1. ADMINISTRACIÓN DE MEDICAMENTOS EN ENFERMERÍA
Existen diferentes formas para calcular la dosis de los medicamentos en edad pediátrica:
- Según el peso: es el método más utilizado. Se puede usar la fórmula de Clark.
- Según la superficie corporal (m²): es el método más preciso. Se puede utilizar la fórmula de Shirkey y Barba.
- Según edad: es poco precisa. Se utilizan las fórmulas de Young y Fried.
2. OBTENCIÓN DE GASES CAPILARES EN EL NEONATO
La obtención de una muestra para gasometría en el neonato se realiza con sangre capilar, salvo que tenga canalizada una arteria umbilical. Es una técnica muy frecuente, pero que requiere cierta destreza para realizarla de forma correcta. Se puede calentar previamente el talón del neonato sin friccionar la zona, se desinfecta con clorhexidina acuosa y se realiza una punción en el lateral del talón.
Con una mano, se sujeta el capilar y se acerca a la gota de sangre, procurando mantenerlo en unos 15-30 grados y sin que entre aire. Las gotas irán ascendiendo por capilaridad hasta rellenar por completo el capilar.
3. MANEJO DE LA FIEBRE
La fiebre es uno de los motivos de consulta más frecuente en pediatría. Se considera que un niño tiene fiebre cuando su temperatura axilar es superior a 38 ºC o la rectal es mayor de 38,5 ºC.
La causa más frecuente de fiebre en niños es la infección vírica autolimitada.
La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) propone las siguientes medidas para el manejo ambulatorio de la fiebre:

Decálogo de la fiebre según la AEPap
- La fiebre no es una enfermedad, es un mecanismo de defensa del organismo contra las infecciones, tanto las causadas por virus como por bacterias.
- La fiebre, por sí misma, no causa daño cerebral, ni ceguera, ni sordera, ni muerte.
- Algunos niños predispuestos (4%) pueden tener convulsiones por fiebre, pero el tratamiento de esta no evita dichas convulsiones. Nunca se deberían dar medicamentos para bajar la fiebre con este propósito.
- Hay que tratar a los niños febriles solo cuando la fiebre se acompaña de malestar general o dolor. El ibuprofeno y el paracetamol tienen la misma eficacia para tratar el dolor y su dosificación debe realizarse en función del peso del niño y no de la edad. La combinación o alternancia de ibuprofeno y paracetamol no es aconsejable
- El uso de paños húmedos, las friegas de alcohol, el desnudar a los niños, las duchas, los baños… para el tratamiento de la fiebre están desaconsejados.
- No se debe abrigar ni desnudar demasiado al niño con fiebre.
- El niño con fiebre tiene que estar bien hidratado. Hay que ofrecer frecuentemente líquidos y procurar que estos contengan hidratos de carbono (zumos de frutas, batidos, papillas, etc.).
- No es aconsejable el uso de paracetamol o ibuprofeno para prevenir las reacciones febriles o locales tras la vacunación.
- Ni la cantidad de fiebre ni el descenso de esta tras administrar ibuprofeno o paracetamol sirven para orientar sobre la gravedad de la infección.
- Se deben vigilar los signos de empeoramiento clínico y consultar con carácter urgente si el niño presenta:
o Manchitas en la piel, de color rojo oscuro o morado, que no desaparecen al estirar la piel de alrededor.
o Decaimiento, irritabilidad o llanto excesivo y difícil de calmar.
o Rigidez de cuello.
o Convulsión o pérdida de conocimiento.
o Dificultad para respirar (marca las costillas y hunde el esternón, se oyen como silbidos cuando respira, respiración muy rápida, agitada, etc.).
o Vómitos y/o diarrea persistentes o muy abundantes que causen deshidratación (lengua seca, ausencia de saliva, ojos hundidos, etc.).
o Si no orina o la orina es escasa.
o Siempre requiere consulta urgente la fiebre en un niño menor de 3 meses.
4. VALORACIÓN INICIAL EN URGENCIAS. TRIÁNGULO DE EVALUACIÓN PEDIÁTRICA (TEP)
El triángulo de evaluación pediátrica (TEP) es una herramienta que se utiliza en el triaje de urgencias. Consiste en una evaluación intuitiva y rápida (no se tarda más de 30-60 segundos) de sus 3 componentes, sin necesidad de tocar al paciente, solo mirando y oyendo.
- Apariencia o aspecto general: es el elemento más importante del TEP. Refleja el estado del sistema nervioso central (oxigenación, perfusión, metabolismo). Se ha de prestar atención al tono, a la actitud del niño, al llanto, a la capacidad de consuelo, a la mirada y al interés por el entorno.
- Respiración: valora la alteración respiratoria. Se evaluarán los sonidos respiratorios (estridor, ronquidos, tos perruna, quejido espiratorio, voz gangosa o de “patata caliente”, sibilancias), la postura y el esfuerzo respiratorio (tiraje, aleteo nasal y taquipnea).
- Circulación cutánea: valora la función cardiaca y la perfusión de órganos. El organismo compensa la disminución del gasto cardiaco aumentando la frecuencia cardiaca y redistribuyendo la perfusión de los tejidos. Se preserva la circulación de los órganos vitales (cerebro, corazón y riñones) a expensas de otras zonas menos esenciales como la piel, que puede estar pálida, moteada o cianótica.

circulación
El TEP permite detectar anomalías fisiológicas y estimar su gravedad.
Con él, se pueden establecer diagnósticos fisiopatológicos, pero no el diagnóstico de una enfermedad.
En función del número de lados alterados del TEP y de cuáles sean estos, es posible establecer 7 diagnósticos fisiopatológicos:

5. REANIMACIÓN NEONATAL
Principales características:
Consta de 7 etapas. Las 4 primeras constituyen el “minuto de oro”.
Las últimas recomendaciones sobre reanimación neonatal en sala de partos hacen hincapié en la anticipación: comunicación con la familia del presumible desarrollo del parto, comprobación del material y asignación de roles del personal (sesión informativa).
En todo parto, debe haber, al menos, 1 persona con capacitación en reanimación neonatal inicial.
Se ha de mantener la temperatura del neonato no asfíctico entre 36,5 y 37,5 ºC durante todo el proceso.
Pinzamiento tardío del cordón (30-60 s en RN a término).
En RN deprimidos, no está recomendada de forma rutinaria la intubación y aspiración traqueal: se emplea exclusivamente ante sospecha de obstrucción traqueal.
Oxigenación: en RN a término, se recomienda el uso inicial de aire ambiente. En prematuros de
Monitorización de la frecuencia cardiaca: el ECG de 3 derivaciones es el método más rápido y preciso para detectar la FC.
Monitorización de la saturación de oxígeno preductal.
La relación ventilación-compresión es de 3:1.
En menores de 23 SG y recién nacidos con cromosomopatías letales o malformaciones congénitas graves, se establecerá la abstención terapéutica y se aplicarán medidas de bienestar/cuidados paliativos.
Administración de adrenalina: la vía de elección es la vena umbilical, mientras que la vía endotraqueal (ET) queda reservada como segunda opción para los niños intubados. La dosis es de 0,01 a 0,03 mg/kg por vía intravenosa, y de 0,03 hasta 0,1 mg/kg por vía ET. Si tras la primera dosis de adrenalina no se produce mejoría, se administrarán nuevas dosis cada 3-5 minutos.

Fuente: Zeballos Sarrato G, Salguero García E, Aguayo Maldonado J, Gómez Robles C, Thió Lluch M, Iriondo Sanz M y Grupo de Reanimación Neonatal de la Sociedad Española de Neonatología (GRN-SENeo). Adaptación de las recomendaciones internacionales en estabilización y reanimación neonatal 2015 [Internet]. An Pediatr (Barc). 2017 [citado 21 de abril de 2021]; 86(1):51.e1-51.e9. doi: 10.1016/j.anpedi.2016.08.007.
6. CUIDADOS GENERALES EN PATOLOGÍA PEDIATRICA
En el caso de las enfermedades exantemáticas, se refieren a aquellas que se caracterizan por la aparición de erupciones cutáneas. Algunas de las más importantes son el sarampión, la rubéola, la varicela y la escarlatina. Estas enfermedades suelen ser altamente contagiosas y pueden tener complicaciones graves, por lo que es fundamental su diagnóstico y tratamiento adecuado en la edad pediátrica.
Por otro lado, las enfermedades no exantemáticas abarcan un amplio espectro de patologías que afectan a diferentes sistemas del cuerpo. En el ámbito respiratorio, se encuentran enfermedades como la bronquiolitis, el asma y la neumonía. En el sistema cardíaco, se pueden presentar malformaciones congénitas, como la comunicación interventricular o la tetralogía de Fallot. En el sistema digestivo, se destacan la gastroenteritis, la enfermedad celíaca y la apendicitis. En cuanto al sistema hematológico, se pueden observar trastornos como la anemia o la leucemia.
Es importante mencionar que existen otras patologías que son muy diferentes a las mencionadas anteriormente. Estas pueden incluir trastornos genéticos, enfermedades metabólicas, trastornos del desarrollo neurológico, entre otros. Cada una de estas patologías requiere un enfoque específico en cuanto a su diagnóstico, tratamiento y seguimiento.
Es fundamental tener precaución con las alarmas de los dispositivos médicos en la unidad de cuidados neonatales, como los respiradores, monitores y bombas. El exceso de ruido puede afectar el desarrollo del bebé prematuro a lo largo de las semanas que pasan en la unidad. Además, es importante controlar la iluminación en las incubadoras para recrear condiciones similares al útero materno. En cuanto al microambiente, es esencial mantener al bebé en una postura adecuada, con los brazos cerca de la boca y una simetría en los miembros. La falta de contención física puede llevar a problemas en el desarrollo óseo y muscular, así como a malformaciones. Por lo tanto, se busca brindar una contención adecuada mediante el uso de cojines y, en ocasiones, se requiere una contención manual. En cuanto a las manipulaciones, se evita tocar al bebé con frecuencia y se agrupan las tareas necesarias, como extracciones de muestras, exploraciones médicas y cambios posturales, para minimizar la perturbación del descanso y el desarrollo del paciente. Por último, la familia también desempeña un papel crucial en el cuidado del bebé prematuro. Para favorecer el apego del recién nacido con su madre y padre, se incluyen cuidados como el cambio de pañal, la alimentación y los cambios posturales. Estos cuidados se van implementando de manera gradual, con el objetivo de promover el apego desde el primer momento. Es importante tener en cuenta que muchos bebés prematuros pueden pasar semanas o incluso meses hospitalizados, por lo que es fundamental fomentar el apego tanto para el bienestar del bebé como para que las familias se sientan útiles y las madres no se sientan culpables por haber dado a luz antes de tiempo, algo que es muy común en ellas.
Además, es mencionable el método madre-canguro, que consiste en sacar al bebé de la incubadora y colocarlo piel con piel con la madre. Este método se descubrió en Latinoamérica debido a la falta de incubadoras para los bebés prematuros. Se observó que al mantenerlos en contacto directo con la madre, disminuían la frecuencia cardíaca, las apneas y las bradicardias, además de mejorar el control de la temperatura. Actualmente, se fomenta este método desde el inicio, a menos que los bebés estén muy inestables o intubados. Se ha comprobado que esta práctica mejora significativamente la clínica y la evolución de los pacientes prematuros.
Ahora, pasaremos a tratar las enfermedades exantemáticas. Comenzaremos con la varicela. Debemos conocer el agente causal, que es el virus de la varicela zoster. También es importante saber el periodo de contagio, que abarca desde dos días antes de que aparezca el exantema hasta cinco días después de que desaparezca. En cuanto al exantema de la varicela, se presenta en diferentes fases: mácula, pápula, vesícula y costra, en ese orden. A este exantema también se le conoce como "cielo estrellado" debido a sus diferentes fases y a que no afecta ni a las manos ni a los pies.
En cuanto al sarampión, el agente causal también es un virus, el paramixovirus. Además, debemos conocer cómo se presenta su exantema, que se desarrolla en dirección cefalocaudal. Es importante recordar que en el desarrollo de los niños, en pediatría, la mayoría de las manifestaciones siguen un orden cefalocaudal. En el caso del sarampión, hay otro aspecto relevante: en la primera fase de la enfermedad, compuesta por una fase catarral y una segunda fase en la que aparece el exantema, se observan manchas en la mucosa de la boca que son características de esta patología, conocidas como manchas de Koplik. Es importante no confundir estas manchas con el exantema, ya que la fase exantemática ocurre posteriormente. En la fase catarral de algunas enfermedades infecciosas, como el sarampión, la rubeola y el megaeritema infeccioso, se pueden observar manchas de Koplik que se extienden por todo el cuerpo en dirección cefalocaudal. Estas manchas de Koplik dan lugar a un efecto de exantema. Por otro lado, el sarampión alemán o rubeola, causado por el togavirus, presenta dos fases: una fase catarral leve y, dos días después, la aparición del exantema.
