Controlar los efectos adversos (p. ej., irritación ocular, dehiscencia de la piel, vías respiratorias ocluidas por desplazamiento mandibular con mascarilla, disnea, ansiedad, claustrofobia, distensión gástrica).
Controlar la lesión de la mucosa bucal, nasal, traqueal o laríngea.
Controlar la cantidad, color y consistencia de las secreciones pulmonares, y documentar los resultados periódicamente.
Colaborar rutinariamente con el médico y el fisioterapeuta respiratorio para coordinar los cuidados y ayudar al paciente a tolerar el tratamiento.
Realizar fisioterapia torácica, según sea apropiado.
Potenciar la ingesta adecuada de líquidos y nutricional.
Potenciar las evaluaciones rutinarias para los criterios de destete (p. ej., resolución del trastorno que promovió la ventilación, capacidad de mantener un esfuerzo respiratorio adecuado).
Proporcionar los cuidados bucales de rutina con gasas blandas húmedas, antiséptico y succión suave.
Documentar todos los cambios de ajustes del ventilador con una justificación de los mismos.
Documentar todas las respuestas del paciente al ventilador y los cambios del ventilador (p. ej., observación del movimiento/auscultación del tórax, cambios radiológicos, cambios en las gasometrías arteriales).
Asegurar la presencia del equipo de emergencia a la cabecera del paciente en todo momento (p. ej., bolsa de reanimación manual conectada a oxígeno, mascarillas, equipo/suministros de succión) incluidos los preparativos necesarios si se producen caídas de tensión eléctrica.
Ups, perdona si lo dejamos en la mejor parte. Para seguir disfurtando de todo nuestro contenido de enfermería basado en la evidencia científica, inicia sesión o regístrate de forma gratuita en SalusPlay.