: hipoxia transitoria (ej.: llanto prolongado), sueño o dolor, secundarios a enfermedades (ej.: reflujo gastroesofágico, algunas cardiopatías o alteraciones metabólicas), crisis psicógenas (rabietas, episodios de autoestimulación, ataques de ansiedad o pánico) o los que se manifiestan con síntomas motores.

La mayoría de las veces no es necesario ningún tratamiento farmacológico, salvo que sean secundarios a alguna enfermedad.

En general, los TPNE son benignos y tienen una evolución favorable, es decir, desaparecen con el tiempo sin dejar secuelas.

 

Meningitis

Proceso inflamatorio agudo del SNC que afecta a las meninges. Puede ser causado por virus o bacterias. Este último caso es el más grave.

Las manifestaciones clínicas varían en función de la edad, y son más sutiles e inespecíficas cuanto más pequeño es el niño.

Los síntomas generales son:

  • Fiebre.
  • Náuseas y vómitos.
  • Cefalea.
  • Cambios en la escala de Glasgow.
  • Rigidez de nuca.
  • Fotofobia.
  • Aumento de la PIC.

En la exploración, se observan los llamados signos meníngeos:

  • Signo de Kérning: con el muslo elevado y la rodilla flexionada, al extenderla el paciente se queja de dolor lumbar. O lo que es lo mismo, aparece una resistencia pasiva al intentar extender las extremidades cuando las piernas están flexionadas.
  • Signo de Brudziński: al flexionar el cuello, el paciente flexiona inconscientemente las caderas y rodillas.

Una potencial complicación de la meningitis meningocócica es el síndrome de Waterhouse-Friderichsen, que cursa con una necrosis hemorrágica suprarrenal masiva que progresa a insuficiencia renal de forma rápida. La clínica incluye: hipotensión arterial, shock séptico con una coagulopatía de consumo (CID) y púrpuras cutáneas (este último signo se utiliza para un diagnóstico precoz).

 

Síndrome de Reye

Encefalopatía aguda con degeneración grasa del hígado, que suele desarrollarse tras una enfermedad vírica leve o tras la administración de medicamentos con ácido acetilsalicílico.

Clínicamente, aparecen náuseas y vómitos, edema cerebral, cambios en el estado mental, convulsiones y progresiva ausencia de respuesta, hipoglucemia y un hígado graso de tamaño aumentado.

 

6. PATOLOGÍA ONCOLÓGICA

El cáncer infantil es considerado una enfermedad rara. Sin embargo, en la actualidad, el número de casos está en ascenso.

Los tumores más frecuentes en la edad infantil, en orden de prevalencia, son:

Leucemias (30 %)

Tumores del SNC (20 %)

Linfomas

Neuroblastoma

 

Leucemia

Tumor maligno, originado en los precursores hematopoyéticos de la médula ósea. Casi siempre se trata de leucemias agudas y se dividen en linfoblásticas (80 %) y mieloblásticas (20 %). Por lo tanto, la más frecuente es la leucemia linfoblástica aguda (LLA).

La clínica es inespecífica al inicio. Cursa con febrícula de predominio nocturno de más de 2 semanas de evolución sin otra causa justificada. Progresivamente van apareciendo más síntomas propios del deterioro de la médula ósea, como anemia, leucopenia, trombocitopenia, cansancio, anorexia…

El tratamiento incluye quimioterapia y, en algunos casos, trasplante de médula ósea (TMO).

 

Tumores del SNC

Son considerados los tumores sólidos más frecuentes en la infancia. Hay varios tipos; el más habitual es el astrocitoma, seguido del meduloblastoma y el ependimoma.

Cursa con sintomatología neurológica, como cefalea, que mejora con el vómito; con signos de hipertensión intracraneal, visión doble, problemas de aprendizaje, convulsiones, etc.

El tratamiento consiste en quimioterapia, radioterapia y cirugía.