El megaeritema infeccioso, también conocido como quinta enfermedad, es causado por el virus parvovirus B19. Esta enfermedad se caracteriza por un exantema en las mejillas que se asemeja a una bofetada.
La roséola infantil, también llamada exantema súbito o sexta enfermedad, es causada por el herpesvirus 6 y 7. Para recordar esta asociación, se utiliza la relación entre el número de enfermedad y el número de virus. Además, el término "exantema súbito" se debe a que, después de una fiebre alta, el eritema aparece de forma repentina.
Es importante destacar que todas estas enfermedades mencionadas son causadas por virus y presentan diferentes fases y características clínicas. Por lo tanto, es fundamental realizar un diagnóstico adecuado y seguir el tratamiento correspondiente en cada caso. La coincidencia de la disminución de la fiebre con la administración del antibiótico puede generar preocupación al observarse la aparición de un exantema, ya que se podría pensar erróneamente que se trata de una reacción alérgica al antibiótico. Sin embargo, es importante destacar que la causa de esta disminución de la fiebre y la aparición del exantema ha sido un virus, por lo que el uso del antibiótico no era necesario. Específicamente, en el caso de la mononucleosis, causada por el virus de Epstein-Barr o por otros virus como el citomegalovirus, es común que aparezca un exantema en caso de tratamiento antibiótico, en aproximadamente el 80% de los casos.
Por otro lado, la enfermedad de Kawasaki, caracterizada por una vasculitis en pequeños y medianos vasos, presenta un diagnóstico basado en un síndrome febril y la presencia de cuatro características adicionales. Estas incluyen fiebre alta con enrojecimiento ocular sin secreción, cambios bucofaríngeos como sequedad en los labios, adenopatías cervicales, entre otros. El exantema en esta enfermedad es polimorfo y se destaca especialmente en el área del periné.
Es importante tener en cuenta que estas enfermedades se asocian a complicaciones cardíacas y requieren un tratamiento específico. En el caso de la enfermedad de Kawasaki, se utiliza ácido acetilsalicílico (aspirina), a pesar de que este medicamento está contraindicado en menores de 16 años debido a la asociación con el síndrome de Reye. El síndrome de Reye es una encefalopatía caracterizada por la degeneración grasa del hígado, la cual ha sido asociada a la administración de aspirina. Por lo tanto, es importante tener en cuenta que no se debe administrar aspirina a menores de 16 años, excepto en casos excepcionales como este.
A continuación, abordaremos la escarlatina, una enfermedad exantemática que no es causada por un virus. La principal causa de la escarlatina es el streptococo del grupo A, y para recordarlo, se ha resaltado en rojo en el texto. Es importante destacar que, al tratarse de una enfermedad bacteriana, el tratamiento recomendado es el uso de antibióticos, como la penicilina, durante 10 días. También es relevante recordar que la escarlatina se caracteriza por la presencia de un exantema en la lengua, que adquiere un aspecto aframbuesado cuando el niño la saca.
Por último, analizaremos la enfermedad boca-mano-pie. El nombre de esta patología nos proporciona información importante. El agente causal es el virus de coxsackie, perteneciente a la familia de los enterovirus. Esta enfermedad se caracteriza por la aparición de fiebre moderada y malestar general, seguidos de la aparición de ampollas en la boca, palmas de las manos y plantas de los pies. La transmisión de esta enfermedad puede ser oral-fecal o respiratoria. Es relevante destacar que el exantema no produce picor y que el tratamiento es principalmente sintomático.
En el ámbito de las enfermedades no exantemáticas, es importante destacar aquellas que han sido objeto de mayor consulta hasta el momento. A continuación, procederé a analizar de manera detallada las afecciones más relevantes en cada sistema del cuerpo humano, centrándome en aquellas que requieren una mayor comprensión y apoyo para su entendimiento. No abordaremos todas las enfermedades mencionadas en el manual, pero si surgiera alguna duda respecto a alguna de ellas, que no haya sido explicada previamente o que no haya sido objeto de consulta, recuerden que tienen a su disposición el foro para plantear cualquier inquietud. Asimismo, si alguna explicación no resulta del todo clara, estaré encantado de brindarles una mayor claridad al respecto.
Comenzaremos por el sistema respiratorio, y en particular, abordaremos la crisis de apnea neonatal. Durante la clase del bloque 1, cuando mencioné la frecuencia respiratoria en los recién nacidos, recordarán que les indiqué que oscila entre aproximadamente 30 y 60 respiraciones por minuto, y que es irregular. En ocasiones, se presentan pequeñas pausas en la respiración. Sin embargo, estas pausas, conocidas como apneas, pueden ser patológicas. ¿Cuándo consideraremos que son patológicas? En dos casos: si se prolongan por más de 20 segundos o si, aunque sean de menor duración, tienen repercusiones clínicas, como bradicardia, desaturación, dificultad respiratoria, entre otros. Estas crisis de apnea pueden ser de dos tipos: primarias, debido a la inmadurez del sistema respiratorio, que suele asociarse con los recién nacidos prematuros, como mencionamos al inicio de la clase; o secundarias, como consecuencia de alguna otra afección respiratoria o cardíaca.
¿Cuáles son los cuidados que debemos brindar como enfermeras en estos casos? Por un lado, contamos con medidas no farmacológicas. Cuando el niño presenta una crisis de apnea, es fundamental mantenerlo monitorizado y observar detenidamente su frecuencia respiratoria. En caso de que se produzca una pausa en la respiración, se debe estimular al recién nacido y colocarlo en decúbito prono, ya que esta posición mejora la relación ventilación-perfusión. En algunos casos, puede ser necesario recurrir a la ventilación con medio ambiente o aumentar los niveles de CO2. Por otro lado, también disponemos de medidas farmacológicas, es decir, el uso de medicamentos específicos para tratar esta condición.
Es fundamental comprender y aplicar adecuadamente tanto las medidas no farmacológicas como las farmacológicas en el manejo de la crisis de apnea neonatal, con el objetivo de garantizar el bienestar y la salud del recién nacido. Además, es importante destacar que el abordaje integral de esta afección requiere un enfoque multidisciplinario, en el cual el trabajo en equipo entre médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud resulta fundamental para brindar una atención de calidad. Los cuidados que se administran como enfermeras abarcan diversos aspectos, entre ellos, la administración de medicamentos. En el caso de la crisis de apnea neonatal, se utiliza principalmente la metilxantina, siendo la cafeína intravenosa y oral las opciones más comunes. Además, es importante mencionar la enfermedad de la membrana hialina, también conocida como síndrome de dificultad respiratoria tipo 1, insuficiencia respiratoria y hepática. Esta enfermedad está estrechamente relacionada con los recién nacidos prematuros.
La inmadurez del sistema respiratorio en los prematuros es un factor clave en el desarrollo de la enfermedad de la membrana hialina. Existe una deficiencia en la producción de surfactante, una sustancia tensioactiva compuesta por lípidos y proteínas que evita el colapso de los alveolos durante la expiración. La falta de surfactante provoca dificultades respiratorias, ya que los alveolos colapsan.
Por lo tanto, es necesario administrar surfactante externamente. Tradicionalmente, se ha utilizado la administración endotraqueal a través de un tubo, incluso con ventilación mecánica invasiva. Sin embargo, en los últimos años se ha observado que hay una mejoría al aplicar el surfactante en la tráquea mediante una sonda sin intubar, seguido de ventilación mecánica no invasiva.
Es fundamental tener en cuenta estas enfermedades típicas de cada tipo de paciente, como los prematuros, para brindarles el cuidado adecuado. La lista de enfermedades asociadas a cada grupo de pacientes puede servir como referencia para proporcionar un tratamiento más efectivo. Así, se garantiza una atención integral y personalizada a cada individuo. La CEPAP, o presión positiva continua en la vía aérea, es una técnica utilizada para mantener abierto el alveolo y facilitar la respiración en recién nacidos prematuros. Esta presión continua, junto con el uso de surfactante, puede evitar la necesidad de intubación y ventilación mecánica invasiva. Para prevenir esta condición en los prematuros, se administra corticoides a la madre cuando se espera un parto prematuro. Estos corticoides aceleran la madurez pulmonar en el feto y comienzan a hacer efecto dentro de las 24 horas posteriores a la administración, manteniendo su efecto hasta 7 días después. De esta manera, se promueve la maduración pulmonar y se previene esta patología.
Por otro lado, la taquipnea transitoria neonatal, también conocida como síndrome de dificultad respiratoria tipo 2 o pulmón húmedo, es una enfermedad típica de los recién nacidos por cesárea, aunque no exclusiva. Durante la etapa fetal, los pulmones están llenos de líquido amniótico, ya que no son funcionales. Al nacer, a través del canal del parto, se producen cambios físico-químicos que permiten la eliminación de este líquido y el llenado de los alveolos con aire. Sin embargo, en los recién nacidos por cesárea, cuya salida no implica una presión tan elevada como en el parto vaginal, es posible que quede una mayor cantidad de líquido amniótico en los pulmones, lo que se conoce como pulmón húmedo.
Es importante tener en cuenta estas condiciones y aplicar las medidas adecuadas para garantizar una correcta maduración pulmonar y prevenir complicaciones respiratorias en los recién nacidos. Las cardiopatías congénitas son una variedad de enfermedades del corazón presentes desde el nacimiento. Se dividen en dos grupos: las cianosantes y las no cianosantes. Las cianosantes se caracterizan por la presencia de cianosis en el niño, mientras que las no cianosantes no presentan este síntoma.
Dentro de las cardiopatías congénitas cianosantes, las más importantes son la tetralogía de Fallot y la transposición de grandes vasos. La tetralogía de Fallot se caracteriza por la presencia de cuatro anomalías cardíacas: estenosis pulmonar, comunicación interventricular, dextrotransposición de la aorta y la hipertrofia ventricular derecha. Por otro lado, la transposición de grandes vasos implica un intercambio anormal de las arterias principales que salen del corazón.
Es fundamental reconocer y diagnosticar estas cardiopatías congénitas a tiempo para poder brindar el tratamiento adecuado. En algunos casos, puede ser necesario administrar corticoides o corticoides nebulizados para controlar los síntomas y mejorar la función cardíaca. Además, es importante mantener un ambiente humidificado para aliviar la dificultad respiratoria en casos de laringitis estridulosa.
En resumen, es crucial estar atentos a los síntomas característicos de las cardiopatías congénitas, como la cianosis en el caso de las cianosantes, y buscar el tratamiento adecuado para garantizar la salud y el bienestar de los pacientes. La tetralogía de Fallot es una de las cianosantes más comunes y se caracteriza por cuatro malformaciones cardíacas. La primera de ellas es la estenosis pulmonar, que consiste en una estrechez en la arteria pulmonar. Además, se presenta una comunicación interventricular, es decir, una conexión anormal entre los dos ventrículos. También se observa una transposición de grandes vasos, donde la aorta se origina en ambos ventrículos y hay una hipertrofia del ventrículo derecho. Estas anomalías provocan un flujo sanguíneo inadecuado desde el ventrículo derecho, lo que lleva a una hipertrofia de este ventrículo. Además, parte de la sangre pasa al ventrículo izquierdo debido a la comunicación interventricular, lo que altera la circulación normal. Como resultado, el niño presenta cianosis intensa durante el llanto o el esfuerzo. Es importante destacar que la estenosis pulmonar es la malformación principal que desencadena las demás. Sin embargo, su gravedad puede variar, lo que puede dificultar su detección en el período neonatal y retrasar el diagnóstico. Estos niños también pueden presentar acropaquías, conocidas como "dedos en palillo de tambor", y adoptar una posición en cuclillas para aumentar la presión venosa y facilitar el retorno venoso. Por otro lado, la transposición de grandes vasos implica que la aorta se origine en el ventrículo derecho y la arteria pulmonar en el ventrículo izquierdo.
