Controlar periódicamente todas las conexiones del ventilador.
Controlar si se produce un descenso de volumen exhalado y un aumento de la presión inspiratoria.
Controlar las actividades que aumentan el consumo de O2 (fiebre, escalofríos, crisis comiciales, dolor o actividades básicas de enfermería) que pueden desbordar los ajustes de soporte del ventilador y causar una desaturación de O2.
Controlar los síntomas que indican un aumento del trabajo respiratorio (p. ej., aumento de la frecuencia cardíaca o respiratoria, hipertensión, diaforesis, cambios del estado mental).
Controlar la efectividad de la ventilación mecánica sobre el estado fisiológico y psicológico del paciente.
Iniciar técnicas de relajación, si es adecuado.
Asegurar períodos de reposo diarios (p. ej., 15-30 minutos cada 4-6 horas).
Proporcionar cuidados para aliviar las molestias del paciente (p. ej., cambios posturales; tratar los efectos secundarios como rinitis, sequedad faríngea o epistaxis; administrar sedación y/o analgesia; comprobaciones frecuentes del equipo; lavado o cambio del dispositivo no invasivo).
Proporcionar al paciente medios de comunicación (p. ej., papel y lápiz, un tablero alfabético).
Vaciar el agua condensada de los colectores de agua.
Asegurar el cambio de los circuitos del ventilador cada 24 horas.
Utilizar una técnica aséptica, según corresponda.
Controlar la sincronía pacienteventilador, así como el murmullo vesicular del paciente.
Controlar la evolución del paciente con los ajustes actuales del ventilador y hacer cambios adecuados, según prescripción.
Ups, perdona si lo dejamos en la mejor parte. Para seguir disfurtando de todo nuestro contenido de enfermería basado en la evidencia científica, inicia sesión o regístrate de forma gratuita en SalusPlay.