Monitorizar el estado de oxigenación del paciente (niveles de SaO2 y SvO2), estado neurológico (p. ej., nivel de conciencia, PIC, presión de perfusión cerebral [PPC]) y estado hemodinámico (nivel de PAM y ritmo cardíaco) inmediatamente antes, durante y después de la succión.
Basar la duración de cada pasada de aspiración traqueal en la necesidad de extraer secreciones y en la respuesta del paciente a la aspiración.
Aspirar la orofaringe después de terminar la succión traqueal.
Limpiar la zona alrededor del estoma traqueal después de terminar la aspiración traqueal, según corresponda.
Detener la aspiración traqueal y suministrar oxígeno suplementario si el paciente experimenta bradicardia, un aumento de las extrasístoles ventriculares y/o desaturación.
Variar las técnicas de aspiración en función de la respuesta clínica del paciente.
Controlar y observar el color, cantidad y consistencia de las secreciones.
Enviar las secreciones para su cultivo y antibiograma, según corresponda.
Enseñar al paciente y/o a la familia a succionar la vía aérea, si resulta adecuado.
Realizar el lavado de manos.
Usar el equipo de protección personal (guantes, gafas y mascarilla) que sea adecuado.
Utilizar aspiración de sistema cerrado, según esté indicado.
Ups, perdona si lo dejamos en la mejor parte. Para seguir disfurtando de todo nuestro contenido de enfermería basado en la evidencia científica, inicia sesión o regístrate de forma gratuita en SalusPlay.