A continuación, se analizarán las cuatro anomalías cardiacas mencionadas. La comunicación interventricular, que es la cardiopatía congénita más común, implica una abertura entre los ventrículos. Por otro lado, la comunicación interauricular se refiere a la falta de cierre del foramen oval, que es una estructura presente durante la etapa fetal pero que debe cerrarse después del nacimiento.
Además, se puede presentar una coartación aórtica, que se caracteriza por un estrechamiento en la aorta. Esto provoca una diferencia en el pulso entre las extremidades superiores e inferiores, ya que la sangre fluye con mayor dificultad hacia las extremidades inferiores.
En cuanto al ductus arterioso, que es la comunicación entre la arteria pulmonar y la aorta, su cierre o permanencia abierto dependerá del caso específico. En el caso de la coartación de aorta, se administrarán prostaglandinas para mantener el ductus abierto hasta que se realice la cirugía o el cateterismo. Por otro lado, si el ductus permanece abierto cuando no es adecuado, se utilizará principalmente ibuprofeno para cerrarlo. El ibuprofeno es el fármaco más utilizado en la actualidad. Dependiendo de la patología, puede ser beneficioso mantener el ductus abierto, como en el caso de la coartación aórtica, para garantizar la supervivencia del neonato. Sin embargo, mantener el ductus abierto sin razón fisiológica no es recomendable y debe cerrarse. Para mantenerlo abierto, se utilizan prostaglandinas, mientras que para cerrarlo se recurre al ibuprofeno.
Pasando a la patología digestiva, el reflujo gastroesofágico es una condición simple en la que hay una relajación del esfínter esofágico debido a la falta de madurez en los recién nacidos. Como resultado, después de comer, el contenido del estómago puede regresar hacia el esófago. Se recomiendan medidas posturales, como mantener al bebé erguido o ligeramente inclinado después de comer, así como ajustar la frecuencia y cantidad de las tomas. Si el reflujo es grave y afecta el crecimiento y desarrollo del bebé, se pueden considerar medidas quirúrgicas.
Otra patología digestiva es la atresia de esófago, que se caracteriza por la falta de continuidad en el esófago. Existen diferentes variantes de atresia, como la tipo 1, que presenta una discontinuidad sin fístula; la tipo 2, que tiene una fístula superior hacia la tráquea; la tipo 3, que es la más común y presenta una fístula en el bolsón inferior; la tipo 4, que tiene fístulas en ambos bolsones; y la tipo 5, que solo presenta una fístula con la tráquea. Es importante tener en cuenta que la atresia de esófago puede estar asociada con otras condiciones.
La atresia de esófago es una condición que se encuentra dentro de un síndrome conocido como VACTERL, que engloba diferentes características, como defectos vertebrales, atresia anorrectal, anomalías cardíacas, fístula traqueoesofágica, anomalías renales y anomalías en los miembros superiores. Cuando se presenta una atresia de esófago, se produce una interrupción en la continuidad del esófago, lo que impide el paso adecuado de una sonda y puede llevar a la cianosis en el recién nacido.
En algunos casos, es posible sospechar una atresia de esófago durante la etapa prenatal si el feto presenta polihidramnios, es decir, un exceso de líquido amniótico. Esto ocurre porque el feto no puede tragar el líquido amniótico debido a la falta de continuidad en el esófago, lo que lleva a su acumulación. Además, después del nacimiento, se pueden observar síntomas como sialorrea (exceso de saliva), dificultad para tragar, atragantamientos y cianosis durante la alimentación.
El tratamiento para la atresia de esófago es quirúrgico, y consiste en corregir la interrupción en la continuidad del esófago. Después de la cirugía, es importante vigilar de cerca la posibilidad de broncoaspiraciones del contenido gástrico, por lo que se deja una guía para evitar el cierre de la operación y se realiza una aspiración continua de secreciones.
Además de la atresia de esófago, otra patología mencionada es la estenosis hipertrófica del píloro. En esta condición, el píloro se hipertrofia, lo que provoca un estrechamiento de la luz y dificulta el paso adecuado de los alimentos. Como resultado, cuando el niño se alimenta, la leche no puede pasar correctamente al duodeno y se produce el vómito.
El vómito no bilioso se produce cuando el contenido del estómago es expulsado sin haber llegado al intestino delgado, por lo tanto, no hay contacto con la bilis. Este tipo de vómito es más común en varones, especialmente en aquellos de raza blanca. En algunos casos, al realizar una exploración abdominal, se puede detectar la presencia de un bulto en el hipocondrio derecho, conocido como oliva pilórica. El tratamiento para esta condición es quirúrgico.
Otra patología relacionada que se ha mencionado es el megacolon agangliónico congénito, también conocido como enfermedad de Hirschsprung. Esta enfermedad se caracteriza por la ausencia de células ganglionares en una parte del colon, lo que provoca una distensión del mismo. Esto ocurre porque la falta de células ganglionares impide el peristaltismo, lo que lleva a la acumulación de heces en esa zona. Uno de los signos de sospecha de esta enfermedad es el retraso en la eliminación del meconio. El tratamiento para el megacolon agangliónico congénito también es quirúrgico.
La enterocolitis necrotizante es otra patología digestiva que se ha mencionado, y está asociada principalmente a recién nacidos prematuros. Esta es una de las enfermedades adquiridas más frecuentes y graves en el sistema digestivo, pudiendo incluso llevar a la perforación en los casos más graves. Es importante destacar que la alimentación con leche materna es la mejor opción para los recién nacidos, especialmente en el caso de prematuros, ya que el uso de fórmulas aumenta el riesgo de desarrollar esta enfermedad. La enterocolitis necrotizante se produce por una infección bacteriana que causa una lesión isquémica en el tracto digestivo. En caso de isquemia, puede haber perforación y complicaciones como distensión abdominal y heces sanguinolentas. Para abordar esta situación, se recomienda poner al niño en dieta absoluta, administrar antibióticos y colocar una sonda para aliviar la acumulación de contenido. En casos graves, puede ser necesaria una intervención quirúrgica, lo cual es especialmente preocupante en recién nacidos prematuros e inmaduros. Por lo tanto, se busca prevenir esta infección y fomentar la lactancia materna en lugar de la fórmula artificial.
Ahora, pasemos a discutir la patología hematológica, específicamente la ictericia. La ictericia neonatal difiere de la ictericia en adultos en cuanto a sus causas. Se caracteriza por la coloración amarillenta de la piel y las mucosas debido a un exceso de bilirrubina. A simple vista, podemos sospechar un exceso de bilirrubina cuando observamos al recién nacido con signos de ictericia. ¿Cómo se manifiesta y en qué orden? Siguiendo la dirección cefalocaudal, como ocurre con otros aspectos en pediatría. A medida que el niño se vuelve más amarillo, especialmente en los pies, se sospecha un mayor riesgo de complicaciones. La cantidad de bilirrubina en sangre se evalúa mediante la escala de Kramer, que proporciona una estimación orientativa pero no un diagnóstico definitivo. Esta escala nos ayuda a inferir los niveles de bilirrubina en función del grado de ictericia observado en el niño. Es importante destacar que, por lo general, a mayor grado de ictericia, mayores son los niveles de bilirrubina. Antes de profundizar más, es relevante recordar el metabolismo de la bilirrubina. Los glóbulos rojos se descomponen en el bazo, y la hemoglobina que contienen se compone de proteínas, como las cadenas de globina y el grupo hemo. A medida que se produce la descomposición, el grupo hemo da lugar a la formación de monóxido de carbono, hierro y biliverdina, lo cual contribuye al aspecto verdoso de la bilis. La biliverdina, a su vez, se reduce y se convierte en bilirrubina indirecta. Es importante comprender la diferencia entre la bilirrubina indirecta y la bilirrubina directa. La bilirrubina indirecta, insoluble en agua, se produce como resultado de la degradación del grupo hemo de la hemoglobina. Esta forma de bilirrubina no puede circular por sí sola en la sangre y requiere un transportador, que en este caso es la albúmina. La albúmina se encarga de transportar la bilirrubina indirecta por el plasma hasta que llega al hígado. Una vez en el hígado, la bilirrubina indirecta ingresa a los hepatocitos, las células hepáticas, a través de la difusión facilitada. Allí, se conjuga y se convierte en bilirrubina directa, lo que significa que ahora es soluble y puede ser transportada y eliminada por sí misma a través del plasma. En resumen, la bilirrubina indirecta no puede ser eliminada, mientras que la bilirrubina directa sí puede serlo. Por lo tanto, cuando hay un exceso de bilirrubina indirecta, es necesario encontrar una forma de eliminarla, ya sea a través de los mecanismos de conjugación propios del recién nacido o mediante intervención médica.
Es importante destacar que no todas las ictericias son patológicas. En ocasiones, pueden ser fisiológicas, como ocurre durante los primeros días de vida debido a la hemólisis fisiológica. La ictericia fisiológica se presenta después de las 48 horas de vida y desaparece alrededor del séptimo u octavo día. Si el niño se encuentra en buen estado general y no presenta otros síntomas, es probable que la ictericia sea fisiológica. Sin embargo, si hay otros síntomas asociados, puede ser indicativo de una condición patológica. La ictericia fisiológica se debe a la inmadurez del sistema enzimático hepático y no presenta otros problemas asociados. Además, los niveles de bilirrubina deben estar por debajo de 12,9 en niños alimentados con lactancia artificial o por debajo de 15,5 en niños alimentados con lactancia materna. Aunque no es necesario memorizar estas cifras, es importante saber interpretarlas correctamente. La leche materna en sí misma puede contener componentes que contribuyen a la ictericia fisiológica. Algunas sustancias presentes en la leche materna, como los ácidos grasos de cadena larga, pueden aumentar la producción de bilirrubina en el hígado del bebé. Además, la leche materna es más fácilmente digerible que la fórmula, lo que puede llevar a una mayor absorción de bilirrubina en el intestino del bebé. Es importante destacar que la ictericia fisiológica es un proceso normal y autolimitado en la mayoría de los casos. Sin embargo, en ciertos casos, como los mencionados anteriormente, puede indicar la presencia de una ictericia patológica que requiere atención médica.
La técnica de alimentación relacionada con una baja ingesta y el contenido de la leche materna pueden contribuir a la aparición de ictericia en los recién nacidos. Se sospecha que la beta glucurónicas presente en la leche materna puede desconjugar la bilirrubina intestinal, lo que resulta en niveles elevados en sangre. Sin embargo, la lactancia materna no está contraindicada y se recomienda controlar y tratar la ictericia en caso necesario, sin interrumpir la lactancia. Otras causas de ictericia pueden estar relacionadas con la hemólisis, como una sepsis o una enfermedad de incompatibilidad de grupo con la madre. El tratamiento principal para la ictericia es la fototerapia, que consiste en la exposición del recién nacido a una luz azul ultravioleta a una distancia adecuada. Esta luz ayuda a disminuir los niveles de bilirrubina en sangre, imitando el mecanismo de conjugación hepática. En casos en los que la fototerapia no sea suficiente, se debe considerar la posibilidad de un kernícterus, una complicación grave en la que la bilirrubina indirecta atraviesa la barrera hematoencefálica debido a niveles elevados y baja albúmina. Por lo tanto, es importante controlar los niveles de bilirrubina y tomar medidas adicionales si es necesario. En ocasiones, se emplea la fototerapia doble en lugar de una sola lámpara como tratamiento para la ictericia neonatal. Sin embargo, cuando existe el temor al riesgo de kernícterus, una encefalopatía, se recurre a la exanguinotransfusión como medida preventiva. Este procedimiento consiste en extraer sangre altamente concentrada en bilirrubina del recién nacido y reemplazarla con sangre nueva, libre de bilirrubina, con el fin de reducir los niveles. En algunos casos, también se pueden administrar fármacos o albúmina, pero la fototerapia y la exanguinotransfusión son los tratamientos principales cuando existe riesgo de kernícterus.
Ahora, pasaremos a discutir la patología neurológica, específicamente las convulsiones en diferentes etapas de la vida. Es importante tener en cuenta que no todas las edades presentan convulsiones y que su manifestación y tratamiento varían. Las convulsiones son la urgencia neurológica más común en pediatría. Se trata de una descarga excesiva y significativa de un grupo de neuronas, cuyos síntomas dependerán de la zona del cerebro en la que se desencadene, como síntomas motores, auditivos o visuales. Sin embargo, lo más relevante es que las causas de las convulsiones difieren según el grupo de edad.
