TEMA 3. TRASTORNOS DEL DESARROLLO NEUROLÓGICO


Los trastornos del neurodesarrollo descritos en el DSM-V se inician en la infancia y afectan al desarrollo cognitivo, social, comunicativo y motor. Entre ellos se encuentran las discapacidades intelectuales, caracterizadas por limitaciones del funcionamiento intelectual y adaptativo con múltiples causas posibles (genéticas, ambientales, perinatales o posnatales). Su clasificación actual se centra en el grado de apoyo necesario y no solo en el coeficiente intelectual. En este grupo también están los trastornos de la comunicación, como el trastorno del lenguaje, fonológico, de la fluidez (tartamudez) o de la comunicación social, que afectan la comprensión y expresión verbal y no verbal.

El trastorno del espectro autista (TEA) implica déficits en la interacción social y la comunicación, junto a conductas repetitivas y restrictivas. Sus manifestaciones van desde el autismo clásico hasta formas como el síndrome de Asperger, Rett o Heller, con grados variables de afectación. El tratamiento es sintomático y conductual, destacando la necesidad de apoyo a los cuidadores. Por su parte, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) se caracteriza por inatención, hiperactividad e impulsividad, siendo más frecuente en varones. Su abordaje combina fármacos (principalmente estimulantes) y terapia conductual, con la posibilidad de “vacaciones terapéuticas” para ajustar la medicación.

Otros cuadros relevantes son los trastornos específicos del aprendizaje, como dislexia, discalculia o disgrafía, que interfieren con el rendimiento académico pese a una enseñanza adecuada, y los trastornos motores, que incluyen problemas de coordinación, movimientos estereotipados y tics (motores o vocales, simples o complejos). Todos ellos requieren un abordaje integral, temprano y adaptado a las necesidades individuales, con el fin de favorecer la autonomía, la adaptación social y el desarrollo personal del niño o adolescente afectado.