 

Linfomas

Trastornos neoplásicos de tejido linfoide. Se caracterizan por un crecimiento rápido y una tasa de proliferación elevada de células linfoides, que ocasionalmente presentan riesgo de diseminación a médula ósea y sistema nervioso central. Las manifestaciones más habituales son adenopatías indoloras cervicosupraclaviculares, fiebre, sudoración

nocturna, debilidad, astenia y pérdida de peso.

Se clasifican en linfomas de Hodgkin y linfomas no Hodgkin.

 

Otros tumores de la infancia

  • Neuroblastoma: es el tumor extracraneal sólido más frecuente en la infancia. Las localizaciones más habituales son el mediastino y el abdomen. Es de mal pronóstico.

 

En los lactantes, suele diagnosticarse de forma casual en la exploración física, al palpar una masa asintomática. En niños mayores, aparece el síndrome de malestar maligno, que se caracteriza por palidez, anemia, dolor de extremidades y febrícula.

  • Tumor de Wilms: es el tumor renal más frecuente en la infancia. La mayoría es diagnosticada antes de los 4 años. En ocasiones, los propios padres detectan una masa abdominal firme. A veces, puede ser bilateral. También aparece hipertensión arterial, hematuria macroscópica, dolor y fiebre. Es de buen pronóstico: más del 90 % superan esta enfermedad.
  • Tumores óseos: suelen cursar con dolor e inflamación en la zona afectada. Podemos diferenciar entre:

o   Osteosarcoma: es el tumor óseo más frecuente. Suele diagnosticarse antes de los 20 años y es más habitual en varones. Se localiza frecuentemente en la metáfisis de los huesos largos (fémur, tibia y húmero).

o   Sarcoma de Ewing: suele aparecer en la segunda década. Habitualmente se localiza en la diáfisis de los huesos largos o en los huesos planos (pelvis, costillas). Existe una forma extraósea, que, cuando crece en la pared torácica, se denomina tumor de Askin.

 

7. PATOLOGÍA GENITOURINARIA

 

Enuresis

Incontinencia urinaria que se produce durante el sueño en niños que, por su edad, ya deberían controlar esfínteres. El control vesical nocturno se suele alcanzar antes en las niñas que en los niños, en torno a los 5-6 años de edad.

  • Enuresis primaria: si el niño no había conseguido permanecer seco previamente durante, al menos, 6 meses. Suele ser por falta de maduración.
  • Enuresis secundaria: el niño ya permanecía seco y vuelve a tener episodios de micción nocturna.

El tratamiento se basa en medidas no farmacológicas, aunque, en algunos casos, se prescriben fármacos como antidepresivos tricíclicos o medicamentos con desmopresina.

Intervenciones conductuales simples:

  • Sistemas de recompensa con gráficos.
  • Entrenar la vejiga (método de Kimmel) y levantar al niño en la noche para que orine.

Intervenciones conductuales complejas:

  • Entrenamiento del aseo (hacer al niño cambiar las sábanas y su pijama cuando los moje).
  • Utilización de alarmas (detector de humedad en el slip del niño).

 

Infección de orina

Es más frecuente en niñas porque tienen la uretra más corta. Dependiendo de la edad del niño, las manifestaciones clínicas varían.

  • Neonatos: manifestaciones muy inespecíficas.
  • Lactantes menores de 2 años: fiebre, vómitos, alteración del ritmo de las deposiciones, anorexia, orina maloliente, hematuria…
  • Escolares: dolor lumbar, disuria, polaquiuria, fiebre… 

Para el diagnóstico, es necesario recoger y analizar una muestra de orina. Hay varias técnicas para ello:

  • Punción suprapúbica: es la técnica más fiable, ya que es estéril. Por este motivo, cualquier recuento bacteriano se considera positivo.
  • Sondaje vesical: el cultivo se considera positivo si es superior a 10.000 colonias/ml.
  • Micción espontánea: es necesario un lavado adecuado de los genitales previo a la recogida de la muestra. En recién nacidos, se puede recoger la muestra mediante la técnica de “orina al acecho” u “orina al vuelo”, en la cual se coge al bebé de forma vertical y se dan pequeños toques con los dedos en la zona suprapúbica, que se alternan con masaje en la zona lumbar. El cultivo positivo se considera positivo si es superior a 50.000 colonias/ml.
  • Bolsa adhesiva: se pega alrededor de los genitales, previamente limpios, para la recogida de la muestra. Debe cambiarse cada 30 minutos, a fin de evitar su contaminación. El cultivo se considera positivo si es superior a 50.000 colonias/ml.