En neonatos, la principal causa de convulsiones es la encefalopatía hipóxico-isquémica, asociada a la falta de oxígeno en el feto debido a problemas placentarios en los casos de postmadurez. Esto puede ocasionar sufrimiento y afectar al sistema neurológico. Por otro lado, en lactantes y niños más grandes, las convulsiones febriles son la causa más común, relacionadas con la fiebre. En adolescentes, por lo general, las convulsiones se deben a la epilepsia diagnosticada.
En neonatos, los síntomas de las convulsiones pueden ser muy sutiles, a veces apenas perceptibles, como succión o movimientos oculares estereotipados. En cuanto al tratamiento de las convulsiones o la encefalopatía hipóxico-isquémica, se utiliza la hipotermia.
La hipotermia consiste en enfriar el cuerpo del paciente para reducir el daño cerebral y mejorar los resultados a largo plazo. Este enfoque terapéutico ha demostrado ser efectivo en la prevención de lesiones neurológicas en neonatos y se ha convertido en un pilar en el manejo de la encefalopatía hipóxico-isquémica. Además, se pueden emplear otros tratamientos complementarios según la situación clínica de cada paciente. La hipotermia inducida es un tratamiento neuroprotector que tiene como objetivo proteger el cerebro al reducir su demanda de energía y disminuir su metabolismo. Es crucial que este procedimiento se realice de manera precoz, preferiblemente dentro de las primeras 6 horas de vida y se mantenga durante al menos 72 horas. La hipotermia se logra mediante mecanismos activos de enfriamiento, como el uso de gorros y mantas, o en algunos casos, de manera pasiva, sin aplicar medidas adicionales de calor.
Es importante destacar que este tratamiento se lleva a cabo en fases, no se baja la temperatura del niño directamente a 34 o 35 grados. En su lugar, se realiza un enfriamiento gradual en un lapso de 30 a 40 minutos y se mantiene así durante las 72 horas. Para recalentar al niño, se aumenta medio grado de temperatura cada media hora. Durante todo este proceso, se realiza un monitoreo constante de la actividad neuronal del recién nacido mediante un electroencefalograma.
En cuanto a las convulsiones febriles, son la forma más común de crisis convulsivas en la infancia, especialmente entre los 6 meses y los 5 años. La mayoría de estas convulsiones son típicas, simples o benignas, y no suelen tener repercusiones neurológicas en el niño. Aunque pueden ser alarmantes para los padres, no necesariamente son negativas. Ante una crisis convulsiva, se busca suspender la actividad convulsiva y el tratamiento de elección es el uso de benzodiazepinas, preferiblemente administradas de manera fácil debido a que muchas de estas crisis ocurren en el hogar. Los padres deben tener conocimientos sobre la administración de medicación en niños, utilizando diferentes vías como la rectal, oral e intranasal. En el caso de la vía rectal, se utiliza diazepam rectal, mientras que en la vía oral se emplea midazolam.
Es importante destacar que la patología oncológica también es relevante en la infancia. Los tumores más comunes en esta etapa son las leucemias, los tumores del sistema nervioso central, los linfomas y el neuroblastoma, en ese orden. En cuanto a las leucemias, se originan en los precursores hematopoyéticos y suelen ser leucemias agudas, principalmente linfoblásticas. Para recordar que la leucemia más frecuente en niños es la linfoblástica aguda, se puede asociar el llanto de los niños con las siglas LLA. Los síntomas iniciales suelen ser inespecíficos, como cansancio y anemia, y posteriormente se pueden presentar patologías asociadas al deterioro de la médula ósea, como leucopenia, trombocitopenia y anorexia. El tratamiento incluye quimioterapia y, en algunos casos, trasplante de médula ósea. En cuanto a los tumores del sistema nervioso central, son los tumores sólidos más frecuentes en la infancia.
El astrocitoma es el más común, seguido del meduloblastoma y el ependimoma. Estos tumores se localizan en el sistema nervioso central y presentan síntomas neurológicos. El tratamiento incluye quimioterapia, radioterapia y cirugía. En el caso de los linfomas, se produce una proliferación elevada de células linfoides, pudiendo afectar también a la médula ósea o al sistema nervioso central. Se pueden observar adenopatías, que no suelen ser dolorosas. Los linfomas se dividen en linfoma de Hodgkin y linfoma de no Hodgkin.
Por último, se menciona el tumor de Wilms, que es un tumor renal y el más frecuente en la infancia, pero con buen pronóstico. El neuroblastoma es un tipo de tumor sólido extracraneal que se presenta con mayor frecuencia en la infancia. Además de los tumores sólidos más comunes que afectan al sistema nervioso central, como el neuroblastoma, también encontramos el osteosarcoma y el sarcoma de Ewing en los huesos. Estos dos últimos son muy diferentes entre sí. El osteosarcoma, que es el más frecuente, suele afectar principalmente a varones y se localiza en las metáfisis de los huesos largos. Por otro lado, el sarcoma de Ewing se desarrolla en las diáfisis de los huesos planos y puede presentar una forma rara conocida como tumor de Askin. Con esto, podemos decir que hemos abarcado la patología oncológica relacionada con estos tumores.
En cuanto a la patología genitourinaria, vamos a hablar un poco sobre la enuresis, que también ha sido un tema relevante este año. La enuresis se refiere a la falta de control vesical nocturno o a la pérdida involuntaria de orina durante la noche en niños mayores de 5 o 6 años, cuando se espera que ya hayan adquirido el control de los esfínteres. Puede ser primaria, cuando el niño nunca ha logrado controlar los esfínteres, o secundaria, cuando ya había adquirido el control pero vuelve a presentar episodios de mojar la cama. El tratamiento de la enuresis suele involucrar terapias no farmacológicas, aunque en algunos casos también se puede recurrir a medicación.
Entre las intervenciones conductuales simples para tratar la enuresis, se encuentra el uso de un gráfico o calendario en el que se registra si el niño ha mojado o no la cama cada día, utilizando un sol para los días secos y una nube para los días en los que ha habido escapes. También se puede implementar el método Kimmel, que consiste en despertar al niño a intervalos regulares durante la noche para que vaya al baño y así evitar que moje la cama. Por otro lado, las intervenciones conductuales más complejas incluyen el entrenamiento del aseo, en el cual el niño debe cambiar las sábanas por sí mismo en caso de mojar la cama, y el uso de alarmas que detectan la humedad y suenan cuando el niño comienza a orinar, permitiéndole despertarse y dirigirse al baño.
Además de la enuresis, también vamos a abordar brevemente la infección de orina, que es más común en niños debido a la mayor longitud de su uretra. La presentación clínica de esta infección puede variar según la edad del niño. Los recién nacidos y lactantes presentan una clínica más sutil, a menudo aparentando estar completamente sanos. En ocasiones, no muestran signos visibles durante un examen, pero pueden presentar dificultades para ganar peso. Para recoger una muestra para su análisis, existen diversas técnicas que varían en su nivel de esterilidad. El recuento necesario para determinar la presencia de una infección dependerá de la técnica utilizada. Sin embargo, me gustaría destacar dos aspectos adicionales relacionados con este tema.
En primer lugar, cabe mencionar que las bolsas adhesivas utilizadas para recoger la orina en niños han evolucionado. Históricamente, se requería cambiar la bolsa cada media hora para evitar la contaminación, pero actualmente esto ya no es necesario. En segundo lugar, existe la opción de recoger la micción de forma espontánea en neonatos, quienes aún no tienen control de sus funciones corporales. Este método, conocido como "orina al vuelo" o "orina al acecho", implica sostener al recién nacido por las axilas mientras se estimula la micción mediante masajes en las fosas renales y golpecitos en la vejiga. Una tercera persona, o incluso la misma persona que sostiene al bebé, puede recoger la muestra en un bote de recolección.
Ahora, pasemos a discutir la patología endocrinometabólica, centrándonos principalmente en la diabetes tipo 1, la cual es la más común en la infancia. En esta condición, el páncreas no produce suficiente insulina, lo que impide que la glucosa ingrese a las células. La insulina, conocida como "la llave" que abre la puerta a la glucosa, es fundamental para este proceso. Como resultado, un niño con niveles elevados de glucosa en sangre debido a la falta de entrada en las células presentará síntomas característicos. La polifagia, o aumento del apetito, es uno de ellos, ya que las células necesitan glucosa y energía. Además, el niño experimentará una sed intensa debido a la hipertonicidad de la sangre, que contiene una alta concentración de partículas de glucosa. El líquido intracelular se desplazará hacia el exterior, generando una sensación de sed intensa. Como consecuencia, se producirá una mayor eliminación de orina, lo que llevará a una frecuencia aumentada de micción a lo largo del día. A pesar de consumir una gran cantidad de alimentos, los pacientes con diabetes tipo 1 no experimentarán un aumento de peso, sino más bien una pérdida de peso. Esto se debe a que las células no pueden utilizar eficientemente la glucosa como fuente de energía, lo que lleva a la utilización de las reservas de grasa y a la producción de cuerpos cetónicos, dando lugar a una cetoacidosis diabética.
En cuanto a los cuidados de enfermería en la diabetes tipo 1 en pediatría, se basan en tres pilares fundamentales: la insulinoterapia, la alimentación y el autocontrol. La insulinoterapia consiste en administrar insulina a aquellos pacientes que no producen suficiente de forma endógena. La alimentación requiere un control riguroso de la ingesta de carbohidratos para mantener un equilibrio adecuado de glucosa en sangre. Por último, el autocontrol busca fomentar la autonomía y la comprensión de los síntomas y necesidades propias de la enfermedad desde una edad temprana, con el objetivo de que los niños puedan llevar una vida lo más normalizada posible.
En cuanto a la administración de insulina, existen diferentes formas de hacerlo. Una de ellas es la pauta bolo-basal, que consiste en administrar una insulina de acción lenta de forma basal, una o dos veces al día, para mantener niveles estables de insulina en sangre durante aproximadamente 24 horas. Además, se administran dosis de insulina rápida antes de las comidas para evitar picos de glucemia postprandial. Por otro lado, también se utilizan bombas de infusión continua que administran insulina rápida de forma constante durante las 24 horas del día, imitando de manera más fisiológica el funcionamiento del páncreas.
Es importante destacar que el manejo de la diabetes tipo 1 requiere de un enfoque multidisciplinario, en el que intervienen médicos, enfermeros, nutricionistas y educadores en diabetes, con el objetivo de brindar una atención integral y garantizar una buena calidad de vida para los pacientes pediátricos con esta enfermedad crónica. La cantidad de raciones de carbono que se deben consumir es determinada por el endocrino, quien establece pautas específicas para cada comida del día. Estas pautas se basan en la cantidad de hidratos de carbono presentes en los alimentos, siendo considerados 10 gramos de hidratos de carbono como una ración. Para calcular las raciones, es necesario revisar las etiquetas de los productos alimenticios o consultar tablas que indiquen la cantidad de hidratos de carbono por alimento. Además, es importante tener en cuenta el índice glucémico de los alimentos, que indica cómo afectan a los niveles de glucemia después de comer. Algunos alimentos, como la cuajada, tienen un índice glucémico más bajo que otros, como el arroz cocido. Este factor también debe ser considerado al calcular las comidas. A medida que los niños aprenden, el proceso se vuelve más sencillo y pueden controlar mejor su alimentación. Además, es fundamental que los niños se monitoricen regularmente para conocer sus niveles de glucemia. En lugar de realizar múltiples pinchazos en el dedo, existen dispositivos que permiten controlar de forma continua la glucosa en el líquido intersticial, proporcionando información similar a la glucemia en sangre. Sin embargo, en casos de valores extremos, es necesario confirmar con una prueba de glucosa sanguínea. Además de esto, los niños deben aprender a interpretar sus cifras de glucemia y ajustar las dosis de insulina para mantener niveles estables. Existen dos tipos de bolo utilizados en el tratamiento de la diabetes: el bolo pre-prandial y el bolo corrector. El bolo pre-prandial se administra antes de las comidas, mientras que el bolo corrector se utiliza cuando la glucemia sigue elevada después de comer. El ajuste del bolo pre-prandial se realiza en base al ratio, que representa las unidades de insulina necesarias en relación a las raciones de hidratos de carbono consumidas. Por otro lado, el bolo corrector se ajusta en función del factor o índice de sensibilidad, que indica la cantidad de glucemia que se reduce al utilizar un análogo de insulina. Es importante destacar que este índice puede variar en cada individuo.
