Monitorizar la eficacia de la ventilación mecánica sobre el estado fisiológico y psicosocial del paciente.
Comprobar todas las conexiones del ventilador con regularidad.
Monitorizar diariamente si hay signos de que el paciente está listo para la extubación.
Monitorizar si el paciente presenta signos y síntomas de infección respiratoria (p. ej., inquietud, tos, fiebre, aumento del ritmo cardíaco, cambios de las secreciones, leucocitosis, infiltrados en la radiografía de tórax).
Monitorizar y documentar la saturación de oxígeno.
Evitar los agentes bloqueantes del receptor de histamina y los inhibidores de la bomba de protones, a menos que el paciente tenga un riesgo elevado de desarrollar una úlcera de estrés.
Enseñar al paciente y a la familia la rutina de los cuidados orales.
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