 

Reflujo vesicouretral

Regreso de la orina desde la vejiga hacia los uréteres durante la micción.

 

Síndrome hemolítico urémico

Es la causa más frecuente de insuficiencia renal aguda en la infancia. Suele ser secundario a una diarrea aguda infecciosa, generalmente por E. coli. Se manifiesta mediante la tríada: anemia hemolítica, trombocitopenia e insuficiencia renal aguda.

 

Balanitis

Inflamación o infección del glande en el paciente pediátrico, manifestada por eritema, edema y dolor del pene.

 

Dermatitis del pañal

Irritación e inflamación de la piel en contacto con el pañal debido a la humedad, fricción y maceración de la zona. La edad de mayor prevalencia es entre los 6 y los 12 meses, y es igual de frecuente en ambos sexos.

Dermatitis irritativa de zonas convexas: afecta a genitales externos, nalgas y zonas perineales en contacto con el pañal.

Dermatitis irritativa lateral: afecta a la zona lateral de las nalgas por contacto con la superficie no absorbente del pañal. Es más habitual en niños gruesos.

Dermatitis irritativa por químicos: a causa de algún producto aplicado en la piel o detergentes.

Dermatitis irritativa perianal: por contacto prolongado o repetido con heces, o por fricción excesiva con toallitas.

La complicación más habitual es la sobreinfección de las lesiones, habitualmente por Candida albicans.

El abordaje implica mantener la zona limpia y seca, hacer hincapié en la higiene y cambiar el pañal de forma frecuente. Si es posible, lo mejor es dejar al bebé con la zona al aire.

 

8. PATOLOGÍA ENDOCRINO.METABÓLICA

 

Diabetes tipo 1: también conocida como insulino dependiente o de comienzo juvenil. 

España es el país con mayor incidencia de diabetes mellitus tipo 1 del sur de Europa. 

Los niños con esta enfermedad presentan síntomas iniciales como polifagia, polidipsia, poliuria, astenia, anorexia, carácter irritable, etc., a causa del déficit de insulina que padecen. Cuando pasan los días y la falta de insulina va progresando, los síntomas pueden evolucionar hacia una situación de mayor gravedad, llamada cetoacidosis diabética, que es en muchos casos el motivo de diagnóstico. 

El tratamiento de esta enfermedad es la insulina, ya que es un pilar fundamental junto a la alimentación y el ejercicio para el correcto autocontrol de la enfermedad.

 

Insulinoterapia:

  • Administración de múltiples dosis de insulina a lo largo del día (MDI) conocida como pauta bolo basal. Estará compuesta por la administración de insulina lenta (1 o 2 veces al día) e insulina rápida antes de las ingestas (entre 3 y 4 veces al día).
  • Infusión subcutánea continua de insulina (bomba de infusión continua de insulina, ISCI): es un pequeño dispositivo del tamaño de un teléfono móvil que administra insulina de forma continuada. Consta fundamentalmente de dos partes: el infusor de insulina y el catéter de conexión.
  • El infusor propiamente dicho es una microcomputadora que se ha programada previamente para infundir insulina de manera continua las 24 horas del día. Utiliza análogos de insulina de acción rápida.
  • Lo que perseguimos con este tratamiento es imitar el funcionamiento del páncreas de una persona sin diabetes. De hecho, esta es la terapia más fisiológica ya que infunde insulina continuamente.
  • La bomba suministra insulina de forma continuada las 24 horas del día. Esto se conoce como “perfusión o tasa basal”. La cantidad de insulina que se va a infundir está programada por el equipo diabetológico, el paciente y/o su familia basándose en los controles de glucemia.
  • Además, el infusor permite suministrar una cantidad mayor de insulina cada vez que comemos. Se trata de los “bolos de insulina”. Los bolos no solo se utilizan para cubrir las comidas, sino que también se emplean para corregir las hiperglucemias.
  • Puertos de inyección de insulina: dispositivos que colocados en la piel permiten administrar las insulinas a través de ellos.