En cuanto a las enfermedades relacionadas con la alimentación, es relevante mencionar las alergias y las intolerancias. Las intolerancias suelen manifestarse con síntomas digestivos, mientras que las alergias presentan síntomas más generales y están mediadas por inmunoglobulina tipo E. Las alergias alimentarias son la causa más común de anafilaxia en niños y suelen tratarse con adrenalina autoinyectable. Es importante que los niños alérgicos a ciertos alimentos cuenten con un boli de adrenalina a su disposición, preferiblemente bajo la supervisión de un adulto cercano. Algunos ejemplos de alergias alimentarias comunes incluyen la alergia a la proteína de la leche de vaca y a las proteínas presentes en la cáscara y piel de ciertos vegetales, como el melocotón.
Por último, abordaremos el tema de los cólicos del lactante. Los cólicos del lactante se refieren a episodios de llanto intenso y prolongado en bebés, cuya causa exacta no está claramente definida. Estos episodios suelen ocurrir en los primeros meses de vida y pueden generar preocupación y estrés en los padres. Es importante buscar orientación médica para el manejo adecuado de los cólicos del lactante y brindar apoyo emocional tanto al bebé como a los padres durante este período. Los cólicos del lactante son un fenómeno común y desesperante para los padres, caracterizado por el llanto inconsolable y la irritabilidad en los bebés. Aunque no se conoce la causa exacta de los cólicos, suelen manifestarse diariamente a la misma hora durante al menos tres horas al día, tres días a la semana, durante al menos tres semanas. Aunque no se considera una patología orgánica, puede resultar muy angustiante para los padres.
El diagnóstico de los cólicos del lactante se basa en los criterios mencionados anteriormente, y no existe un tratamiento específico. Sin embargo, se han observado algunos enfoques que pueden aliviar los síntomas en algunos casos. Estos incluyen masajes, aplicar calor suave, generar ruido ambiental y realizar movimientos suaves con el bebé, como pasear en coche. Aunque estos métodos pueden funcionar en algunos casos, no hay evidencia clara de su eficacia en todos los bebés con cólicos.
Por otro lado, los trastornos del espectro autista (TEA) son un conjunto de alteraciones del neurodesarrollo que presentan una amplia variabilidad en sus síntomas y edad de inicio. El término "espectro" indica que los TEA abarcan una amplia gama de manifestaciones clínicas. Cada niño con TEA puede presentar síntomas y características únicas.
Es importante destacar que los TEA son trastornos complejos y requieren una evaluación exhaustiva por parte de profesionales de la salud especializados. El diagnóstico de los TEA se basa en la observación de comportamientos y características específicas, y puede implicar pruebas adicionales, como evaluaciones psicológicas y neurológicas.
7. PREVENCIÓN, DETECCIÓN Y PRUEBAS PEDIATRÍCAS
En el ámbito de la educación para la salud, es fundamental abordar la prevención de accidentes, tanto en el hogar como en el tráfico. En el caso de los accidentes domésticos, es importante tener en cuenta ciertos consejos. En primer lugar, es relevante destacar que los accidentes más frecuentes en pediatría son las intoxicaciones y las quemaduras. Las intoxicaciones suelen ocurrir de forma accidental en la cocina, cuando los niños comienzan a tener mayor motilidad fina y pueden desenroscar tapones y llevarse objetos a la boca. Por otro lado, las quemaduras, ya sean solares o causadas por líquidos calientes, como la escaldadura, también representan un riesgo importante. Además, es fundamental tener precaución con la exposición al sol.
En cuanto a los atragantamientos, es esencial tener en cuenta que son la principal causa de muerte accidental en menores de un año. Por esta razón, al introducir la alimentación complementaria, se recomienda evitar alimentos que representen un riesgo de atragantamiento hasta los 3 años o más.
En relación con los accidentes de tráfico, es obligatorio que todos los menores que midan 135 centímetros o menos utilicen un sistema de retención infantil homologado y adecuado a su talla, peso y edad. Esta medida es obligatoria para garantizar la seguridad de los niños en los vehículos. Además, se recomienda que los menores de 12 años hasta 150 centímetros de altura también utilicen estos sistemas de retención. Existen diferentes formas de sujetar el sistema de retención, ya sea utilizando el cinturón del vehículo o mediante el sistema Isofix, que es el más recomendado en la actualidad.
Es importante destacar que el uso de estos sistemas de retención es fundamental debido a las características de tamaño y desarrollo de los niños, ya que pueden sufrir lesiones más graves en caso de accidente. Dependiendo de la edad del niño, las lesiones pueden ser más frecuentes en determinadas áreas del cuerpo. Por ejemplo, en los menores de 2 años, las lesiones suelen ser más habituales en ciertas zonas específicas.
Las lesiones cervicales son comunes en casos de latigazo cervical o choques frontales, especialmente en niños de 2 a 4 años, debido a la falta de sostén cefálico y al mayor perímetro cefálico en comparación con el torácico. A partir de los 4 años, las lesiones tienden a ocurrir con mayor frecuencia en el abdomen. Es importante tener en cuenta los sistemas de retención infantil para garantizar la seguridad de los niños en el automóvil.
Existen cuatro grupos de sistemas de retención infantil, clasificados según el peso y la edad del niño. El grupo 0, que abarca hasta aproximadamente año y medio, se recomienda que se coloque en sentido contrario a la marcha. Esto se debe a que en caso de un frenazo brusco, el niño estará protegido de posibles lesiones cervicales al recibir la fuerza en dirección contraria a la marcha.
Es útil recordar que el grupo 1 corresponde a niños de 9 a 18 kilos, el grupo 2 a niños de hasta 25 kilos y el grupo 3 a niños de hasta 36 kilos. Además, es importante tener en cuenta la altura óptima del niño para determinar cuándo puede prescindir del sistema de retención infantil y utilizar solo el cinturón de seguridad.
Es importante asegurarse de que la banda diagonal del sistema de retención infantil se coloque correctamente, sobrepasando el hombro y la clavícula, y pegada al pecho. Asimismo, la banda horizontal debe estar siempre por debajo del abdomen, sobre los huesos. Además, es fundamental tener en cuenta que el cinturón solo debe ser utilizado cuando el niño haya alcanzado una altura óptima y pueda prescindir del sistema de retención infantil.
Respecto al cuidado de los dientes, es importante destacar que el consumo excesivo de azúcar, incluso antes de que salga el primer diente, puede provocar caries, por lo que se recomienda limpiar la boca del bebé con una gasita. En cuanto al uso del biberón o chupete, se aconseja dejar de utilizarlos alrededor de los 18 meses o 2 años, ya que su prolongación puede ocasionar problemas de maloclusión y dilución, entre otros.
Además, chuparse el dedo puede generar mordidas abiertas, como se muestra en el dibujo. Respecto al uso de pasta de dientes, se debe comenzar a utilizar cuando aparezca el primer diente, eligiendo una pasta con la cantidad adecuada de flúor para prevenir la aparición de caries. Para niños de 0 a 3 años, se recomienda una pasta con mil partes por millón de flúor, y la cantidad a aplicar en el cepillo debe ser mínima, equivalente a un grano de arroz. De los 3 a los 6 años, la cantidad de flúor puede variar entre mil y mil cuatrocientos cincuenta partes por millón, y la cantidad de pasta a utilizar puede ser un poco mayor, como un guisante. A partir de los 6 años, tanto los niños como los adultos, se recomienda una pasta con mil cuatrocientas cincuenta partes por millón de flúor, y la cantidad a aplicar en el cepillo debe ser similar a una bolita.
Por último, es importante tener en cuenta que los niños son propensos a sufrir caídas y lesiones dentales. Estas lesiones pueden ser fracturas, cuando un diente se rompe, o luxaciones, cuando un diente se mueve o desplaza. En el caso de que el diente se haya desplazado por completo, es decir, se haya arrancado, se denomina avulsión. Por lo tanto, es fundamental estar atentos a posibles lesiones y acudir al dentista en caso de necesidad. Es importante considerar una serie de medidas para minimizar los daños en caso de que un diente se caiga. En primer lugar, es fundamental sujetar el diente por la corona y no por la raíz al momento de la caída. Además, se debe reimplantar el diente únicamente si se trata de un diente definitivo, no de leche. Es recomendable acudir a un odontólogo o un odontopediatra lo antes posible, preferiblemente en la primera media hora u hora, ya que se considera una urgencia odontológica. En cuanto al transporte del diente, se desaconseja hacerlo en agua, pero se puede transportar en suero, leche o incluso en la boca del niño, o en el caso de un bebé muy pequeño, en la boca de la madre, para mantenerlo en las mejores condiciones posibles gracias a la saliva.
Por otro lado, pasando a la prevención del síndrome de muerte súbita del lactante, es importante tener en cuenta una serie de factores de riesgo. Se ha observado que dormir boca abajo aumenta el riesgo de este síndrome, por lo que siempre se recomienda que los bebés duerman boca arriba. Asimismo, un colchón demasiado blando o la presencia de juguetes, peluches o mantas alrededor que puedan obstruir la respiración también se consideran factores de riesgo. Los niños prematuros o aquellos que tengan hermanos que hayan fallecido por este motivo también presentan un mayor riesgo. Además, vivir en un entorno donde se fume o se consuman drogas, así como la situación de pobreza, también se asocian con un mayor riesgo de muerte súbita del lactante.
Para prevenir este síndrome, se recomienda enfáticamente que los bebés duerman boca arriba, tal como se mencionó anteriormente. Además, se ha demostrado que la lactancia materna actúa como factor protector frente a la muerte súbita del lactante. Por otro lado, es importante aconsejar a las familias que fuman que abandonen este hábito, ya que tanto dormir boca arriba como la lactancia materna, así como dejar de fumar, son recomendaciones de grado A para prevenir este síndrome. Es fundamental concienciar sobre la importancia de estas medidas preventivas para garantizar la seguridad y el bienestar de los bebés.
Existen otras recomendaciones adicionales, como el uso del chupete, que generan controversia. Por un lado, al hablar sobre la lactancia materna, se sugiere evitar el uso de tetinas de biberones o chupetes durante el primer mes para evitar la confusión entre la tetina y el pezón. Además, se recomienda eliminar el hábito del chupete lo antes posible para prevenir problemas de maloclusión y dilución, entre otros. Sin embargo, en relación al síndrome de muerte súbita del lactante, se ha observado que los niños que utilizan chupete tienen un menor riesgo. Por lo tanto, si el niño ya está acostumbrado al chupete, no se insiste en que lo deje, ya que se reconoce su efecto protector en este aspecto. También se deben evitar colchones blandos y sábanas sueltas que puedan obstruir las vías respiratorias del niño mientras duerme. Es importante destacar que los niños pueden dormir solos, aunque generalmente prefieren dormir acompañados debido a la necesidad de sentirse seguros y tener a un adulto cerca para atender sus demandas, como la alimentación con el pecho. El colecho, que implica compartir la cama con el bebé, es una práctica común, pero no siempre se realiza de manera segura. Para garantizar la seguridad, se recomienda utilizar camas auxiliares homologadas que se acoplen a la cama de los padres, evitando caídas y facilitando la lactancia materna. Es importante tener en cuenta ciertas contraindicaciones para el colecho, como no permitir que otros hermanos o mascotas duerman junto al recién nacido, así como evitar el colecho si los padres consumen drogas, medicamentos para dormir o si fuman. Además, siempre se debe advertir sobre el peligro de quedarse dormido mientras se está en la cama con el bebé. La prevención del consumo de drogas, tabaco, alcohol y otras sustancias es de vital importancia, especialmente en la adolescencia. Cada vez más temprano, los jóvenes comienzan a experimentar con estas sustancias, aunque su acceso a recursos económicos y su supervisión diaria limitan su consumo. Sin embargo, los fines de semana, cuando se reúnen con sus amigos, es cuando se produce un consumo más significativo. Es común que consuman grandes cantidades en grupo durante los botellones y otras actividades similares.
Respecto a las drogas y adicciones, es importante destacar que los adolescentes tienen una percepción del riesgo muy baja. A pesar de haber escuchado los efectos negativos de las drogas y las adicciones, no creen que les vaya a suceder a ellos. Por lo tanto, es fundamental abordar la prevención de manera efectiva y adaptada a sus necesidades.
Una estrategia efectiva es llevar a cabo charlas y dinámicas en grupo, preferiblemente en entornos escolares como institutos o incluso en campamentos. Los adolescentes tienden a consumir en grupo, por lo que es importante dirigir la educación para la salud hacia ellos. Además, es recomendable enfocar la prevención en aspectos estéticos y deportivos, ya que los jóvenes se preocupan más por su apariencia física que por los posibles problemas de salud a largo plazo.
