Controlar los síntomas que indican un aumento del trabajo respiratorio (p. ej., aumento de la frecuencia cardíaca o respiratoria, hipertensión, diaforesis, cambios del estado mental).
Vigilar la eficacia de la ventilación mecánica sobre el estado fisiológico y psicológico del paciente.
Poner en marcha técnicas de relajación, según corresponda.
Proporcionar cuidados para aliviar las molestias del paciente (p. ej., posición, limpieza traqueobronquial, terapia broncodilatadora, sedación y/o analgesia, comprobaciones frecuentes del equipo).
Proporcionar medios de comunicación al paciente (papel y lápiz o tablilla alfabética).
Vaciar el agua condensada de los colectores de agua.
Asegurarse de cambiar los circuitos del ventilador cada 24 horas.
Utilizar una técnica antiséptica en todos los procedimientos de succión, según correspondan.
Vigilar las lecturas de presión del ventilador, la sincronía paciente/ventilador y el murmullo vesicular del paciente.
Realizar aspiración, en función de la presencia de sonidos adventicios y/o aumento de las presiones inspiratorias.
Controlar la cantidad, color y consistencia de las secreciones pulmonares, y documentar los resultados periódicamente.
Detener la alimentación nasogástrica durante la aspiración y de 30 a 60 minutos antes de la fisioterapia torácica.
Silenciar las alarmas del ventilador durante la aspiración para disminuir la frecuencia de falsas alarmas.
Vigilar el progreso del paciente con los ajustes de ventilador actuales y realizar los cambios apropiados según orden médica.
Ups, perdona si lo dejamos en la mejor parte. Para seguir disfurtando de todo nuestro contenido de enfermería basado en la evidencia científica, inicia sesión o regístrate de forma gratuita en SalusPlay.