 

Alimentación:

la alimentación del niño con diabetes mellitus debe ser muy similar a los niños de su edad. La dieta ha de ser equilibrada en cuanto a su composición en hidratos de carbono, proteínas y grasas, con la particularidad de que tienen que calcular la cantidad de hidratos de carbono que consumen, para ello utilizamos el concepto “ración”: 1 ración= 10 g de hidratos de carbono.

Para mejorar el control es preciso conocer conceptos como índice glucémico, ratio de insulina/hidratos de carbono, y aprender a leer las etiquetas de los alimentos.

  • Índice glucémico: es el efecto que tienen los distintos hidratos de carbono presentes en diversos alimentos sobre la elevación de la glucemia después de la ingesta (glucemia posprandial).

Existen diversos factores que influyen en el índice glucémico:

o   Tipo de carbohidratos: los simples/rápidos tienen un mayor IG y los complejos/lentos menor.

o   Composición del alimento: la presencia de grasa y/o fibra disminuye el IG.

o   Preparación culinaria de los alimentos: cuanto más cocidos y triturados estén, mayor es su índice glucémico.

o   Nivel de glucemia en el momento de la ingesta: con glucemias altas la misma cantidad de alimento presenta un mayor índice glucémico.

  • Etiquetado de alimentos: para calcular la cantidad de alimento que contiene una ración haremos una regla de tres, por ejemplo:

 

 

En este ejemplo: 100 × 10 / 84 g= 11,9 g es una ración.

 

Autocontrol:

  • Monitorización continua de glucosa: los sistemas de monitorización continua de la glucosa (MCG) son dispositivos que permiten medir los niveles de glucosa en el líquido intersticial subcutáneo, suministrando información continua sobre las fluctuaciones de glucosa.

La medición de glucosa en sangre y en tejido intersticial no tienen necesariamente el mismo valor. Generalmente, si el nivel de glucosa en sangre se encuentra estable, los niveles de glucosa, tanto en sangre, como en el líquido intersticial son similares. Sin embargo, cuando hay rápidas fluctuaciones en la glucosa sanguínea, las diferencias entre ambas medidas se incrementan. Fisiológicamente hay una diferencia entre la glucosa capilar y la glucosa intersticial, de manera que el nivel de glucosa en sangre se refleja más tarde en la intersticial con un promedio de 5-10 minutos.

Permiten manejar la diabetes no solo basándose en las cifras de glucosa, sino también en las tendencias.

  • Ajustes de bolo:

o   Bolo preprandial: conocer la relación insulina/carbohidratos (R UI/HC), conocida como ratio, permite ajustar la dosis de insulina con comidas de contenido variable en hidratos.

o   Bolo corrector: conocer el factor de sensibilidad. El índice de sensibilidad (IS), factor de sensibilidad a la insulina (FSI) o factor de corrección se define como la cantidad de glucemia (mg/dl) que se consigue reducir al administrar 1 UI de análogo de insulina de acción rápida. Es decir, nos indica el descenso de la glucemia que podemos esperar por cada unidad de insulina que administremos.

El índice de sensibilidad se utiliza para calcular la insulina necesaria para corregir una hiperglucemia:

Unidades de insulina para corrección=[(glucemia real-valor de glucemia ideal)/(IS)].

Ejemplo: un factor de corrección de 50 significa que si tengo 250 mg/dl y quiero corregir hasta 100 mg/dl debo inyectarme 3 unidades de insulina.

(250 100)/ 50 = 150 / 50 = 3 UI

 

BIBLIOGRAFÍA