Al resaltar los efectos negativos en la estética, como el mal aliento y los dientes amarillos, se puede captar más la atención de los adolescentes. Es necesario adaptar el mensaje de prevención a sus intereses y motivaciones, para que puedan comprender los riesgos reales que implica el consumo de estas sustancias.
Por otro lado, la obesidad es una preocupación prioritaria tanto para la Organización Mundial de la Salud (OMS) como para el Ministerio de Salud. Ambos organismos han establecido recomendaciones para identificar y clasificar el sobrepeso y la obesidad en diferentes grupos de edad.
Según la OMS, en niños menores de 5 años, se considera sobrepeso cuando el índice de masa corporal (IMC) es superior a dos desviaciones estándar por encima de la mediana establecida por la OMS. Por otro lado, se considera obesidad cuando el IMC se desvía más de tres desviaciones estándar de la mediana. En el caso de niños mayores de 5 años, se utiliza una clasificación similar, pero con una desviación estándar por encima de la mediana para el sobrepeso y dos desviaciones estándar para la obesidad.
La Guía de Práctica Clínica del Ministerio de Salud utiliza percentiles para evaluar el sobrepeso y la obesidad en niños y adolescentes. Si el IMC de un niño se encuentra en el percentil 90 o superior, pero no alcanza el percentil 97 para su edad y sexo, se sospecha de sobrepeso. Si el IMC es igual o superior al percentil 97, se considera obesidad.
Es importante destacar que la obesidad es un problema de salud pública de gran magnitud, ya que conlleva numerosas complicaciones y riesgos para la salud a largo plazo. Además, su prevalencia está en aumento, lo que requiere una atención y concienciación cada vez mayores.
Por tanto, es fundamental promover la adopción de hábitos de vida saludables desde la infancia, como una alimentación equilibrada y la práctica regular de actividad física, para prevenir y combatir la obesidad en la población. Asimismo, es necesario fomentar la educación y la concienciación sobre los riesgos asociados a la obesidad, para que la sociedad en su conjunto comprenda la importancia de priorizar la salud por encima de aspectos estéticos o superficiales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) no solo recomienda una adecuada alimentación durante la infancia, sino que también brinda una serie de recomendaciones en cuanto a la actividad física, subdividida por grupos de edad. Estas recomendaciones son de suma importancia, ya que se ha evidenciado la relevancia de este tema en diversas situaciones. Incluso, en el Examen de Ingreso a la Residencia (EIR) de este año, se incluyeron preguntas relacionadas con la actividad física.
La OMS establece que, en niños menores de 5 años que aún no caminan, se debe promover la actividad física varias veces al día, sin importar la intensidad. Es decir, se busca que los niños estén activos durante un amplio período de tiempo. Una vez que los niños comienzan a caminar, se recomienda que realicen al menos 180 minutos de actividad física al día, es decir, 3 horas diarias. En este caso, la intensidad no es relevante, lo importante es que estén activos durante un largo período de tiempo. El sedentarismo debe ser reducido al mínimo, a excepción de los momentos de descanso y sueño. En cuanto a estar en el carrito o sentados, se recomienda que no superen una hora seguida. Pasado ese tiempo, se debe animar al niño a levantarse y moverse. Es impresionante la cantidad de movimiento que se espera de los niños pequeños. Sin embargo, en la actualidad, el abuso de las pantallas ha llevado a que estas recomendaciones no se cumplan en muchos casos.
A partir de los 5 años en adelante, la OMS clasifica la actividad física para los niños de 5 a 17 años. Se recomienda que realicen al menos 60 minutos de ejercicio diario, con una intensidad moderada a vigorosa. Es decir, se busca una hora de ejercicio en condiciones óptimas. Además, se especifica que al menos 3 días a la semana el ejercicio debe enfocarse en el fortalecimiento muscular y óseo, es decir, se debe incluir ejercicios de fuerza. Es importante destacar que, a pesar de los temores que se han tenido en el pasado sobre el levantamiento de peso en los niños, la OMS enfatiza que es necesario que realicen ejercicio para un adecuado crecimiento y desarrollo. Es fundamental incorporar ejercicios de resistencia y fuerza muscular en nuestra rutina de ejercicio. Además, para prevenir el sedentarismo, es importante fomentar el uso del transporte activo, evitando en la medida de lo posible el uso de vehículos y realizando actividades al aire libre.
En cuanto al uso de pantallas, especialmente en niños, es necesario establecer límites adecuados. Según las pautas de la OMS, los menores de dos años no deben ser expuestos directamente a pantallas, ya que es preferible que jueguen con objetos de su entorno para estimular su desarrollo. Entre los dos y los cuatro años, se recomienda limitar el tiempo de exposición a una hora al día, y a partir de los cuatro años, como máximo, dos horas al día.
Es importante tener en cuenta que la salud mental también afecta a la población infantil y adolescente. La depresión es una problemática que no debe ser ignorada, ya que afecta a un porcentaje significativo de niños y adolescentes en España. De hecho, uno de cada cien niños menores de doce años y cuatro de cada cien adolescentes sufren de depresión.
Es necesario estar atentos a los síntomas de la depresión en función de la edad. En los menores de siete años, estos síntomas pueden manifestarse de manera diferente a los adultos, lo que a veces puede llevar a confundirlos con comportamientos normales. Es fundamental estar informados y buscar ayuda profesional cuando sea necesario.
La salud física y mental de los niños y adolescentes es un aspecto crucial que no debe ser pasado por alto. Promover un estilo de vida activo, limitar el uso de pantallas y estar atentos a posibles signos de depresión son acciones fundamentales para garantizar su bienestar integral. La manifestación de la depresión en niños puede presentarse a través de rabietas y frecuentes episodios de enfado. Aunque no es común asociar estos comportamientos con la depresión, es importante tener en cuenta que pueden ser síntomas de esta condición. Otros signos a tener en cuenta son las quejas somáticas, donde se observa que no hay una causa física que explique los síntomas. Además, puede haber un retraso en el desarrollo y una pérdida de interés en el juego, lo cual es inusual ya que los niños naturalmente disfrutan de jugar.
A partir de los siete años y durante la adolescencia, se pueden observar síntomas como irritabilidad, bajo rendimiento académico, dificultad para concentrarse e incluso falta de interés por aprender, lo cual va en contra de la naturaleza humana y de los niños en particular. También pueden presentar problemas de sueño, ya sea en forma de exceso de sueño o dificultad para conciliar el sueño durante la noche.
En la adolescencia, los síntomas pueden incluir descuido en el aseo personal, falta de interés en cuidar su apariencia para ir al instituto e incluso intentos de escapar de casa o ausentarse de clase. Además, es común que experimenten baja autoestima y recurran al consumo de sustancias como mecanismo de evasión. Es importante destacar que en esta etapa es cuando se producen los primeros intentos de suicidio, lo cual es alarmante, ya que actualmente el suicidio es la principal causa de muerte no natural en personas de 15 a 29 años, superando incluso a los accidentes de tráfico.
Es fundamental que se preste atención a estos signos y se implementen medidas de prevención y educación en salud, especialmente dirigidas a los niños. Es necesario generar conciencia sobre la importancia de la salud mental y brindar herramientas para identificar y abordar la depresión en etapas tempranas.
El maltrato infantil se clasifica en dos grandes grupos: el maltrato en sí mismo, que implica acciones intencionales que interfieren en el desarrollo físico, social o psicológico del menor, y la negligencia, que se refiere a la falta de satisfacción de las necesidades básicas del niño, lo cual también afecta su desarrollo.
Dentro del maltrato en sí mismo, encontramos el maltrato físico y el maltrato emocional. El maltrato físico se puede sospechar cuando se observan marcas de objetos en el cuerpo del niño, como hematomas en diferentes fases que indican golpes repetidos, quemaduras definidas (incluso de cigarrillo) o signos de envenenamiento. Además, el niño puede presentar conductas de miedo al contacto físico, agresividad defensiva, excesiva empatía hacia otros niños llorando y temor hacia sus propios padres.
En cuanto a la negligencia, esta puede ser física o emocional. La negligencia física se evidencia cuando el cuidador no satisface las necesidades básicas del menor, como alimentación adecuada, higiene, vestimenta o atención médica. Por otro lado, la negligencia emocional se manifiesta en la falta de afecto, apoyo emocional y atención por parte del cuidador.
Es importante destacar que los cuidadores que ejercen maltrato infantil suelen presentar características específicas. Pueden mostrar miedo o precaución al ser confrontados, validar o no las acciones que han realizado y generar un ambiente de temor en el niño.
El maltrato infantil es una problemática grave que afecta el bienestar y desarrollo de los niños. Es fundamental estar atentos a las señales y denunciar cualquier sospecha para proteger a los menores y brindarles el apoyo necesario. En el contexto del maltrato infantil, es importante destacar que no solo debemos centrarnos en la observación de las marcas físicas en los niños, sino también en el comportamiento y las actitudes de los adultos responsables. Es común encontrar que aquellos que maltratan a sus hijos suelen haber experimentado maltrato en su propia infancia. Estos padres suelen ser muy estrictos y rígidos con sus hijos, regañándolos constantemente y exigiéndoles un comportamiento y una responsabilidad inapropiados para su edad.
Un ejemplo que ilustra esta situación es el caso de un niño que acudió a una revisión de vacunación a los 11 o 12 meses. El niño, naturalmente, lloró debido al miedo a lo desconocido y al pinchazo de la vacuna. En lugar de brindarle consuelo, la madre comenzó a regañarlo, gritarle e incluso golpearlo. Es importante destacar que la violencia física no debe ser justificada en ningún caso, y mucho menos hacia un niño tan pequeño. Esta actitud refleja la disciplina exagerada y la exigencia desmedida de un comportamiento adulto en un niño que aún está en pleno desarrollo.
Además de estas conductas abusivas, también es común que los padres intenten ocultar las lesiones físicas de sus hijos. En algunos casos, incluso llegan a maquillar las heridas para que no sean visibles. Por lo tanto, es fundamental estar atentos y examinar detenidamente a los niños, ya que a veces se pueden descubrir situaciones inesperadas.
Es importante tener en cuenta que el maltrato emocional no solo tiene consecuencias a nivel emocional y conductual, sino también a nivel físico. Los niños que han sufrido este tipo de abuso pueden experimentar ansiedad, dificultades para relacionarse con los demás, trastornos del sueño y conductas autolesivas debido a la baja autoestima generada por el maltrato. Además, es posible que presenten problemas académicos, retraso en el desarrollo emocional y un fenotipo característico relacionado con el enanismo psicosocial, en el cual su crecimiento se ve afectado, mostrando un percentil de talla cada vez más bajo, un cráneo y una cara desproporcionadamente grandes en relación con el cuerpo, y extremidades inferiores más cortas.
El maltrato emocional ejerce un impacto significativo en los niños, manifestándose también en consecuencias físicas. Las características del cuidador que perpetúa este tipo de maltrato incluyen el desprecio hacia los niños, expresando abiertamente su falta de amor hacia ellos e incluso insultándolos o mostrándose fríos. Además, la falta de establecer límites y no considerar las conductas inapropiadas de los niños también se considera una forma de negligencia emocional.
Es importante destacar que en situaciones de separaciones conflictivas, se puede observar la violencia vicaria, donde los niños son utilizados como herramientas para dañar a la expareja. Esta manipulación emocional hacia los menores constituye otra forma de maltrato emocional.
En cuanto a la negligencia física, los profesionales de enfermería pueden identificar signos como la falta de higiene adecuada, vestimenta inapropiada para las condiciones climáticas y ausentismo escolar frecuente. Además, la falta de seguimiento de revisiones médicas y vacunaciones demuestra una falta de atención hacia las necesidades del niño.
A nivel conductual, los niños que sufren maltrato emocional y negligencia suelen carecer de límites claros, lo que puede llevar a comportamientos peligrosos e incluso delictivos. Estos comportamientos a menudo buscan llamar la atención y recibir algún tipo de interacción, incluso si es negativa. La falta de atención y cuidado por parte del cuidador puede estar relacionada con el consumo de sustancias, bajo nivel intelectual, enfermedades mentales o caos en el entorno familiar.
La negligencia emocional implica la falta de satisfacción de las necesidades emocionales de los niños, como la falta de cariño, las comparaciones con otros niños, la falta de interés en lo que les cuentan y la falta de participación en sus actividades. Los padres maltratadores suelen evitar que los niños reciban terapia psicológica, ya que saben que su comportamiento es la causa de los problemas del niño y desean ocultarlo.
En cuanto al abuso sexual, puede clasificarse de diferentes formas. Puede ser intrafamiliar o extrafamiliar, dependiendo de si el perpetrador es un familiar o no. También puede ser con o sin contacto físico, ya que no siempre implica una violación, sino que puede incluir actos como obligar al niño a presenciar actos sexuales o masturbarse frente al adulto. Además, se divide en niveles de gravedad, como leve, moderado y severo. El nivel leve ocurre de manera puntual, mientras que el moderado implica repeticiones, pero en ambos casos no hay contacto físico, es extrafamiliar y cuenta con apoyo familiar. Por otro lado, el abuso sexual severo puede ser tanto intra como extrafamiliar, involucra contacto físico y carece de apoyo. Este tipo de abuso es más difícil de detectar y tiene más probabilidades de repetirse con el tiempo.
En cuanto a las consecuencias físicas del abuso sexual en los niños, podemos observar signos como dificultad para caminar o sentarse, especialmente durante una exploración médica. Aunque los niños acudan al médico por otros motivos, es importante estar alerta a estos signos físicos que podrían indicar que han sido víctimas de abuso. Además, es fundamental tener en cuenta que las consecuencias emocionales y psicológicas del abuso sexual también pueden manifestarse en cambios de comportamiento, problemas de sueño, dificultades académicas y trastornos emocionales. Por lo tanto, es crucial estar atentos a cualquier señal que indique la posibilidad de abuso sexual y brindar el apoyo necesario a los niños afectados. En el ámbito de la pediatría, se lleva a cabo una exploración exhaustiva que abarca desde los pies hasta la cabeza, con el objetivo de identificar posibles signos de maltrato. Es importante observar detenidamente la ropa interior de los niños, ya que puede revelar indicios de abuso, como rasgaduras, manchas o incluso sangre. Además, es posible que se detecten enfermedades de transmisión sexual, picor, dolor en los genitales e incluso embarazos en chicas jóvenes que no revelan la identidad del padre por vergüenza o sentimientos de culpa.
En términos de comportamiento, es probable que estos niños tengan dificultades para relacionarse con el padre del niño y con otras personas, incluso con sus compañeros de clase. También pueden presentar conductas sexuales inapropiadas para su edad, lo cual indica que han sido expuestos a información y experiencias sexuales por parte de un adulto. En algunos casos, pueden intentar escapar de su entorno.
En cuanto al cuidador, se observa un comportamiento excesivamente protector y celoso hacia los niños. Como mencionamos anteriormente, en casos de abuso físico, es común que el cuidador haya sido víctima de abuso en su infancia. Además, el consumo de alcohol u otras drogas suele estar relacionado con este tipo de maltrato. En ocasiones, el cuidador encubre al niño para utilizarlo no solo para su propio beneficio, sino también para otros actos sexuales, incluso la prostitución.
Es importante destacar que el maltrato abarca diferentes formas y contextos. Por ejemplo, el maltrato institucional ocurre cuando las autoridades públicas o profesionales, como médicos, pediatras o enfermeras, perpetran el abuso. Un ejemplo de maltrato institucional es la mutilación genital femenina, que en algunos lugares donde no está penalizada se considera aceptable desde un punto de vista estructural.
Además, existe un síndrome conocido como síndrome de Munchausen por poderes, que se incluye dentro del espectro del maltrato. En este caso, el cuidador, generalmente la madre, simula una enfermedad o provoca una enfermedad en el niño con el fin de obtener atención para sí misma. Estos niños suelen someterse a numerosas pruebas médicas. El síndrome de Munchausen por poderes es una condición en la cual un cuidador, generalmente la madre, busca atención médica para su hijo/a al inventar o provocar síntomas de enfermedad. Esta forma de maltrato infantil puede manifestarse de diversas maneras, como el maltrato prenatal, la explotación laboral, la explotación sexual y la inducción a la delincuencia.
Existen varios factores de riesgo que pueden contribuir a la aparición de esta situación de maltrato. En primer lugar, los niños más vulnerables, como los menores de 4 años y los adolescentes, son más propensos a ser víctimas debido a su dependencia y falta de capacidad para defenderse. Además, los niños no deseados también corren un mayor riesgo, ya que pueden ser menos valorados y más propensos a ser maltratados ante cualquier dificultad en su desarrollo. Los niños con necesidades especiales, como parálisis cerebral o síndrome de Down, también pueden ser más vulnerables a este tipo de maltrato.
En cuanto al cuidador, aquellos que han experimentado maltrato en su infancia tienen un mayor riesgo de convertirse en maltratadores en el futuro. Las personas con dificultades para establecer vínculos afectivos, tanto en general como con el niño, también pueden presentar un mayor riesgo. Las dificultades económicas y los riesgos sociales en general también pueden aumentar la probabilidad de maltrato.
A nivel relacional, las rupturas familiares, como separaciones o divorcios, pueden exacerbar el riesgo de maltrato infantil, especialmente si se utiliza al menor como instrumento de manipulación. Además, si la familia ya presenta violencia o maltrato, es probable que el niño también sea víctima en algún momento.
Los factores sociales, como las desigualdades sociales y la falta de vivienda, también pueden contribuir a la aparición de situaciones de maltrato infantil. Estas circunstancias dificultan la capacidad de los cuidadores para brindar un entorno seguro y adecuado para el desarrollo del niño.
La falta de vivienda, el desempleo familiar y los factores sociales negativos son factores que pueden aumentar las probabilidades de maltrato. Según el autor Belsky, el maltrato puede desarrollarse en cuatro áreas diferentes. En primer lugar, está el desarrollo ontogénico, que se refiere a las experiencias previas de los padres con sus propios padres y cómo esto influye en su comportamiento como padres. También se menciona el microsistema, que engloba las condiciones familiares y el contexto en el que vive la familia, incluyendo las relaciones y los vínculos afectivos entre los miembros. El macrosistema se refiere a las creencias y valores culturales que influyen en la crianza y la paternidad. Por último, el exosistema se refiere a las estructuras sociales que rodean a las familias, como las redes sociales y el mundo laboral.
Ahora, centrémonos en la mutilación genital femenina, que es una forma de maltrato institucional. Según la OMS, la mutilación genital femenina se refiere a cualquier procedimiento intencional no médico que cause lesiones o alteraciones en los genitales femeninos. Por lo general, se realiza en niñas de entre 0 y 14 años, aunque también puede ocurrir en mujeres adultas. Dependiendo de la extensión de la lesión, la mutilación genital femenina se puede clasificar en cuatro tipos. El primer tipo es la resección total o parcial del clítoris y/o del prepucio, que a su vez se subdivide en 1A (solo prepucio) y 1B (prepucio y clítoris). El tipo 2 se refiere a la mutilación de los labios menores, y también se subdivide en 2A (solo labios menores) y 2B. La mutilación genital femenina es una práctica que involucra la alteración o eliminación de los genitales externos de las mujeres. Se clasifica en diferentes tipos, cada uno con características específicas. El tipo 1 implica la extirpación total o parcial del clítoris y los labios menores. En el tipo 2C, además de lo anterior, también se añaden los labios mayores. El tipo 3 se refiere a la infibulación, es decir, el sellado de la abertura vaginal, y se subdivide en 3A y 3B, dependiendo de si se sellan los labios menores o los labios mayores respectivamente. En algunos casos, este sellado puede ser abierto nuevamente para permitir relaciones sexuales o el parto, lo cual se conoce como desinfibulación. Estas prácticas causan un sufrimiento significativo a las mujeres, ya que implica una repetición de la infibulación y desinfibulación a lo largo de su vida. Por último, el tipo 4 incluye cualquier otra práctica que no haya sido mencionada anteriormente, como la colocación de piercings.
Además de la mutilación genital femenina, existen otras formas de maltrato que se han desarrollado con el uso de las nuevas tecnologías. El ciberacoso o ciberbullying es una forma de acoso que se lleva a cabo a través de las redes sociales y otras plataformas digitales. Para considerarse como tal, debe cumplir ciertos requisitos, como que el acosador tenga una edad similar a la víctima y que el acoso sea repetitivo y prolongado en el tiempo. No es necesario que involucre contenido sexual, simplemente se trata de hostigar a la persona de manera constante utilizando las nuevas tecnologías. Por otro lado, el grooming implica la violencia ejercida por un adulto hacia un menor, a diferencia del ciberbullying que puede ser llevado a cabo por personas de la misma edad. En el ámbito de la explotación sexual de menores, se pueden identificar tres fases distintas. En la primera fase, el adulto se hace pasar por un adolescente o un niño de edad similar para establecer una amistad y ganar la confianza del menor. En la segunda fase, se intensifica la intimidad y se comparten secretos, fortaleciendo así la confianza mutua. En la tercera fase, el adulto revela su verdadera identidad y confiesa estar enamorado del menor, buscando obtener beneficios sexuales de esta relación.
Además, existe el fenómeno del sexting, que implica el intercambio de mensajes con contenido sexual, fotos o videos. Aunque en sí mismo no constituye maltrato, existe el riesgo de chantaje o sextorsión por parte de la otra persona involucrada.
Otro aspecto relevante es el "happy slapping", que se refiere a la grabación y difusión de peleas a través de aplicaciones de mensajería. Esta conducta también puede considerarse una forma de maltrato, ya que se prioriza la grabación y difusión del evento en lugar de intervenir o buscar ayuda de un adulto.
En cuanto a las técnicas de enfermería en pediatría, es importante considerar diferentes factores al administrar medicación. Por lo general, se prescribe en función del tipo de paciente y se dosifica según su peso. Sin embargo, existen otras fórmulas como la de Clark, que se basa en el peso, la de Seagle, que se relaciona con la superficie corporal, y la regla de Fried Young Y Clark, que tiene en cuenta la edad del niño. Estas fórmulas permiten una administración adecuada de la medicación en función de las características individuales del paciente.
Adicionalmente, es relevante mencionar las últimas recomendaciones en cuidados paliativos en pediatría, que buscan proporcionar un enfoque integral y compasivo para el alivio del sufrimiento en niños con enfermedades graves o terminales. Estas recomendaciones se actualizan constantemente para garantizar la mejor atención posible a los pacientes pediátricos en situaciones difíciles. A continuación, presentaré las fórmulas correspondientes. Son bastante sencillas.
Comenzaré con el peso, utilizando la fórmula de Clark. Según esta fórmula, la dosis de medicación que se debe administrar a un niño se calcula multiplicando el peso del niño por la dosis del adulto, y luego dividiendo el resultado entre 70 kilogramos, que es el peso promedio de un adulto.
Ahora, veamos la fórmula para la superficie corporal. La dosis del medicamento en función de la superficie corporal se obtiene multiplicando la superficie corporal del niño por la dosis del adulto en miligramos. Como se puede observar, esta fórmula se repite en las tres fórmulas anteriores. Además, se utiliza el valor de 1,7 metros cuadrados, que es la superficie corporal promedio de un adulto.
Por último, la fórmula para calcular la dosis según la edad se expresa en meses. Se multiplica la edad del niño en meses por la dosis del adulto en miligramos, y luego se divide entre 150. Aunque esta cuestión no se plantea con frecuencia, considero que no es difícil asociarla, y si nos guían en un examen, al haberla visto aquí, no nos confundirán.
En cuanto a la obtención de gases capilares, normalmente en los adultos se realiza una gasometría arterial con mayor frecuencia. Sin embargo, en pediatría, especialmente en recién nacidos, también se obtienen gases arteriales o venosos, pero es común obtener gases capilares. Por lo general, se realiza una pequeña punción en el talón, en las mismas áreas que se mencionaron durante la clase sobre las pruebas de tamizaje neonatal, en los laterales, utilizando un tubo capilar. De esta manera, se obtienen pequeñas gotas de sangre que se analizan en el gasómetro. Este método requiere menos cantidad de sangre para el análisis, lo que reduce el riesgo de anemia y alteraciones hemodinámicas en el niño. Además, se preserva mejor su capital vascular, especialmente en el caso de niños prematuros que estarán hospitalizados durante mucho tiempo y requerirán numerosos análisis y vías intravenosas. Por lo tanto, es posible obtener muestras capilares, ya que se protege en cierta medida el capital vascular del paciente.
En cuanto a la fiebre, es un motivo de consulta muy común en pediatría. La fiebre debe ser tratada únicamente si va acompañada de malestar general o dolor. No es necesario combinar ibuprofeno y paracetamol cada 4 horas, ya que no se ha demostrado que esta combinación sea más beneficiosa que el uso de paracetamol solo. Además, no se recomienda bañar al paciente ni abrigarlo en exceso para que sude, ya que estas prácticas no están respaldadas por recomendaciones médicas. Es importante destacar que cualquier niño menor de 3 meses con fiebre debe ser llevado de inmediato a urgencias, ya que podría ser un signo de una enfermedad grave como meningitis o sepsis.
En cuanto a los antibióticos más utilizados, el paracetamol es el medicamento estrella. La dosis recomendada de paracetamol es de 10-15 miligramos por hora, y comienza a hacer efecto aproximadamente a los 30-60 minutos, alcanzando su máximo efecto a las 3-4 horas. Es importante tener en cuenta que el ibuprofeno no está indicado en niños menores de 3 meses, y el ácido acetilsalicílico no se recomienda en menores de 10 y 16 años debido al riesgo de síndrome de Reye.
Pasando ahora a la herramienta de evaluación pediátrica conocida como el Triángulo de Evaluación Pediátrica (TEP), esta se utiliza exclusivamente en urgencias pediátricas para ayudar a determinar la gravedad de un niño que acude a urgencias. El TEP consiste en evaluar tres aspectos del niño: el aspecto, la respiración y la circulación. Esta evaluación se realiza visualmente durante aproximadamente un minuto, sin necesidad de tocar al niño ni tomar constantes. En el aspecto, se valora el tono del niño, su nivel de reactividad a los estímulos, su capacidad para ser consolado, su mirada y su lenguaje en función de su edad. Estos aspectos nos brindan información sobre el estado del sistema nervioso central del niño. La evaluación pediátrica se basa en la valoración de tres aspectos fundamentales: la apariencia, la respiración y la circulación. Para determinar si hay una buena oxigenación y perfusión cerebral, es necesario observar si el niño presenta trabajo respiratorio y si se escuchan ruidos respiratorios anormales. Además, se debe evaluar la coloración de la piel para detectar signos de palidez o cianosis, lo cual indicaría una mala perfusión de los órganos.
Este enfoque de evaluación se conoce como el triángulo de evaluación pediátrica (TEP). Se asigna una letra "A" si alguno de los lados del triángulo está alterado, lo que indica la presencia de patología respiratoria, neurológica o circulatoria. Por otro lado, se asigna una letra "N" si todos los lados del triángulo están normales, lo que indica que el niño está estable.
Existen siete posibilidades de diagnóstico fisiopatológico en función de los lados del triángulo que estén alterados. Si todos los lados están normales, el niño está estable. Si solo está alterado el lado de la apariencia, se considera una disfunción del sistema nervioso central. Si solo está alterada la respiración, se trata de una dificultad respiratoria. Si además de la dificultad respiratoria, también está alterada la apariencia, se considera un fallo respiratorio. Si solo está alterado el lado de la circulación, se trata de un shock compensado. Si tanto la circulación como la apariencia están alteradas, se trata de un shock descompensado. Y si todos los lados están alterados, se trata de un fallo cardiopulmonar.
Es importante tener en cuenta las recomendaciones de la Reanimación Cardiopulmonar (RCP) neonatal, que fueron actualizadas en 2021 por la European Resuscitation Council (ERC). Estas recomendaciones constan de siete etapas, las cuales deben ser aprendidas y aplicadas de manera secuencial. Las primeras cuatro etapas conforman el "minuto de oro", que es crucial en la reanimación neonatal. Las recomendaciones de RCP neonatal destacan la importancia de la anticipación y la comunicación con la familia antes del nacimiento del niño, para estar preparados en caso de un desarrollo anormal o la necesidad de reanimación posterior al parto. Asimismo, se enfatiza la necesidad de contar con al menos una persona capacitada en reanimación neonatal inicial en cada parto, para actuar de manera inmediata en caso de complicaciones.
En cuanto a las etapas de la reanimación neonatal, la primera es la valoración inicial, donde se realizan tres preguntas clave: si la gestación es a término, si el niño respira o llora, y si tiene buen tono. Si las respuestas son afirmativas, se considera que el niño ha nacido aparentemente bien y se procede a brindar cuidados de rutina, como el contacto piel con piel y la promoción de la lactancia materna.
En caso de que alguna de las respuestas sea negativa, se pasa a la segunda parte de la reanimación, que consiste en estabilizar al niño. Esto implica colocarlo en una fuente de calor durante aproximadamente 30 segundos, abrir su vía aérea y realizar estímulos como secado y estimulación. En caso de sospechar la presencia de secreciones o aspiración de meconio, se realiza una aspiración, pero no se realiza de manera rutinaria.
La tercera etapa es la evaluación inicial, donde se reevalúan las maniobras realizadas y se valoran la frecuencia cardíaca y la respiración. Una frecuencia cardíaca por encima de 100 se considera adecuada, mientras que la presencia de llanto indica una respiración adecuada. En caso de que estas señales sean positivas, se continúa con los cuidados correspondientes. Las posibilidades que se presentan en este caso son las siguientes: en primer lugar, es importante verificar que tanto la frecuencia cardíaca como la respiración estén dentro de los parámetros normales. Si ambos indicadores se encuentran en buen estado, esto podría indicar que la estimulación y el calor proporcionados han sido efectivos y el bebé puede regresar con su madre. Sin embargo, es posible que la frecuencia cardíaca esté por encima de 100 pero haya algún problema en la respiración, como dificultad respiratoria o cianosis. En este caso, se podría considerar el uso de CPAP de manera controvertida, es decir, la decisión de aplicar presión para facilitar la respiración dependerá del criterio de cada profesional. Otra posibilidad es que la frecuencia cardíaca esté por debajo de 100 o que la respiración no sea adecuada, lo cual requeriría pasar al punto 4 de ventilación y oxigenación. En cuanto a la oxigenación, es importante colocar el pulso preductal, es decir, en la mano derecha, ya que es donde la sangre está más oxigenada debido a la circulación fetal. En relación a la ventilación, se recomienda iniciar con presión de aire ambiente y posteriormente ajustar la concentración de CO2 si es necesario. Si se requiere ventilar con ambú, se debe seguir la frecuencia respiratoria del recién nacido, que oscila entre 40 y 60 respiraciones por minuto. En cuanto al masaje cardíaco, se debe iniciar si la ventilación no ha sido suficiente y la frecuencia cardíaca desciende por debajo de 60. La técnica preferida es realizar las compresiones con los dos pulgares, según indica el algoritmo de reanimación. En relación a la administración de fármacos y fluidos en situaciones en las que resultan insuficientes, se procederá a la administración de drogas, como la adrenalina. La adrenalina se administrará principalmente por vía umbilical, a una dosis de 0,5 miligramos o de 0,01 a 0,03 miligramos por kilogramo de peso. Para su preparación, se diluirá una ampolla de adrenalina de 1 miligramo por mililitro en 9 mililitros de suero fisiológico, obteniendo así una concentración de 0,1 miligramos por mililitro. De esta manera, se podrán preparar las dosis de adrenalina necesarias según el peso del niño.
En el caso de una intubación en un niño/a, es importante tener en cuenta que el tubo no tiene balón, a diferencia de los adultos, debido al mayor riesgo de traqueomalacia en la anatomía infantil. La longitud del tubo se determinará sumando 6 al peso del niño, y esa será la longitud que se quedará en la comisura del tubo endotraqueal. En cuanto al diámetro del tubo, se seleccionará en función del peso del niño. Por ejemplo, para niños entre 1 y 2 kilos, se utilizará un tubo de tamaño 3; para niños menores de 1 kilo, se utilizará un tubo de tamaño 2.5; para niños entre 2 y 3 kilos, se utilizará un tubo de tamaño 3.5; y para niños de más de 3 kilos, se utilizará un tubo de tamaño 3.5 o 4.
La guía médica recomienda no realizar reanimación en casos en los que no sea necesaria, así como evitar el ordeñamiento del cordón umbilical en fetos menores de 28 semanas de gestación. Además, se mencionan aspectos éticos relacionados con la reanimación, como la importancia de que los padres estén presentes durante el proceso para facilitar su aceptación. También se sugiere establecer contacto físico con el bebé en caso de ingreso en la unidad de cuidados intensivos, con el fin de disminuir la ansiedad familiar. En cuanto a los límites de viabilidad según la edad gestacional, se indica que a partir de las 24 semanas se debe adoptar una aproximación activa para intentar salvar al recién nacido, mientras que por debajo de las 23 semanas se suele optar por una actitud paliativa. En estos casos, se puede considerar el contacto piel con piel con la madre hasta que el bebé deje de latir, o bien consensuar con la familia cómo desean que sea el tiempo de vida del niño.
Por último, se mencionan los cuidados paliativos pediátricos como tema adicional relacionado con la guía médica. Los cuidados paliativos pediátricos, según la definición de la OMS, se refieren a un cuidado total y activo del cuerpo, mente y espíritu del niño y de su familia. En este enfoque, el paciente no se limita únicamente al niño, sino que se incluye a toda la familia. Estos cuidados comienzan desde el momento en que se diagnostica una enfermedad amenazante para la vida, sin esperar a que el niño esté en estado terminal. Además, se destaca la importancia de un enfoque multidisciplinario y de incluir a la familia en la toma de decisiones y en la información.
La OMS clasifica las enfermedades en cuatro grupos. En el grupo 1 se encuentran aquellas enfermedades que tienen tratamiento curativo, pero existe la posibilidad de que dicho tratamiento falle. Un ejemplo de esto es el cáncer en niños. En el momento del diagnóstico de una enfermedad de este tipo, se inicia también el contacto con los cuidados paliativos.
El grupo 2 abarca las enfermedades en las que la muerte prematura es inevitable, pero se puede prolongar la vida y mejorar su calidad mediante tratamiento. Un ejemplo de esto es la fibrosis quística.
En el grupo 3 se incluyen las enfermedades que no tienen tratamiento curativo y que son progresivas, como las enfermedades neurodegenerativas. Estas enfermedades representan un desafío en términos de cuidados paliativos, ya que se busca brindar apoyo y mejorar la calidad de vida del niño y su familia a medida que la enfermedad avanza.
El grupo 4 de enfermedades incluye condiciones irreversibles, no progresivas y asociadas a una discapacidad grave, con mayor vulnerabilidad a complicaciones y una mayor probabilidad de muerte prematura. Un ejemplo de esto son los niños con parálisis cerebral grave. Además de los grupos de enfermedades, la guía también menciona diferentes niveles de atención en cuidados paliativos pediátricos.
El primer nivel de atención se refiere a un enfoque paliativo que debe ser adoptado por todos los profesionales, no necesariamente por un equipo especializado en cuidados paliativos. Por ejemplo, si somos enfermeras en atención primaria y tenemos un niño con una de estas patologías en nuestra área, el contacto con el médico de referencia en cuidados paliativos sería parte de este primer nivel de atención. En todos los niveles de atención, se debe tener un enfoque paliativo.
El segundo nivel de atención se refiere a los cuidados paliativos generales, que son proporcionados por profesionales que tienen contacto con niños subsidiarios de cuidados paliativos, aunque no formen parte de un equipo especializado. Por ejemplo, una enfermera en una unidad de cuidados intensivos pediátricos o en oncología pediátrica.
Por último, el tercer nivel de atención son los cuidados paliativos específicos, que son proporcionados por un equipo multidisciplinario especializado cuya actividad se dedica exclusivamente a los cuidados paliativos pediátricos.
La guía también define las unidades de cuidados paliativos pediátricos como unidades de hospitalización específicas atendidas por un equipo multidisciplinario que incluye al menos un médico, una enfermera, un psicólogo o psicóloga clínica y un trabajador social. Estos profesionales formarían parte de la unidad de cuidados paliativos pediátricos.
Además, la guía contempla otros aspectos importantes, como el tratamiento farmacológico del dolor moderado o grave en estos niños. Es fundamental asegurar un adecuado manejo del dolor a través de medicamentos apropiados y dosificados correctamente, para garantizar el bienestar de los pacientes.
En resumen, la guía de cuidados paliativos pediátricos establece diferentes grupos de enfermedades, niveles de atención y define las unidades de cuidados paliativos pediátricos. También destaca la importancia del tratamiento farmacológico para el manejo del dolor en niños con enfermedades graves.
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